Revista de Paz y Conflictos
ISSN: 1988-7221

Resistencias para la Paz en Colombia.
Experiencias indígenas, afrodescendientes y campesinas

Por Esperanza Hernández Delgado.

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En todas las profecías esta escrita la destrucción del mundo,
Todas las profecías cuentan que el hombre creará su propia destrucción,
Pero los siglos y la vida que siempre se renuevan,
Han creado también una generación de amadores y soñadores,
Hombres y mujeres que no soñaron con la destrucción de mundo,
Sino con la construcción del mundo, las mariposas y los ruiseñores”[1].

Resumen

Este trabajo recoge apartes de la investigación tutelada realizada por Esperanza Hernández Delgado, en sus estudios de doctorado en Paz, conflictos y democracia en el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, dirigida por Francisco A. Muñoz, y sustentada el 25 de septiembre de 2008. En él se ofrecen elementos teóricos sobre los significados y las características de la resistencia civil, recogidos desde la investigación para la paz que la autora ha realizado sobre las expresiones de resistencia civil de Colombia, y se caracterizan estas experiencias como resistencias para la paz.

Palabras clave: paz, iniciativas civiles de paz, resistencia civil, paz imperfecta, resistencias para la paz.

Abstract

This paper reflects some contributions of the research conducted by Esperanza Hernández Delgado in the frame of the Peace, Conflict and Democracy Doctorate Programme of The Institut of the Peace and the Conflicts of the University of Granada, Spain, directed by Francisco A. Muñoz, and defended on the 25th of September 2008. The paper offers theoretical elements on the meanings and characteristics of civil resistance, reflects the main contributions of peace research in the expressions of civil resistance in Colombia, and characterises these experiences as resistances for peace.

Presentación

Colombia es un país complejo y diverso, en el que la violencia y la paz adquieren una connotación especial. La primera, como problemática recurrente (Sánchez, 1995) y de significativa magnitud; y la segunda, por representar un ideal, una necesidad y a su vez una realidad perfectible, que ha comenzado a recogerse desde las últimas dos décadas del siglo XX (Hernández, 2008). 

La paz se ha expresado en diversos escenarios, procesos e iniciativas, y múltiples actores que dan cuenta de un importante poder pacifista transformador. A su vez, se ha visibilizado no sólo como ideal de una condición de vida, sino también como procesos de negociaciones de paz entre el Estado y algunos grupos armados, prácticas de gestión, transformación o resolución pacífica de conflictos, que muchas veces encuentran su origen en culturas milenarias, ejercicios de mediación e intermediación de terceros frente al conflicto interno armado, en las experiencias identificadas en la historia reciente como iniciativas civiles de paz, y en la descalificación cada vez mas generalizada de la violencia como mecanismo de transformación de realidades adversas.

En el universo mencionado, de expresiones de la paz en este país, se identifican las iniciativas civiles de paz de base social y dentro de estas, las resistencias para la paz[2], que han representado el objeto de estudio de la investigación para la paz realizada en los últimos diez años de mi ejercicio profesional, y que constituyen el eje central del presente documento.

Las resistencias para la paz de Colombia evidencian valores y posturas de culturas milenarias, capacidades insospechadas para construir paz desde la noviolencia, procesos y acciones colectivas identificadas por sus protagonistas como “fuerza vital” y “ejercicio de autonomía, autodeterminación o neutralidad activa”, mecanismos pacíficos de defensa y de propuesta, y esencialmente poderes pacifistas transformadores, paces imperfectas, y realidades esperanzadoras para este país.

1. Objeto de estudio, metodología, estado del arte e hipótesis

El objeto de estudio de las investigaciones realizadas consistió en identificar experiencias de resistencia civil registradas en Colombia, los significados que le atribuyen sus protagonistas, y recoger desde sus propias voces sus procesos, propuestas y logros. En la investigación más reciente se recogieron también los imaginarios de paz de algunas de estas experiencias (Hernández, 2008). 

Finalizando la década de los noventa del siglo XX, por iniciativa de Oxfam –GB realice una primera investigación (Hernández y Salazar, 1999), que tenía por objeto abordar las experiencias de resistencia noviolenta de las comunidades de paz de San José de Apartadó y San Francisco de Asís, para sistematizarlas y visibilizarlas. Para entonces las iniciativas civiles de paz eran desconocidas y este concepto inexistente. A su vez, la resistencia civil no era objeto de estudio ni se relacionaba con la paz.

Los hallazgos del primer ejercicio de investigación evidenciaron alternativas para construir la paz por fuera de la violencia y distintas de los procesos de negociaciones de paz. También, las potencialidades de los civiles para la paz, específicamente de aquellos que se encuentran inmersos en contextos de alta violencia. Ellas transformaban realidades y se dinamizaban a partir de mecanismos como la organización comunitaria, el ejercicio de autonomía y/o autodeterminación, y la no colaboración.

Los hallazgos mencionados motivaron un nuevo ejercicio de investigación para la paz, con el mismo objeto de estudio, que se realizó entre el 2002 y el 2004, con una muestra significativa de 9 experiencias de resistencia civil de pueblos indígenas y afrodescendientes, y comunidades campesinas. Sus hallazgos se recogieron en el libro: “Resistencia civil artesana de paz. Experiencias indígenas, afrodescendientes y campesinas” (Hernández, 2004),  que constituye el eje central de este documento. 

Las investigaciones en mención se han realizado en un periodo de diez años,  han representado un avance frente al abordaje de las resistencias para la paz en Colombia y sus hallazgos son muy significativos, aunque es necesario precisar que es amplio aún el ámbito por indagar al respecto.

Las investigaciones realizadas se inscriben dentro del campo “transdisciplinar de la paz” (Muñoz, Herrena y Molina, 2005), teniendo en cuenta la complejidad de su objeto de estudio. Por ende, ellas se nutrieron de los aportes de diversas disciplinas y a su vez las retroalimentaron.

