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Un encuentro con Arón Gurévich*

JERUSA PIRES FERREIRA

La visita

La nieve cae en Moscú, en noviembre de 1997, y llegamos, como habíamos acordado, a la casa de Arón Gurévich. No podría imaginar algo así cuando lo llamé, y él me dijo que nos recibiría por algunos minutos apenas. Sin ver, había perdido, hacía muy poco tiempo, a su mujer y compañera, con quien había vivido cincuenta años. En el piso 13 de un edificio modesto, como tantos otros, un ascensor rudimentario, un pasillo tosco y luego su voz detrás de la puerta, pidiendo que, al pasar, sacáramos los zapatos. Desde las tinieblas de un día que anochece a las cuatro de la tarde, distinguíamos, sentado al fondo de la sala, a aquel hombre solo, tanteando para encontrar los objetos. En la voz y en el cuerpo una vibración bastante fuerte, prisionero de un destino trágico, no ha perdido la fuerza que proyecta y que estimula.

Comenzamos a hablar. Hacía cinco años que había perdido la visión. Tenía 73 años en aquel entonces. Empieza diciendo que está viejo, limitado, sin visión. Esa afirmación no concuerda sin embargo con su forma de hablar. Voz firme, manos firmes, decisiones tomadas. Su intención, como lo declara, es proseguir, abriéndose a la discusión en tono franco, al diálogo y a la polémica. En un inglés fluido dice que aún trabaja con los estudiantes, es investigador de la Academia de Ciencias de Moscú y que prepara, en grupo, un trabajo de grandes dimensiones: el Diccionario de la cultura medieval.
A. Gurevich
A. Gurévich
(www.rsuh.ru)

Hizo resaltar que sus textos más recientes están básicamente dirigidos al individuo. Al regalarnos uno de sus últimos libros en español, Los orígenes del individualismo europeo, empieza a hablar de su intensa preocupación con esa actitud y en lo que ello implica como procedimiento al hacer historia. Considera imprescindible la inserción de las dimensiones antropológicas y psicológicas en la evaluación de los hechos sociales.

Comento con él lo que pienso de la experiencia peculiar que desarrolla en Catégories de la culture médievale (según él, un libro ya traducido en 16 idiomas). Le pregunto, de frente, cuál cree que es, en este caso, su innovación, lo que de paso, Georges Duby, al escribir el prefacio de la edición francesa, no siempre pudo comprender. Y él contesta, con firmeza: el foco. Son variados los impulsos que me llevan a ver las cosas, no estoy instalado apenas en una única cultura, como lo hacen los franceses, alemanes, italianos, sino más bien a partir de todas las culturas con las que siempre estuve en contacto.

Dice haber en esa actitud una posición de universalismo y apertura. En este libro muestra cómo subyace a la cultura europea, a la llamada civilización medieval, una camada profunda y arcaica de tradiciones, de hábitos de pensar y de comportamientos que tienen que ser tomados en cuenta. En el prólogo, califica su libro de ‘culturológico’ y afirma que se concentra en la contradicción fecunda y en la paradoja de la cultura medieval. Busca entonces comprender qué es oscilante, ambivalente, contradictorio. Pasa de la démarche antropológica a la indagación filosófica, para dar cuenta de la concepción del mundo del medievo: el microcosmos era, de cualquier modo, la réplica del macrocosmos.

Y así, pasa a discutir las relaciones entre tipificación e individualización. Trata de las representaciones espacio-temporales teniendo en cuenta la semántica. En el centro de esas reflexiones sitúa la cuestión de la consciencia humana, la confrontación entre la noción cíclica, mitopoética del tiempo, y la noción lineal, sin olvidar la dimensión onírica del tiempo.

Confiesa, y, de hecho, está siempre preocupado por la sutil frontera histórica en que las diferencias en la percepción y en la comprensión de categorías se vuelven esenciales.

Universo de investigación

Ya ha tenido como foco los legendarios y primeros escandinavos, concentrándose en el nacimiento de aquella civilización. Su parámetro siempre fue la comparación entre culturas, y lo que de hecho le interesa más directamente son las contradicciones. Por eso, la importancia de comparar y combinar las más distintas tradiciones. Dice también que los historiadores de las mentalidades se concentraron siempre en Francia y en el mundo romano y que Duby, por ejemplo, ha ignorado el problema de la cultura popular. Cuestionado sobre los historiadores a quienes más admiraba cita los nombres de Le Goff, Le Roy Ladurie y Peter Burke.

