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Cuaderno de Bitácora
Reflexiones sobre nuestro tiempo
Vivimos una época de cambios agitados. Un lánguido declinar se cierne sobre todo lo que conocemos y el advenir se torna inquietante. Pero el lenguaje nos salva de un naufragio. Nos concentra para irradiar, al tiempo que logra extraernos excéntricamente de nosotros mismos. Pensar el ocaso de nuestro mundo requiere este ocaso personal en favor de la palabra y de las luces de aurora que ella quisiera congregar.
 

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El fascismo: "presente fatídico"
28 / 04 / 2021


Cuando una situación en la que se ha vivido durante un razonable lapsus de tiempo con cierta seguridad y con una dosis medianamente aceptable de tranquilidad empieza a desmoronarse, surge espontáneamente un sentimiento de pérdida (algo se diluye sin remedio) y un desasosiego (algo desastroso adviene oscuramente). Entre un tiempo que declina y otro que no acaba de mostrar sus perfiles, el presente se convierte en un tránsito lleno de incertidumbre y de peligros. El sujeto puede, entonces, reactivarse haciendo creativa esa situación intersticial, conduciéndola hacia una autotransfiguración mediante la cual nace al mundo un lazo nuevo entre pasado y futuro. O puede, por el contrario, declinar horrorizado e impotente, caso en el cual se funde con el instersticio hasta que éste deja de ser puente y se convierte en una repetición sin fin.


Un enfermo de E. Minkowski se encontraba en una situación parecida (de intersticio) y no pudo hacerle frente. Como consecuencia, quedó paralizado en el entretiempo, que acabó cerrándose sobre sí y liquidando sus fronteras con aquello que tendría que vincular. Un entretiempo cosificado y obturado lo absorbió. No podía relacionarse ni con el pasado ni con el futuro. En ese interregno absolutizado desarrolló una vinculación sin distancia con el presente. Un presente que pasó a ser experimentado como continuo, sin nada detrás, sin nada por delante. Un presente que sucedía cada hora, cada día, cada semana, burlándose de la voluntad subjetiva, y empezó a experimentarlo como un destino externo que se le imponía inexorablemente. Un presente fatídico, dirigido por una especie de destino, sin arraigo en la memoria y sin esperanza en el futuro. Terminó suicidándose. Y es que un tiempo que se transforma en una ley congrega los terrores más insoportables: los del encierro, los de la pérdida de sí y los de la esclavitud sin opción.

Parece que la situación actual tiene estas características. Imposibilidad de recuperar un pasado ambiguo. Imposibilidad de proyectar un futuro que está cerrado. Adopta la forma de un presente fatídico. Y ocurre entonces que la situación conmina a buscar causas imaginarias, porque el presente fatídico genera un malestar desbordante y necesita encubrir su enigma. Las causas imaginarias suplen a aquellas que tendrían que surgir del pensamiento. Llevamos ya mucho tiempo asistiendo al crecimiento de este "imaginario-sin-pensamiento". Todas las teorías de la conspiración, por ejemplo, tienen ahí un origen. El presente fatídico y angustioso ha de estar provocado por agentes ocultos. Y puesto que no soy yo el que está causando esto, tiene que ser otro. A partir de esta conclusión da igual quién o quiénes sean los "agentes ocultos". Se los inventa.

El puritarismo tendente a "cancelar" a personajes históricos y personas de relevancia por alguna de sus "acciones" surge de aquí también. Da igual que el personaje en cuestión haya pensado o tenga un acervo de pensamientos que nos ha transmitido. Porque, de nuevo, se trata de excluir el pensamiento. El "agente oculto" es, en este caso, una fuente de inmoralidad, un "demonio" de la época que se place en odiar y en destruir el Bien.


¿Y el fascismo? Su peculiaridad reside en que construye toda una Causa-Imaginaria leyendo la situación de modo épico. Como sugerí hace un tiempo, el resurgir de la ultraderecha tiene mucho que ver con una crisis de la experiencia trágica y heroica que nuestro tiempo tal vez necesita, una crisis que es aprovechada por algunos para colocar en ese vacío una falsa tragedia y una falsa heroicidad. Cabe añadir ahora que el fascista intenta conjurar al tiempo fatídico oponiéndole un tiempo mítico inventado y pleno de épica. Se alimenta, entre otras cosas, de un "mito heroico", según el cual cierta clase de seres humanos han luchado con corage y han creado una historia de valores a sangre y fuego. Épicamente, el lugar de origen se llama "Patria". Épicamente, el nicho de nacimiento se llama "Familia de Bien". Épicamente, el conjunto de los allegados se llama "raza". Épicamente, las costumbres se convierten en "Valores eternos de la Tradición". Y, como estos mitos, surgidos de una sublimación épica en tiempos oscuros, están siendo supuestamente destruidos por "agentes escondidos", hay que inventar el Contra-mito épico del Perseguidor. El extraño se convierte en amenaza para la Patria, las familias de bien, la raza y los valores eternos de tradición.

Contra-épicamente, entonces, no hay un migrante a secas, sino un avieso y violento "invasor". Contra-épicamente, no hay un rival político, sino un taimado enemigo de la pulcra e inmaculada patria y sus dones, es decir, un invisible "invasor interior". Hay, pues, un invasor externo y un invasor interno que están generando taimadamente el presente fatídico. ¿Qué se pide entonces? "Libertad", pero no porque no la haya, sino porque se está convencido de que esa alianza entre el invasor externo y el interno quiere y planea una aniquilación. De ahí que la "Libertad" no se comparta con el "otro" y sea convertida en una demanda del "nosotros", los héroes amenazados. A los otros... ni agua.

Una gran crisis es un ocaso, hace que se eclipse el sol y comience una noche. En la noche oscura todo es confusión, inseguridad y desasosiego. En el inconsciente de la especie, incluso, la noche debe representar una temporalidad horrible, llena de peligros y acechanzas. Por eso, para ella el ayer se esfumó y el mañana parece tan alejado como imposible. Una noche fatídica, la del nihilismo, es decir, la de la experiencia de que ya nada de lo existente tiene un verdadero sentido, la de que se está en una "nada" sin suelo fértil en su trastienda y sin horizonte. Y se está, en efecto, pero el que no piensa no reconstruye los lazos de la noche con el ayer ni busca ya luces de aurora. Está, sin pensamiento, en el reino de las causas imaginarias que subtienden al presente continuo, monótono, sin aperturas. El negacionismo conspiratorio, el puritanismo de la cancelación y la épica y contra-épica del fascismo son tres manifestaciones de lo mismo. De una noche que pide la vela del pensamiento y en la que los más angustiados se suicidan (simbólicamente) soplándole y apagando su trémula llama.