Dadas las condiciones especiales de Colombia, se hizo uso del campo transdisciplinar de la paz, por considerarlo como un instrumento vital para la comprensión adecuada de la realidad, la dinamización de su transformación, y la visibilización de actores, procesos y escenarios de construcción de paz, dentro de la “matriz unitaria y comprensiva” propuesta por Muñoz y Molina, por perspectiva abierta de los conflictos, las mediaciones, la paz imperfecta, la deconstrucción de la violencias y el empoderamiento pacifista.   

Este ejercicio de investigación para la paz fue aplicado en forma presencial, en escenarios en los que se expresa con intensidad la violencia y al mismo tiempo se construye perfectiblemente la paz, y con la participación activa de los protagonistas de las experiencias de resistencia civil de Colombia. Se requirió la formulación y aplicación de una metodología especial, soportada en el respeto a las experiencias en mención, la concertación con sus representantes antes, durante y después de la realización de la investigación, la generación de confianzas, y la prudencia y confidencialidad necesarias.

En forma específica, se aplico la metodología de las ciencias sociales conocida como acción participante, entendida como método de investigación cualitativa que se construye desde la interacción permanente entre el investigador y el objeto de investigación, en el marco de una relación “sujeto a sujeto”, en la necesidad de integrar conocimientos académicos con saberes vivenciales, ancestrales o populares, según el caso, frente a realidades sociales en permanente movimiento (Delgado, Gutiérrez, 1995).

Desde este ejercicio de investigación para la paz se visibilizaron por primera vez en Colombia las experiencias de resistencia civil (Hernández y Salazar, 1999), y se propuso como  categoría analítica y conceptual las iniciativas civiles de paz de base social (Hernández, 2004). En igual forma se aportaron elementos teóricos y descriptivos para una comprensión integral y adecuada de estas iniciativas de construcción de paz.

En cuanto al marco teórico, las investigaciones realizadas se ubican dentro del enfoque de la paz imperfecta, entendida como: realidad y práctica social, presente a lo largo de la historia de la humanidad, realidad ligada a la condición humana, signo de bienestar y promotora del mismo, generadora de armonía en las relaciones humanas, con la naturaleza y el cosmos, antídoto frente al egoísmo y todas las formas de violencia, gestión pacífica de los conflictos, y factor que nos hace mas humanos (Muñoz, Herrera y Molina, 2005). La paz imperfecta parte del reconocimiento de la complejidad y de los seres humanos inmersos en ella, para plantear una paz inacabada, incompleta, construida incluso en escenarios donde se expresan las violencias, y materializada en todas las regulaciones pacíficas de los conflictos y en su articulación como fuerza transformadora (Muñoz, 2001). Este enfoque concibe la paz como un proceso, construido a partir de empoderamientos pacifistas y mediaciones constantes entre conflictividades y posturas pacifistas.

Se plantearon como hipótesis:

  1. Las resistencias para la paz conviven con diversas expresiones de la violencia.
  2. Las experiencias de resistencia civil de Colombia evidencian paces imperfectas con significados y alcances concretos y relevantes, que las identifican como resistencias para la paz.
  3. Las experiencias de resistencia civil de Colombia pueden ser entendidas como procesos de empoderamientos pacifistas

En cuanto al estado del arte, el estudio de la paz en Colombia, su reconocimiento como práctica y realidad, la reconstrucción de la historia de la paz,  los procesos de las iniciativas civiles de paz de base social y las resistencias para la paz, han ido de la mano de la  investigación para la paz. Este ejercicio ha recogido y visibilizado iniciativas, procesos, escenarios y actores de construcción de la misma, y ha aportado conocimiento teórico en torno de sus significados, expresiones y alcances. Una mirada retrospectiva sobre su práctica en este país permite afirmar que su ejercicio es reciente, identificándose a partir de la década de los ochenta del siglo XX, aunque se registran antecedentes importantes dentro de la periodización que se relaciona a continuación:

  1. Entre las décadas de los cincuenta y los ochenta del siglo XX, se registran investigaciones centradas en el estudio de la violencia, sus modalidades, el accionar de sus actores y su expresión regional entre otras (Sánchez y Peñaranda, 1986). Los investigadores de estas temáticas se identifican como “violentólogos”, y no se enmarcan estos esfuerzos, en forma expresa, dentro de la investigación para la paz, aunque se infiere que hacen parte de la misma, dado que sus hallazgos contribuyen con la búsqueda de alternativas para la superación de las violencias, que representa también uno de los propósitos de la investigación para la paz (Galtung, 1995).
  2. Los primeros estudios sobre la paz se realizan en la segunda mitad de los ochenta del siglo en mención. Ellos se centran inicialmente en los procesos de negociaciones de paz, evidenciando un énfasis en la comprensión de la misma como “paz negativa”, y en gobiernos que adoptan la solución negociada del conflicto armado dentro de su política pública de paz (Ramírez, Restrepo, 1988; García, 1992; Bejarano, 1995; Villamizar, 1997; Peñaranda y Guerrero, 1999). También recogen la tradicional y predominante consideración de la construcción de la paz desde negociaciones de paz entre actores de los conflictos armados.
  3. En la década de los noventa del siglo XX, se empiezan a identificar y visibilizar otros actores, procesos, métodos y escenarios del proceso de construcción de la paz en este país, al igual que sus alcances. Ellos evidencian alternativas por fuera de la violencia y de los procesos de negociaciones de paz, y potencialidades y capacidades significativas de pueblos, comunidades, mujeres, jóvenes, víctimas de las violencias, Iglesias, y organizaciones no gubernamentales para construir la paz.

