Trad. de Joandomènec Ros. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999: 243-266.
¿Qué es la naturaleza humana? No son los genes, que la prescriben, ni la cultura, su producto final. Más bien, la naturaleza humana es alguna otra cosa, para la que sólo hemos empezado a encontrar la expresión adecuada. Es el conjunto de las reglas epigenéticas, las regularidades hereditarias del desarrollo mental que sesgan la evolución cultural en una determinada dirección, y así conectan los genes a la cultura.
La naturaleza humana es todavía un concepto esquivo debido a que nuestra comprensión de las reglas epigenéticas que la componen es rudimentaria.
La búsqueda de la naturaleza humana puede considerarse como la arqueología de las reglas epigenéticas. Está destinada a ser una parte vital de futuras investigaciones interdisciplinarias.
→ Es decir, no está desarrollando un aptdo. cerrado y maduro en cuanto a las conclusiones o resultados, sino explorando nuevos enfoques de cuestiones que por diversas razones resultaron problemáticas.
En la coevolución entre genes y cultura tal como ahora la conciben los biólogos y los científicos sociales, los acontecimientos causales recorren, como ondas que se expanden, el trecho que va desde los genes a las células, a los tejidos, y de ellos al cerebro y al comportamiento.
Al expresar la coevolución entre los genes y la cultura de una manera tan simple, no pretendo hacer demasiado uso de la metáfora del gen egoísta o minimizar los poderes creadores de la mente. Después de todo, los genes que prescriben las reglas epigenéticas del cerebro y del comportamiento son sólo segmentos de moléculas gigantes. No sienten nada, no se preocupan por nada, no pretenden nada.
(...) A lo largo del tiempo evolutivo, las elecciones agregadas de muchos cerebros determinan el destino darwiniano de todo lo que es humano: los genes, las reglas epigenéticas, las mentes que se comunican y la cultura.
Lo que es verdaderamente único en la evolución humana, por contraposición por ejemplo a la evolución del chimpancé o del lobo, es que una gran parte del ambiente que la ha modelado ha sido cultural. Por lo tanto, la construcción de un ambiente especial es lo que la cultura hace a los genes del comportamiento.
Mientras que es cierto que la cultura, definida estrictamente como comportamiento complejo aprendido socialmente, se halla limitada evidentemente a los seres humanos, y en consecuencia también es única la reciprocidad entre los genes y la cultura en tanto que ambiente, el principio subyacente es el mismo. No hay nada contradictorio en decir que la cultura surge de la acción humana mientras que la acción humana surge de la cultura.
La imagen biológica general del origen de la naturaleza humana ha repugnado a algunos escritores, incluidos algunos de los más perspicaces intelectuales de las ciencias sociales y de las humanidades. Están equivocados, estoy convencido. Interpretan equivocadamente la coevolución entre los genes y la cultura, y la confunden con el determinismo genético rígido, la desacreditada idea de que los genes dictan determinadas formas de cultura. Creo que las preocupaciones razonables pueden disiparse con el siguiente argumento.
→ Wilson emplea un concepto común de la genética del desarrollo, para aludir a la gama de fenotipos (expresiones observables de un genotipo) que pueden producirse a partir de un genotipo particular en diferentes entornos ambientales. Aunque en embriología y biología del desarrollo se asume que los genes establecen límites y sesgos en el desarrollo cultural, la interpretación habitual es que no determinan completamente su contenido. Las normas de reacción culturales permiten una considerable variación fenotípica (diversidad cultural) dentro de los límites impuestos por nuestros genes. Es decir: los seres humanos tienen una capacidad innata para adquirir y transmitir cultura, pero la forma específica que toma esa cultura depende de las circunstancias ambientales y las influencias sociales; su contenido no lo dictan los genes.
La norma de reacción de los genes responsables resulta muy estrecha en el caso de una proposición cultural universal; en otras palabras, existen pocos ambientes disponibles para los seres humanos, o ninguno, en los que no surja la convención cultural. En cambio, los genes que generan muchas convenciones raras en respuesta a ambientes cambiantes, con lo que expanden la diversidad cultural, son los que tienen normas de reacción más amplias.
