Vivimos una época de cambios agitados. Un lánguido declinar se cierne sobre todo lo que conocemos y el advenir se torna inquietante.
Pero el lenguaje nos salva de un naufragio. Nos concentra para irradiar, al tiempo que logra extraernos excéntricamente de nosotros mismos.
Pensar el ocaso de nuestro mundo requiere este ocaso personal en favor de la palabra y de las luces de aurora que ella quisiera invocar
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Una cartografía del pensamiento en el tiempo: todas las entradas reunidas en un solo lugar,
ordenadas por años, para que el lector encuentre no solo un texto, sino también su constelación.