Capítulo 1. Lo Andaluz Popular y los Gitanos

Introducción
El flamenco como mundo artístico diferenciado, comenzó su singladura en Andalucía a principios del siglo XIX. Pero lo hizo retomando, reinventando músicas y bailes populares, en buena parte de tipo tradicional. Saber de lo popular en Andalucía antes de la aparición del flamenco, nos ayudará a comprender mejor su expansividad, tanto la de ahora como la de antes. Y también ayudará a comprender por qué el flamenco se ha convertido en uno de los símbolos de referencia de Andalucía, e incluso de España.

Según Ortega, Andalucía es de entre todas las regiones españolas, la que posee una cultura más radicalmente suya, a pesar de que nunca ha pretendido constituirse en nación (Ortega, 1932). Y Julián Marías ha escrito (1990: 29) que "si hay algo verdaderamente diferente en España, es Andalucía; si hay algo irreductible, básicamente distinto de todo lo demás, es la región complejísima del Sur".

¿Qué rasgos permiten hablar de ‘lo característico andaluz' sin caer en los tópicos al uso? Detengámonos en algunos, que han pasado posteriormente al flamenco.


1. Lo andaluz popular, símbolo de lo español
A pesar de la complejidad y diversidad de Andalucía (i), ‘lo andaluz popular' ha ejercido históricamente un poder de atracción, en España y fuera de ella, superior al de cualquier otra región española. Caro Baroja escribió que más allá de los tópicos, Andalucía es, de toda la Península Ibérica, la tierra que más ha atraído y atrae a los extranjeros y "la única capaz de imponer su folklore a los demás" (Caro, 1990: 241). Así que nos vamos a preguntar: "¿Cómo es posible que una región tan diferente, con rasgos tan claramente acusados [y variados], se tenga por representativa de la totalidad nacional y actúe como símbolo de ella?" (Marías, 1990: 31).

(Texto cortado dos páginas)


...Este atractivo se mantuvo en la Edad Moderna. Desde tiempos de Cervantes y Lope, y acaso desde antes, el modo de vida y temperamento de ciertos personajes andaluces era considerado más atractivo para el retrato literario que el castellano. Los andaluces aparecen descritos con un empaque y aire peculiares, no exento de cierta fanfarronería. En el siglo XVII y aun el XVI, el jaque y valiente andaluz, particularmente el sevillano, anticipa la figura del majo del siglo XVIII (Caro Baroja, 1993: 351).


d. Expansividad hacia el Oeste: lo andaluz en América
En la América de habla hispana lo andaluz está como latente en manifestaciones de la cultura popular. Domínguez Ortiz ha resumido las causas históricas de esa especial presencia: El puerto de las Indias estuvo en Sevilla primero y en Cádiz después. Las fuentes conocidas confirman que entre 1493 y 1600, de los casi 50.000 embarcados (oficialmente) para las Indias, más de 20.000 (casi el 40%) fueron andaluces. Unidos al 16% de extremeños, superaban la mitad de los embarcados. Domínguez Ortiz (2002: 105) concluye que "si les unimos los canarios (no censados porque no pasaban por la Casa de Contratación), el carácter meridional de la cultura hispanoamericana queda suficientemente explicado. Es un problema de raíces humanas". Como Inglaterra aportó un estilo de vida a los Estados Unidos, Andalucía, más que ninguna otra región española, lo aportó a la América de habla hispana (1).

Los estudios dialectales han mostrado que el español de América tiene una fuerte influencia de las variedades andaluzas del castellano vigentes a principios del siglo XVI. Y al igual que en el habla, aparecen en América otros ecos de Andalucía: en músicas y bailes de tipo tradicional (fandangos, décimas cantadas, sones, joropos, bambucos, marineras, cuecas...), en prácticas de religiosidad popular (por ejemplo los Nazarenos de la Semana Santa), en formas de vida urbana, en los patios, en la arquitectura religiosa, en tallas, pinturas y retablos...


e. El siglo XIX. Apoteosis del tópico andaluz
En España y especialmente en Andalucía, y más aún en ámbitos de música y baile, lo artístico y lo popular aparecen entremezclados. En el siglo XIX este entrecruzamiento se hace evidente en la canción andaluza de autor (ii). A partir de 1815-20 se difunde en Europa (París y Londres a la cabeza) la moda del andalucismo, de tipo casticista, y esto reforzó su ascendiente en España. Músicos como Manuel García, J.M. Gomis, Sebastián Iradier, Isidoro Hernández, Mariano Soriano Fuertes... contribuyeron a la moda del género canción andaluza, género menor de canciones de autor, inspiradas vagamente en rasgos de tipo tradicional, que además de contribuir al desarrollo de la lírica nacional, constituyen un precedente decimonónico del género canción española o copla, del siglo XX.

