|
Introducción
La
cuestión de la complejidad, ¡es
compleja!
En una
escuela, la cuestión fue planteada
a niños: "¿qué es la complejidad?". La respuesta
de
una alumna fue: "la complejidad es una complejidad que es compleja". Es
evidente que se encontraba en el corazón de la cuestión.
Pero antes de abordar esa dificultad, es necesario decir que el dogma,
la evidencia subyacente al conocimiento científico
clásico,
es, como decía Jean Perrin, que el papel del conocimiento es
explicar
lo visible complejo por lo invisible simple. Más allá de
la agitación, la dispersión, la diversidad, hay leyes.
Así
pues, el principio de la ciencia clásica es, evidentemente, el
de
legislar, plantear las leyes que gobiernan los elementos fundamentales
de la materia, de la vida; y para legislar, debe desunir, es decir,
aislar
efectivamente los objetos sometidos a las leyes. Legislar, desunir,
reducir,
estos son los principios fundamentales del pensamiento clásico.
En modo alguno pretendo decretar que esos principios estén a
partir
de
ahora abolidos.
Pero
las prácticas clásicas
del conocimiento son insuficientes. Mientras que la ciencia de
inspiración
cartesiana iba muy lógicamente de los complejo a lo simple, el
pensamiento
científico contemporáneo intenta leer la complejidad de
lo
real bajo la apariencia simple de los fenómenos. De hecho, no
hay
fenómeno simple. Tómese el ejemplo del beso.
Piénsese
en la complejidad que es necesaria para que nosotros, humanos, a partir
de la boca, podamos expresar un mensaje de amor. Nada parece más
simple, más evidente. Y sin embargo, para besar, hace falta una
boca, emergencia de la evolución del hocico. En necesario que
haya
habido la relación propia en los mamíferos en la que el
niño
mama de la madre y la madre lame al niño. Es necesario, pues,
toda
la evolución complejizante que transforma al mamífero en
primate, luego en humano, y, anteriormente, toda la evolución
que
va del unicelular al mamífero. El beso, además, supone
una
mitología subyacente que identifica el alma con el soplo que
sale
por la boca: depende de condiciones culturales que favorecen su
expresión.
Así, hace cincuenta años, el beso en el Japón era
inconcebible, incongruente.
Dicho
de otro modo, esa cosa tan simple surge
de una hinterland de una complejidad asombrosa. Hemos
creído
que el conocimiento tenía un punto de partida y un
término;
hoy pienso que el conocimiento es una aventura en espiral que tiene un
punto de partida histórico, pero no tiene término, que
debe
sin cesar realizar círculos concéntricos; es decir, que
el
descubrimiento de un principio simple no es el término;
reenvía
de nuevo al principio simple que ha esclarecido en parte. Así,
piénsese
en el caso del código genético que, una vez descubierto,
nos reenvía a la pregunta: ¿por qué existe esa
diversidad
extraordinaria de formas en los animales y los vegetales? Cito una
frase
de Dobzhansky, el biólogo, que dice: "Desgraciadamente la
naturaleza
no ha sido lo bastante gentil como para hacer las cosas tan simples
como
nosotros quisiéramos que fuesen. Debemos afrontar la
complejidad."
Un físico, que es al mismo tiempo un pensador, David Bohm, y que
ataca ya el dogma de la elementalidad -sobre el que retornaré-,
dice: "Las leyes físicas primarias jamás serán
descubiertas
por una ciencia que intenta fragmentar el mundo en sus constituyentes."
Aunque
Bachelard dijese que, de hecho, la
ciencia contemporánea buscaba -porque el pensaba en la
física-
la complejidad, es evidente que los científicos
desconocían
que eso era lo que les concernía. Frecuentemente tienen una
doble
consciencia; creen siempre obedecer a la misma vieja lógica que
han recibido en la escuela; pero, de hecho, sin que lo sepan, en su
espíritu
trabaja otra lógica y otros principios de conocimiento.
Pero a
la complejidad le ha costado emerger.
Le ha costado emerger, ante todo, porque no ha sido el centro de
grandes
debates y de grandes reflexiones, como por ejemplo ha sido el caso de
la
racionalidad con los debates entre Lakatos y Feyerabend o Popper y
Kuhn.
La cientificidad, la falsabilidad son grandes debates de los que se
habla;
pero la complejidad nunca ha sido debatida. La bibliografía
sobre
la complejidad es, al menos por lo que yo conozco, muy limitada. Para
mí,
la contribución importante es el artículo de Weaver,
colaborador
de Shannon, como ustedes saben, en la teoría de la
información,
quien, en 1948, escribió el artículo "Science and
complexity"
en el Scientific American, artículo que es un resumen de
un estudio más extenso. Es von Neumann quien, en la
teoría
"On self reproducing automata" aborda con una visión muy
profunda
esa cuestión de la complejidad de las máquinas, de los
autómatas
naturales en comparación con los autómatas artificiales.
Se refirió a ella Bachelard en Le nouvel esprit scientifique;
von Foerster en diversos escritos, particularmente en su texto, ahora
bien
conocido, "On self organizing systems and their environment".
Está
H. A. Simon: "Architecture of complexity", que fue primero un
artículo
autónomo y que fue luego compilado en su libro. Podemos
encontrar
la complejidad, en Francia, en las obras de Henri Atlan: Entre le
cristal
et la fumée, y estaba Hayek quien escribió un
artículo
titulado "The theory of complex phenomena" en Studies in
philosophy,
politics and economics, que es bastante interesante.
Desde
luego, se ha tratado mucho de la complejidad
en el dominio teórico, físico, en el dominio
sistémico;
pero con frecuencia, en mi opinión, se ha tratado sobre todo de
lo que Weaver llama la complejidad desorganizada que hizo
irrupción
en el conocimiento con el segundo principio de la termodinámica,
el descubrimiento de ese desorden microscópico,
microcorpuscular,
en el universo. Pero la complejidad organizada es, con frecuencia,
reconducida
a la complicación. ¿Qué es la complicación?
Cuando hay un número increíble de interacciones, por
ejemplo
entre moléculas en una célula o neuronas en un cerebro,
ese
número increíble de interacciones y de interretroacciones
sobrepasa evidentemente toda capacidad de computación -no
solamente
para un espíritu humano, sino incluso para un ordenador muy
perfeccionado-
y entonces efectivamente es mejor atenerse al input y al output.
Dicho de otro modo, es muy complicado; la complicación es el
enredamiento
de interretroacciones. Ciertamente, es un aspecto de la complejidad,
pero
creo que la importancia de la noción está en otra parte.
La complejidad es mucho más una noción lógica que
una noción cuantitativa. Posee desde luego muchos soportes y
caracteres
cuantitativos que desafían efectivamente los modos de
cálculo;
pero es una noción de otro tipo. Es una noción a
explorar,
a definir. La complejidad nos aparece, ante todo, efectivamente como
irracionalidad,
como incertidumbre, como angustia, como desorden.
Dicho
de otro modo, la complejidad parece
primero desafiar nuestro conocimiento y, de algún modo,
producirle
una regresión. Cada vez que hay una irrupción de
complejidad
precisamente bajo la forma de incertidumbre, de aleatoriedad, se
produce
una resistencia muy fuerte. Hubo una resistencia muy fuerte contra la
física
cuántica, porque los físicos clásicos
decían:
"es el retorno a la barbarie, no es posible situarse en la
indeterminación
cuando desde hace dos siglos todas las victorias de la ciencia han sido
las del determinismo". Ha sido necesario el éxito operacional de
la física cuántica para que, finalmente, se comprenda que
la nueva indeterminación constituía también un
progreso
en el conocimiento de la misma determinación.
La idea
de la complejidad es una aventura.