Inicialmente dan cuenta de estas experiencias, publicaciones de acompañantes (Jaramillo, 1992; García, 1996) de algunas comunidades que se organizan para responder sin violencia al impacto del conflicto armado. En ellas se recoge la memoria del surgimiento de sus procesos, su incipiente desarrollo y la actuación de sus principales líderes, aunque sin analizarlos desde una teoría de paz o en su significación frente a la construcción de la misma.

  1. A finales de los noventa de la centuria en mención, las iniciativas y procesos referidos anteriormente, comenzaron a ser abordados desde un ejercicio de Investigación para la Paz (Hernández y Salazar, 1999; Hernández, 2004; Villarreal y Rios, 2006). Es en este contexto, donde surgen las investigaciones objeto de esta presentación, que se convirtieron a su vez en los primeros estudios que visibilizaron estas experiencias como iniciativas civiles de paz de base social (Hernández y Salazar, 1999), experiencias de resistencia civil o noviolenta (Hernández, 2004), y escenarios de construcción de paz desde abajo (Hernández y Salazar, 1999; Hernández, 2008). En ellos, la significación, tipología, métodos y alcances de estas iniciativas fueron abordados desde la paz, frente a la paz y para la paz. 
  2. A comienzos del siglo XXI, los protagonistas de algunas de estas experiencias de construcción de paz, comenzaron a recoger sus procesos en publicaciones testimoniales (Cavida, 2002) que tenían por finalidad darlos a conocer, hacer memoria histórica de sus procesos y de sus padecimientos por causa de las violencias, denunciar los hechos de violencia allí sucedidos, y evidenciar su resiliencia y potencialidades frente a la paz.
  3. Desde comienzos del siglo XXI, se registran estudios centrados en algunas experiencias indígenas de resistencia civil, algunos de ellos para caracterizarlos (Wilches–Chaux, 2005), y otros identificando estas resistencias con movimientos sociales (González, 2006).

Los logros de los procesos mencionados y la difusión de los hallazgos de las investigaciones referenciadas han comenzado a identificar a Colombia dentro de los países con mayor número de iniciativas civiles de paz en el mundo.

2. Aproximación a los significados de la resistencia civil

Algunas ciencias sociales como la historia, la literatura, la sociología y la ciencia política, dan cuenta de opciones y capacidades individuales y colectivas, que desde la noviolencia y la no colaboración, en distintos momentos del devenir de la humanidad, se han convertido en poderes transformadores de realidades adversas, injustas, amenazantes, y que desde cualquier punto de vista descalifican y niegan la dignidad humana. Ellas han pervivido siempre, han dejado una huella imperecedera, revelan nuevos métodos de construir la paz, y son  expresiones de paces imperfectas.

Desde cosmovisiones y posturas ancestrales, opciones colectivas pragmáticas y estrategias propias e innovadoras, pueblos, comunidades y sectores poblacionales de Colombia han generado ejemplarizantes procesos de resistencia civil y le han otorgado significados específicos a su ejercicio de resistencia. A su vez, analistas de los mismos, los hemos recogido e interpretado desde los aportes de la investigación para la paz.

Son diversos, profundos, y propositivos los significados otorgados a la resistencia civil, tanto por quienes la ejercen como por los que la analizan. Ellos se nutren de las concepciones de los protagonistas de la resistencia en mención, en algunos casos, de cosmovisiones milenarias, del conocimiento acumulado que han dejado los procesos de resistencia civil, y de los análisis y construcciones teóricas que investigadores y estudiosos han elaborado en torno de los mismos.

El abordaje adecuado de los significados de la resistencia civil obliga a la consulta de sus antecedentes lejanos, mediatos y recientes, las teorías académicas que la interpretan, y las autorizadas opiniones de quienes generan y jalonan las experiencias de resistencia civil.

Antecedentes relevantes de la resistencia civil

En la investigación realizada entre el 2002 y el 2004, se reconoció la permanente presencia de la resistencia civil a lo largo de la historia, y se intentó construir una línea del tiempo con algunas de sus expresiones, partiendo de modalidades de resistencia individual hasta llegar a las acciones colectivas que la precedieron, tal como se señala a continuación (Hernández, 2004):    

La resistencia pasiva u objeción de conciencia, comprendida como derecho y deber individual de quebrantar la ley obedeciendo la conciencia, se reconoce como el antecedente más lejano de la resistencia civil. Esta modalidad de resistencia, visibilizada esencialmente en la postura ética asumida por los primeros cristianos y distintas sectas religiosas pacifistas, desde los tiempos antiguos hasta el renacimiento, en la que se optaba por sacrificar la vida antes que atentar contra las convicciones religiosas y el compromiso personal con las mismas (Brock, 1997), evidencia desde entonces un elemento fundamental de la resistencia civil: la fuerza moral que genera, convoca y sostiene el ejercicio de resistencia. 

En igual forma se identifican como antecedentes mediatos de la resistencia en mención, las posturas políticas y filosóficas de la edad media, que la reconocían en forma restringida, al consagrar el derecho de autoridades, nobles y notables para desobedecer, resistir y revocar a monarcas que gobernaran injustamente o desconocieran la moral y la religión verdadera (Hernández, 2004). Estas mismas posturas admitían también la resistencia armada.

Como antecedentes recientes de la resistencia en mención se identifican las acciones colectivas que surgieron en Europa y norte América a finales del siglo XVIII, en torno de reconocimiento de derechos civiles, políticos y laborales. Estas hicieron visible el poder de los colectivos y su incidencia mediante la aplicación de la estrategia de la no colaboración.

Conceptos y modalidades de resistencia civil: aportes desde la investigación para la paz

En términos generales, la resistencia civil ha sido comprendida como  oposición o presión sin recurso a la violencia (Randle, 1994). A su vez, desde la ciencia política, el concepto de resistencia civil ha estado estrechamente relacionado con el ámbito de gestión, transformación y resolución  de los conflictos. En este contexto, se ha ubicado en dos categorías que a su vez le dan contenidos específicos: como método positivo de finalizar un conflicto, o como método negativo o pragmático de resolverlo. El primero se soporta en la persuasión y la conversión, como mecanismos esenciales para generar el cambio; mientras que el segundo, sin descartar la conversión, desde una comprensión tradicional del conflicto como oposición, acepta la coerción como mecanismo necesario de la resistencia civil, para minar el poder del oponente.

