Mi trayectoria intelectual ha evolucionado desde el análisis de las corrientes contemporáneas —plasmado en obras como
Movimientos filosóficos actuales
y
El conflicto entre continentales y analíticos—
hacia el desarrollo de una ontología organizada en torno a la idea de tensión.
Esta ontología tensiva se despliega en tres ámbitos: una ontología de la existencia, que parte de la condición errante y trágica del ser humano; una ontología de la phýsis cultural, orientada al estudio del vínculo entre cultura y naturaleza; y una ontología del malestar, centrada en el análisis del nihilismo y las patologías de civilización actuales.
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A partir de
Ser errático. Una ontología crítica de la sociedad
(2009), mi investigación comprende el ser humano y la realidad que lo envuelve desde tensiones como naturaleza y espíritu, pertenencia y erradicación o fuerza y sentido, entre otras. Desde esta perspectiva, el ser humano aparece como un ser intersticial y excéntrico que se extradita del mundo en el mismo acto por el que lo habita.
Este enfoque se prolonga en una crítica de la civilización centrada en fenómenos como la agenesia, la organización del vacío y la ficcionalización del mundo, temas desarrollados especialmente en El ocaso de Occidente
(2015).
En trabajos más recientes, como
Tierra y destino
(2021), la investigación se abre hacia una filosofía de la naturaleza y una ecología gestante, en diálogo necesario con los últimos avances de la física y la biología contemporáneas.
En la actualidad, desarrollo una teoría tensiva del ser, una concepción que pretende profundizar y relacionar, de un modo más abarcante, los tres ejes ontológicos que he ido perfilando hasta ahora.
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