Como consecuencia de la anisotropía que presentan gran parte de los minerales, la propagación de la luz en los cristales puede variar fuertemente según las direcciones que se consideren. Si a ello unimos el hecho de que la luz normal, como otras radiaciones electromagnéticas, presenta un movimiento ondulatorio en el que las ondas vibran perpendicularmente a la dirección de propagación pero en diferentes planos, se comprende que la interpretación de la interacción de los cristales con la luz, la consideración de la dirección o de la orientación es absolutamente determinante. Esto implica la necesidad de dotar al microscopio de una fuente de luz polarizada (luz que vibra en un plano único), que se consigue mediante un filtro polarizador, y de una platina giratoria que permita orientar los minerales. Estas son las dos peculiaridades básicas del microscopio polarizante. Otros de sus elementos a destacar son la existencia de un segundo filtro polarizador colocado por encima de la platina (denominado analizador) y de una lente auxiliar (lente de Bertrand), ambos retraíbles. Estos dispositivos permiten analizar los efectos de interferencia de las dos ondas luminosas de diferente velocidad que se generan en el interior de los cristales anisótropos a partir de la onda polarizada incidente. La combinación de la lente ocular (10X) y de los objetivos (generalmente de 4X, 10X y 40X) permite cubrir un campo de aumentos comprendido entre 40X y 400X que es el adecuado para las determinaciones ópticas en cristales.
Para la observación de los minerales al microscopio de luz transmitida se requieren muestras que sean lo suficientemente delgadas para permitir el paso de la luz con un grado de absorción pequeño. Por ello, se cortan las rocas y se preparan, mediante procedimientos de abrasión, "láminas delgadas" de aproximadamente 2,5 cm x 4 cm y con un espesor estándar de 0,030 mm para el cual casi todos los minerales son transparentes.

Presentación