Diría incluso que no podemos intentar entrar en la
problemática
de la complejidad si no entramos en la de la simplicidad, porque la
simplicidad
no es tan simple como esto. En mi texto "Los mandamientos de la
complejidad"
publicado enScience avec conscience, intenté extraer
trece
principios del paradigma de simplificación, es decir principios
de intelección mediante simplificación, para poder
extraer
de modo correspondiente, complementario y antagonista a la vez -he
aquí
una idea típicamente compleja- principios de intelección
compleja. Voy simplemente a retomarlos y hacer algunos comentarios. Esa
será la primera parte de mi exposición; la segunda parte
estará consagrada un poco más precisamente al problema
del
conocimiento del conocimiento o a la epistemología compleja que
está relacionada con todo eso.
Mandamientos
del paradigma de simplificación
1.
Podemos decir que el principio
de la ciencia clásica es: legislar. Corresponde al principio
del derecho, quizás. Es una legislación, pero no es
anónima,
que se encuentra en el universo, es la ley. Y ese principio es un
principio
universal que fue formulado por el lugar común: "Sólo hay
ciencia de lo general", y que comporta la expulsión de lo local
y de lo singular. Ahora bien, lo que es interesante es que, en el
universo
incluso, en lo universal, ha intervenido la localidad. Quiero decir que
hoy parece que nuestro universo es un fenómeno singular, que
comporta
determinaciones singulares y que las grandes leyes que lo rigen, que
podemos
llamar leyes de interacción (como las interacciones
gravitacionales,
las interacciones electromagnéticas, las interacciones fuertes,
en el seno de los núcleos atómicos), esas leyes de
interacción
no son leyes en sí, sino leyes que sólo se manifiestan,
sólo
se actualizan a partir del momento en que hay elementos en
interacción;
si no hubiese partículas materiales, no habría
gravitación,
la gravitación no existe en sí. Esas leyes no tienen un
carácter
de abstracción y están ligadas a las determinaciones
singulares
de nuestro universo; hubiese podido haber otros universos posibles
-quizás
los haya- y que tuviesen otros caracteres singulares. La singularidad
está
a partir de ahora profundamente inscrita en el universo; y aunque el
principio
de universalidad reside en el universo, vale para un universo singular
donde aparecen fenómenos singulares y el problema es combinar el
reconocimiento de lo singular y de lo local con la explicación
universal.
Lo local y singular deben cesar de ser rechazados o expulsados como
residuos
a eliminar.
2.
El segundo principio era la desconsideración
del tiempo como proceso irreversible; las primeras leyes
físicas
pudieron muy bien ser concebidas en un tiempo reversible. Y, de alguna
manera, la explicación estaba depurada de toda evolución,
de toda historicidad. Y también aquí hay un problema muy
importante: el del evolucionismo generalizado. Hoy el mundo, es decir
el
cosmos en su conjunto y la materia física en su
constitución
(particular, nuclear, atómica, molecular), tiene una historia.
Ya
Ullmo, en esa epistemología piagetiana a la que François
Meyer colaboró, decía muy firmemente: "La materia tiene
una
historia"; hoy todo lo que es material es pensado, concebido a
través
de su génesis, su historia. El átomo es visto
históricamente.
El átomo de carbono es visto a través de su
formación
en el interior de un sol, de un astro. Todo es profundamente
historizado.
La vida, la célula, François Jacob lo subraya con
frecuencia,
una célula es también un corte en el tiempo.
Dicho
de otro modo, contrariamente a esa visión
que ha reinado durante un tiempo en las ciencias humanas y sociales,
según
la cual se creía poder establecer una estructura por
eliminación
de toda dimensión temporal y considerarla en sí fuera de
la historia, hoy de todas las otras ciencias llega la llamada profunda
para ligar lo estructural u organizacional (prefiero decir esto
último
y diré por qué) con lo histórico y evolutivo. Y lo
que es importante efectivamente, es que el problema del tiempo se ha
planteado
de manera totalmente paradójica en el siglo último.
En
efecto, en el momento mismo en que se desarrollaba
el evolucionismo ascensional bajo su forma darviniana, es decir una
idea
de evolución complejizante y diversificante a partir de una
primera
protocélula viviente, en el momento en que la historia humana
era
vista como un proceso de desarrollo y de progreso, en ese mismo
momento,
el segundo principio de la termodinámica inscribía,
él
mismo, una especie de corrupción ineluctable, de
degradación
de la energía que podía ser traducida bajo la
óptica
boltzmaniana como un crecimiento del desorden y de la
desorganización.
Estamos confrontados a una doble temporalidad; no es una flecha del
tiempo
lo que ha aparecido, son dos flechas del tiempo, y dos flechas que van
en sentido contrario. Y sin embargo, es el mismo tiempo; y sin embargo
es la misma aventura cósmica: ciertamente, el segundo principio
de la termodinámica inscribe un principio de corrupción,
de dispersión en el universo físico; pero al mismo
tiempo,
este universo físico, en un movimiento de dispersión, se
ha constituido y continúa constituyéndose.
Se
constituye de galaxias, de astros, de soles,
dicho de otro modo, se desarrolla mediante la organización al
mismo
tiempo que se produce mediante la desorganización. El mundo
biológico
es un mundo que evoluciona; es la vida; pero la vida, al mismo tiempo,
se hace a través de la muerte de individuos y a través de
la muerte de especies. Se ha querido yuxtaponer esos dos principios; es
lo que Bergson hizo; Bergson, uno de los raros pensadores que ha mirado
de frente el segundo principio; pero, según él, ese
principio
era la prueba de que la materia biológica era diferente de la
materia
física, puesto que la materia física tiene algo de
corrupto
en ella, mientras que la sustancia biológica no padece el efecto
del segundo principio. Desgraciadamente para él, se
descubrió
a partir de los años 50 que la originalidad de la vida no
está
en su materia constitutiva, sino en su complejidad organizacional.
Estamos,
pues, confrontados a ese doble tiempo
que no solamente tiene dos flechas, sino que además puede ser a
la vez irreversible y reiterativo. Ha sido, evidentemente, la
emergencia
del pensamiento cibernético la que lo ha mostrado. No era
solamente
el hecho de que, a partir de un flujo irreversible, puede crearse un
estado
estacionario, por ejemplo el del torbellino; en el encuentro de un
flujo
irreversible y de un obstáculo fijo, como el arco de un puente,
se crea una especie de sistema estacionario que es al mismo tiempo
móvil,
puesto que cada molécula de agua que torbellinea es arrastrada
de
nuevo por el flujo, pero que manifiesta una estabilidad organizacional.
Todo esto se reencuentra en todas las organizaciones vivientes:
irreversibilidad
de un flujo energético y posibilidad de organización por
regulación y sobre todo por recursión, es decir,
autoproducción
de sí. Luego tenemos el problema de una temporalidad
extremamente
rica, extremamente múltiple y que es compleja. Nos hace falta
ligar
la idea de reversibilidad y de irreversibilidad, la idea de
organización
de complejización creciente y la idea de desorganización
creciente. ¡He aquí el problema al que está
confrontada
la complejidad! Mientras que el pensamiento simplificante elimina el
tiempo,
o bien no concibe más que un solo tiempo (el del progreso o el
de
la corrupción), el pensamiento complejo afronta no solamente el
tiempo, sino el problema de la politemporalidad en la que aparecen
ligadas
repetición, progreso, decadencia.
3.
El tercer principio de simplificación
es el de la reducción o también de la elementalidad.
El conocimiento de los sistemas puede ser reducido al de sus partes
simples
o unidades elementales que los constituyen. Sobre esto, seré muy
breve.
Resumo.
Es en el dominio físico donde
ese principio parecía haber triunfado de modo incontestable,
dominio
que, evidentemente, se encuentra más afectado por ese principio.
He hecho alusión al problema de la partícula que es
aporética
(onda y corpúsculo), y por tanto la sustancia es fluctuante; nos
dimos cuenta de que en lo que se creía ser el elemento puro y
simple,
a partir de ahora existía la contradicción, la
incertidumbre,
lo compuesto -aludo a la teoría de los quarks- y quizás
lo
inseparable -aludo a la teoría del Bootstrap-. Hay
límites
a la elementalidad; pero esos límites no son solamente
intrínsecos;
tienen también que ver con el hecho de que, una vez que hemos
inscrito
todo en el tiempo, la elementalidad aparece también como
eventualidad,
es decir que el elemento constitutivo de un sistema puede
también
ser visto como evento. Por ejemplo, existe una visión
estática
que consiste en considerarnos nosotros mismos en tanto que organismos;
estamos constituidos por 30 o 50 mil millones de células. En
modo
alguno, y creo lo que Atlan justamente precisó; no estamos
constituidos
por células; estamos constituidos por interacciones entre esas
células.
