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En este intento de
sistematización
excesivamente rápido acerca del estudio de las leyendas,
habíamos
comenzado haciendo la definición de qué cosa se ha
entendido
por esta palabra, y luego habíamos hecho una
clasificación
de géneros, por tipos, llegando al fin a estudiar las leyendas
sobre
personajes muy caracterizados y al estudio también de las formas
arquetípicas o los modelos que se dan en este género tan
particular y tan importante. Es evidente que aquí es donde
podemos
encontrar de una manera más clara la aplicación al
estudio
de las leyendas de la teoría de los arquetipos, entendida
ésta
como una reunión de características de varios ejemplares
o individualidades que corresponden a una noción general y
superior
a ellas. Es el modelo que nos encontramos en personajes que unas veces
se presentan con rasgos de pretendida realidad y, a veces, no es
sólo
el personaje sino la acción la que tiene estos rasgos.
Habíamos
hecho alguna ilustración de ejemplos sobre la
tipificación
de personajes reales como los filósofos griegos:
Heráclito,
Demócrito, etc., en unas formas que fueran inteligibles para las
personas aunque no conocieran en realidad los sistemas
filosóficos
de estos filósofos. En esto se puede encontrar también
una
tendencia al arquetipo, a hacer un modelo que representa una
opinión,
más que una realidad, en personajes históricos mucho
más
modernos. Podía presentarse incluso como un fenómeno
clásico
de cómo empieza a formarse una leyenda y cómo la leyenda
puede tener dos interpretaciones opuestas y extremas, como es el caso
de
la imagen que se vio en circunstancias e intenciones distintas entre
sí
de la misma personalidad histórica de Napoleón.
Napoleón, ya
muy al comienzo del siglo
XIX, fue presentado por algunos como un hombre extraordinario, y le dio
ya unos caracteres que podríamos considerar casi legendarios en
obras históricas como la del mismo Thiers. Frente a esta
interpretación
magnificada, heroica y absolutamente favorable del héroe o del
personaje,
podemos encontrarnos unos casos que suponen una inversión total
del concepto. Si ustedes cogen un texto tan maravilloso, tipo
novelesco,
como Guerra y Paz de Tolstoi, se encontrarán con que
este
personaje, que para los franceses de su época era un personaje
fundamentalmente
heroico y admirable, se convierte en una especie de cómico, de
botarate,
de hombre que no tiene la menor cualidad desde el punto de vista moral.
Y, en cambio, el oponente en esta obra, que naturalmente se refiere
más
a las campañas de Rusia que a otra cosa, el general Kutuzov,
aparece
no como un personaje real -algunos piensan que era un general cortesano
sin ningún interés, un hombre de muy poco talento-,pero
Tolstoi
lo pone como un representante de la intuición, del alma rusa,y
como
una fuerza vital colectiva frente al histrionismo de Napoleón.
Ven
ustedes, pues, que aquí ya hay un elemento legendario de
tipificación
que corresponde, punto por punto, a lo que se lleva a cabo con los
personajes
reales en el mundo de la leyenda antigua.
Nos encontramos
también que en otros
géneros como, por ejemplo, el teatro, hay elementos que nos
sirven
para estudiar este problema fundamental, en el campo que nos interesa,
de la tipificación o de la caracterización o de la
creación
de arquetipos. Porque en el teatro clásico se puede ver
cómo
se crea el arquetipo, por ejemplo, del galán. En las comedias
clásicas
de Lope, de Tirso, de Calderón, etc., hay un modelo casi
constante
y es el galán. Otro modelo también muy parecido
es
el de la dama; unos modelos secundarios, que se caracterizan
incluso
por una forma física externa, como los que se llamaban barbas,
vejete,
y luego oros caracteres que son más interesantes como, por
ejemplo,
el del criado, que un muchos casos se puede representar o
interpretar
como la conciencia del amo reflejada por otra persona. Es decir, un
estado
de conciencia que el personaje no representa pero que el criado, el que
está al lado como una sombra, lo representa. Esto llega a
producir
caracteres determinados en las comedias, ya en la época de la
comedia
ática, en personajes como el Díscolo de Menandro
y
caracteres que se dan en los moralistas, como el "supersticioso", o "el
hombre que tiene tales o cuales escrúpulos", en lo que la
comedia
llega a grandes hechos al formar arquetipos. Por ejemplo, en el siglo
XVII
español hay una forma de un determinado modelo que da el nombre
a un tipo de comedia: es la comedia del figurón. El
"figurón"
era un personaje ridículo, linajudo, supersticioso, tonto, y nos
lo encontramos ya en Calderón, en la figura de Antoribio
Cuadradillo
de Guárdate del agua mansa o también en
personajes
como los de Zamora y Cañizares, El Dómine Lucas de
Cañizares
o el personaje de El hechizado por fuerza de Zamora. Hay, pues,
tipificaciones de este tipo que nos ilustran, aunque no sean
legendarias,
pero que sí nos ilustran para determinar un poco los procesos de
tipificación en las comedias.