En igual forma, el concepto de resistencia civil ha estado ligado a una dimensión tradicionalmente conocida y a otra de origen reciente (Hernández, 2004). La primera,  como método de lucha política,  y la segunda, como sistema de defensa.  En su dimensión política, la resistencia civil puede ser entendida como, “método de lucha política colectiva, basado en la idea básica de que los gobiernos dependen en último término de la colaboración, o por lo menos de la obediencia de la mayoría de la población y de la lealtad de los militares, la policía y de los servicios de seguridad civil” (Randle, 1994). Se soporta en una concepción en torno del poder, según la cual, este no surge del cañón de las armas como afirmaba Mao Tse-Tung, sino de su capacidad para suscitar lealtad y obediencia en las instituciones y asegurar la colaboración o al menos la conformidad de la mayoría de la población.

En su dimensión de defensa, la resistencia civil es definida como:   “sistema preventivo de defensa en formas de acción no violenta o despliegue real de estos medios contra una invasión extranjera u ocupación, golpes de Estado u otras formas de ataque contra la independencia y la integridad de una sociedad”. Esta modalidad de resistencia civil, también se conoce bajo el nombre de “resistencia con base cívica”, “resistencia social” o “no violencia estratégica”,  y es menos conocida que su dimensión política. Encuentra su origen y se centra, en la necesidad de defensa, la existencia previa de amenaza de agresión o agresión en si, y el uso de mecanismos no armados, no violentos o no militares[3]. El surgimiento de este concepto esta asociado a las guerras mundiales y las campañas y movimientos antinucleares.

En la primera investigación realizada (Hernández y Salazar, 1999), definimos la resistencia civil por su carácter noviolento, colectivo y organizativo, su capacidad para incidir en la realidad política y social, y por soportarse en la no colaboración. En igual forma nos referimos a las categorías anteriormente mencionadas de resistencia civil como método positivo o negativo de resolver conflictos, y la de resistencia civil como mecanismo de lucha política y sistema de defensa. Respecto de esta última, afirmamos que la resistencia civil que se registraba en Colombia era la que tenía una dimensión de defensa. 

En la segunda investigación realizada, la resistencia civil fue definida como mecanismo de construcción de paz, que encuentra su origen en procesos de pueblos y comunidades que buscan la transformación de violencias estructurales y la autoprotección frente al conflicto armado, evidenciándose en escenarios locales, zonales, y regionales, y en dimensiones que superan su tradicional comprensión como forma de lucha (Hernández, 2004).

Los significados de la resistencia civil desde las voces de sus protagonistas en Colombia

Estos actores de la paz en Colombia, no se identifican como pacifistas ni conocen teorías sobre los significados de la paz o de la resistencia civil, pero han atribuido diversos significados a la  resistencia civil que ejercen. Han dicho que es una opción de vida y de dignidad, un mecanismo de exigibilidad de derechos, “ejercicio de autonomía o autodeterminación”, civilidad que se opone al absurdo de la guerra, “construcción de un nuevo país y un mundo posible y deseable”, prácticas comunitarias de solidaridad, resistencia cultural o ancestral, y “amanecer de la palabra”, expresión esta con la que los pueblos indígenas de La Chorrera se refieren a la palabra que se hace realidad desde la vivencia.

Los antecedentes de la resistencia civil, los aportes teóricos sobre la misma y los conceptos de los protagonistas de los procesos de resistencia civil de Colombia permiten afirmar que la resistencia civil es al mismo tiempo una propuesta de construcción de paz y un mecanismo de transformación de la realidad, una acción colectiva y un escenario generador de paces imperfectas, potenciación de poderes pacifistas y empoderamiento pacifista, y por estar estrechamente ligada a imaginarios de vida, dignidad, justicia y paz se convierte en paradigma que movilizan la acción y provoca cambios desde un método no violento y una estrategia de no colaboración.

Características de la Resistencia Civil

Las investigaciones realizadas han permitido identificar como características de la resistencia civil, las que se relacionan a continuación (Hernández y Salazar, 1999; Hernández, 2004):

  1. Es un proceso, que se consolida en forma perfectible con el tiempo.
  2. Es una acción colectiva, y por esta misma condición tiene alcances transformadores.
  3. Encuentra su origen en la base social, aunque en su desarrollo logre conquistar, como es lo deseable,  la simpatía de otros sectores.
  4. No admite el recurso de la violencia, sin que necesariamente tenga que inscribirse en una ética pacifista.
  5. Va de la mano de la organización y la planeación.
  6. Tiene un elemento de fuerza moral que es el que convoca, cohesiona y dinamiza el ejercicio de resistencia civil.
  7. Es al mismo tiempo mecanismo de lucha y de defensa, y propuesta de transformación para la paz.
  8. Sus procesos representan escenarios de construcción de paz.
  9. Fortalece las democracias.
  10. Potencian capacidades y poderes pacifistas.
  11. Representan empoderamientos pacifistas en contextos donde se expresan diversas conflictividades, y muchas veces de fuego cruzado.
  12. Generan cultura de paz en los colectivos en los que encuentran su origen.

3. Resistencias civiles indígenas, afrodescendientes y campesinas

Colombia como la mayoría de los países del mundo, es culturalmente diverso o multicultural. Pueblos indígenas, afrodescendientes, gitanos y raizales entre otros, materializan esta realidad (Hernández, 2006). Ellos representan raíces importantes en nuestro pasado, sus culturas milenarias han dejado huella en otros pueblos y comunidades, y  quienes hemos podido conocer algunos aspectos de sus cosmovisiones y procesos, consideramos que tienen mucho que aportar y enseñar a este país (Hernández, 2006).

