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Desde el comienzo de
los noventa, se ha puesto
tan de moda el estudio de las fiestas de moros y cristianos en
el
antiguo reino de Granada, que se le puede calificar como tema estelar.
A los tres Encuentros de Bandos de Moros y Cristianos
(celebrados
en Molvízar -1991-, Zújar -1992- y Carboneras -1993-),
con
sus correspondientes conferencias y comunicaciones de investigadores,
que
van a ser pronto editadas por el Centro de Investigaciones
Etnológicas
«Ángel Ganivet» (Granada), hay que añadir las
numerosas aportaciones presentadas al IV Congreso de Folclore
Andaluz
(Huelva, 1992), centrado en esta edición en las manifestaciones
del teatro popular andaluz, así como diversas ponencias en otros
foros y artículos publicados.
Es tal la
complejidad de este fenómeno
ritual, que resulta prácticamente imposible agotarlo, pues, a
medida
que se profundiza en la investigación documental, surgen a la
luz
nuevas facetas que permiten novedosas interpretaciones.
Lamentablemente,
y en lo que de hecho es bastante característico de la
antropología
hispana, apenas se intercomunican las investigaciones, sin que se
produzcan
debates ni controversias entre posturas dispares. Si bien este
hábito
evita que se enconen rencillas personales, desde un punto de vista
intelectual
es una lástima, porque es dudoso que nadie esté en
posesión
de toda la verdad, y del enfrentamiento razonado de posturas
divergentes
puede llegarse a conclusiones más matizadas que las conseguidas
por el esfuerzo solitario.
En busca de una
mayor riqueza especulativa
es por lo que iniciaré ahora una polémica pública
con Pedro Gómez García, compañero de fatigas en
los
doce años que llevamos organizando actividades para dar a
conocer
las culturas granadinas. Tanto en su artículo del número
anterior de la Gazeta de Antropología (1992a),
como
en su participación en el recentísimo libro colectivo América:
una reflexión antropológica (1992b), aborda el
tema desde una perspectiva levistraussiana, con sugerentes y brillantes
análisis. En el primero de estos trabajos, somete a un
análisis
estructural el texto transcrito en 1933 por un vecino de Laroles,
mientras
que en el segundo (que en realidad es anterior, ya que corresponde a
una
conferencia impartida en Granada en 1990) efectúa una
comparación
entre tres textos granadinos y uno jienense, para retomar luego la
tesis
que el antropólogo francés Nathan Wachtel elaborase sobre
las representaciones de la conquista en Hispanoamérica, en su ya
clásico estudio de 1971:
El folclore
conserva, efectivamente,
el recuerdo de las reacciones indígenas en el momento de la
conquista.
Sin embargo, lo hace con una fidelidad variable (...) Pero la
deformación
de los hechos históricos respeta una cierta lógica. Tales
eventos constituyen la materia utilizada por el pensamiento
indígena
para producir un folclore cuyas manifestaciones, aunque diversas,
forman
un conjunto coherente. Desde los Andes a México, una estructura
común ordena los temas de la Danza de la Conquista (Wachtel
1971:
90-91).
Sin tocar en este
artículo la comparación
entre los significados de las representaciones de conquista
entre
los indígenas americanos y los españoles
contemporáneos,
voy a responder a dos críticas que me formula Pedro
Gómez.
En mi libro sobre las Fiestas de moros y cristianos en Granada
(l988),
establezco dos grandes familias de estas fiestas en la Granada actual:
A. Las del tipo cautiverio
y rescate
de la imagen, con intervenciones sobrenaturales, una sola batalla y
documento
falsificado por el demonio.
B. Las relaciones
de Granada, subdivisibles
en:
a) Escaramuzas de
la Alpujarra, con
el desembarco de los turcos y la conquista del castillo y la imagen del
santo, con su derrota y conversión en la segunda parte.
b) Toma del
castillo, con superposición
de temas narrativos, esquema dual de batallas y ausencia de
intervenciones
sobrenaturales.
También
diferenciaba un subgrupo Luzbel
y el Ángel (con probable toma del castillo), hoy
desaparecido.
Para Pedro
Gómez, no tiene sentido
establecer un tipo cautiverio y rescate de la imagen
contrapuesto
al de pérdida y recuperación del castillo, ya que
los considera intercambiables, variando solo el elemento
simbólico:
La reconquista del
castillo implica
el rescate de esa imagen. Los dos supuestos tipos no sólo son
intercambiables
sino que se funden en uno solo. El esquema significativo no
varía
(1992b: 58).