Dentro de los
personajes arquetípicos
podíamos encontrar variaciones, por ejemplo, en todo el ciclo de
leyendas que podemos determinar tomando como el modelo mejor o el
arquetipo
más distinguido, a la figura del Fausto. Como saben ustedes,
Fausto
es un personaje que en parte se considera real, pero que en parte
corresponde
al teatro popular alemán del siglo XVI; pasa luego a la comedia
inglesa, Marlowe, y tiene la expresión fundamental en el Fausto
de Goethe, naturalmente. Pero este es un personaje al que se le dan
unas
notas que ya se encuentran previamente en otros muchos más
antiguos:
la intención de hacer un pacto con el Diablo por razones
distintas,
la consideración de que también es un hombre de saberes
ocultos
muy fundamentales y hasta en algún rasgo fundamental nos
encontramos
el hecho de cómo se ajustan a una visión
arquetípica.
Hay textos del siglo XVI, como uno de un médico
germánico,
Jean Wier, que trata de las cuestiones relacionadas con las imposturas
y las ilusiones diabólicas. En este texto se indica cómo
Fausto, el Fausto anterior a las formas teatrales famosas, había
estudiado en una escuela de magia en la ciudad polaca de Cracovia. Pues
bien, hay en este mismo detalle algo que es arquetípico, que es
clásico, es decir, la noción repetida aquí y
allí
en muchas ocasiones de que en ciudades importantes por sus estudios,
por
sus enseñanzas, que hoy llamaríamos universitarias, se
enseñaba
la magia públicamente. Esto se encuentra documentado en textos
medievales,
sobre todo en relación con la escuela de magia que se
decía
que existía en Toledo; de suerte tal que en un momento dado los
historiadores del siglo XVI dan fe de ello: al "Arte mágico" en
español o en castellano se le llamaba "Arte toledana", y, en
latín, Ars
toletana. La escuela de magia de Toledo está documentada en
multitud de textos internacionales de la Edad Media y durante mucho
tiempo
fue evidentemente la más importante y la más famosa en
Europa.
Luego nos encontramos este mismo modelo de escuela de magia, con
personajes
misteriosos estudiando en ella de un modo sistemático, en
Salamanca:
la famosa Cueva de Salamanca, que fue objeto de teatralización
en
Ruiz de Alarcón y en otros autores clásicos.
También
nos encontramos esto en la ciudad de Granada, y en la ciudad de
Córdoba,
es decir, en dos ciudades andaluzas y, por último,
también
en Sevilla. La explicación que se dio a esto en muchos textos,
fue
que en estas ciudades, en la época musulmana, se explicaban
efectivamente
ciencias más o menos ocultas y que esto dio la fama. Esta es una
explicación racionalizada que quiere buscar una causa a la fama
de las ciudades del mediodía de España, pero la realidad
es que en Cracovia se da el mismo esquema, y en otras partes, en
Nápoles,
en Roma, en Italia, hay otras tantas escuelas de magia que se han
considerado
como escuelas públicas. Es curioso advertir que, en contra de
esta
interpretación que podríamos llamar "islámica" de
la razón de las escuelas de magia española, en
Córdoba
hay un texto, que alegó ya en su época el P. Feijoo al
estudiar
estas leyendas en el que se decía que el que explicaba la magia
era un personaje llamado Virgilio. Si ustedes cogen el texto
clásico
del gran erudito italiano Comparetti sobre Virgilio en la Edad Media,
verán
cómo la persona de Virgilio para los italianos medievales y para
otros europeos, pasa de ser la figura de un gran poeta, que es lo que
sigue
siendo, a la de ser un gran sabio y, por relación de la
sabiduría
humana con las artes mágicas, pasa también a ser la
figura
de un mago. Es decir, que este ciclo de ideas en torno a la magia en
Córdoba,
explicado por un mago que se llama Virgilio, entra en el concepto
general
europeo e italiano de lo que es Virgilio en la Edad Media. La
personalización
o personificación, tal vez habría que hacer
distinción
entre las dos palabras, nos la encontramos siempre con algo que es
inherente
a ella, que es el hecho de las localizaciones. En estos casos, hemos
visto
cómo hay una localización del concepto de la escuela de
magia
en varias poblaciones ilustres en la Europa medieval, pero los hechos
de
localización se repiten en formas particularísimas.