La evolución genética pudo haber ido en el otro sentido al eliminar completamente el sesgo epigenético, expandiendo la norma de reacción de los genes prescriptores hasta un grado indefinido, haciendo con ello que la diversidad cultural explotara.
Pudiera parecer que la celeridad de la evolución cultural en tiempos históricos, por sí misma, implica que la humanidad se ha desprendido de sus instrucciones genéticas, o que las ha suprimido de alguna manera. Pero esto es una ilusión.
(...) Si no podían mantener el ritmo de la cultura, tampoco la cultura pudo erradicarlos. Para bien o para mal, condujeron a la naturaleza humana al caos de la historia moderna.
Por todo ello, tener en cuenta los genes del comportamiento parece un paso prudente cuando se estudia el comportamiento humano. La sociobiología (o la antropología darwiniana, o la psicología evolutiva, o cualquier término políticamente más aceptable con que se elija calificarla) ofrece un eslabón clave en el intento de explicar los cimientos biológicos de la naturaleza humana. Al plantear preguntas enmarcadas en la teoría evolutiva, ya ha dirigido la investigación en antropología y psicología en nuevas direcciones. Su principal estrategia de investigación en los estudios humanos ha consistido en trabajar desde los primeros principios de la genética de poblaciones y de la biología de la reproducción hasta predecir las formas de comportamiento social que confieren la mayor eficacia darwiniana.
Después, las predicciones se cotejan con datos tomados de los archivos etnográficos y los registros históricos, así como de estudios de campo recientes diseñados explícitamente para tal fin. Algunas de tales pruebas se realizan en sociedades preletradas y otras sociedades tradicionales (...)
En el último cuarto de siglo, la sociobiología humana ha crecido hasta convertirse en un tema grande y técnicamente complejo. No obstante, es posible reducir sus principios evolutivos fundamentales a algunas categorías básicas, que ahora resumiré brevemente.
→ Nótese que en varios aptdos. (en el de la territorialidad, p. ej.; o en la capacidad para detectar el engaño al tratar el contrato social) hay un cierto tono de caricatura en los comentarios de Wilson, distinto del tono que utiliza cuando menciona algún estudio con alguna contribución que haya podido merecer la pena.
→ Si se comprueban las notas y bibliografía asociada (en las pp. 455-457), Wilson detalla las obras (libros y publicaciones periódicas) en las que aparecen las ideas que asocia con "la aproximación «clásica» de la sociobiología a la evolución de la cultura" de las que extrae su resumen. Las páginas de referencia (248-256) indican que se trata de un solo bloque, con todos los puntos del listado anterior:
Las líneas 1-12, aisladas del resto del listado, podrían interpretarse como una extrapolación sesgada a la especie humana de aspectos del proceso reproductivo comunes a otros animales sociales. Pero no eran infrecuentes en la literatura académica de los años 70-80 o en los estudios de etología iniciados en la segunda mitad del siglo pasado, ni resulta injustificado mencionarlos en el resumen. El lenguaje utilizado puede resultar más o menos acertado a efectos descriptivos, pero no es de carácter normativo.
En función de la literatura a la que refiere en las notas del cap. 8, Wilson señala la instrumentalización (es decir, un uso inadecuado o reduccionista) de este enfoque en investigación, para una finalidad de objetivos un tanto sorprendente por su amplitud.
La instrumentalización más controvertida es la que asocia con "la fórmula, ahora familiar, de la literatura popular", a saber:
"El instinto sexual óptimo de los hombres, para poner el asunto en la fórmula, ahora familiar, de la literatura popular, es ser agresivo y salaz, mientras que el de las mujeres es ser tímidas y receptivas."
"Se espera que los hombres se sientan más atraídos que las mujeres por la pornografía y la prostitución. Y en el cortejo, se predice que los hombres destacan el acceso sexual exclusivo y las garantías de paternidad, mientras que las mujeres destacan de manera consistente el compromiso de los recursos y la seguridad material."