Más adelante
se reitera en esta postura,
tras analizar la trama narrativa de la versión de Bélmez
de la Moraleda:
No hay propiamente
dos «tipos»
o «familias» diferentes de fiestas de moros y cristianos,
sino
medios expresivos intercambiables, alternativos o acumulativos, que
apuntan
por igual a la misma significación (1992b: 61).
Creo que estamos en
un terreno muy poco explorado
y que merece la pena avanzar con detenimiento.
Si nos centramos en
lo fundamental de esa
categoría de las representaciones rituales de conquista
constituidas
por las que oponen a moros y cristianos, tendremos que: Los
actores
(todos hombres) se dividen en dos bandos jerárquicos que se
disputan
un símbolo colectivo.
Si queremos conocer
en profundidad este ritual
festivo, no podemos quedarnos en una dimensión tan abstracta,
sino
que habrá que desmenuzarla. Y buscar el significado oculto tras
los objetos simbólicos.
Avancemos ahora
desde lo muy concreto, los
argumentos de cada representación individual. En el
número
9 de la Gazeta, Pedro Gómez publica una de las versiones
de la representación de la alpujarreña Laroles, que en
sí
es casi una excepción por su rareza. El tema de ella es la
legendaria
gesta de Alfonso Pérez de Guzmán, el noble leonés
que participó en la conquista de Tarifa a los nazaríes en
1292, para luego tener que defenderla ante el ataque del rey de Granada
y sus aliados benimerines, prefiriendo sacrificar la vida de su hijo,
que
habían cautivado, antes que entregar la fortaleza.
El argumento parece
encajar perfectamente
en lo que se entiende por una «representación de moros
y cristianos», con su épico sacrificio cuasi
bíblico,
y sin embargo apenas ha interesado a los organizadores de esta clase de
espectáculos, puesto que sólo conozco otro con el mismo
tema:
una de las embajadas que se alternaban en las fiestas
patronales
de Alcalá de la Selva (sierra de Gúdar, Teruel), y en la
que aparecía un caballeresco moro Tarfe. Ambas versiones parecen
influidas por la novela histórica del Romanticismo titulada Guzmán
el Bueno, escrita por el granadino Ramón Ortega y
Frías.
Aquí se trata
de la contaminación
de un tema culto sobre un esquema argumental previo, y en el caso de
Laroles,
el autor del texto teatral incluyó trozos semejantes a los que
se
recitan en las granadinas Mecina-Tedel y Aldeire, dejándose
arrastrar
por cierta grandilocuencia patriotera. De hecho, la única
acción
que no encuentra su equivalente en las demás representaciones de
moros
y cristianos es la del chantaje y posterior sacrificio del hijo del
jefe cristiano, aunque se la puede asimilar al cautiverio y muerte
de
un cristiano.
Nos encontramos ante
el conjunto mínimo
-un par de elementos- que pueda constituir un ciclo temático.
Entre el amplio
repertorio se pueden identificar
numerosos ciclos, y como ejemplos curiosos tenemos:
-- El carolingio,
extendidísimo por
todas las Américas, mientras que en España el emperador
Carlomagno
ya sólo es caudillo en una localidad del Alto Aragón.
-- Santiago contra
Pilatos, propio de México,
procedente de una novela escrita en valenciano por San Pedro Pascal,
mercedario,
que fue obispo de Jaén y le decapitaron los nazaríes en
Granada,
en el 1300.
-- El reto de Tarfe,
originario del romancero
y que pasó a los corrales de comedias de mano de varios autores,
Lope de Vega incluido. El valiente moro Tarfe aún espanta a los
cristianos en cinco localidades, mientras que en Granada se le mata y
pasea
su cabeza en la punta de una espada, continuando un secular ritual
exorcístico.
-- La batalla naval
de Torreblanca (Valencia),
sucedida en 1396 entre un navío de curtidores y los piratas
argelinos,
que se habían apoderado del Santísimo Sacramento, y que
se
convirtió en efímero tema de representaciones en
Valencia,
a mediados del siglo XVIII.