No son
ladrillos unas al lado de las otras;
están en interacción. Y esas interacciones, son
acontecimientos,
ellos mismos ligados por acontecimientos repetitivos que son
martilleados
por el movimiento de nuestro corazón, movimiento a la vez
regular
e inscrito en un flujo irreversible. Todo elemento puede ser
leído
también como evento. Y está sobre todo el problema de la
sistematicidad; hay niveles de emergencia; los elementos asociados
forman
parte de conjuntos organizados; al nivel de la organización del
conjunto, emergen cualidades que no existen en el nivel de las partes.
Cierto,
hemos descubierto que finalmente todo
eso pasa en nuestro ser, no solamente en nuestro organismo, sino
incluso
en el pensamiento, en nuestras ideas, en nuestras decisiones, que
pueden
reducirse a torbellinos de electrones. Pero es evidente que no se puede
explicar la conquista de la Galia por Julio César sólo
por
los movimientos de torbellinos electrónicos de su cerebro, de su
cuerpo y de los de los legionarios romanos. Incluso si un demonio
consiguiese
determinar esas interacciones físicas, nada comprendería
de la conquista de la Galia que sólo puede comprenderse al nivel
de la historia romana y de las tribus galas. Del mismo modo,
diría
que en términos de cambios bioquímicos, los amores de
César
y de Cleopatra son totalmente ininteligibles. Así pues, es
cierto
que no reduciremos los fenómenos antroposociales a los
fenómenos
biológicos, ni éstos a las interacciones
físico-químicas.
4.
El cuarto principio simplificador
es el del Orden-Rey. El Universo obedece estrictamente a leyes
deterministas,
y todo lo que parece desorden (es decir, aleatorio, agitador,
dispersivo)
sólo es una apariencia debida únicamente a la
insuficiencia
de nuestro conocimiento.
Las
nociones de orden y ley son necesarias,
pero insuficientes. Sobre esto, Hayek, por ejemplo, muestra bien que
cuanta
más complejidad hay, menos útil es la idea de ley. Hayek
piensa, obviamente, en la complejidad socioeconómica; es su tipo
de preocupación; pero él se da cuenta de que es muy
difícil,
porque son complejos, predecir los fenómenos sociales. Es
evidente
que las "Leyes" de la Sociedad o las "Leyes" de la Historia son tan
generales,
tan triviales, tan planas, que carecen de interés. Hayek dice:
"Por
lo tanto, la búsqueda de leyes no es marca del proceder
científico,
sino solamente un carácter propio de las teorías sobre
fenómenos
simples". Vincula muy fuertemente la idea de leyes con la idea de
simplicidad.
Pienso que si esta visión es bastante justa en lo que concierne
a los fenómenos sociales, no lo es menos que, en el mundo
físico
o biológico, el conocimiento debe a la vez detectar el orden
(las
leyes y determinaciones) y el desorden, y reconocer las relaciones
entre
orden y desorden. Lo que es interesante, es que el orden y el desorden
tienen una relación de complementariedad y complejidad. Tomemos
el ejemplo, que frecuentemente cito, de un fenómeno que
presenta,
bajo una perspectiva, un carácter aleatorio sorprendente, y,
bajo
otra perspectiva, un carácter de necesidad; ese fenómeno
es la constitución del átomo de carbono en las calderas
solares.
Para que ese átomo se constituya, es necesario que se produzca
el
encuentro, exactamente en el mismo momento, de tres núcleos de
helio,
lo que es un acontecimiento completamente aleatorio e improbable. Sin
embargo,
desde que ese encuentro se produce, una ley entra en acción; una
regla, una determinación muy estricta interviene; el
átomo
de carbono se crea. Así pues, el fenómeno tiene un
aspecto
aleatorio y un aspecto de determinación. Además, el
número
de interacciones entre núcleos de helio es enorme en el seno del
sol; y además ha habido muchas generaciones de soles en nuestro
sistema solar; finalmente con el tiempo, se crea una cantidad
considerable
de átomos de carbono, se crea en todo caso una amplia reserva
necesaria
para la creación y el desarrollo de la vida. Vemos como un
fenómeno
que parece ser extremamente improbable, por su carácter
aleatorio,
finalmente, es cuantitativamente bastante importante y puede entrar en
una categoría estadística. Todo lo cual depende, pues, de
la perspectiva desde la cual se mire y diría sobre todo que es
interesante
-es necesario- reunir todas esas perspectivas. Es en este sentido que
propongo
un tetragrama, que en modo alguno es un principio de
explicación,
sino que es mucho más un recordatorio indispensable; es el
tetragrama orden-desorden-interacciones-organización.
Esto
debo también precisarlo bien;
cuando se dice tetragrama, se piensa en un tetragrama muy famoso, aquel
que en el Monte Sinaí, el Eterno proporcionó a
Moisés
para revelarle su nombre, nombre sagrado e impronunciable: JHVH.
Aquí
el tetragrama del que hablo no es la Fórmula suprema: expresa la
idea de que toda explicación, toda intelección
jamás
podrán encontrar un principio último; éste no
será
el orden, ni una ley, ni una fórmula maestra E= MC2, ni el
desorden
puro. Desde que consideramos un fenómeno organizado, desde el
átomo
hasta los seres humanos pasando por los astros, es necesario hacer
intervenir
de modo específico principios de orden, principios de desorden y
principios de organización. Los principios de orden pueden
incluso
crecer al mismo tiempo que los de desorden, al mismo tiempo que se
desarrolla
la organización. Por ejemplo, Lwoff escribió un libro
titulado L'ordre biologique, es un libro muy interesante
porque, en
efecto,
hay principios de orden que son válidos para todos los seres
vivientes,
para todo organización viviente. Sólo que esos principios
de orden válidos para toda organización viviente pueden
existir
si las organizaciones vivientes son vivientes; así pues, no
existían
antes de la existencia de la vida, sino en estado virtual, y cuando la
vida se extinga cesarán de existir. He aquí un orden que
tiene necesidad de autoproducirse mediante la organización y ese
orden es bastante particular puesto que tolera una parte importante de
desorden, incluso hasta colabora con el desorden como von Neumann lo
vio
acertadamente en su teoría de los autómatas. Así
pues,
hay, al mismo tiempo que crece la complejidad, crecimiento del
desorden,
crecimiento del orden, crecimiento de la organización (y
perdonen
que use esa palabra cuantitativa de "crecimiento"). Es cierto que la
relación
orden-desorden-organización no es solamente antagónica,
es
también complementaria y es en esa dialéctica de
complementariedad
y de antagonismo donde se encuentra la complejidad.
5.
La antigua visión, la
visión simplificante, es una visión en la que
evidentemente
la causalidad es simple; es exterior a los objetos; les es superior; es
lineal. Ahora bien, hay una causalidad nueva, que introdujo
primeramente
la retroacción cibernética, o feedback negativo,
en
la cual el efecto hace bucle con la causa y podemos decir que el efecto
retroactúa sobre la causa. Este tipo de complejidad se
manifiesta
en el ejemplo de un sistema de calefacción de una
habitación
provisto de un termostato, donde efectivamente el mismo termostato
inicia
o detiene el funcionamiento de la máquina térmica. Lo que
es interesante, es que no es solamente ese tipo de causalidad en bucle
el que se crea; es también una endo-exo-causalidad, puesto que
es
efectivamente también el frío o el calor exterior lo que
va a desencadenar la detención o la activación del
dispositivo
de calefacción central; pero en este caso, la causa exterior
desencadena
un efecto interior inverso de su efecto natural: el frío
exterior
provoca el calor interior. Porque hace frío fuera, la
habitación
está caliente. Desde luego, todo esto puede ser explicado de
manera
muy simple cuando se consideran los segmentos constitutivos del
fenómeno
del bucle retroactivo; pero el bucle que liga esos segmentos, el modo
de
ligar esos segmentos deviene complejo. Hace aparecer la
endo-exo-causalidad.
