Gazeta de Antropología
Gazeta de Antropología, 1992, 9, artículo 16 · http://hdl.handle.net/10481/13654
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Publicado: 1992-09
Granada sube al monte. La romería de san Cecilio
Granada ascends to the mount: Saint Cecilio's pilgrimage

Ramón Mantilla Manzanares
Asociación Granadina de Antropología. Granada.


RESUMEN
En este texto se presenta una descripción de una fiesta tradicional, que tiene lugar todos los años a principio de febrero. La celebración consiste en una romería al Sacromonte, donde está situada la abadía del santo, copatrón de la ciudad de Granada.

ABSTRACT
This text presents a description of a traditional fiesta that takes place every year the on first of February. The celebration consists of a pilgrimage to the abbey of the patron saint of the city of Granada on Sacromonte.

PALABRAS CLAVE | KEYWORDS
fiesta popular | romería al Sacromonte | Granada | tradición urbana | san Cecilio | popular festival | pilgrimage to Sacromonte | urban tradition | Saint Cecil


La ciudad de Granada celebra cada año, a principio de febrero, la fiesta de su patrón, san Cecilio, y por ello acude en romería hasta la abadía del Sacromonte. La fiesta litúrgica es el 1 de febrero, pero la romería se trasladó al domingo más próximo al día 1, por la creación de nuevas fiestas (día de la Constitución, día de Andalucía). El motivo de esta fiesta es el cumplimiento del voto que hizo el ayuntamiento de Granada, en 1599, con motivo de la peste que diezmó a la población en tal año.

La romería discurre en torno a la abadía y las santas cuevas. Rodeada de excepcionales vistas y paisajes, ofrece un marco envidiable para pasar una jornada de campo en las alturas del Sacromonte. Esta fiesta tiene dos momentos diferentes: el acto oficial ceremonial y los actos festivos populares. El primero constituye un ritual religioso institucional, en el que la ciudad representada por el ayuntamiento, como parte celebrante, al que acompañan las demás instituciones civiles y militares de la misma, junto con la abadía del Sacromonte, como concelebrante, cumple el voto antes aludido a san Cecilio: Recepción solemne de las autoridades, misa, ofrendas y visita a las cuevas son algunos de los momentos de la celebración oficial.

Observando el ceremonial y los símbolos (escudos, banderas, séquito histórico, ofrendas, lemas, instituciones presentes, himnos, etc.) se puede decir que se trata de una fiesta comunal de claro matiz legitimador, con fondo histórico. El 1 de febrero celebra el reconocimiento de la fe cristiana, cuyas raíces se remontan en la ciudad a los tiempos de los primeros discípulos de Jesús: Granada se reafirma como heredera y continuadora de una tradición castellana y cristiana. Se podría hacer una lectura simbólica de este paralelismo: San Cecilio libra de la peste, como el poder político libra del enemigo, que actualizado en la fiesta de hoy quiere decir, reafirmación de las instituciones, sancionadas por la bendición del patrono y reconocimiento de éstas de las creencias y tradiciones de la ciudad.

Un gran número de asistentes a la romería permanece ajeno al acto oficial por muy diversos motivos (capacidad del templo, distancia entre el santuario y la explanada, motivos personales...). El centro de los actos festivos populares lo forma el reparto de salaíllas o tortas jayuyas, habas, bacalao, tortilla del Sacromonte y vino, que el ayuntamiento ofrece a todos los asistentes, y bailes y música locales y regionales organizados también por el mismo. Muchos grupos, preferentemente de jóvenes y familiares se reparten por el monte y hacen su comida de campo. Productos típicos de esta fecha, además de los ya nombrados, están el jamón con habas, las cuajadas de carnaval y las glorias del convento de Zafra.

Se encuentra una creencia popular que le atribuye a unas piedras que hay en las Santas Cuevas ciertos poderes para casarse y descasarse, y las chicas se acercan a ellas buscando alivio a sus inquietudes, como talismán del amor que cambia un beso por felicidad, según cuenta la tradición.

