Mi trayectoria investigadora se ha ido configurando progresivamente en torno a la búsqueda de una comprensión tensiva de lo real.
En una primera etapa, que se extiende desde mi Tesis Doctoral hasta comienzos de los años dos mil, me confronté con los movimientos filosóficos contemporáneos, tratando de comprender su entramado interno y sus líneas de tensión. En diálogo crítico con el pensamiento de K.-O. Apel y con la tradición de la nueva Ilustración, fui elaborando una concepción trágica de la racionalidad, entendida como tensión entre facticidad e idealidad, o —en los términos que entonces comenzaban a perfilarse— entre centricidad y excentricidad. Este trabajo cristalizó en estudios sobre las corrientes contemporáneas y culminó en Movimientos filosóficos actuales y, especialmente, en El conflicto entre continentales y analíticos, donde intenté mostrar que ambas tradiciones no pueden comprenderse aisladamente, sino como expresiones divergentes de un mismo campo problemático.
A partir de ahí se abre una segunda etapa, en la que esa tensión deja de ser solo objeto de interpretación para convertirse en principio constructivo de una ontología. Este giro se plasma en Ser errático. Una ontología crítica de la sociedad, donde la tensión entre centricidad y excentricidad se radicaliza hasta convertirse en clave de la condición humana misma: el ser humano aparece como un ser errante, excéntrico respecto al mundo al que, sin embargo, pertenece. Desde esta perspectiva, la ontología se abre inmediatamente a una crítica de la sociedad contemporánea, entendida como escenario de nuevas formas de desarraigo y desfiguración del sentido. Este camino continúa en El ocaso de Occidente, donde desarrollo una teoría de la civilización orientada a diagnosticar las patologías del presente y a pensar, desde ellas, las condiciones de una posible ética de la lucidez.
Este proceso de elaboración ha encontrado un espacio de contraste y expansión en el diálogo internacional. Estancias como profesor invitado en universidades de Alemania y, más tarde, en distintas instituciones de América Latina —especialmente en México y Colombia— han permitido someter estas ideas a discusión, generando a su vez líneas de investigación compartidas, proyectos colectivos y trabajos que han prolongado y transformado mis propuestas en otros contextos.
Desde 2015, esta línea de trabajo entra en una tercera fase en la que intento aplicar y reformular sus fundamentos en el análisis del presente. La investigación se orienta aquí hacia una interrogación más directa sobre el malestar contemporáneo, el nihilismo y las formas actuales de poder, al tiempo que se abre a una filosofía de la naturaleza que busca pensar el vínculo entre cultura y mundo natural más allá de sus oposiciones tradicionales. Este desplazamiento ha encontrado su mayor expresión en Tierra y destino, donde propongo la noción de phýsis cultural como clave para comprender la co-pertenencia de naturaleza y cultura.
En su conjunto, este recorrido ha ido configurando una ontología tensiva, desplegada en tres ámbitos fundamentales: una ontología de la existencia, que parte de la condición errante y trágica del ser humano; una ontología de la phýsis cultural, orientada al estudio del vínculo entre cultura y naturaleza; y una ontología del malestar, centrada en el análisis del nihilismo y de las patologías de civilización propias de nuestro tiempo.
Actualmente, mi trabajo se orienta hacia el desarrollo de una teoría tensiva del ser que intenta profundizar y comprender de modo más abarcante estos tres ejes ontológicos, explorando sus interrelaciones y su alcance en el horizonte del pensamiento contemporáneo.
Esta investigación ha encontrado también una continuidad en el ámbito formativo e institucional: se expresa en la dirección de 13 tesis doctorales, en el impulso de proyectos de investigación y en la participación en iniciativas editoriales orientadas a la difusión del pensamiento, como la codirección de la colección Filosofía y Pensamiento de la Editorial Universidad de Granada.