La visión simplificante, tan pronto como se trata de
máquinas
vivientes, busca primeramente la exo-causalidad simple; ésta ha
sido la obsesión conductista, por ejemplo. Se piensa que el
estímulo
que provocó una respuesta (como la saliva del perro) produjo
casi esa respuesta. Después, nos dimos cuenta de que lo
interesante
era saber también lo que pasaba en el interior del perro y
reconocer
cuál era la naturaleza organizadora de la endo-causalidad que
estimuló
al perro a alimentarse. Todo lo que es viviente, y a fortiori todo lo
que
es humano, debe comprenderse a partir de un juego complejo o
dialógico
de endo-exo-causalidad. Así, es necesario superar, incluido en
el
desarrollo histórico, la alternativa estéril entre
endo-causalidad
y exo-causalidad. En lo que concierne a la extinta URSS, por ejemplo,
dos
visiones simplificantes se enfrentan: la primera concibe el estalinismo
según una causalidad puramente endógena que va de Marx a
Lenin y de éste a Stalin como una especie de desarrollo cuasi
deductivo
a partir de un cuasi-gen doctrinal; al contrario, otros lo ven como un
fenómeno accidental, es decir, ven en el estalinismo el efecto
de
las determinaciones del pasado zarista, de la guerra civil, del cerco
capitalista,
etc. Resulta evidente que ni una ni la otra de esas visiones son
suficientes;
lo interesante es ver la espiral, el bucle de fortalecimiento de causas
endógenas y de causas exógenas que hace que en un momento
el fenómeno se desarrolle en una dirección más que
en otra, dando por presupuesto que existen desde el comienzo
virtualidades
de desarrollo múltiples. Tenemos, pues, sobre el tema de la
causalidad
una revisión muy importante por hacer.
6.
Sobre la problemática
de la organización, no quiero insistir. Diré que en
el
origen está el principio de emergencia, es decir que cualidades
y propiedades que nacen de la organización de un conjunto
retroactúan
sobre ese conjunto; hay algo de no deductivo en la aparición de
cualidades o propiedades de todo fenómeno organizado. En cuanto
al conocimiento de un conjunto, es necesario pensar en la frase de
Pascal
que suelo citar: "Tengo por imposible concebir las partes al margen del
conocimiento del todo, tanto como conocer el todo sin conocer
particularmente
las partes".
Esto
remite la cuestión del conocimiento
a un movimiento circular ininterrumpido. El conocimiento no se
interrumpe.
Conocemos las partes, lo que nos permite conocer mejor el todo, pero el
todo vuelve a permitir conocer mejor las partes. En este tipo de
conocimiento,
el conocimiento tiene un punto de partida cuando se pone en movimiento,
pero no tiene término. Tenemos que vérnoslas en la
naturaleza,
no solamente biológica sino física, con fenómenos
de auto-organización que plantean problemas enormes. No insisto
sobre ello. Los trabajos de Pinson, que conocemos y que encuentro muy
notables,
dan nacimiento, desde el punto de vista organizacional, a una
concepción
que podemos llamar hologramática. Lo interesante es que tenemos
de ello un ejemplo físico que es el holograma producido por el
láser;
en el holograma, cada parte contiene la información del todo. No
la contiene, por lo demás, totalmente; pero la contiene en gran
parte, lo que hace que efectivamente podamos romper la imagen del
holograma,
reconstituyéndose otros micro-todos fragmentarios y atenuados.
Thom
dijo: "La vieja imagen del hombre-microcosmos, reflejo del macrocosmos,
mantiene todo su valor; quien conozca al hombre conocerá el
universo".
Sin ir
tan lejos, es notable constatar que,
en la organización biológica de los seres multicelulares,
cada célula contiene la información del todo. Contiene
potencialmente
el todo. Y en este sentido es un modo hologramático de
organización.
En el lenguaje, el discurso toma sentido en relación a la
palabra,
pero la palabra sólo fija su sentido en relación a los
discursos
en los que se encuentra encadenada. Aquí también hay una
ruptura con toda visión simplificante en la relación
parte-todo;
nos hace falta ver cómo el todo está presente en las
partes
y las partes presentes en el todo. Por ejemplo, en las sociedades
arcaicas,
en las pequeñas sociedades de cazadores-recolectores, en las
sociedades
que llamábamos "primitivas", la cultura estaba engramada en cada
individuo. Había en ellas algunos que poseían la
totalidad
de la cultura, esos eran los sabios, eran los ancianos; pero los otros
miembros de la sociedad tenían en su espíritu el
conocimiento
de saberes, normas, reglas fundamentales.
Hoy, en
las sociedades-naciones, el Estado
conserva en él las Normas y Leyes, y la Universidad contiene el
Saber colectivo. No obstante, pasamos, tras numerosos años en la
familia primero, y luego sobre todo en la escuela, a engramar la
cultura
del todo; así cada individuo porta prácticamente, de un
modo
vago, inacabado, toda la sociedad en él, toda su sociedad.
Los
problemas de organización social
sólo pueden comprenderse a partir de este nivel complejo de la
relación
parte-todo. Aquí interviene la idea de recursión
organizacional
que, a mi parecer, es absolutamente crucial para concebir la
complejidad
de la relación entre partes y todo. Las interacciones entre
individualidades
autónomas, como en las sociedades animales o incluso en las
células,
puesto que las células tienen cada una su autonomía,
producen
un todo, el cual retroactúa sobre las partes para producirlas.
Dicho
de otro modo, las interacciones entre individuos hacen la sociedad; de
hecho, la sociedad no tendría ni un gramo de existencia sin los
individuos vivientes; si una bomba muy limpia, como la bomba de
neutrones,
aniquilase toda Francia, permanecerían todos los monumentos: el
Elíseo, la Cámara de los Diputados, el Palacio de
Justicia,
los Archivos, la Educación Nacional, etc.; pero no habría
ya sociedad, porque, evidentemente, los individuos producen la
sociedad.
No obstante, la sociedad misma produce los individuos o, al menos,
consuma
su humanidad suministrándoles la educación, la cultura,
el
lenguaje. Sin la cultura, seríamos rebajados al más bajo
rango de los primates.
Dicho
de otro modo, son las interacciones
entre individuos las que producen la sociedad; pero es la sociedad la
que
produce al individuo. He aquí un proceso de recursividad
organizacional;
lo recursivo se refiere a procesos en los cuales los productos y los
efectos
son necesarios para su propia producción. El producto es al
mismo
tiempo el productor; lo que supone una ruptura total con nuestra
lógica
de las máquinas artificiales en la que las máquinas
producen
productos que les son exteriores. Ver nuestra sociedad a imagen de esas
máquinas, es olvidar que esas máquinas artificiales
están
en el interior de una sociedad que se autoproduce ella misma.
7.
El pensamiento simplificante
fue fundado sobre la disyunción entre el objeto y el medio
ambiente.
Se comprendía el objeto aislándolo de su medio ambiente;
era tanto más necesario aislarlo como era necesario extraerlo
del
medio ambiente para colocarlo en un nuevo medio ambiente artificial que
se controlaba, que era el medio de la experiencia, de la ciencia
experimental.
Efectivamente, gracias a la experiencia, se podían variar las
condiciones
del comportamiento del objeto, y, por lo mismo, conocerlo mejor. La
experimentación
a hecho progresar considerablemente nuestro conocimiento. Pero hay otro
conocimiento que sólo puede progresar concibiendo las
interacciones
con el medio ambiente. Este problema se encuentra en física,
donde
las grandes leyes son leyes de interacción. Se encuentra
también
en biología, donde el ser viviente es un sistema a la vez
cerrado
y abierto inseparable de su medio ambiente del que tiene necesidad para
alimentarse, informarse, desarrollarse. Nos hace falta, pues, no
desunir,
sino distinguir los seres de su medio ambiente.