El otro día
creo que hablamos del hecho
atribuido al viaje a Roma en distintas ocasiones y atribuido a
distintos
personajes también considerados mágicos. Pero las
localizaciones
legendarias, a veces, toman un aspecto muy extraño en lapsos de
tiempo muy distantes. Por ejemplo, en el Jardín de Flores
de Antonio de Torquemada, era un texto muy curioso y de interés
folclórico del siglo XVI que se publicó en 1578, se
cuenta
como algo ocurrido en su tiempo, en una ciudad de historia, la
aparición
de una casa con un fantasma, que por fin desaparece, la casa malfamada,
porque se encuentran unos restos de una persona que estaba enterrada
allí
y que al quitarse de allí los restos y dárseles una
sepultura
sagrada, etc., etc., deja de estar habitada por fantasmas. Esto se
cuenta
como ocurrido en Bolonia siendo el actuante en esta acción un
estudiante
llamado Juan Vázquez de Ayala que luego en España fue un
letrado conocido. Bien, el caso es que esto se cuenta con
localización,
con datos personales sobre la persona concreta a la que le
ocurrió.
Pero luego resulta que muchos siglos antes esta misma narración,
punto por punto, episodio por episodio, elemento por elemento, se
encuentra
en las Cartas de Plinio el Joven y se coloca en su tiempo,
tiempo
de Domiciano, y otro hecho ocurrido también en la
antigüedad
al filósofo Atenodoro en Atenas. Cómo pasa este hecho
desde
el siglo II de Cristo hasta el texto del XVI, es algo que se puede
pensar
que se debe a lecturas o a conversaciones eruditas. En el caso, lo que
no interesa, no es la transmisión objetiva del hecho, el
elemento
o elementos que se transmiten, por vía escrita o por vía
oral, sino la localización y la actualización que se da
entre
el texto de Plinio y el texto del Jardín de Flores curiosas
de Antonio de Torquemada. Y este caso de localización nos da
también
ocasión de hablar de algo que tal vez rebase el problema que nos
interesa ahora, pero que no deja de tener un interés
teórico
general desde el punto de vista etnográfico y también
desde
el punto de vista, dijéramos, no sólo legendario sino
vital.
Podemos pensar que este griego de Atenodoro, el caso de Plinio, el caso
de la casa habitada por fantasmas de Bolonia del siglo XVI, se explican
por fenómenos puros de transmisión de una idea, como se
transmiten
en general los relatos o las leyendas.
Pero he aquí
que, de repente, nos encontramos
con que en el siglo XIX y en el XX el problema de las leyendas en
relación
con casas habitadas por fantasmas o casas malfamadas, porque se supone
que en ellas existen espíritus de los muertos, etc., se
convierte
primero en un problema jurídico y, en segundo lugar, en un
problema
de tipo, podríamos llamar, real, en el sentido científico
de la palabra realidad. Ya desde hace mucho hay en Italia, y en otros
países,
una legislación en la que se establecen normas respecto a lo que
ha de hacerse en el caso de que alguno abandone una casa por
razón
de que considere que está habitada por fantasmas. Ya en el Digesto,
libro XIX, artículo 2º, ley 27, se nos habla de esto, y hay
comentaristas, puristas, que ilustran el hecho por el texto aludido de
Plinio. En el siglo XX mismo ha habido en Nápoles procesos por
este
tema: una persona que ha puesto a otra un pleito porque consideraba que
la propietaria o el propietario de la casa no le había puesto en
antecedentes sobre semejante situación. Efectivamente, en 1907,
un abogado llamado Zingaropolli de Nápoles, defendió a la
duquesa de Castelporto, según tengo anotado frente a la baronesa
Englen, porque la baronesa le había alquilado a la duquesa una
casa
en estas circunstancias, y el tema se discutió, se
debatió
en ámbitos jurídicos. De allí pasó a ser
objeto
de estudio de ciertos hombres de ciencia que estudian estos
fenómenos,
que se llaman psíquicos, o las investigaciones psíquicas
de algunas sociedades como una que hay en Inglaterra. El resumen lo
pueden
ustedes encontrar en dos libros: uno es de un astrónomo famoso,
muy metido en este ámbito de investigaciones, que era Camile
Flammarion.