-- Finalmente, el Coloquio
representativo
entre un moro y un cristiano, editado en pliegos de cordel en
varias
ocasiones, que todavía se sigue representando en las provincias
de León, Palencia, Teruel, Alicante, Castellón,
Jaén
y Granada, constituyendo la que pudiera ser la obrilla de teatro
más
veces puesta en escena en España.
Como se aprecia,
hechos reales o literarios
pueden servir como fuente de inspiración para organizadores
locales,
y de una localidad extenderse a otras.
Son varios los
problemas que surgen a la hora
de enfrentarse a los estudios comparativos entre rituales festivos con
tales dimensiones: la superposición de elementos formales; sus
relaciones
con el contexto ritual; la dialéctica entre el afán de
diversión
de la gente y el control político-moral de las autoridades; y,
dado
que se trata de acciones teatrales o parlamentos, la tremenda
extensión
de los textos, con multitud de diálogos. Y para comparar miles
de
páginas hay que resumirlas.
La secuencia
básica
Cuando
redacté mi tesis doctoral, Representaciones
rituales hispánicas de conquista, en 1988, uno de mis puntos
de partida fue el ya mencionado trabajo de Wachtel, y traté de
probar
que la unidad estructural también se encontraba entre las
«danzas
de la conquista», las «representaciones de moros y
cristianos»
y otros enfrentamientos teatrales ritualizados, en el ámbito de
la cultura hispánica (Brisset 1988a: 116). Para ello,
recopilé
más de dos centenares de textos procedentes de doce
países,
en su mayoría íntegros, y los sometí a un
análisis
comparativo, de acuerdo con el método diseñado por W.
Propp
(1928) para las narraciones.
Si se descomponen
los aparentemente muy distintos
argumentos de las obras de teatro popular hispánico que
presentan
una lucha entre dos bandos, en sus acciones significativas en el
desarrollo
de la representación teatral, entendiendo como tales tanto
las
que se expresan con movimientos con sentido narrativo como los
diálogos
que modifican el nivel de confrontación y los que establecen
relaciones
con lo sobrenatural, veremos que cada unidad sintagmática, o
eslabón
narrativo mínimo, está compuesta por dos clases de
elementos:
unos variables, que concretizan y diferencian desarrollos argumentales
semejantes (como son los atributos de los personajes, los objetos
materiales
y los símbolos) y otros fijos o permanentes, que constituyen la
estructura básica del argumento. Así, si un
español
cautiva a un azteca, los elementos cualitativos
«español»
y «azteca» se pueden intercambiar con otras parejas,
«español»
y «francés», o «cristiano» y
«moro»
respectivamente, sin que varíe la acción desarrollada,
que
es el cautiverio del enemigo a manos del héroe.
Sentada esta
premisa, he aislado 24 acciones
básicas con las que se pueden plasmar todos los argumentos
de
las representaciones rituales de conquista, y que, si se colocaran
juntas
para formar la cadena secuencial que contiene todas las
versiones,
nos daría la siguiente fórmula: (i)
VANQRÑUJOZHGITSB(º)+-XEKPLWDY
que expresa el siguiente argumento total:
(Introducción
o situación inicial)
Visión o
sueño presagioso -
Aparición sobrenatural
Negociación -
Entrega de pliego -
Reto (Embajadas)
Descanso tras reto -
Debate interno - Juego
de azar
Alianza de
ejércitos - Milagro
Herida -
Curación
Incidente amoroso -
Traición
Batalla por un
objeto con/sin ayuda
sobrenatural
Muerte - Entierro -
Resurrección
Prisión o
cautiverio - Apropiación
atributos - Liberación
Despojo o
conversión - Premio o recompensa.
A partir de esta
fórmula total se obtienen
todas las variantes, con sólo suprimir algunas acciones y
cambiar
otras de orden. Eliminando las «secundarias» y agrupando
las
acciones «primarias» por afinidades, se puede llegar a una
fórmula sintética concentrada así:
(Introducción)
Reto-Súplica-Batalla(objeto)-Prisión.
Y este tema
nuclear se puede enunciar
así:
Aparece el enemigo
con intención de
apoderarse de algo.
--Exige su entrega a
los héroes y
les desafía.
--Súplica de
los héroes para
obtener la ayuda sobrenatural.
--Batalla por el
objeto en litigio, con/sin
ayuda sobrenatural
--Cautiverio del
enemigo, que se integra
al bando heroico.
Y termina la
representación con el
enemigo neutralizado (prisionero o convertido) y los héroes
disfrutando
del objeto disputado.