Por
otra parte, el pensamiento simplificante
se fundó sobre la disyunción absoluta entre el objeto y
el
sujeto que lo percibe y concibe. Nosotros debemos plantear, por el
contrario,
el principio de relación entre el observador-conceptuador y el
objeto
observado, concebido. Hemos mostrado que el conocimiento físico
es inseparable de la introducción de un dispositivo de
observación,
de experimentación (aparato, desglose, reja) y por esto incluye
la presencia del observador-conceptuador en toda observación o
experimentación.
Aunque no hubiese hasta el presente ninguna virtud heurística en
el conocimiento astronómico, es interesante apuntar aquí
el principio antrópico extraído por Brandon Carter: "La
presencia
de observadores en el universo, impone determinaciones, no solamente
sobre
la edad del universo a partir de la cual los observadores pueden
aparecer,
sino también sobre el conjunto de sus características y
de
los parámetros fundamentales de la física que se
despliega
ahí". Añade que la versión débil del
principio
antrópico estipula que la presencia de observadores en el
universo
impone determinaciones sobre la posición temporal de estos
últimos;
la versión fuerte del principio antrópico supone que la
presencia
de observadores en el universo impone determinaciones, no solamente
sobre
su posición temporal, sino también sobre el conjunto de
propiedades
del universo. Es decir, que el universo pertenece a una clase de
modelos
de universo capaces de abrigar seres vivientes y de ser estudiados por
ellos. Lo que es una cosa extraordinaria, puesto que todo nuestro
conocimiento
del cosmos, efectivamente, hace de nosotros seres cada vez más
periféricos
y marginales. No solamente estamos en una estrella de extrarradio, de
una
galaxia del extrarradio, sino que además somos seres vivientes,
quizás los únicos seres vivientes del universo -por
abreviar,
no tenemos prueba de que haya otros en él- y desde el punto de
vista
de la vida, somos la única rama donde ha aparecido esa forma de
conciencia reflexiva que dispone de lenguaje y que puede verificar
científicamente
sus conocimientos. El universo nos marginaliza totalmente.
Ciertamente,
el principio antrópico
en absoluto suprime esa marginalidad; pero dice que es necesario, de
una
determinada manera, que el universo sea capaz, incluso de un modo
altamente
improbable, de hacer seres vivientes y seres conscientes. Desde la
versión
débil, el ejemplo que da es bastante interesante; dice: "Nuestro
sol tiene 5 mil millones de años; es un adulto; tiene asegurado,
salvo error, 10 mil millones de años. La vida comenzó tal
vez hace 4 mil millones de años, es decir, prácticamente
al principio del sistema solar. Nosotros, seres humanos, aparecimos en
el medio de la edad solar". Hay aquí algo que no es puramente
arbitrario,
al azar. Suponiendo que la vida hubiese comenzado más tarde, no
habría tenido, sin duda, condiciones de desarrollo posible;
pero,
si la vida hubiese empezado más tarde, la consciencia humana
habría
aparecido en el momento en que el sol hubiese comenzado a extinguirse,
es decir en el momento en que quizás no habría sido
más
que un relámpago antes del crepúsculo final. Dicho de
otro
modo, tiene cierto interés intentar pensar nuestro sistema en
relación
a nosotros y nosotros en relación a nuestro sistema.
Y es
una invitación al pensamiento
rotativo, de la parte al todo y del todo a la parte. Ya la
reintroducción
del observador en la observación había sido efectuada en
la micro-física (Bohr, Heisenberg) y la teoría de la
información
(Brillouin). Aún de modo más profundo el problema se
plantea
en sociología y en antropología: ¿cuál es
nuestro
lugar, nosotros observadores-conceptuadores, en un sistema del que
formamos
parte?
Tras la
noción de observador se esconde
la noción, aún deshonrosa, de sujeto. Sin duda, en
física,
puede prescindirse de la noción de sujeto, a condición de
precisar bien que toda nuestra visión del mundo físico se
hace mediante la intermediación de representaciones, de
conceptos
o de sistemas de ideas, es decir de fenómenos propios del
espíritu
humano.
Pero,
¿podemos prescindir de la idea
de observador-sujeto en un mundo social constituido por interacciones
entre
sujetos?
8.
a 11. Hay también
otra cuestión que me parece importante, es que, en el
conocimiento
simplificante, las nociones de ser y de existencia estaban totalmente
eliminadas
por la formalización y la cuantificación. Ahora bien,
creo que han sido reintroducidas a partir de la idea de
autoproducción
que, ella misma, es inseparable de la idea de recursión
organizacional.
Tomemos un proceso que se autoproduce y que así produce el ser;
crea el "sí mismo". El proceso autoproductor de la vida produce seres
vivientes. Estos seres son, en tanto que sistemas
abiertos
dependientes de su medio ambiente, sometidos a aleatoriedades, existentes.
La categoría de existencia no es una categoría puramente
metafísica; somos "seres-ahí", como dijo Heidegger,
sometidos
a las fluctuaciones del medio exterior y sometidos efectivamente a la
inminencia
a la vez totalmente cierta y totalmente incierta de la muerte. Dicho de
otro modo, estas categorías del ser y de la existencia que
parecen
puramente metafísicas, las reencontramos en nuestro universo
físico;
pero el ser no es una sustancia; el ser sólo puede existir a
partir
del momento en que hay auto-organización. El sol es un ser que
se
autoorganiza evidentemente a partir, no de nada, sino a partir de una
nube
cósmica; y cuando el sol estalle, perderá su ser...
Si
podemos referirnos en lo sucesivo a principios
científicos que permiten concebir el ser, la existencia, al
individuo,
al sujeto, es cierto que el estatus, el problema de las ciencias
sociales
y humanas, se modifica. Es muy importante, puesto que el drama, la
tragedia
de las ciencias humanas y de las ciencias sociales especialmente, es
que,
queriendo fundar su cientificidad sobre las ciencias naturales,
encontró
principios simplificadores y mutilantes en los que era imposible
concebir
el ser, imposible concebir la existencia, imposible concebir la
autonomía,
imposible concebir el sujeto, imposible concebir la responsabilidad.
12.
y 13. Ahora, llego al último
punto, que es el más dramático. El conocimiento
simplificante
se funda sobre la fiabilidad absoluta de la lógica para
establecer
la verdad intrínseca de las teorías, una vez que
éstas
están fundadas empíricamente según los
procedimientos
de la verificación. Ahora bien, hemos descubierto, con el
teorema
de Gödel, la problemática de la limitación de la
lógica.
El teorema de Gödel ha demostrado los límites de la
demostración
lógica en el seno de sistemas formalizados complejos;
éstos
comportan al menos una proposición que es indecidible, lo que
hace
que el conjunto del sistema sea indecidible. Lo que es interesante en
esta
idea, es que se la puede generalizar: todo sistema conceptual
suficientemente
rico incluye necesariamente cuestiones a las que no puede responder
desde
sí mismo, pero a las que sólo se puede responder
refiriéndose
al exterior de ese sistema.
Como
dice expresamente Gödel: "El sistema
sólo puede encontrar sus instrumentos de verificación en
un sistema más rico o metasistema". Tarski lo dijo
también
claramente para los sistemas semánticos. Los metasistemas,
aunque
más ricos, comportan también una brecha y así
seguidamente;
la aventura del conocimiento no puede ser cerrada; la limitación
lógica nos hace abandonar el sueño de una ciencia
absoluta
y absolutamente cierta, pero es necesario decir que no era sólo
un sueño. Era el sueño finalmente de los años 20,
el sueño del matemático Hilbert que creía
efectivamente
que podía probarse de modo absoluto por la
metamatemática,
matemáticamente, lógicamente, formalmente la verdad de
una
teoría. Era el sueño del positivismo lógico que
creyó
fundar con certeza la teoría científica. Ahora bien,
Popper,
después Kuhn, cada uno a su modo, han mostrado que lo propio de
una teoría científica es ser biodegradable. Hay
aquí
una brecha en la lógica a la que se añade otra brecha,
que
es el problema de la contradicción. Es un problema muy viejo,
puesto
que lo contradictorio o el antagonismo está presente en
Heráclito,
Hegel, Marx.
