Los siglos XVI y XVII

Época
1500s-1600s
Palacio de Carlos V

Aunque comenzó a funcionar siguiendo los Estatutos de la Universidad de Salamanca, pronto redactó sus propias Constituciones, inspiradas en las de la Universidad de Alcalá y aprobadas en el claustro celebrado el 6 de mayo de 1542. Estas primitivas Constituciones estuvieron en vigor durante todo el Antiguo Régimen. Desde su nacimiento, la Universidad de Granada contó con las cinco Facultades entonces existentes: una Facultad menor, la de Artes, cuyos estudios tenían carácter preparatorio y las cuatro Facultades mayores de Teología, Leyes, Cánones y Medicina. Impartía los tres grados existentes entonces: bachiller, licenciado y doctor.

Los primeros años de vida de la Universidad de Granada pueden ser considerados de un cierto esplendor, pero desde su nacimiento se vio lastrada por una fuerte dependencia de los arzobispos, así como por un serio problema estructural de falta de dotación económica para sus estudios. Solo algunas cátedras, las anejas a prebendas eclesiásticas, estaban bien dotadas, y el resto dependían para su financiación de las matrículas o la aportación de los prelados granadinos, que contribuyeron a su mantenimiento con fondos de la diócesis o de su propio patrimonio.

Factores más coyunturales como la guerra de rebelión de los moriscos, que dejaron la región profundamente asolada a nivel económico y demográfico, serían la causa de un profundo estado de postración en los años siguientes. Durante el siglo xvii hay que destacar el impulso dado a las enseñanzas de Cánones y Medicina en 1626, gracias a la creación de ocho nuevas cátedras por la aportación económica del doctor Juan Crespo Marmolejo. No obstante, el centro granadino no consiguió salir de su estado de decadencia que perduró durante toda la centuria y buena parte de la siguiente. Con unas enseñanzas donde primaba lo especulativo y la metodología escolástica, al margen de la revolución científica europea, y donde el inmovilismo y la relajación eran moneda corriente, los profesores dictaban sus clases y los alumnos, sobre cuyo acceso no siempre se tenía el control debido, superaban los cursos con unos meros certificados de asistencia, al tiempo que las matrículas no se registraban con rigor.

Los rectores en ese período se pueden consultar aquí