Flammarion publicó en 1923 un estudio sobre las casas y los
lugares
habitados de esta forma excepcional; y hay otro estudio más
moderno
de Raoul Montandon del año 1953 sobre el mismo tema. Estos
autores,
desligándose de nuestro concepto del problema, que puede ser
puramente
un concepto de la leyenda como transmisión por vía de la
lengua escrita o hablada, se plantean la realidad de los hechos. Es
decir,
que hacen una suma de "testimonios", pongámoslo entre comillas,
acerca de la cantidad de veces que se ha repetido la afirmación
de que hay esta clase de problemas en casas como las que habitaba el
filósofo
griego o las que habitaba en Bolonia el estudiante español.
Aquí
tendríamos que aceptar que muchos fenómenos de
localización,
de particularización, según nuestro juicio, son
fenómenos
reales de existencia de hechos incontrovertidos. Este no es nuestro
caso
y este no es más que una muestra entre varias de lo que para
nosotros
es la localización a lo largo del tiempo y del espacio, de algo
que proviene no de la realidad física sino de la
imaginación.
El problema, como
les digo, rebasa la investigación
que aquí nos proponemos, y vamos a seguir con este problema de
la
localización a larga distancia en el tiempo, y también en
espacios muy distintos de un mismo hecho muy parecido a otro entre
sí.
En Italia, sobre todo la Italia meridional, ha habido la creencia en la
existencia de un personaje humano que por circunstancias distintas
abandona
la familia, abandona la tierra, se sumerge en el mar y vive en forma de
pez. Este italiano se llama el Pesce Cola. Ya en tiempos de
Guillermo
II de Sicilia, es decir, entre el año 1166 y 1189, hay
testimonio
de que el Pesce Cola aparece en los mares del sur de Italia.
Pero,
en fin, vamos a pensar que seguimos en pleno ámbito de
transmisión.
Otro autor inglés lo da como vivo en 1239, es decir, ya mucho
después.
Luego nos encontramos que, a lo largo de los siglos, va apareciendo no
ya en Sicilia sino en el mar de Nápoles. Se incorpora al
folclore
de la ciudad en la que hay alguna casa en la que se dice que
está
representado, y, de repente, ya en 1608, aparece en el folclore
español
y en un pliego de cordel de España donde el tal Peje Nicolao
se documenta como aparecido en el mar Mediterráneo
español.
Aquí no tenemos más ni menos razones para pensar en la
realidad
de las que tenemos para estudiar otros fenómenos de
actualización.
Para nosotros este caso es igual que el de las casas habitadas
aquí
y allá. Pero resulta que en el siglo XVIII hay testimonios del
que
el P. Feijoo creyó en la autenticidad del hombre-pez de
Liérganes
que andaba por el Cantábrico entre los años 1679 y 1690.
El caso es que hay que aceptar que los elementos misteriosos
actúan
de una manera poderosa, en el sentido de la razón por la que
este
hombre o este ser es condenado a la vida marítima. En varias
circunstancias
se considera que esta vida marítima se debe a la
maldición
de una madre por causa de desobediencia; es decir, que nos encontramos
con el elemento religioso, místico o mítico si quieren
ustedes,
de la razón por la que el hombre-pez o, como en otros casos,
sirenas
o mujeres acuáticas, viven en el medio por causa de
maldición
materna.
La
localización, la actualización,
vemos, pues, que es un hecho constante. Podríamos meter
también
en este catálogo de localizaciones fantásticas otro tipo
de mansiones habitadas, pero no por muertos ni por fantasmas de este
tipo,
sino la cantidad de casas de duendes que hay en España y que han
dado lugar a leyendas muy conocidas en ciudades como Madrid, Toledo o
Valladolid.