La
cuestión está en saber si
la aparición de una contradicción es signo de error, es
decir,
si es necesario abandonar el camino que ha conducido a ella o, si por
contrario,
nos revela niveles profundos o desconocidos de la realidad. Existen
contradicciones
no absurdas, a las que nos conduce la observación, así la
partícula se presenta al observador tanto como onda tanto como
corpúsculo;
esta contradicción no es una contradicción absurda; ella
se funda sobre una andadura lógica; partiendo de determinadas
observaciones,
se llega a la conclusión de que lo observado es algo inmaterial,
una onda; pero otras observaciones, no menos verificadas, nos muestran
que, en otras condiciones, el fenómeno se comporta como una
entidad
discreta, un corpúsculo. Es la lógica la que conduce a
esa
contradicción. El verdadero problema es que es la misma
lógica
la que nos conduce a momentos aporéticos los cuales pueden o no
pueden ser superados. Lo que revela la contradicción, si ella es
insuperable, es la presencia de un nivel profundo de la realidad que
cesa
de obedecer a la lógica clásica o aristotélica.
Diría,
en dos palabras, que el trabajo
del pensamiento, cuando es creador, es realizar saltos, transgresiones
lógicas, pero que el trabajo de la verificación es
retornar
a la lógica clásica, al nudo deductivo, el cual,
efectivamente,
sólo opera verificaciones segmentarias. Podemos formular
proposiciones,
aparentemente contradictorias, como por ejemplo: yo soy otro. Yo "soy"
otro, como decía Rimbaud, o esa hermosa frase de Tarde, por
citar
a un precursor de la sociología, que reza: "Lo más
admirable
de todas las sociedades, esa jerarquía de consciencia, esa
feudalidad
de almas vasallas de la que nuestra persona es la cima", es decir, esa
multiplicidad de personalidades en el yo; en la identidad existe un
tejido
de nociones extremamente diversas, existe la heterogeneidad en lo
idéntico.
Todo esto es muy difícil de concebir, pero es así.
Así,
en el corazón del problema
de la complejidad, anida un problema de principio de pensamiento o
paradigma,
y en el corazón del paradigma de complejidad se presenta el
problema
de la insuficiencia y de la necesidad de la lógica, del
enfrentamiento
"dialéctico" o dialógico de la contradicción.
La
epistemología compleja
El
segundo problema es el de la epistemología
compleja que, en última instancia, es aproximadamente de la
misma naturaleza que el problema del conocimiento del conocimiento.
Continúa
cuestiones de lo que he dicho, pero sobrepasándolas,
englobándolas.
¿Cómo concebir ese conocimiento del conocimiento?
Podemos
decir que el problema del conocimiento
científico podía plantearse a dos niveles. Estaba el
nivel
que podríamos llamar empírico, y el conocimiento
científico,
gracias a las verificaciones mediante observaciones y experimentaciones
múltiples, extrae datos objetivos y, sobre estos datos
objetivos,
induce teorías que, se pensaba, "reflejaban" lo real. En un
segundo
nivel, esas teorías se fundaban sobre la coherencia
lógica
y así fundaban su verdad los sistemas de ideas. Teníamos,
pues, dos tronos, el trono de la realidad empírica y el trono de
la verdad lógica, de este modo se controlaba el conocimiento.
Los
principios de la epistemología compleja son más
complejos:
no hay un trono; no hay dos tronos; en modo alguno hay trono. Existen
instancias
que permiten controlar los conocimientos; cada una es necesaria; cada
una
es insuficiente.
La
primera instancia, es el espíritu.
¿Qué es el espíritu? El espíritu es la
actividad
de algo, de un órgano llamado cerebro. La complejidad
consiste
en no reducir ni el espíritu al cerebro, ni el cerebro al
espíritu.
El cerebro, evidentemente, es un órgano que podemos analizar,
estudiar,
pero que nombramos tal cual por la actividad del espíritu.
Dicho
de otro modo, tenemos algo que podemos
llamar el espíritu-cerebro ligado y recursivo puesto que
uno coproduce al otro de alguna manera. Pero de todas formas, este
espíritu-cerebro
ha surgido a partir de una evolución biológica,
vía
la hominización, hasta el homo llamado sapiens.
Por
lo tanto, la problemática del conocimiento debe absolutamente
integrar,
cada vez que ellas aparecen, las adquisiciones fundamentales de la bio-antropología
del conocimiento. Y ¿cuáles son esas adquisiciones
fundamentales?
La
primera adquisición fundamental
es que nuestra máquina cerebral es hiper-compleja. El cerebro es
uno y múltiple. La menor palabra, la menor percepción, la
menor representación ponen en juego, en acción y en
conexión
miríadas de neuronas y múltiples estratos o sectores del
cerebro. Éste es bihemisférico; y su funcionamiento
favorable
acontece en la complementariedad y en el antagonismo entre un
hemisferio
izquierdo más polarizado sobre la abstracción y el
análisis,
y un hemisferio derecho más polarizado sobre la
aprehensión
global y lo concreto. El cerebro es hipercomplejo igualmente en el
sentido
en que es "triúnico", según la expresión de Mac
Lean.
Porta en sí, no como la Trinidad tres personas en una, sino tres
cerebros en uno, el cerebro reptiliano (celo, agresión), el
cerebro
mamífero (afectividad), el neocórtex humano (inteligencia
lógica y conceptual), sin que haya predominancia de uno sobre
otro.
Al contrario, hay antagonismo entre esas tres instancias, y a veces, a
menudo, es la pulsión quien gobierna la razón. Pero
también,
en y por ese desequilibrio, surge la imaginación.
Lo
más importante quizás en
la bio-antropología del conocimiento nos retorna a las
críticas
kantianas, en mi opinión ineludibles; efectivamente, se ha
descubierto
mediante medios nuevos de observación y de
experimentación
lo que Kant descubrió mediante procedimientos intelectuales y
reflexivos.
Nuestro cerebro está en una caja negra que es el cráneo,
no tiene comunicación directa con el universo. Esa
comunicación
se efectúa indirectamente vía la red nerviosa a partir de
las terminales sensoriales. ¿Qué es lo que llega a
nuestra
retina, por ejemplo? Son estímulos, que en nuestro
lenguaje
actual llamamos fotones, que van a impresionar la retina y esos
mensajes
van a ser analizados por células especializadas, después
transcritos en un código binario el cual va a llegar a nuestro
cerebro
donde, de nuevo, van, según procesos que no conocemos, a
traducirse
en representación. Es la ruina de la concepción del
conocimiento-reflejo.
Nuestras
visiones del mundo son traducciones
del mundo. Traducimos la realidad en representaciones, nociones, ideas,
después en teorías. Desde ahora está
experimentalmente
demostrado que no existe diferencia intrínseca alguna entre la
alucinación
y la percepción. Podemos efectuar determinados estímulos
sobre determinadas zonas del cerebro y hacer revivir impresiones,
recuerdos
con una fuerza alucinatoria sentida como percepción. Dicho de
otro
modo, lo que diferencia la percepción de la alucinación
es
únicamente la intercomunicación humana. Y quizás
ni
eso, pues hay casos de alucinación colectiva. A menos que se
admita
la realidad de la aparición de Fátima, es cierto que
miles
de personas, que una muchedumbre, pueden producir una misma
alucinación.
Así,
del examen bio-antropológico
del conocimiento se desprende un principio de incertidumbre
fundamental;
existe siempre una relación incierta entre nuestro
espíritu
y el universo exterior. Sólo podemos traducir su lenguaje
desconocido
atribuyéndole y adaptándole nuestro lenguaje. Así,
hemos llamado "luz" a lo que nos permite ver, y entendemos hoy por luz
un flujo de fotones que bombardean nuestras retinas. Es ya hora de que
la epistemología compleja reintegre un personaje que ha ignorado
totalmente, es decir, el hombre en tanto que ser
bio-antropológico
que tiene un cerebro. Debemos concebir que lo que permite el
conocimiento
es al mismo tiempo lo que lo limita. Imponemos al mundo
categorías
que nos permiten captar el universo de los fenómenos.