Desde los valores de sus culturas y la diversidad que representan, pueblos indígenas y afrodescendientes han generado, dinamizado y visibilizado en la historia reciente de este país,  procesos ejemplarizantes de resistencia  civil (Hernández, 2004). Ellos se han soportado en resistencias ancestrales, cosmovisiones que ponderan la vida, la armonía y la solidaridad, capacidades y poderes  pacifistas y transformadores, y la necesidad de responder a apremiantes desafíos impuestos por diversas violencias.

A su vez, comunidades campesinas, ubicadas en escenarios rurales y contextos en los que el conflicto armado se ha expresado con intensidad, desde opciones noviolentas y pragmáticas, han generado procesos de resistencia civil como ejercicio de autodeterminación, mecanismos de autoprotección y propuestas de construcción de paz.

Estas experiencias representan empoderamientos pacifistas, expresiones de paces imperfectas y alternativas significativas para la construcción de la paz en Colombia.

Este aparte recoge algunos aspectos relevantes de las experiencias de resistencia civil de los indígenas del Cauca, las  comunidades negras del Consejo Comunitario Mayor de la ACIA –COCOMACIA- en el medio Atrato Chocoano, y los campesinos de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare –ATCC- en el magdalena medio santandereano.

Investigacion Esperanza Hernandez


Alcances generales de las experiencias de resistencia civil

Se identifican como tales los que se relacionan a continuación (Hernández, 2006):

  1. La larga duración alcanzada por sus procesos.

     Quizás el mas relevante alcance de las experiencias de resistencia civil de este país este representado en la consolidación perfectible de sus procesos en los largos periodos de duración que han alcanzado. El Consejo Regional de los indígenas del Cauca –CRIC-, experiencia regional de resistencia civil, cuenta en la actualidad con un proceso de 37 años, y  experiencias indígenas locales como “El Proyecto Nasa” de Toribio, con un proceso de 28 años, y la del “Proyecto Global de Jambaló” con uno de 20 años. A su vez, la experiencia de comunidades negras de COCOMACIA, ha alcanzado una duración de 26 años; y el proceso campesino de la ATCC, registra en la actualidad sus 20 años de existencia. 

La larga duración de estos procesos deja hoy en las experiencias en mención un importante acumulado de experiencia, el registro de importantes logros, el reconocimiento alcanzado al interior de sus procesos y frente a la mirada externa, una propuesta mas consolidada y la confianza en sus capacidades colectivas, pacifistas y transformadoras.

  1. Reconocimiento nacional e internacional.

   Todas estas experiencias han recibido importantes reconocimientos internacionales por su aporte a la construcción de la paz, el cuidado de la naturaleza o la defensa a los Derechos Humanos, a pesar de la conflictividad que se vive en sus territorios, los momentos de escalamiento del conflicto armado y de polarización del país. En el primer caso, el proceso campesino de la ATCC fue reconocido con el novel alternativo de paz en 1991, COCOMACIA recibió en el 2000 el premio internacional de Derechos Humanos otorgado por la Asociación Pro Derechos Humanos de España; y experiencias indígenas como “El Proyecto Nasa” de Toribío, recibió en el 2004 el premio ecuatorial otorgado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD-, por su contribución a la protección del ecosistema, la superación de la pobreza, y la defensa de la identidad.

Su condición actual es muy contrastante con la que tuvieron al inicio de sus procesos. En los escenarios de fuego cruzado, cada actor armado les endilgo ser colaboradoras de su oponente, y cuando se generaron como luchas de pueblos por reivindicaciones étnicas y transformaciones de violencias estructurales, los sectores más afectados con las mismas, las percibieron como una amenaza que era preciso contener, incluso por medio de la fuerza, como ocurrió con los indígenas del Cauca. Algunos de los líderes de estos procesos fueron asesinados por jalonarlos.

  1. La construcción de importantes alianzas.

El elemento de fuerza moral que ha generado las experiencias de resistencia civil mencionadas, representado en la decisión colectiva de asumir los compromisos de esta resistencia en contextos de alta violencia y fuego cruzado, les ha permitido recibir importantes apoyos y construir significativas alianzas, que se han traducido en relaciones de colaboración y acompañamiento. Ellas se han consolidado con el tiempo y han posibilitado la dinamización de sus procesos. Se identifican dentro de estas, las que han logrado con la cooperación internacional, las Iglesias, los sectores no gubernamentales, la academia  e incluso entre ellas mismas.

Estas alianzas han hecho posible la obtención de recursos económicos para su autosostenibilidad, muy especialmente en los momentos mas difíciles, les ha brindado un respaldo frente al accionar de los actores armados y las crisis humanitaria generadas por el escalamiento del conflicto armado, han facilitado alguna incidencia ante distintas instancias del gobierno nacional y los gobiernos extranjeros, les ha brindado acompañamiento,  y les han dado  una visibilidad muy importante para poder avanzar en la consecución de las metas propuestas.

  1. Las relaciones con otras experiencias de resistencia civil e iniciativas civiles de paz.

Durante mucho tiempo, las experiencias de resistencia civil construyeron sus procesos hacia dentro, en el ámbito de sus contextos locales y rurales, lejanos de la mirada externa, en esfuerzos solitarios y aislados. En la actualidad no sólo han logrado una significativa visibilidad, sino que han podido relacionarse con otras experiencias de su misma naturaleza, compartir con ellas sus procesos, aprender mutuamente de sus estrategias, y descubrir que no están solos, que otros también han emprendido luchas similares, y que es posible articularse con ellos para tener mayores alcances.

Estas relaciones se han hecho visibles en las redes que han conformado a nivel regional y nacional, sus relaciones interétnicas, los encuentros nacionales, y las agendas comunes que comienzan a construir.