Y, en este caso, podemos poner también la densidad de creencia
en
esto que existe documentada en el Pirineo aragonés. El
duende
hispánico tiene también una forma estereotipada,
tipificada,
y se actualiza para siempre con esta forma: frailecillos, enanillos que
van vestidos de frailes, que llega en la representación hasta
las
famosas que hizo Goya. A estas formas aluden, por ejemplo, textos de
Lope
de Vega en El castigo del discreto. Es curioso advertir que
así
como los interesados en las llamadas "investigaciones físicas"
hallan
un fundamento a la creencia de tales casas que se ha dado como algo ya
científico, hay otros aspectos que no se consideran
científicos
y, sin embargo, tienen una misma raíz de creencia, como lo que
se
cuenta acerca de los signos que caracterizan a las casas de duendes,
etc.
etc. Vemos, pues, que hay una tendencia que podemos considerar
psicológicamente
desde un punto de vista, sociológicamente también desde
otro,
a la actualización y a la localización. Incluso
podríamos
plantearnos en última instancia por qué en España
hay tantas casas de duendes o tantas casas habitadas por fantasmas,
más
o menos terroríficos, en el acervo legendario de las ciudades y
de los campos, y por qué, por ejemplo, en Inglaterra se ha
podido
escribir un tomo considerable con la catalogación de los
castillos
o iglesias habitados por fantasmas. Es decir,hay una
caracterización
lógica en estos temas que sería curioso ampliar y
perfilar
con otros casos nuevos.
Ahora vamos a hablar
algo de dos hechos que
son distintos entre sí. Uno es el de la personificación y
otro el de la personalización; dos hechos que voy a procurar
distinguir.
Personalizar sería prestar existencia individual o de tipo
antropomorfo
a una abstracción. Ahora veremos, con ejemplo, más clara
la significación de esta definición hecha. Personificar
es
asignar a determinada persona los rasgos de otra que existió
antes
o se imaginó antes. Por el primer procedimiento vemos que han
surgido
modelos, arquetipos, figuras, que arrancan de la consideración
de
estos temporales como el caso de la personalización del Tiempo.
En este caso, empezamos por encontrarnos con que los antiguos ya hacen
una figura mítica pero con formas humanas, un anciano que devora
a sus propios hijos, que es la personalización del Tiempo, que
es Kronos
o Saturno. Esta personalización va unida a mitos
terribles,
como saben ustedes. Pero, como otras veces, vamos a dar un salto en las
edades y vamos a dar un salto en el tiempo mismo, y nos encontramos con
que en el mundo cristiano también hay esta clase de
personalizaciones,
si no iguales a la del Tiempo en sí, sí otras parecidas.
Por ejemplo, el calendario cristiano fija unas fechas para la Cuaresma
y sobre ellas se determina el período, el tiempo del Carnaval,
Carnestolendas,
Antruejo, es decir, el Introito, que tiene una significación
primaria
de "entrada", "entrada a algo", es decir, la entrada del período
de la carnalidad, o de la libertad en muchos términos al de la
espiritualidad,
al abandono de la carne en el sentido moral y religioso y de entrada en
una época de ayunos, abstinencias, penitencias, que indica la
espiritualidad
en el sentido cristiano. Pues bien, es conocido que en Europa desde
época
remota de la Edad Media, tanto el Carnaval como la Cuaresma se han
personificado.
Estas nociones de tiempo han adquirido la forma de una persona y la de
Carnaval se ha representado por un hombre grueso, comedor, bebedor,
lujurioso,
representante de la carne que es, ni más ni menos, el de don
Carnal que pueden ustedes encontrar maravillosamente descrito en el
Arcipreste de Hita; de otro, la de una mujer delgada, asténica,
que es doña Cuaresma. Dos personalizaciones del tiempo
que
dan efigies populares, que dan imágenes plásticas
conocidas,
porque no fue el único, naturalmente, el Arcipreste el que
contó
la batalla encarnizada entre el uno y la otra, seguidos cada cual por
huestes
distintas, sino que también hubo pintores geniales que los
representaron
como Breughel el Viejo en un cuadro famoso. Un ejemplo mejor de
personalización
no se puede dar. Pero todavía hay algo que va más
allá
que es hacer que estos personajes tan simbólicos, tan
atractivos,
tan metidos en la conciencia medieval, en el alma popular, tomen un
carácter,
un trasunto religioso-burlesco dentro del calendario. Porque del
Carnaval,
de don Carnal, hay textos castellanos que hacen un Sant Antruejo, un
santo
burlesco, la parodia de un santo en esta representación o
también
puede darse que le den otros nombres alusivos a la carnalidad, a la
gula,
etc.