Cuando se trata de
un relato bisecuencial,
con la victoria inicial del enemigo en la primera batalla y su derrota
decisiva en la segunda, lo que se produce es un desdoblamiento de la
acción
de la batalla. Y hay casos registrados de hasta cinco batallas
en
la representación.
Este núcleo
del desarrollo temático
de las representaciones rituales de conquista, para su
hipotética
interpretación exige que se lo incluya dentro del contexto
ritual
en el que se expresa, ya que el mero análisis formal de los
textos
no es suficiente. Y al disponer de abundante documentación sobre
el desarrollo genético de este ritual festivo, habrá que
contar con las aportaciones del estudio histórico-cultural de su
evolución y de la etnografía referente a rituales
emparentados
y asimilados.
Vías
clasificatorias
Las luchas
rituales entre dos bandos
son uno de los complejos festivos más extendidos por todas las
culturas
en la historia de la humanidad. En este inmenso universo festivo
tienen cabida múltiples reinos, entre los cuales las
de
conquista pueden ser las que ofrecen más valiosas
aportaciones
psicológicas. Y en lo que respecta a la cultura
hispánica,
hay un tipo tan identificado con ella que se le puede
considerar,
junto con las corridas de toros y el flamenco, como
característico: los
combates entre moros y cristianos. Desde la Edad Media se fue
convirtiendo
en la diversión por antonomasia, llegando a su apogeo con Felipe
II, al mismo tiempo que lo hacía el imperio español,
pudiéndose
también decir que todos los días el sol llegó a
iluminar
una fiesta de moros y cristianos. Y todavía quedan
cientos
de ellas por el ancho mundo, a punto de ingresar en el siglo XXI.
Tal exuberancia de
este ritual festivo, con
multitud de variantes (personajes, motivos, épocas, actitudes,
vestimentas,
decorados, parlamentos) la convierte en muy difícilmente
clasificable.
Y sin embargo, para conocer a fondo cualquier material, es necesario
ordenarlo
según sus semejanzas y divergencias, agrupándolo en el
menor
número de conjuntos lo más homogéneos posible.
Al enfrentarse a la
tarea de clasificar las
fiestas españolas de moros y cristianos, sus primeros estudiosos
se decidieron por los siguientes criterios:
Para Robert Ricard,
las referencias históricas
le suministrarán la tipología (1958, II: 875):
* Cruzada o
reconquista: los cristianos
atacan un castillo defendido por turcos o moros.
* Moros en la
costa: los cristianos
se defienden, quieren impedir un desembarco de corsarios berberiscos.
No
hay castillo.
María Soledad
Carrasco Urgoiti (1963),
teniendo en cuenta diferencias temáticas y otras
características,
distingue tres áreas geográficas de difusión:
* Embajadas
del Levante.
* Comedias
de Andalucía.
* Dance de
Aragón.
A las que
añade «focos aislados
en Galicia y Castilla».
Guillermo Guastavino
(1969), en su programático
ensayo, retoma el criterio mesológico o
geográfico,
distinguiendo varios modelos de complejidad decreciente, según
el
carácter literario de la representación:
* Área
levantina (urbanas,
vistosos desfiles, derroche de pólvora, lucha en dos actos por
la
conquista de un castillo, drama convertido en espectáculo de
masas).
* Área
alpujarreña (rurales,
sencillez de recursos y medios, acción dramática en dos
partes:
vencen los moros en la 1ª y recobran el castillo o la imagen
perdida
los cristianos en la 2ª, terminando con la conversión de
los
musulmanes).
* Área
aragonesa (danza de
palos o espadas conectadas con una acción dramática muy
elemental,
a veces con una sola batalla, siendo los actores los mismos danzantes).
* Área
vasca (división
en dos bandos que marchan bailando tras sus respectivos simulacros de
reyes,
sin diálogos).
De modo
complementario, establece otra división
según los motivos históricos o tradicionales que
justifican
la celebración, los sucesos que constituyen los motivos
básicos de la lucha:
·Reconquista
de la población.
·Desembarco o
«moros en la costa».
·Ataques
desde un reino vecino o «moros
fronterizos».
·Rebelión
de los moriscos.
·Ataque
general e indefinido.