    Alcances de las experiencias de resistencia civil de los pueblos indígenas

Frente a la transformación de realidades relacionadas con violencias estructurales:

  1. Las experiencias indígenas de resistencia civil del Cauca generaron el movimiento indígena en Colombia, que ha contribuido en la  transformación de realidades relacionadas con violencias estructurales de exclusión y negación de sus culturas.
  2. Las experiencias en mención lograron el reconocimiento de los pueblos indígenas y de la diversidad étnica en la constitución de 1991.
  3. Las experiencias en mención han logrado la recuperación en el Cauca de 120.000 hectáreas de sus territorios ancestrales, que estaban en manos de colonizadores o grandes propietarios.
  4. Han saneado o legalizado en muy altos porcentajes sus resguardos, mediante títulos de propiedad colectiva.
  5. Se han fortalecido sus autoridades propias, representadas en los cabildos, que son elegidos en forma directa por sus comunidades.
  6. Han recuperado en altos porcentajes sus lenguas maternas.
  7. Han avanzado en la recuperación y apropiación de su ritualidad.
  8. Han recuperado y fortalecido la medicina propia, mediante el intercambio intergeneracional de saberes, las huertas medicinales, y el establecimiento de sistemas de salud interculturales, en los que la puerta de acceso son los Thewalas, sin descartar que médicos occidentales asuman la atención frente a patologías que los primeros no puedan tratar.
  9. Han desarrollado proyectos productivos comunitarios que les han permitido atender necesidades esenciales desde las formas propias de sostenimiento y producción, aprovechando y protegiendo al mismo tiempo los recursos naturales.
  10. Han avanzado significativamente en educación propia, mediante la elaboración comunitaria y participativa de currículos educativos, la profesionalización de docentes indígenas, la construcción de centros educativos, la celebración de convenios con universidades que les ha permitido llevar la educación superior a sus territorios o el ingreso a la misma de algunos de sus jóvenes.
  11. Han avanzado en la apropiación y aplicación de la justicia propia, y han comenzado a establecer intercambios con las cortes y tribunales de justicia ordinaria, procurando dar a conocer su sistema de justicia y resolver vacíos de competencias.

   Frente a la participación política:

  1. Han conformado movimientos cívicos para participar en elecciones locales, regionales y nacionales.
  2. Han logrado llegar a algunas alcaldías municipales con candidatos de sus movimientos.
  3. Han alcanzado escaños en consejos municipales, asambleas departamentales, la cámara de representantes y el senado.
  4. Han desarrollado modelos de democracia directa, en los que los planes de vida, la inversión social, la elección de autoridades, los programas de gobierno, los proyectos productivos, y los manuales y acciones de resistencia civil son  decididos por asambleas comunitarias.
  5. Desde las distintas instancias de poder han promovido el reconocimiento y la protección de los derechos indígenas.

   Frente a la construcción de la paz:

  1. Han realizado importantes gestiones humanitarias que han permitido la protección de sus culturas, autoridades, comunidades y localidades.
  2. Han realizado diálogos humanitarios con los actores armados, que han permitido disminuir la intensidad del conflicto armado, la liberación de secuestrados, y el reconocimiento perfectible de su autonomía frente a los mismos.
  3. Han elaborado mediante procesos comunitarios altamente participativos, manuales de resistencia civil para autoprotegerse en los momentos críticos de expresión del conflicto armado.
  4. Han generado estrategias de protección como la guardia indígena, integrada por hombres y mujeres, adultos y niños, que tienen la misión de proteger sin armas el territorio, acompañar el ejercicio de resistencia civil, y procurar el respeto de los Derechos Humanos.
  5. Han identificado sitios de asambleas permanentes, ubicados en proximidad de sus cascos urbanos, que tienen la finalidad de proteger a sus comunidades frente a incursiones o combates armados, previniendo a su vez el desplazamiento forzado.
  6. Han realizado movilizaciones masivas para protestar por políticas públicas y violaciones de sus Derechos Humanos.
  7. Han desarrollado una diplomacia internacional para construir alianzas estratégicas.
  8. Han avanzado en la construcción de relaciones interétnicas y de redes con otras experiencias de resistencia civil
  9. Han comenzado a incorporar el tema de la paz en sus reflexiones colectivas y la formación de sus líderes y comuneros.

   Alcances de las experiencias de resistencia civil de los pueblos afrodescendientes

Frente a la transformación de realidades asociadas a violencias estructurales:

  1. La experiencia de resistencia civil de COCOMACIA genero el proceso de organización de las comunidades negras en Colombia.
  2. Lograron el reconocimiento de los pueblos afrodescendientes en la Constitución Política de 1.991.
  3. Lograron la expedición de la ley de comunidades negras de 1993, en la que se reconoció su derecho a la propiedad colectiva sobre sus territorios ancestrales.
  4. Lograron la titulación colectiva de 800.000 hectáreas, protegiendo el territorio ancestral.
  5. Han avanzado en la reconstrucción de su historia.
  6. Han protegido, recreado y difundido su cultura.
  7. Han elaborado mediante un proceso altamente participativo su plan de etnodesarrollo.
  8. Han desarrollado proyectos productivos que les ha permitido empoderarse de sus recursos naturales, sin depredarlos y en forma acorde con su cultura y necesidades.
  9. Han fortalecido sus procesos organizativos y la confianza en su poder colectivo pacífico y transformador.

Frente a la participación política:

  1. Han potenciado en torno de sus procesos, capacidades y liderazgos importantes e insospechados.
  2. Han alcanzado gran reconocimiento en las comunidades del medio Atrato, que ha fortalecido sus procesos organizativos y su ejercicio de resistencia civil.
  3. Han obtenido logros electorales en la elección de algunas alcaldías  municipales.
  4. Han generado diversos procesos organizativos que les ha permitido incidir en la generación de políticas públicas, elaborar sus manuales de convivencia, y su plan de etnodesarrollo.