Ven ustedes lo que
puede significar la personalización
en el mundo de la leyenda medieval y en el mundo de la
representación
del Tiempo. Pero la liturgia cristiana da lugar a otras
personalizaciones,
da lugar a personalizaciones más localizadas, menos famosas que
éstas, pero que tienen su interés para hacer el estudio
general
de este criterio de personalización que quiero que quede claro
ahora
aquí. En la liturgia nos encontramos una serie de nueve
antífonas
en latín que se cantan en los tiempos inmediatamente anteriores
a la Navidad y que en francés llaman Les O de Noël,
por la razón de que las antífonas que, como digo,
están
en latín, empiezan con una exclamación y la letras "o", O
radix, O lux, etc., y, como digo también,
éstas
se cantan los días, nueve días, anteriores a la fiesta.
Son
nueve antífonas y a esta época en francés
también
se le ha llamado la de Les oleries, es decir, "la época
de
la O", por esta razón. Pues bien, hay un ámbito en el
norte
de Navarra, en mi tierra familiar, en la zona cercana de
Guipúzcoa,
que hasta una época relativamente cercana pertenecieron a la
diócesis
de Bayona, a un obispado francés, en la que se celebra la
Navidad
con un anuncio. Este anuncio está también personalizado
por
un personaje raro que es una especie de muñeco grotesco, un
carbonero
tragón, ignorante, bruto, que representa el paganismo, personaje
grotesco que está haciendo carbón en el monte en el
momento
en que se anuncia la venida de Cristo. Precisamente estos días
de
Navidad se personaliza a la figura con el nombre significativo de olentzaro,
olentzero, orentzero;
la primera forma está claro que es el tiempo de la "O". Como
ven,
aquí hay una personalización también del tiempo,
como
se da en el caso de don Carnal y doña Cuaresma. Cabe encontrar
otros
ejemplos en Occidente de esta forma particular de personificar, de
darle
a un concepto abstracto la forma de una figura casi carnal o, por lo
menos,
una figura humana. En otros mitos también nos podríamos
basar
para encontrar fenómenos de personalización de un
ámbito,
de una época o de una fecha determinada y siempre con este
criterio
de localización. Pero creo que con estos ejemplos basta para
ilustrar
el problema y vamos a pasar, aunque ya nos queda poco tiempo, al otro
concepto
que yo distinguía: personalización, de un lado;
personificación,
de otro.
La
personificación es algo distinto
a esta forma de ir de lo abstracto a lo concreto. Es ir de algo que es
en sí bastante concreto, a algo que todavía es más
concreto que es la persona en sí. Por ejemplo, nos encontramos
con
cosas, hechos, que en abstracto podemos considerar que se aplican casi
siempre a personalidades mágicas. Pero luego, haciendo estudio
de
estos hechos, vemos la necesidad de referirnos a personalidades
concretas
y, en un caso, podrá ser el marqués de Villena, del que
ya
hablamos el otro día, el doctor Torralba, del que también
hablamos, de otros magos más oscuros, como Juan el de Bargota,
que
es contemporáneo, poco más o menos del marqués,
del
doctor Torralba y a los que se atribuye siempre algo parecido o lo
mismo:
el vuelo extraordinario y en casos también, ciertas situaciones.
En el caso del doctor Torralba insinuábamos la posibilidad de
que
sobre la leyenda cayera también un factor psicológico,
personal
o, si quieren, psicopatológico. En otros casos de
personificación
es evidente que este factor psicopatológico individual
está
claro.
