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CUADERNO DE BITÁCORA
 

A menudo la escritura nos salva de un naufragio, cuando le concede un poco de dirección y, al menos, de claroscuro, a nuestros barruntos o espejismos. Otras nos acerca a lo que creíamos ajeno y nos regocija con la llegada giratoria de éste. En cualquier caso, siempre nos libera de esa insufrible carga que representamos para nosotros mismos, situándonos más allá del ensimismamiento, en el entre indeciso por el que saltamos vacilantemente al otro y a lo otro.
 
 

Fecha de actualización:  19-10-2019

 


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La filía, suelo último de la política (frente al desprecio recíproco imperante)
18/10/2019


Amistad, en griego, se dice filía. El fundamento de la política, para Aristóteles -cuya visión nos desborda por su grandeza- está en la filía. "Todo es obra de la amistad, pues la elección de la vida en común la supone" (Política, 1281 a). Y la amistad implica la virtud, en cada uno y en su relación de filía con los demás. Así, pues, la política presupone la ética. Ahora bien, la ética implica, por su parte, la relación con el ser: es un modo de "ser". Pues la virtud no es un mero ajuste del comportamiento a ciertas pautas de "corrección"; es "el modo de ser por el cual el hombre se hace bueno y por el cual realiza bien su función propia" (Ética a Nicómaco, 1106 a 20).

La política no es el mero asunto de la ley, de las reglamentaciones, de los derechos, de las fórmulas, de las reglas. Tiene como fondo a la ética y al ejercicio de una excelencia en el modo de ser. Todo eso reunido es el fundamento último de lo político: filía, amistad. Y es lo que nos falta, no sólo en la práctica, sino también en la teoría.

Una sociedad cuyo modo de "ser" se fragua, como en la nuestra, en el desprecio recíproco, no es una comunidad política. Y esta comunidad, que no es verdaderamente política, quiere solucionar sus problemas recurriendo a la exigencia "política" de ajuste a la ley. Los que se desprecian recíprocamente enarbolan constantemente la bandera del derecho. Esto es incomprensible. Es un círculo cuadrado.

Nuestros problemas fundamentales no radican en el plano "politológico" tan reducido, tan escuálido, al que hemos llegado y tal y como lo comprendemos. La ausencia de fundamento en la amistad es la "nada" de nuestra supuesta comunidad política: su nihilismo. El mayor revulsivo, el arma más potente contra las calamidades que nos rodean, tiene este nombre: filía.


Hacen falta, se da uno cuenta de inmediato, algunas aclaraciones respecto a lo anterior.

1. Filía no implica necesariamente la relación personal. Es una promesa infinita

¿Amistad como base de la política? ¿Quiere decir Aristóteles que seamos todos amigos, todos los ciudadanos? No se trata de ser amigo de todo el mundo, si por amistad entendemos esa relación que mantenemos con unos pocos y de forma personal. Esa relación con unos pocos pertenece al mundo privado. Yo tengo los amigos que me da la gana y usted los suyos. Ahora bien, la filía no es una relación eminentemente privada, sino que conduce, en su sentido más profundo, a lo público. Ahí no tengo los amigos que me da la gana, mire usted. Ahí todos han de ser, en otro sentido, amigos. En su magnífico libro sobre la amistad, Derrida nos aclara el reto que esto implica. La amistad, este suelo profundo de la política, es aporética. La amistad tiene este sentido aporético o paradójico conducida a lo público: por un lado, en efecto, la amistad se realizaría (de hecho) en un número reducido de relaciones; por otro lado, la amistad pide desbordar esa limitación. ¿Por qué no, por ejemplo, el inmigrante? ¿Por qué es mi amigo este o aquel, a quienes conozco, y no el extraño que viene y al que no conozco personalmente en el terreno privado? ¿No lo merece? Lo merece. Tendría que integrar, pues, al inmigrante. Y en general, a todo el mundo, por el sentido mismo inherente a la amistad. Pero esto, esta aporía entre su ineludible limitación y su necesario carácter ilimitado, es lo que hace de la amistad un motor social y público. Es una exigencia infinita que siempre excederá a las relaciones finitas. Lo importante es ese infinito. La amistad es una promesa infinita. Nunca se colmará. Nunca se hará presente. Pero esa infinitud de lo imposible es lo que mueve lo posible. Es su invisible anhelo [Derrida, J., Políticas de la amistad, Trotta, Madrid, 1998]

2. Filía no es fusión que allana, sino diferencia articulada. La admiración

La filía griega subraya la heterogeneidad, la diferencia insalvable. El litigio (muy lejos de esto de la competición) es, para el griego, potencia creativa. Un litigio es algo distinto de una competición y un enfrentamiento. No se basa en una lógica oposicional, sino en una lógica diferencial. Es una disyunción constituida por la relación libre entre diferentes. Y eso que hace encontrarse a los que están en relación de amistad, por sus virtudes diferentes y sus modos de ser heterogéneos, es, a mi juicio, la admiración. Sin admiración recíproca no es posible la amistad. Ni la amistad ni ninguna relación humana elevada, rica, digna.

3. Filía frente a desprecio recíproco

Se ha dicho en lo anterior que nuestras sociedades actuales se basan en todo lo contrario de la filía. Se basan en el desprecio recíproco. Esto no necesitaría más comentario, pues apela a una experiencia compartida. Sabemos que es así, experimentamos que es así. Comprobamos día a día que es así. Sufrimos, cada uno, su forma de desprecio por parte del otro. El desprecio, como forma predominante de relación en nuestras sociedades, tiene una causa económico-capitalista y neoliberal, pues bajo estos dos supuestos, todo es guerra de unos contra otros. Ahora bien, el desprecio se funda en un suelo más hondo que el socio-económico. El desprecio es también, como la filía, un modo de ser. Constituye un modo de estar el ser humano en el mundo y ante el otro. Es existencia y no sólo transacción economicista y neoliberal. Es un error reducirlo al capitalismo y al neoliberalismo. El desprecio es el modo de existencia, para decirlo con Nietzsche, del resentimiento. El resentimiento se expresa psíquicamente, pero no se funda en la psicología o la psiquiatría. Es ontológico (hace relación con el ser). Un ser humano vive en el resentimiento cuando funda su ser en la negación de un otro. La ley del desprecio en nuestras sociedades, y frente a la filía, es precísamente esa negatividad radical en el acto de ser.