Así,
conocemos realidades, pero nadie puede pretender conocer La Realidad
con
"L" y "R".
No hay
sólo condiciones bio-antropológicas
del conocimiento. Existen, correlativamente, condiciones
socioculturales
de producción de todo conocimiento, incluido el
científico.
Estamos en los comienzos balbucientes de la sociología del
conocimiento.
Una de sus enfermedades infantiles es reducir todo conocimiento,
incluido
el científico, únicamente a su enraizamiento
sociocultural;
ahora bien, desgraciadamente, no se puede hacer del conocimiento
científico
unaideología del mismo tipo que las ideologías
políticas,
aunque -y volveré sobre ello- toda teoría sea una
ideología,
es decir construcción, sistema de ideas, y aunque todo sistema
de
ideas dependa a la vez de capacidades propias al cerebro, de
condiciones
socioculturales, de la problemática del lenguaje. En ese
sentido,
una teoría científica comporta inevitablemente un
carácter
ideológico. Existen siempre postulados metafísicos
ocultos
en y bajo la actividad teórica (Popper, Holton).
Pero la
ciencia establece un diálogo
crítico con la realidad, diálogo que la distingue de
otras
actividades cognitivas.
Por
otro lado, la sociología del conocimiento
está aún poco desarrollada y comporta en ella una
paradoja
fundamental; sería necesario que la sociología fuese
más
potente que la ciencia que estudia para poderla tratar de modo
plenamente
científico; ahora bien, desgraciadamente la sociología es
científicamente menos potente que la ciencia que examina. Eso
quiere
decir evidentemente que es necesario desarrollar la sociología
del
conocimiento. Existen estudios interesantes, pero muy limitados, que
son
estudios de sociología de los laboratorios; ponen de manifiesto
que un laboratorio es un micro-medio humano donde bullen ambiciones,
celos,
rivalidades, modas... Se dudaba un poco de ello. Es cierto que esto
resumerge
la actividad científica en la vida social y cultural; pero no se
trata sólo de eso. Hay mucho más que hacer desde el punto
de vista de la sociología de la cultura, de la sociología
de la intelligentsia (Mannheim). Hay todo un dominio
extremamente
fecundo por prospectar. A este nivel es preciso desarrollar una
socio-historia
del conocimiento, incluida en ella la historia del conocimiento
científico.
Acabamos de ver que toda teoría cognitiva, incluida la
científica,
es coproducida por el espíritu humano y por una realidad
sociocultural.
Eso no basta.
Es
necesario también considerar los
sistemas de ideas como realidades de un tipo particular, dotadas de una
determinada autonomía "objetiva" en relación a los
espíritus
que las nutren y se nutren de ellas. Es necesario, pues, ver el mundo
de
las ideas, no sólo como un producto de la sociedad solamente o
un
producto del espíritu, sino ver también que el producto
tiene,
en el dominio complejo, siempre una autonomía relativa. Es el
famoso
problema de la superestructura ideológica que ha atormentado a
generaciones
de marxistas, porque, evidentemente, el marxismo sumario y cerrado
hacía
de la superestructura un puro producto de las infraestructuras, pero el
marxismo complejo y dialéctico, comenzando por Marx,
percibía
que una ideología retroactuaba, evidentemente, y jugaba su papel
en el proceso histórico. Es necesario ir todavía
más
lejos. Marx creyó volver a poner la dialéctica sobre los
pies subordinando el papel de las ideas. Pero la dialéctica no
tiene
cabeza ni pies. Es rotativa.
A
partir del momento en que se toma en serio
la idea de recursión organizacional, los productos son
necesarios
para la producción de los procesos. Las sociedades humanas, las
sociedades arcaicas, tienen mitos fundacionales, mitos comunitarios,
mitos
sobre ancestros comunes, mitos que les explican su situación en
el mundo. Ahora bien, esas sociedades sólo pueden consumarse en
tanto que sociedades humanas si tienen ese ingrediente
mitológico;
el ingrediente mitológico es tan necesario como el ingrediente
material.
Puede decirse: no, por supuesto tenemos primeramente necesidad de comer
y luego... los mitos, sí, ¡pero no tanto! Los mitos
mantienen
la comunidad, la identidad común que es un vínculo
indispensable
para las sociedades humanas. Forman parte de un conjunto en el que cada
momento del proceso es capital a la producción del todo.
Dicho
esto, quiero hablar del grado de autonomía
de las ideas y tomaré dos ejemplos extremos; un ejemplo que me
ha
impresionado siempre resulta evidente en todas las religiones. Los
dioses
que son creados por las interacciones entre los espíritus de una
comunidad de creyentes tienen una existencia plenamente real y
plenamente
objetiva; ellos no tienen ciertamente la misma objetividad que una
mesa,
que la caza; pero tienen una objetividad real en la medida en que se
cree
en ellos: son seres que viven por los creyentes y éstos operan
con
sus dioses un comercio, un intercambio de amor pagado con amor. Se les
demanda ayuda o protección y, a cambio, se les dona ofrendas.
Mejor
aún: hay muchos cultos en los que los dioses aparecen, y lo que
me ha fascinado siempre en la macumba es ese momento en el que
llegan
los dioses, los espíritus, que se apoderan de tal o cual
persona,
que bruscamente hablan por la boca del dios, hablan con la voz del
dios,
es decir que la existencia real de esos dioses es incontestable. Pero
esos
dioses no existirían sin los humanos que los protegen: ¡he
aquí la restricción que es necesario hacer a su
existencia!
En el límite, esta mesa puede aún existir tras nuestra
vida,
nuestro aniquilamiento, aunque no tuviese ya la función de mesa;
eso sería lo que continuaría su existencia. Pero los
dioses
morirían todos desde que cesásemos de existir.
Entonces,
¡he ahí su tipo de
existencia!
Del
mismo modo, diría que las ideologías
existen con mucha fuerza. ¡La idea trivial de que podemos morir
por
una idea es muy verdadera! Claro está, mantenemos una
relación
muy equívoca con la ideología. Una ideología,
según
la visión marxiana, es un instrumento que enmascara intereses
particulares
bajo ideales universales. Todo esto es verdad; pero la ideología
no es solamente un instrumento; ella nos instrumentaliza. Somos
poseídos
por ella. Somos capaces de actuar por ella. Así pues, existe el
problema de la autonomía relativa del mundo de las ideas y el
problema
de la organización del mundo de las ideas.
Hay
necesidad de elaborar una ciencia nueva
que sería indispensable para el conocimiento del conocimiento.
Esa
ciencia sería la noología, ciencia de las cosas
del
espíritu, de las entidades mitológicas y de los sistemas
de ideas, entendidos en su organización y su modo de ser
específico.
Los
problemas fundamentales de la organización
de los sistemas de ideas no resultan solamente de la lógica,
existe también lo que llamo la paradigmatología.
Ésta
significa que los sistemas de ideas obedecen a algunos principios
fundamentales
que son principios de asociación o de exclusión que los
controlan
y comandan.
Así,
por ejemplo, lo que podemos llamar
el gran paradigma de Occidente, bien formulado por Descartes, ya
citado,
que consiste en la disyunción entre el objeto y el sujeto, la
ciencia
y la filosofía; es un paradigma que no sólo controla la
ciencia,
sino que controla la filosofía. Los filósofos admiten la
disyunción con el conocimiento científico, tanto como los
científicos la disyunción con la filosofía. He
aquí,
pues, un paradigma que controla tipos de pensamiento totalmente
diferentes,
incluso antagonistas, pero que le obedecen igualmente. Ahora bien,
tomemos
la naturaleza humana como ejemplo del paradigma. O bien el paradigma
hace
que esas dos nociones, las de naturaleza y hombre, estén
asociadas,
como ocurre de hecho en Rousseau, es decir que sólo se puede
comprender
lo humano en relación con la naturaleza. O bien, esas dos
nociones
están disjuntas, es decir que sólo puede comprenderse lo
humano por exclusión de la naturaleza; éste es el punto
de
vista de la antropología cultural aún reinante.