Por otra parte, el
objetivo de los sarracenos
también es vario: bien la conquista de un castillo, bien el
saqueo
y captura de cautivos, bien el deseo de apoderarse de una imagen
milagrosa,
o bien el simple afán de enfrentarse y vencer a un
ejército
cristiano (Guastavino 1969: 20).
* * *
Y estas son las tres
grandes propuestas clasificatorias
elaboradas hasta ahora. La mesológica o geográfica
es la que se ha adoptado por casi todos los investigadores posteriores,
por su claridad en la diferenciación de esquemas festivos,
ya que cada modelo cuenta con similares variables expresivas. Pero hay
un importante obstáculo a tener en cuenta: en la misma zona
pueden
coexistir modelos distintos, como es el caso de las valencianas Sierra
del Turia, Rincón de Ademuz y Campo de Requena, con varias
representaciones
que más se parecen a los dances aragoneses y las comedias
alpujarreñas
que a las cercanas embajadas con desfiles de filaes
típicamente
valencianos. Y precisamente el modelo inspirador, el de Alcoy,
se
está expandiendo por fiestas de Almería, Granada, Cuenca,
Murcia y Albacete, modificándose su modo tradicional de hacer la
fiesta. Por otra parte, los «focos aislados» mencionados
por
Carrasco se extienden a León, Navarra, Cataluña, La
Mancha,
Canarias y Baleares, por lo que habría casi que asimilarlos a
las
distintas autonomías, con lo que la ordenación pierde
operatividad.
Y si nos metiéramos en las variantes del continente americano,
se
podría decir lo mismo, ya que habría tantos grupos como
países.
Nos encontraríamos entonces con una clasificación nacionalista,
que si, en términos políticos tiene sentido, en
antropología
no, máxime cuando se trata de la misma herencia cultural,
transmitida
por los conquistadores, los héroes de estos rituales,
que
se autoidealizan, enaltecen, justifican y proclaman como ejemplo de
virtudes
y valor a imitar por los espectadores. Respecto a las otras propuestas,
la precursora de Ricard tiene el mérito de fijarse en la
presencia/ausencia
de un elemento escénico como es el castillo, pero en el momento
en el que la formuló no se conocía la diversidad de este
fenómeno cultural, que no se puede abordar desde un simple
elemento
diferenciador.
En cuanto a la de
Guastavino, son muy sugestivas
sus divisiones según el triple parámetro de la
complejidad
teatral, motivos básicos y objetivos de la lucha.
Creo que se puede reelaborar de acuerdo con un planteamiento
estructural,
para aumentar su eficacia.
Los naturalistas
modernos, siguiendo a Linneo
cuando emprende la taxonomía o análisis de las
características
de un organismo con propósitos clasificatorios, van creando
grupos
con un nivel gradual de propiedades comunes, asignando a cada especie
una
nomenclatura binomial, que por un lado la incluye en un género y
por otro la distingue de los otros miembros del mismo grupo. El
problema
es dar con un sistema clasificatorio similar, aplicable a
fenómenos
culturales sujetos a múltiples influencias y que pueden poseer
elementos
procedentes de modelos distantes en el espacio y el tiempo.
Criterios
entrelazados
Comencemos la
aproximación a las
representaciones rituales españolas de moros y cristianos:
I. Sus fuentes de
inspiración
histórica específica son:
a) Cruzadas o
«reconquista» medieval.
b) Rebelión
de los moriscos peninsulares.
c) Guerras contra el
imperio turco.
d) Saqueos costeros
por corsarios berberiscos.
e) Guerras de
Marruecos.
En la mayoría
de los casos se entremezclan
personajes y situaciones, de modo anacrónico e incluso
antihistórico,
por lo que apenas va a tener relevancia este criterio.
II. Sus modelos
festivos inspiradores
han sido:
1. Mascaradas
profanas solsticiales.
2. Competiciones
ecuestres y juegos de cañas.
3. Fastos
monárquicos y nobiliarios.
4. Toma de castillos
en la plaza pública.
5. Entremeses en las
procesiones del Corpus.
6. Comedias
inspiradas en el romancero.
7. Alegorías
misioneras.
8. Rituales
conmemorativos.
9. Diversiones de
las soldadescas.
10. Funciones
patronales.
A lo largo de las
épocas, unos modelos
se han superpuesto a los anteriores, sin llegar a suplantarlos
totalmente,
por lo que siguen siendo parte integrante de las actuales
representaciones,
aunque ya no cumplan sus cometidos originarios. El modelo de fiesta
patronal, con su función teatral en honor del patrono de la
localidad, desde principios del siglo XVII, se ha ido imponiendo,
siendo
hoy día casi hegemónico.
