LÁCTEOS Y HUEVOS


 

 
De nuevo son alimentos primordialmente proteicos, intercambiables con las carnes y pescados. La leche aporta, además, sales minerales (calcio y fósforo), azúcares (lactosa), grasas (triglicéridos) y vitaminas (A y D) que por ser liposolubles se pierden en la leche desnatada.
 Para los que no toleran la leche (intolerancia a la lactosa), los yogures, cuajadas y quesos son una alternativa.
La leche no contiene hierro.

 En cuanto a los huevos, ni el tamaño ni el color de la cáscara alteran sus valores nutritivos, así como tampoco lo hacen las manchas eventuales de sangre que puedan tener en su interior, ni el color más o menos intenso de la yema.
 
La clara, que pesa unos 35 g, es traslúcida, está compuesta principalmente por albúmina y contiene la mitad de las proteínas del huevo. La yema, con un peso aproximado de 18 g, contiene el resto de las proteínas, la lecitina -grasas fosforadas-, vitaminas A, B, D y E y contienen también hierro y azufre. Además de ser un alimento nutritivo perfectamente equilibrado, porque tiene todos los aminoácidos esenciales en óptimas proporciones, el huevo es bajo en calorías por su escaso contenido en hidratos de carbono. Deben tomarse con mucha moderación -tres o cuatro por semana, como máximo- por el contenido de compuestos nitrogenados y colesterol.

Es importante que el huevo sea fresco: si se pone en un recipiente con agua, debe irse al fondo; si se queda a la mitad, tiene unos cuantos días, pero si flota, es del jurásico. (Con los días, su cámara de aire se va haciendo mayor).
 
Las calorías de 100 gramos de huevo entero son 160; las de 100 gramos de yema son 340 y las de 100 gramos de clara son 36.

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