En los orígenes de esta fiesta, como en los de la abadía, hay unos hallazgos de trascendental importancia: la aparición de las cenizas de san Cecilio y de los libros plúmbeos, como documento y prueba de un hecho originario.

La aparición de las reliquias y de estos libros, escritos sobre planchas de plomo, se suceden en Granada a finales del siglo XVI, entre 1588 y 1600, dando origen al fenómeno sacromontano y base a la romería de San Cecilio. Estos hallazgos extraordinarios podrían considerarse un caso de estrategia de supervivencia y adaptación, que moriscos granadinos, algunos de ellos influyentes, conciben ante el rechazo en el contacto cultural con el nuevo régimen cristiano. Esta estrategia no consigue totalmente sus objetivos, pero sin embargo es manipulada por la cultura dominante para los suyos propios. De esta manera, frente a una alternativa cultural tolerante y universalista, nacida en la dependencia y la resistencia, como la que se desprende de la potencialidad de dichas reliquias y escritos en plomo, se opone un proyecto cultural basado en la unidad política e ideológica y en la pureza de raza.

Es decir, ante la confluencia entre el Islam y el Cristianismo, que se da en tales hallazgos, la Corona de España y la jerarquía de la Iglesia católica, en mayor parte esta última por medio del tribunal de la Inquisición, terminan «secuestrando» los documentos (pergamino, planchas y libros plúmbeos) y reconociendo la autenticidad de las reliquias, como prueba de otro discurso cultural diferente al que servían originalmente de soporte.

Así ha llegado hoy a nosotros la significación de la romería y de la tradición que se teje tras ella.

La peste que sufrió Andalucía el año 1598 y el voto, que en agradecimiento por librar a Granada de ella, hizo su ayuntamiento a san Cecilio, de subir al Sacromonte cada año en febrero son sólo ocasiones para institucionalizar una piadosa costumbre popular, originada con la aparición de las primeras reliquias y, más tarde, de los libros plúmbeos en las cuevas del monte Valparaíso. Los granadinos subían en multitudinarias peregrinaciones a las santas cuevas a honrar a san Cecilio, hecho que aprovecha el ayuntamiento para organizar una fiesta de toda la ciudad con la corporación municipal a la cabeza.

Sin duda era una excepcional ocasión para producir un símbolo de tal fenómeno, en una ciudad compuesta por habitantes de razas y creencias diversas. El símbolo estaba servido con un san Cecilio de raza árabe: Granada en el Sacromonte daba por cerrada una etapa de transición de ciudad mora a la ciudad cristiana, pero asumiendo su tradición morisca. Este proyecto contó con el apoyo de numerosos granadinos de la época. Luego se sucedió la polémica hasta el año 1682, en que una bula pontificia decretó su condena contra este sincretismo de doctrinas musulmanas y cristianas, un credo común que resultaba igualmente inaceptable para los seguidores de ambas religiones, incluyendo en él las doctrinas islámicas que menos pudieran chocar a los cristianos y viceversa.

Simbólicamente, tras el proceso, pierde fuerza expresiva el supuesto origen árabe de san Cecilio. De todos modos, en 1682, ya hacía bastantes años de la expulsión de todos los moriscos de España (1609-1613) y aquella estrategia de supervivencia que concibieron moriscos, y tal vez no moriscos, para secundar la pacificación y la concordia entre unos y otros, servía ahora para exaltar a Granada en santidad y antigüedad hasta el día de hoy.

En la actualidad, la romería de san Cecilio parece gozar de buena salud por el número considerable de romeros y curiosos que acuden a ella. No faltan voces cualificadas que ponen en cuestión el carácter tradicional y popular de esta fiesta, excesivamente oficializada en su ritual. Sin embargo, opino que esto fue así desde sus orígenes y, posteriormente, desde que la tradición reinterpretó el hallazgo mostrando la prueba, las reliquias, y olvidando el documento, los libros, y con ellos bastantes posibilidades de entender el fenómeno sacromontano. Un acercamiento más universalista a esos orígenes permitiría abrir la romería a nuevas vías de significación y expresión, como fiesta de encuentro y tolerancia en una ciudad como Granada, en la que convivieron religiones y pensamientos diferentes durante siglos.



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