III.
Características de la representación
teatral:
* Luchas sin
parlamentos.
** Danzas habladas.
*** Coloquios con
escaramuzas.
**** Dramas
escenográficos.
***** Alardes o
desfiles con embajadas.
Aquí se
retoma el criterio representacional
formulado por Guastavino, ampliando su división según el
nivel de complejidad teatral de las representaciones rituales.
A veces, los cambios
socioculturales en la
localidad repercuten en la importancia que se otorga a los actos de las
fiestas patronales, pudiendo aumentar o disminuir su espectacularidad,
y pasar de un nivel a otro en esta escala.
IV. Según su morfología
narrativa:
De nuevo con el
esquema de Guastavino, lo
que él consideraba motivos básicos de la lucha se
pueden encontrar en los objetos de la batalla, que
englobaríamos
en los siguientes grupos:
A. Toma del castillo.
B. Robo del santo.
C. Cobro del tributo.
D. Invasión
del territorio.
E. Imponer la propia
religión.
F. Rescatar la dama
cautiva.
(Todos ellos,
con/sin ayuda celestial.)
A menudo se suman
explícitamente varios
de los objetivos, llegando hasta intervenir cuatro de ellos en alguna
de
las representaciones.
V.
Distribución geográfica:
Es un factor a tener
en cuenta, ya que muchas
de las familias se encuentran en la misma área. Pero hay
que afinar más en este criterio, localizando los núcleos
comarcales que poseen características comunes.
Así, se
pueden establecer las siguientes áreas
festivas:
ANDALUCÍA
Alpujarra
Altiplanicie Guadix-Baza-Huéscar
Sierra de los Filabres
Río Almanzora
Ajarquía
Serranía de Ronda
Sierra Mágina
ARAGÓN
Ribera del Ebro
Alto Aragón
Pirineos
Sierra de Gúdar
PAÍS VALENCIANO
Río Vinalopó
Sierra de Utiel
Alto Turia
CUENCA-ALBACETE
La Mancha
Serranía del Júcar
BALEARES
Costa de Mallorca
GALICIA
Valle de Laza
Tierra de Trives
PENÍNSULA IBÉRICA
Gran número de localidades
dispersas.
* * *
Una vez expuestos
los diversos criterios convergentes
para la adecuada catalogación de un ritual de conquista
de
la clase moros y cristianos, procedamos a aplicarlos a un
ejemplo
concreto, como puede ser el de las relaciones de Laroles,
publicadas
por Pedro Gómez en el número anterior:
Función
patronal de tipo coloquio
con escaramuzas, toma del castillo con supeditado rescate del santo,
del
ciclo literario de Guzmán el Bueno, área
alpujarreña.
Y de este modo se
puede singularizar la definición
de la representación ritual de conquista de Laroles.
Antes de terminar
con el apartado clasificatorio,
quiero destacar un aspecto clave. Cuando en el siglo XII se empiezan a
imponer festivamente los enfrentamientos rituales entre moros y
cristianos,
lo hacen sobre un esquema ritual preexistente de lucha entre dos
bandos.
Sus implicaciones psicológicas quedan incorporadas aunque se va
modificando su significación. Creo que es muy interesante poder
descifrarla, y para ello se debe acudir a la etnografía
comparativa
histórico-formal (en la línea carobarojiana) y al
análisis
de los símbolos en presencia. Estos se acomodan preferentemente
a lo que he denominado objeto de la batalla, por lo que estimo
de
gran relevancia su variedad. Aceptar la postura de Pedro Gómez
de
que son intercambiables y significan lo mismo, conduce a un peligroso
reduccionismo
que nos impedirá progresar en el conocimiento de las fuerzas
psicológicas
que se expresan comunitariamente en el desarrollo de estos rituales
festivos.
Por ello, no se los debe infravalorar.
La
desintegración de los rituales
En este
artículo no queda espacio para
rebatir la otra gran crítica que me formula Pedro Gómez,
a la que responderé en la próxima ocasión, pero
aquí
deseo hacer al menos algún comentario ante su desacuerdo:
Para explicar la
variabilidad observable
entre las representaciones rituales de conquista, Demetrio E. Brisset
propone
una «ley de la disgregación» [lo que] no es ya tan
claro
(Gómez García 1992b: 73).
