Entre el adoctrinamiento y la violencia

Época
1492-1525
Historia 1492-1525

Durante las tres primeras décadas del dominio castellano, el programa educativo se atuvo en Granada a un doble e inseparable objetivo: enseñar la lengua castellana a los antiguos súbditos musulmanes del emirato nazarí y adoctrinarlos en la nueva religión que se impuso a la fuerza tras la revuelta mudéjar de 1499-1500.

En ese programa colaboraron el poder municipal y la Iglesia, representada, en su vertiente más persuasiva, por el voluntarismo catequético del primer arzobispo, fray Hernando de Talavera. Fundador del Colegio de San Cecilio —que, tras una primera y única función de ser cantera de curas, terminó abriendo sus puertas a los moriscos en tiempos de Carlos I—, pudo contemplar la quema de libros que el cardenal Cisneros ordenó después de la prohibición del islam.

Juan de Vallejo y Alvar Gómez de Castro, hombres cercanos a quien también fuera confesor de la reina Isabel I, evaluaron en cuatro o cinco mil los volúmenes («alcoranes y todos los otros libros particulares») que alimentaron las llamas. A decir también de ambos discípulos del arzobispo toledano, solo se salvaron del fuego medio centenar de libros de medicina, que el fraile franciscano trasladó a «la librería de su insigne colegio y universidad de Alcalá».