Frente a la construcción de la paz:

  1. Han elaborado manuales de convivencia para regular las relaciones en los consejos comunitarios locales, zonales y en el regional. También para aplicar los compromisos de autodeterminación frente a los actores del conflicto armado, y reglamentar el aprovechamiento y la protección de los recursos naturales.
  2. Han logrado mediante diálogos pastorales, en los que participan representantes de COCOMACIA y  de la Diócesis de Quibdó, la disminución de la intensidad del conflicto armado.
  3. Han prevenido el desplazamiento forzado y promovido el retorno de población desplazada a sus lugares de origen.
  4. Han establecido tiendas comunitarias que garanticen la seguridad alimentaria en los tiempos de escalamiento del conflicto armado.
  5. Han adoptado estrategias como la del “Arca de Noe”, embarcación en la que distribuyen provisiones por las 120 comunidades, a fin de garantizar la seguridad alimentaria frente a retenes y restricciones impuestas por los actores armados. Los recorridos están precedidos de anuncios públicos y son acompañados por equipos misioneros de la Diócesis de Quibdó.
  6. Han construido centros humanitarios en lugares próximos a sus comunidades, que tienen la finalidad de brindarles protección frente a incursiones armadas o combates, y prevenir el desplazamiento forzado del territorio ancestral.

Alcances de las experiencias de resistencia civil de comunidades campesinas

Frente a la construcción de la paz:

  1. La ATCC ha elaborado una estrategia de diálogo con los actores del conflicto armado.
  2. Han realizado diálogos con todos los actores armados, reduciendo la intensidad del conflicto, protegiendo muchas vidas, previniendo el desplazamiento forzado, y logrando frente a los mismos un respeto perfectible de su autonomía.
  3. Han generado una cultura del diálogo en sus comunidades en un contexto del conflicto armado.
  4. Han suscrito acuerdos con los actores armados, en los que han logrado compromisos importantes frente al respeto por la autonomía de la población campesina, y el manejo y la resolución de sus conflictos.
  5. Han logrado sostener por 20 años los acuerdos históricos logrados con los actores del conflicto armado.
  6. Ha desarrollado una propuesta de diálogo que reconoce en el adversario a un ser humano que es susceptible de cambiar.
  7. Ha alcanzado un importante reconocimiento entre quienes integran su proceso.
  8. Ha realizado mediaciones importantes que han permitido acuerdos humanitarios entre los actores armados y la comunidad campesina.
  9. Ha logrado posicionarse como experiencia ejemplarizante de construcción de paz en el Magdalena Medio santandereano y en el ámbito nacional.
  10. Ha establecido alianzas estratégicas con la Iglesia, la cooperación internacional, la academia, y algunos medios de comunicación.

Frente a la transformación de realidades relacionadas con violencias estructurales:

  1. Han elaborado en forma participativa planes de desarrollo para su área de influencia.
  2. Han relacionado la paz con el desarrollo.
  3. Han desarrollado proyectos productivos que generan ingresos económicos a las comunidades campesinas.

- Han integrado a las mujeres y los jóvenes en sus dinámicas organizativas, proyectos productivos, y en su ejercicio de resistencia civil.

4. Conclusiones

Las  resistencias civiles de Colombia son resistencias para la paz

Aciertan los protagonistas de las resistencias civiles de Colombia cuando afirman que sus experiencias  “son una propuesta de vida y dignidad”, y sólo agregaría a esta calificación, que el valor ético de sus opciones, sus auténticos procesos, sus métodos pacíficos y los logros alcanzados,  evidencian que en ellas  la paz se hace realidad como el “amanecer de la palabra”.

Los imaginarios o sueños de paz de las experiencias de resistencia civil

El sueño o imaginario de paz siempre ha estado presente en sus autoridades o líderes según el caso, en la palabra que se expresa en las asambleas o consejos comunitarios o en los sitios de concentración, en las enseñanzas de los antepasados, mayores o líderes fundadores, y en el obrar de quienes han generado y jalonado estos procesos, aunque en algunas ocasiones les haya implicado comprometer o perder sus vidas.  Se ha prolongado en el tiempo y de él han brotado raíces profundas.

En la investigación realizada en el periodo comprendido entre el 2006 y el 2007, cuyos hallazgos generales fueron publicados en julio del presente año (Hernández, 2008), las experiencias de resistencia civil del “Proyecto Global de Jambaló”, “Cocomacia”, y “La Atcc”, registraron imaginarios de paz positivos e integrales.  Ellos van mas allá de la simple ausencia de guerra, están asociados a una dimensión personal, social y ecológica, reconocen vivencias de paz en sus vidas, y conciben la paz como un proceso perfectible.

Los hallazgos de esta investigación evidenciaron que los imaginarios  de las experiencias en mención, relacionaban la paz, en una dimensión personal,  con valores y sentimientos como el amor, la solidaridad, la honestidad, la verdad, la justicia, el respeto y el compromiso, entre otros. En una dimensión social, con derechos[4], satisfacción de necesidades esenciales[5], el desarrollo de capacidades para la convivencia armónica y la resolución pacífica de los conflictos. En una dimensión ecológica, en la relación armónica y sostenible con la naturaleza y el ambiente.

La paz que proponen las experiencias de resistencia civil

Las resistencias civiles de Colombia proponen una paz integral y perfectible. La primera categoría de análisis se refiere a una paz que incluya en su construcción las distintas dimensiones de los seres humanos y los colectivos que conforman, la diversidad, las aspiraciones y las necesidades, las posibilidades y las limitaciones, las realidades y los cambios, los avances y los desafíos.