Un
paradigma complejo, por el contrario, puede
comprender lo humano a la vez en asociación y en
oposición
con la naturaleza. Es Kuhn quien ha puesto de relieve fuertemente la
importancia
crucial de los paradigmas, aunque haya definido mal esa noción.
Él la utiliza en el sentido vulgar anglosajón de
"principio
fundamental". Yo la empleo en un sentido intermedio entre su sentido
lingüístico
y su sentido kuhniano, es decir que ese principio fundamental se define
por el tipo de relaciones que existen entre algunos conceptos maestros
extremadamente limitados, pero cuyo tipo de relaciones controla todo el
conjunto de los discursos, incluida la lógica de los discursos.
Cuando digo lógica, es necesario ver que de hecho
creemos
en la lógica aristotélica; pero en ese tipo de discurso
que
es el discurso de nuestro conocimiento occidental, es la lógica
aristotélica la que nos hace obedecer, sin saberlo, a ese
paradigma
de disyunción, de simplificación y de legislación
soberana; y el mundo del paradigma es evidentemente algo muy importante
que merece ser estudiado en sí mismo, pero a condición
siempre
de abrirlo sobre el conjunto de las condiciones socioculturales y de
introducirlo
en el corazón mismo de la idea de cultura. El paradigma que
produce
una cultura es al mismo tiempo el paradigma que reproduce esa cultura.
Hoy, el principio de disyunción, de distinción, de
asociación,
de oposición que gobierna la ciencia no solamente controla las
teorías,
sino que al mismo tiempo comanda la organización
tecno-burocrática
de la sociedad. Esa división, esa hiperdivisión del
trabajo
científico aparece de un lado, evidentemente, como una especie
de
necesidad de desarrollo intrínseco, porque desde que una
organización
compleja se desarrolla, el trabajo se especializa mientras que las
tareas
se multiplican para llegar a una riqueza más compleja. Pero ese
proceso, no solamente es paralelo, sino que está ligado al
proceso
de la división del trabajo social, al proceso de la
heterogeneización
de tareas, al proceso de la no-comunicación, de la
parcelación,
de la fragmentación de las actividades humanas en nuestra
sociedad
industrial; resulta evidente que hay en ello una relación muy
profunda
entre el modo como organizamos el conocimiento y el modo como la
sociedad
se organiza. La ausencia de complejidad en las teorías
científicas,
políticas y mitológicas está ella misma ligada a
una
determinada carencia de complejidad en la organización social
misma,
es decir, que el problema de lo paradigmático es extremamente
profundo
porque remite a algo muy profundo en la organización social, que
no es evidente en principio; remite a algo muy profundo, sin duda, en
la
organización del espíritu y del mundo noológico.
A
modo de conclusión
Concluyo:
¿qué sería
una epistemología compleja?
No es
la existencia de una instancia soberana
que sería el Señor epistemólogo controlando de
modo
irreductible e irremediable todo saber; no hay trono soberano. Hay una
pluralidad de instancias. Cada una de esas instancias es decisiva; cada
una es insuficiente. Cada una de esas instancias comporta su principio
de incertidumbre. He hablado del principio de incertidumbre de la
bioantropología
del conocimiento. Es necesario también hablar del principio de
incertidumbre
de la sociología del conocimiento; una sociedad produce una
ideología,
una idea; pero eso no es signo de que ella sea verdadera o falsa. Por
ejemplo,
en la época en que Laurent Casanova (es un recuerdo personal)
estigmatizaba
al existencialismo sartriano diciendo de éste: "Es la
expresión
de la pequeña burguesía laminada entre el proletariado y
la burguesía", el desafortunado Sartre decía: "Sí,
quizás; es verdad; pero eso no quiere decir, sin embargo, que el
existencialismo sea verdadero o falso". Del mismo modo, las
conclusiones
"sociológicas" de Lucien Goldmann sobre Pascal, incluso si ellas
están fundadas, no afectan a los Pensées.
Lucien
Goldmann decía: "La ideología
de Pascal y de Port-Royal es la ideología de la nobleza de toga
laminada entre la monarquía y la burguesía ascendente".
Quizás,
pero ¿es que la angustia de Pascal ante los dos infinitos puede
reducirse al drama de la nobleza de toga que va a perder su toga? No
está
tan claro.
Dicho
de otro modo: incluso las condiciones
más singulares, las más localizadas, las más
particulares,
las más históricas de la emergencia de una idea, de una
teoría,
no son prueba de su veracidad -claro está- ni tampoco de su
falsedad.
Dicho de otro modo, hay un principio de incertidumbre en el fondo de la
verdad. Es el problema de la epistemología; es el
problema
de ladialéctica; es el problema de la verdad.
Pero
también aquí la verdad se escapa; y también
aquí
el día en que se haya constituido una facultad de noología,
con su departamento deparadigmatología, ese no
será
el lugar central desde donde se podría promulgar la verdad.
Hay un
principio de incertidumbre y, como
decía hace un instante, hay un principio de incertidumbre en el
corazón mismo de la lógica. No hay incertidumbre
en
el silogismo; pero en el momento del ensamblaje en un sistema de ideas,
hay un principio de incertidumbre.
Así,
hay un principio de incertidumbre
en el examen de cada instancia constitutiva del conocimiento. Y el
problema
de la epistemología es hacer comunicar esas instancias
separadas;
es, de alguna manera, hacer el circuito. No quiero decir que cada uno
deba
pasar su tiempo leyendo, informándose sobre todos los dominios.
¡No! Pero lo que digo es que si se plantea el problema del
conocimiento,
y por tanto el problema del conocimiento del conocimiento, estamos
obligados
a concebir los problemas que acabo de enumerar. Son ineluctables; y no
porque sea muy difícil informarse, conocer, verificar, etc., hay
que eliminar esos problemas. Es necesario, en efecto, darse cuenta de
que
es muy difícil y que no es una tarea individual; es una tarea
que
necesitaría el encuentro, el intercambio, entre todos los
investigadores
y universitarios que trabajan en dominios disjuntos, y que se
encierran,
por desgracia, como ostras cuando se les solicita. Al mismo tiempo,
debemos
saber que no hay más privilegios, más tronos, más
soberanías epistemológicas; los resultados de las
ciencias
del cerebro, del espíritu, de las ciencias sociales, de la
historia
de las ideas, etc., deben retroactuar sobre el estudio de los
principios
que determinan tales resultados. El problema no es que cada uno pierda
su competencia. Es que la desarrolle bastante para articularla con
otras
competencias, las cuales, encadenadas, formarían un bucle
completo
y dinámico, el bucle del conocimiento del conocimiento. Esta es
la problemática de la epistemología compleja y no la
llave
maestra de la complejidad, de la que lo propio, desgraciadamente, es
que
no facilita llave maestra alguna.
Nota: Este texto corresponde
a las
páginas 43-77 de L'intelligence de la complexité,
editado por L'Harmattan, París, 1999. Agradecemos a Edgar Morin
su amable autorización para traducir y publicar el texto.
Traducción
de José Luis Solana Ruiz.
Edgar Morin.
Director
honorario de investigaciones del CNRS. París, Francia.
Resumen
La epistemología de la
complejidad
Las
teorías de la complejidad a las
que se ven abocadas no pocas disciplinas, tanto en la ciencias
físicas
como en las biológicas, las matemáticas o las ciencias
socioculturales,
están apuntando a un trasfondo en el que se construye una nueva
epistemología: la epistemología de la complejidad.
¿Cómo
entenderla?
Abstract
Epistemology of complexity
The
theories of complexity developed in many disciplines -such as physics,
biological sciences, mathematics, or socio-cultural sciences, are
aiming at a background in which to construct a new epistemology: the
epistemology of complexity. How do we understand it?
epistemología
|
complejidad | paradigma | noología | Edgar Morin
epistemology | complexity | paradigme | noology | Edgar Morin
2004-02
|