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Castaños en Jas de Bouffan (1885-1886). Paul Cézanne
Filosofía en
Blog de Luis Sáez Rueda
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Creación: el paso de lo no humano en el hombre

Diciembre 22, 2025



Hay una explosión de escritura; se puede observar, se puede experimentar a nuestro alrededor. Cursos de escritura creativa, grupos de poesía, libros de ensayo en multiplicidad de colores y ritmos. No se trata solo de poesía o de literatura, de arte, sino también de pensamiento, de filosofia, especulaciones que nacen aquí o allá, en una especie de rizoma común o público. Son líneas de fuga que intentan escapar de la prisión del mensaje escueto y fugaz, del post autopublicitario, de la información como pura imagen fortuita y destinada a perecer.

No es algo despreciable. No cabe deplorar estos fuegos de creatividad que, como llamaradas, incendian las redes y las colecciones de ensayo. Son eso, líneas de fuga que huyen de la asfixiante presión de lo presente, de lo presente sin advenir. La pura instancia de lo inmediato presente es el pan de cada día en la actualidad, como si el presente quisiera absorber y contener en sí todo el pasado y todo el futuro. Presentes de presentes, hacer del presente una presentación... Todo esto conforma en los que ahora vivimos un ambiente carcelario y oscuramente lóbrego, y hay que saludar la efevercescia de líneas de fuga que anhelan escapar y hacer de la palabra, de la escritura, de la percepción, algo más, algo que escapa al destino de nacer y morir en el puro instante.

No cabe reprobar todo esto, solo invitar a que cada línea de fuga se haga cargo de sus límites en el curso mismo de su marcha y los acepte: no todas las líneas de fuga logran efectivamente escapar. La mayoría de ellas están condenadas a fracasar y ser reabsorbidas. No por falta de fe y de creatividad en quien las emprende; tampoco porque lo que exploran carezca de sentido y hubiera que desecharlo. Lo que ocurre es que la creación, sea literaria, sea filosófica, es por sí misma escasa y siempre lo será. No importa que el nutrido grupo de seres humanos que lo intenta crezca en una determinada época o que, incluso, tienda a confundirse con la población entera, imitando a ese mapa de Borges que tenía idéntica extensión que el territorio representado... No es lo cuantitativo lo que penetra en la cualidad y la hace vibrar.

Pinos y rocas (1897). Paul Cézanne

Ante todo, se trata de actuar por detrás del sujeto. El escritor, como el pensador, tiene ante sí el reto de arrancar su obra de las manos avariciosas de la subjetividad y del presente. Decía Cézanne que había que aspirar a pintar el paisaje en el que el hombre estuviese ausente. No porque la figura humana desapareciese de él, porque no se la tuviera en cuenta y el pintor se prohibiese dibujar su contorno. Da igual, podría un individuo integrarse en el paisaje, que esa no es la cuestión. Con figuras humanas en su interior o no, el paisaje -decía- tiene que aparecer en su esplendor anterior al hombre, ajeno a él. Y así como el pintor tiene que ir más allá de la percepción hacia el paisaje desde sí, en el que el ser humano se ausenta y desaparece en favor de algo que adquiere inmortalidad a partir de sus propias materias, el escritor y el pensador han de hacer que las palabras y los pensamientos ya no surjan de los afectos interiores, de las turbulencias de los sentimientos propios.... hacer que haya, por así decir, un paisaje de palabras en el que el ser humano, aun estando presente, sea solo un personaje más del paisaje; no el creador, no el observador, no el sujeto ante un objeto. Todo lo que importa en la historia, todo lo que permanece y es relevante para la sociedad humana, tiene esa extraña y difícil cualidad, la de autonomizarse de cualquier forma de sujeto, de todo mundo interior, abriendo en el afuera un lugar de nacimiento para sensaciones, palabras y pensamientos que no surgen ya del hombre, sino de lo no humano en el hombre.

De alguna sorprendente y misteriosa manera, logra Van Gogh pintar unos girasoles que no se marchitarán jamás, unos cuervos imperecederos en el paisaje amarillo de los campos, no menos inmarchitables. ¿No tuvo que convertir sus propios devenires internos en otra cosa, en devenires que hacen juego con la exterioridad? ¿No tuvo, por así decir, que transmutarse en una objetividad capaz de transitar "como" los propios girasoles, los propios campos, los cuervos mismos? El ser humano alcanza la humanidad más alta, la más valiosa, cuando ya no es solo hombre, cuando deja que lo no humano penetre en él y lo rapte. Las palabras de Platón permanecen porque ya no son de un sujeto, no pertenecen a Sócrates, el hombre histórico, sino al personaje Sócrates, que es, más que un sujeto, un elemento más de la obra; solo así adquiere una objetividad por encima de ese hombre que sensible y carnalmente era marido de Jantipa y tenía tal o cual aspecto físico. Solo así adquiere esa inhumanidad en lo humano que es lo eterno, el modelo infinito con el que los seres humanos reales de todas las épocas tendrán que compararse ya inevitablemente mientras haya nuevos nacimientos y nuevas generaciones.

Es así como Proust logra comunicar un Combray que está más allá de la magdalena y su sabor, un lugar extratemporal; y así es como Melville se transfigura en Acab y sus interacciones trans-humanas con Moby Dick. Transhumanismo, por cierto, solo puede significar esto, no lo que paupérrimamente significa hoy para esa corriente de ideas que desaparecerá en la escombrera de la historia más pronto que tarde y no tendrá redención.

En búsqueda del tiempo perdido (1908-1922). Marcel Proust

Transhumanismo es ese trascender el hombre su pura fugacidad subjetiva al desaparecer y morir en su obra, aunque esta sea el pan que se amasa en la noche y que se entrega al horno con las propias manos, o el muro de piedra que los obreros brazos construyen a fuerza de sudor e injusticia. El pan y el muro de piedra tienen que abandonar al pobre hombre, al que debe valerle más su familia y sus rudimentos de vida, y madurar por sí mismos, a la vista de todos, pero más allá de cualquiera.

El grito (1893), Edvard Munch
Trigal con cuervos (1890), Van Gogh

No todas las líneas de fuga lograrán liberarse del yugo del Yo. La mayoría ya no tendrán significado en unos pocos decenios, o mucho menos. Para alcanzar esa lejana libertad y ese poder de verdad el autor tiene que morir en su obra, del mismo modo que vivir verdaderamente será siempre, lo quieran o no los seres humanos concretos, un des-vivirse.