En el sentido mencionado, la paz integral que proponen incluye aspiraciones y necesidades personales, sociales, y ecológicas; plantea la transformación de realidades relacionadas con violencias estructurales como la pobreza, la miseria, y la exclusión; y propone la generación de escenarios de convivencia pacífica y cultura de paz. También, reconoce los valores de la multiculturalidad y plantea la necesidad de ofrecer posibilidades reales para la interculturalidad; invita a la disminución de las distancias generadas por las polarizaciones y el acercamiento de los caminos del diálogo; y urge por la  reducción de la brecha social y la profundización de la democracia.

La categoría de la paz perfectible, aplica el enfoque propuesto por Francisco Muñoz, por encontrar su coincidencia con las propuestas de paz de las resistencias civiles referidas. En estas se comprende la paz como un  proceso en construcción, inacabado, soportado en la potenciación de capacidades y empoderamientos pacifistas, la transformación de realidades adversas e injustas, y mediaciones permanentes entre violencias  y posturas pacifistas. También, como búsqueda de bienestar y prácticas de gestión y resolución pacífica de los conflictos.

Las enseñanzas de las experiencias de resistencia civil

Son diversas y esperanzadoras las enseñanzas de las resistencias civiles de este país. Se identifican dentro de ellas las que se relacionan a continuación:

  1. Colombia cuenta con distintos escenarios de construcción de paz, evidenciados en las experiencias de resistencia civil, en los que generalmente se expresan diversas violencias y fuego cruzado.
  2. La construcción de la paz no sólo encuentra su origen en el Estado y los procesos de negociaciones de paz.
  3. En este país la paz también se construye en niveles de base social y en una dimensión de abajo hacia arriba.
  4. La sociedad civil por la paz, y específicamente dentro de esta: los pueblos, las comunidades, las mujeres, los jóvenes, las víctimas, que generalmente han padecido el mayor impacto de las violencias, representan actores muy relevantes para la construcción de la paz.
  5. La resistencia civil registrada en Colombia es un mecanismo de lucha política y de defensa, es una acción en movimiento y al mismo tiempo un escenario de construcción de paz, es oposición y propuesta sin violencia, es poder colectivo pacifista y transformador, y es empoderamiento pacifista.
  6. Las resistencias civiles mencionadas son resistencias para la paz por que construyen en el día a día paces imperfectas o inacabadas, que tienen alcances significativos, relacionados con la convivencia pacífica, la gestión y resolución noviolenta de conflictos, y diversas formas de bienestar de los colectivos que las generan y dinamizan, representadas según en caso: en la recuperación y protección de culturas y territorios ancestrales, el ejercicio de autonomía o autodeterminación, la autoprotección frente al conflicto armado, la participación política, formas alternativas y propias de producción y sostenimiento, reconocimiento nacional e internacional, potenciación de liderazgo y capacidades de transformación de la realidad entre otros.
  7. La dignidad humana obliga a actuar en forma colectiva, pacífica, organizada y concertada para la transformación de realidades adversas, injustas, lesivas o amenazantes, reivindicando la vida, los ideales, los valores de la diversidad, las posibilidades del cambio, lo mejor de la condición humana y la esperanza.

Respecto de sus desafíos

  1. Establecer puentes de diálogo con los gobiernos regionales y el nacional, a fin de que sus procesos sean comprendidos en forma mas adecuada,  se reduzca su estigmatización, y logren mayores alcances en la   construcción de la paz.
  2. Difundir más sus procesos y propuestas en el contexto nacional, para ganar más simpatizantes y socializar las enseñanzas y logros de sus procesos y propuestas.
  3. Articularse con otras experiencias de resistencia civil e iniciativas civiles de paz de base social, a fin de que puedan tener mayores alcances.
  4. Fortalecer su base social, amenazada permanentemente por las lógicas de la guerra.

Avanzar en su fortalecimiento, mediante la identificación de alternativas de producción y el acceso a recursos económicos que les permitan atender las necesidades y aspiraciones más vitales de sus comunidades, y mejorar su calidad de vida.

  1. Generar y profundizar la reflexión colectiva sobre la paz y sus compromisos en torno de la misma, con el fin de potenciar y cualificar su trabajo por la paz.
  2. Capacitarse para afinar su capacidad de respuesta en contextos de polarización y cambios generados por las dinámicas del conflicto armado.
  3. Incidir en la generación de políticas públicas que respondan más eficazmente a los requerimientos de la multiculturalidad.

Bibliografía

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Notas

[1] Aparte del Poema  Los hacedores de sueños de Gioconda Belli.

[2] La resistencia para la paz en este documento puede ser comprendida como resistencia civil o  noviolenta y mecanismo de construcción de paz, aunque los significados de este concepto se  profundizaran en uno de sus capítulos.

[3] Así lo han considerado diversos analistas, como  Jessie Wallace Hughan, Gene Sharp, Arne Naess, y Adam Roberts. 

[4] Dentro de estos: el de la vida, la integridad personal, la igualdad, la libertad, la identidad, la cultura, el territorio, la autonomía, la verdad, la justicia, y la participación, entre otros.

[5] Especialmente identificaron las relacionadas con: la superación de las inequidades que niegan la dignidad, como la miseria y la pobreza, la exclusión, la carencia o insuficiencia de acceso a la  oferta social del Estado, la negación de la calidad de vida y la ausencia de alternativas de futuro entre otros. También el desarrollo a partir de las culturas y necesidades de los pueblos y comunidades.


Esperanza Hernández Delgado
es Magistra en Estudios Políticos de la Universidad Javeriana, DEA en Paz, Conflictos y Democracia de la Universidad de Granada en España, y candidata a doctora. Autora del libro: “Resistencia civil artesana de PaZ. Experiencias indígenas, afrodescendientes y campesinas”, publicado en el 2004 por la Universidad Javeriana y el Programa Suizo para la Promoción de la Paz en Colombia –SUIPPCOL-

Correo electrónico: espeher@colnodo.apc.org

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