Vamos a coger para
terminar hoy un caso muy
conocido. Ustedes saben que desde una época muy remota existe la
creencia en el judío errante. La figura del judío errante
que aparece como un hombre que en una ocasión única hace
burla de Jesucristo y está condenado a vagar eternamente por el
mundo a causa de esta burla. Podemos encontrar muchos textos, o
bastantes
textos por lo menos, de cómo en épocas distintas ha
habido
rumores de la aparición aquí y allá del
judío
errante. Este personaje en el folclore español también
toma
un nombre muy significativo que es el de "Juan de vota Dios" o de "voto
a Dios" y el de "Juan de espera en Dios". El caso es que este Juan o
este
personaje, que vive siglo tras siglo y que aparece de vez en cuando, en
el siglo XVI da lugar en España a que aparezcan personajes
individualizados
que se hacen pasar por él o a los que la gente, la comunidad,
les
atribuye esta personalidad. En El Crotalón que
está
escrito en 1553, se cuenta un caso de simulación curioso en el
que
el autor, quien sea, del libro, compara con el contado por Luciano de
Samoscita
de un antiguo simulador griego, Alejandro de Abonotijos. Pero resulta
también
que, explorando los procesos inquisitoriales de la Inquisición
de
Toledo, hace años me encontré con que en 1546 se
formó
un proceso contra un tal Antonio Rodríguez, de Medina del Campo,
que también se había hecho pasar por este personaje
misterioso
y eterno y que dio ocasión a grandes alborotos populares. En el
siglo XVIII es claro que algunos farsantes, simuladores de más
fama
como el conde de Saint Germain, hicieron lo mismo. Como ven, a veces,
el
criterio de personificación está unido a un factor que
podríamos
llamar de simulación, en el que puede haber algo que ya entra en
un campo que es el que nosotros no podemos tocar, es el de la
psiquiatría,
de la psicopatología y concretamente con un hecho que, desde el
punto de vista legendario, tiene mucha importancia, que es la
asunción
de un papel en una situación determinada y la creación de
mitos en torno a esa situación. Es decir, que, por ejemplo, en
la
época de los procesos de brujería hubo niños y
gente
más o menos perturbada por la acción social, que
asumieron
el papel de víctimas, de testigos, de actores, en circunstancias
legendarias, folclóricas, asistencia a aquelarres, vuelos, etc.
etc. Esto está documentado en ámbitos culturales
distintos
por grandes especialistas en medicina legal, en psiquiatría, no
solamente infantil, en lo que se llaman los fenómenos de
mitomanía,
que es una forma de mitificación que se da en procesos
criminales,
etc. y en las que un testigo asume una representación.
Como ven, en el
estudio de la leyenda que
estamos haciendo hoy particularmente, nos encontramos con fronteras muy
amplias y que dentro de una especialidad no podemos dominar. Pero con
nuestra
técnica modesta, puramente humanística, sí podemos
ver que los fenómenos de personificación, de
actualización
y localización, son fenómenos que pueden tener gran
importancia
en la vida cotidiana de los pueblos y producir situaciones que son
embarazosas,
situaciones equívocas, situaciones que se prestan a
discusión
fuera incluso de nuestro ámbito. Ya va avanzando el tiempo,
tenemos
que terminar, y para el día próximo voy a reservar la
discusión
o el estudio de algo que es importante también, si no de
codificar,
de establecer de una manera más segura de lo que está, es
decir, quiénes y cómo se hacen las transmisiones de los
hechos
y de las leyendas de una manera sistemática. Creo que ya con
esto
podemos dar por terminada esta intervención mía este
año.
El campo es amplísimo, podrían darse muchísimos
más
ejemplos y podrían estudiarse muchísimos más
temas,
pero me ha parecido útil seleccionar entre muchos cientos de
ellos
los más ilustrativos y más significativos desde un punto
de vista teórico.
Resumen
Localización,
personificación y personalización de las leyendas
Para realizar un
estudio de las leyendas,
el autor se detiene en los fenómenos de personificación y
localización. Los personajes históricos acaban
convirtiéndose
en arquetipos que se difunden y que cumplen determinadas funciones
sociales
e imaginarias.
Abstract
Localization,
personification and characterization of legends
The phenomena of
personification and localization are studied in this examination of
lengends. Historical characters are presented as archetypes that
diffuse and fulfill certain social and imaginary functions.
leyenda | personificación en la
leyenda | localización en la leyenda | arquetipos |
función de la leyenda
legend | personification in legend | localization in legend |
archetypes | legend function
1990-06
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