En primer lugar,
nunca he dicho que pretenda
explicar la inmensa variedad formal de este universo ritual con
una simple ley, sino que más bien he insistido en la
multiplicidad
de modelos festivos, temas argumentales e influencias
organizativas
que históricamente han intervenido en su desarrollo
genético:
Un fenómeno
tan complejo como
este tipo de fiestas no puede tener ni un origen único ni una
interpretación
unívoca. Prueba de ello es la apreciable superposición de
elementos narrativos procedentes de diversos ámbitos rituales
(1988:
533).
A partir del
magistral estudio sobre las leyendas
de Van Gennep (1910: 272), donde establece una ley de
cristalización para
explicar su yuxtaposición de temas, se me ocurrió, de
modo
algo temerario, proponer una ley opuesta, de la disgregación,
para explicar los rituales degradados que subsisten en nuestros
días,
sin que sus propios actores sean conscientes del significado de sus
acciones.
Me refería,
por tanto, a cualquier
ritual, y no sólo a los de conquista, tratando de hallar
«cómo
de simples vestigios se pueden deducir complejas acciones ya
desaparecidas
y olvidadas» (ib.), y lo ilustraba con un ritual
cívico
de Castilla la Nueva, los hombres del musgo, que siguen
saliendo
en la procesión del Corpus de Béjar. Ya volveremos a ello.
Que una fiesta de
moros y cristianos se deslice
hacia un desfile carnavalesco, suprimiéndose los parlamentos,
como
me contraargumenta Pedro Gómez, no es lo que entiendo por degradación
ritual, sino una simple transformación del esquema festivo.
¿Cuál
sería su equivalente?
* ¿La
reducción de la estructura
teatral al mínimo, con sólo dos personajes y sin
elementos
escenográficos?
Esto sucede en la
pontevedresa A Franqueira,
en su Diálogo entre o mouro y o cristiano, en un acto.
Pero
posee todos los elementos narrativos y las acciones básicas que
constituyen una lucha ritual de esta clase.
* ¿La
desaparición de texto
y acciones narrativas?
Así en la fiesta
del moro de
la pirenaica Jaca, por un voto cívico se hace una romería
con soldadesca. Al regreso, sin parlamentos ni batallas, cuatro
caballeros
cristianos enarbolan en la punta de sus picas las cabezas de los
adalides
moros cuya derrota se celebra. Es un ritual conmemorativo que se
explica
a sí mismo.
* ¿La
carnavalización mítica
de este tipo de ritual?
El día de san
Juan, en la navarra
Torralba, siete cofrades armados salen a los campos a perseguir,
capturar,
juzgar, condenar y ejecutar a Juan Lobo, un supuesto caudillo
moro
que antiguamente asoló la región. Sugerente entronque
entre
ámbitos rituales diferentes.
* ¿La
presencia de un grupo residual
dentro del ritual?
En la fiesta de la
Virgen de la Cabeza de
la granadina Huéscar, su hermandad organiza una procesión
con: un hermano que baila la bandera, otro con una pica y un
niño
vestido de paje a lo morisco. Se trata de una soldadesca testimonial
con
un elemento enigmático.
Detengámonos
aquí por el momento.
Bibliografía citada
Brisset Martín, Demetrio E.
1988a Representaciones
rituales
hispánicas de conquista. (Tesis doctoral). Madrid,
Universidad
Complutense.
1988b Fiestas de moros y
cristianos
en Granada. Granada, Diputación Provincial.
Carrasco Urgoiti, Mª Soledad
1963 «Aspectos
folclóricos
y
literarios de la fiesta de moros y cristianos en España»,
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Demetrio E.
Brisset Martín.
Doctor en Antropología Social. Antropólogo.
Resumen
Clasificación
de los «moros y cristianos»
Para complementar el
estudio de los rituales
festivos de moros y cristianos,el autor explora las vías
clasificatorias que permitirán su conocimiento en profundidad.
Abstract
Classifying the
performances of «Moors and Christians»
To supplement the
study of the festive rituals of the Moors and Christians, the author
explores the forms of classification that allow a deeper understanding
of these interesting performances.
dramas
de moros y cristianos | clasificación | drama y ritual |
representación e historia
Moors and Christians' dramas | typology | drama and rite | performance
and history
1993-12
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