Lun, 23/02/2026 - 13:47
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23/02/2026
Hay algo profundamente errado en la manera en que contamos la historia. No porque falten datos, archivos o interpretaciones, sino porque hemos aceptado sin demasiadas preguntas una premisa tan antigua como cómoda: que la violencia es el principio organizador del pasado humano. Las guerras, los imperios y las conquistas ocupan el centro del relato; la paz aparece, cuando aparece, como un vacío entre catástrofes o como una aspiración moral sin densidad histórica.
Este hábito intelectual no es inocente. Al convertir la violencia en norma y la paz en excepción, la historiografía ha contribuido a naturalizar el mundo tal como es: armado, jerárquico y profundamente desigual.