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Cuaderno de Bitácora
Reflexiones sobre nuestro tiempo
Vivimos una época de cambios agitados. Un lánguido declinar se cierne sobre todo lo que conocemos y el advenir se torna inquietante. Pero el lenguaje nos salva de un naufragio. Nos concentra para irradiar, al tiempo que logra extraernos excéntricamente de nosotros mismos. Pensar el ocaso de nuestro mundo requiere este ocaso personal en favor de la palabra y de las luces de aurora que ella quisiera congregar.
 

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Desastre ecológico (II). Servidumbre tecnofílica
01 / 10 / 2019


Dice, en una entrevista, Lypovetsky, esa cabeza huera de La era del vacío, ese teórico del vacío contemporáneo con análisis tan vacíos como el objeto de sus estudios (de ahí que se le aúpe como "filósofo de la liviandad actual" y se esté, realmente, describiéndolo a él mismo, como ejemplo de intelectual que se limita a propalar verdades de Perogrullo y liviandades), en fin, dice el que critica nuestra época como "ligera" y "acomodaticia", diece Lypovetsky que la tecnología es lo único que puede hacer frente al problema del cambio climático."Creo que es una utopía pensar que podemos pararlo cambiando nuestros hábitos", afirma sin atisbo de resignación. Está convencido de que la tecnología es la única esperanza."Creo -nos dice el profundo y alabado intelectual de las superficialidades- que es una utopía pensar que podemos parar el desastre ecológico cambiando nuestros hábitos". "Es una ilusión creer que vamos a ver cambios en nuestro modo de vida motivados por la virtud".

Hablábamos del poder y el acontecimiento ¿Qué "acontecimiento" tiene lugar en medio de todas las invocaciones a la tecnología futura como último recurso contra el desastre ecológico al que nos aproximamos? Uno lee esas cosas y se le cae el alma al suelo.

No se trata de dirigir la mirada precisamente a los "hechos". Si hablamos de hechos, hay que decir que la inercia de las fuerzas ciegas que articulan interiormente al neoliberalismo y al capitalismo son enormes. Sí, es un hecho.

Hay que decir, también, que enfrentarse a ellas mediante la voluntad y la decisión de un gran número de individuos en rebeldía, de una multitud en cólera, por así decirlo, ocasionaría un tránsito doloroso a otro modo de organización económica y política, pues lo que muere, muere mantando, ya se sabe. Sí, es un hecho.

Remitirse a "hechos" significa saber que el avance tecnológico será capaz, en un futuro más o menos próximo y en un contexto en el que se perciban grandes riesgos para la supervivencia, generar intervenciones que suturen artificialmente las heridas a la naturaleza. Sí, es un hecho.

Todo eso son "hechos". Los hechos tienen su propio régimen de comprobación, de ratificación, de prueba. Y ese conjunto de hechos parece dibujar un camino "efectivamente" venidero. Es un hecho. Pero en el cruce de todos esos hechos se trama una historia de la comunidad, se forja un "modo de ser", quizás, de una civilización. Y eso ya no es ningún hecho. Emerge en el cruce de los hechos, por supuesto, pero no es una mera "suma de hechos", sino la inteligibilidad de su reunión, lo pensable respecto al todo y mayor que la suma de sus partes. El acontecimiento designa a lo que sucede "cualitativamente" en el intersticio de los hechos.

Y eso que "sucede", en la invocación a una salida por la vía de una intervención tecnológica futura, es, por un lado, el mantenimiento del movimiento capitalista y neoliberal como algo intocable, el arrodillarse a su inercia inmanente (sí, es un acontecimiento), y, por otro, abandonarse a los designios de otra inercia ciega, que es la de la enorme expansión de lo tecnológico como hábitat humano (sí, es un acontecimiento).

Los hechos dibujan inercias de una colectividad. El acontecimiento es el ser de esa colectividad en una situación en la que se abandona a tales inercias. Y está claro. Ese abandono es el acontecimiento de un servilismo. El acontecimiento reside en el servilismo asombroso de la colectividad a las fuerzas demoníacas que ha desatado y que se vuelven contra ella. De otro modo: el servilismo, él mismo, es una causa del devenir de esta colectividad cuando enarbola ese "sentido común" tan inocente en apariencia que consiste en esperar a que la tecnología arregle las cosas. El servilismo no es un efecto de esa posibilidad. Es la causa que hace emerger esa posibilidad.

Mire usted a los hechos y no encontrará algo así como el "servilismo". Porque el "servilismo" ni se ve, ni se huele, ni se escucha, ni se paladea, ni se toca. Es un acontecimiento. Ahora bien, no es una nada, un fenómeno abstracto o un recurso místico de mentes poco apegadas a la practicidad del mundo. El servilismo es absolutamente real y provoca muchos más efectos que los hechos, precisamente porque genera conjuntos de hechos, plexos de facticidades, formaciones complejas de positividades. Es una causa incorporal.

A este respecto, hay que decir que un camarero "sin estudios" o un albañil jubilado (si no se lo estuviera devorando el alzheimer) tienen más claridad para "captar" el acontecimiento que las alambicadas mentes así llamadas "intelectuales". Porque viven realmente en un mundo esclavo y servil y lo sufren. Ellos saben bien que el servilismo de toda una sociedad es una causa incorporal que genera su cárcel y, por eso, tienen claridad acerca de qué tipo de hechos puede generar el acontecimiento del servilismo.