El tono irónico quizá se aprecia mejor en la versión original del mismo párrafo, por el modo de aludir a "la fórmula ahora familiar de la literatura popular":
«With considerable success, the nuances of this concept have been used by scientists to predict patterns of mate choice and courtship, relative degrees of sexual permissiveness, paternity anxiety, treatment of women as resources, and polygyny (multiple wives, which in the past at least has been an accepted arrangement in three-quarters of societies around the world). The optimum sexual instinct of men, to put the matter in the now familiar formula of popular literature, is to be assertive and ruttish, while that of women is to be coy and selective. Men are expected to be more drawn than women to pornography and prostitution. And in courtship, men are predicted to stress exclusive sexual access and guarantees of paternity, while women consistently emphasize commitment of resources and material security.» (Consilience, Vintage Books. p. 184, § 2).
«El instinto sexual óptimo del hombre, por decirlo con la fórmula ya conocida de la literatura popular, es ser asertivo y rutinario, mientras que el de la mujer es ser tímida y selectiva.»
A continuación sigue con otro aptdo. en cursiva que continúa la enumeración de elementos en su resumen breve de las aportaciones de la sociobiología del último cuarto del siglo XX.
→ Aunque de forma consciente o inconsciente mucha gente asuma la creencia de que actúa siguiendo algún principio evolutivo o de selección natural, esto no significa que tales creencias puedan considerarse respaldadas por investigación rigurosa y evidencia (p. 254, § 3). A continuación explica Wilson los motivos de cautela (p. 255, § 2-3):
No obstante, hay muchos puntos débiles en la hipótesis de la eficacia genética. En su mayor parte los fallos se deben no a pruebas contradictorias, sino a una escasez de información relevante. Puesto que la genética del comportamiento humano se encuentra todavía en su infancia, hay una ausencia casi absoluta de conexiones directas entre determinados genes y el comportamiento que subyace a los rasgos universales de la cultura. El ajuste observado entre teoría y realidad se basa en gran parte en correlaciones estadísticas. Una de las raras excepciones, que se ha descrito en el capítulo anterior, es la conexión que se ha efectuado con éxito entre la genética y el vocabulario de la visión de los colores.
Las normas epigenéticas que guían el desarrollo del comportamiento permanecen asimismo inexploradas en gran parte, y, como resultado, en la mayoría de los casos sólo puede intuirse la naturaleza exacta de la coevolución entre los genes y la cultura. El que las reglas epigenéticas sean funciones rígidas y especializadas del cerebro, y se parezcan así al instinto animal, o que sean algoritmos racionales más generalizados que funcionan a través de una amplia gama de categorías de comportamiento, supone toda la diferencia del mundo.
Estas limitaciones en la genética y el desarrollo del comportamiento son conceptuales, técnicas y profundas. Pero a la larga son resolubles. A menos que nuevos indicios indiquen otra cosa, será prudente confiar en la consiliencia natural de las disciplinas que ahora tratan de la conexión entre la herencia y la cultura, aunque el respaldo para ella se esté acumulando lenta y fragmentariamente. La resolución de las dificultades espera la expansión futura de la biología y su coalescencia con la psicología y la antropología.
Es la única cuestión de todo el listado que procede a desarrollar en algunas página más, porque ha tenido más contribuciones:
Se dispone ahora de una gran cantidad de información referida a dicho fenómeno a diferentes niveles de la biología y de la cultura. El mismo comportamiento es universal, o casi. Asimismo, su expresión está relativamente bien definida.
Al traducir el efecto Westermarck en tabúes de incesto, los seres humanos parecen pasar del instinto puro a la pura elección racional. Pero ¿lo hacen realmente? ¿Qué es la elección racional, en todo caso? Sugiero que la elección racional es rebuscar entre todos los escenarios mentales alternativos para dar con los que, en un determinado contexto, satisfacen las reglas epigenéticas más fuertes. Es mediante estas reglas y esta jerarquía de sus resistencias relativas como los seres humanos han sobrevivido y se han reproducido a lo largo de cientos de milenios. El caso de la evitación del incesto puede ilustrar la manera en que la coevolución entre los genes y la cultura ha tejido no sólo parte, sino toda la rica trama del comportamiento social humano.