La identificación de lo andaluz con lo flamenco, no existía todavía en la primera mitad del siglo XIX: fuera de España, el referente simbólico eran los bailes boleros, los polos, zorongos, cachuchas y tiranas, cuya popularidad creció exponencialmente en el último tercio del siglo XVIII, al tiempo que ganaban en referentes vagamente andaluces. Eran canciones de autor acompañadas al piano, a la guitarra o por pequeñas orquestas, y que al tiempo que se se cantaban (sobre todo por mujeres), se 'representaban' o bailaban. En la década de 1840 el género andaluz alcanzó el zénit de su popularidad.

Nótese que este vago prestigio de las músicas y bailes populares "andaluces" fue anterior al prestigio del flamenco, cuya expansión y popularidad fuera de Andalucía solo comenzó a ser real a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Solo desde entonces el flamenco comenzó a convertirse en el principal referente de ‘lo popular andaluz'. Lo cierto es que lo flamenco heredó un especial auge de lo andaluz en músicas y bailes, que ya había comenzado a finales del siglo XVIII.


f. Tradición, modernidad y cambio

(Continúa. En esta Web solo ofrecemos el inicio del capítulo 1, que aparecerá completo en el libro de próxima aparición)

Nota (1). A partir de la segunda mitad del siglo XVII, la emigración andaluza comenzó a descender, al tiempo que aumentaba la de gallegos, cántabros y vascos, llegando incluso a ser minoritaria la presencia de andaluces en la América contemporánea. Pero el hecho de que Andalucía protagonizara lo que Domínguez Ortiz llama los "años fundacionales", le lleva a concluir que "andaluces, sostenidos por extremeños y canarios, configuraron la sociedad colonial durante un siglo largo, le dieron su arte, su lengua, sus costumbres, y no sólo a criollos sino a la población de color. Después, este crisol ha seguido actuando como instrumento de asimilación" (Domínguez Ortiz, 2002: 107).

(i) La amplitud y diversidad geográfica de Andalucía (más extensa que algunos países europeos: 87.000 km2) dificulta definir el concepto de ‘lo andaluz'. Suele distinguirse entre una Andalucía Occidental, la Baja o Llana y una Andalucía Oriental, distinción genérica pero no exenta de base. El centro histórico de influencias de la parte occidental ha pivotado siempre entre Sevilla (históricamente la más importante ciudad del occidente andaluz y aun de toda Andalucía) y Cádiz, ciudad volcada hacia el comercio marítimo -en la antigüedad con el Mediterráneo y desde la Edad Moderna también con el Atlántico-. Huelva, también comparte con Sevilla un intenso trasiego humano, económico, y manifestaciones de cultura popular. Algo similar sucede con el sur de la provincia de Badajoz y parte de la provincia de Córdoba. Sin duda son distintas ambas ‘Andalucías', como lo son Jaén de Cádiz o Almería de Huelva. Y cabe seguir distinguiendo entre una Andalucía atlántica (Cádiz, Huelva y Sevilla), una Andalucía mediterránea (Málaga, Almería, parte de Granada...), una Andalucía serrana y montañosa...

De Andalucía Oriental, Granada es su principal referente histórico y cultural. Fue capital del reino nazarí -último bastión de Al-Ándalus durante los siglos XIV y XV- y después centro administrativo en materias de justicia, enseñanza, organización eclesiástica y militar. Pero su influencia en cuestiones de cultura popular nunca ha sido tan notable como la de Sevilla sobre la parte occidental e incluso sobre toda Andalucía.

(ii) Caro Baroja escribió: "Hay otro hecho que conviene hacer resaltar y que se da a fines de siglo [XVIII] y hoy, que es el de que el 'popularismo' se traduce, con mucha frecuencia de modo exclusivo en 'andalucismo' y aun 'gitanismo'.

Esta moda, que tuvo su principal foco en Cádiza y en Madrid, fue adquiriendo fuerza desde el último tercio del siglo XVIII. Ya en la 2ª mitad, la tonadilla estaba imbuida de una estética nacionalista o casticista en la que lo popular tradicional se asociaba a lo español frente a lo foráneo, a lo ilustrado o afrancesado. El majismo populista de los sainetes, romances y obras de teatro menor, a partir de la 2ª mitad del XVIII se fue tiñendo de andalucismo y gitanismo, con personajes que recuerdan a los los jaques del XVII: los guapos y los majos de ascendiente andaluz, sobre todo gaditano y sevillano. Muchas tonadilleras famosas del último tercio del XVIII fueron andaluzas. "Lo castellano viejo o nuevo, queda desplazado para muchos por lo específicamente andaluz, por el prestigio y seducción que ejercen las costumbres populares de Andalucía" (Caro Baroja, 1990: 29). Ya entonces el torero de trapío parecía necesitar ‘andaluzarse' para adquirir prestigio (Caro Baroja, 1993: 352, 362).

Muchos viajeros románticos buscaron recalar en Andalucía (particularmente en Sevilla, Cádiza y Granada). Entre otros, Henry Swimburne y Joseph Townsend (siglo XVIII), Richard Ford, William Beckford, Lord Byron, George Borrow, Teofilo Gautier, Alejandro Dumas, Charles Davillier y un largo etcétera, escribieron sobre bailes y cantos de Andalucía.