Él y el medievalista Paul Zumthor tienen muchos puntos en común y yo podría decir que, presentes uno en la biblioteca del otro, levantaron ambos el interesante aspecto de la manifestación de masas en el medievo.

Transitando entre historia y poética, trae como un ejemplo bien logrado el de Iuri Lotman, sobre quien comenta: agradable, bueno y sabio (Incluso, en este sentido, es necesario decir que Lotman es para los pensadores modernos una especie de unanimidad).

Nos contó de su participación en los seminarios de Tartu-Moscú y que publicó muchos artículos allí, añadiendo que esos seminarios, en su conjunto, constituyeron un importante material de información y de inspiración. Pero confiesa que se considera ya alejado de los grupos semióticos.

Discutió la boga de los estudios comparativos y recordó el importante papel de las diferencias, y fue mostrando, en su discurso y en sus obras, las ideas de aquel que considera su mayor maestro, Marc Bloch.

Tras dedicarse por muchos años a los textos de la Escuela de los Annales consiguió hacer un balance crítico de la escuela francesa, admitiendo plenamente la relevancia de aquellos trabajos, y, al mismo tiempo, es como si él trajera una mirada desde afuera, la de alguien que ha pasado por otra formación.

Habiendo trabajado durante mucho tiempo con la historia escandinava y con los antiguos textos nórdicos, puede criticar, con plena autoridad, a los historiadores de la Escuela de los Annales, su concentración excesiva en los temas de Europa occidental, cuando un conocimiento de otras fuentes externas permitiría una mejor comprensión de los hechos. Él nos dice que esta escuela se resiente de la falta de un abordaje filosófico.

Es así que los libros Categorías de la cultura medieval y Problemas de la cultura medieval —este último, con diversas traducciones, es un notable y esclarecedor estudio que desagua en Los orígenes del individualismo europeo— nos traen toda una profusión de datos y de reflexiones críticas sobre los fenómenos estudiados.

Formación y actividades


A. Gurevich
Arón Gurévich
(www.lechaim.ru)
Empezó sus actividades de investigación y su vida profesional en el Moscú de los años 40. Se ocupaba del marxismo, pensamiento social y económico, era un historiador de expresión tradicional (se refiere a la Unión Soviética y a las prácticas de entonces). Luego se fue inclinando por la literatura antropológica, por el estudio de la Escuela de los Annales, por la semiótica, intentando sobre todo reconstruir el concepto de Historia social. Todo ese trayecto fue muy difícil, confiesa, bajo las circunstancias en que fue hecho. En 1970 publica un pequeño libro: Problemas de los orígenes del feudalismo. Sufrió severas críticas. Fue eso, no obstante, el primer paso para romper con una serie de imposiciones al historiador y al pensador de la cultura. Intensificaría, a partir de ahí, los estudios para situar en las categorías históricas lo individual y la personalidad. Considera esa una conquista importante para poder combatir de frente las limitaciones, al encarar la construcción de la historia en la Unión Soviética de entonces.

Bajtín, 1965. La revelación

Cuando apareció el libro de Mijaíl Bajtín sobre Rabelais y la cultura popular, fue una revolución sorprendente. En la primera lectura vi que se trataba de algo extraordinario, una revelación, y la palabra tiene aquí el sentido pleno ‘de aquello que se descubre’, de lo que es realmente extraordinario.

Dice que inmediatamente reaccionó con un artículo enVoprosy Literatury y continuó creyendo que Bajtín era un pensador notable. Dice que incluso sus ‘equívocos’ siempre fueron productivos; no son para ser rechazados, sino para hacer pensar. Constató, sin embargo, que muchos epígonos difundieron y pervirtieron el espíritu de la obra bajtiniana, aplicando mecánicamente sus categorías, tomando de él la risa y el carnaval. En ese sentido, hace críticas severas a Lijachov (un estudioso de la risa en la Rusia antigua, una especie de monumento nacional, entonces con noventa años).

Estudios comparativos

Interrogado sobre este tema, discutió la boga de comparar, pero llamó la atención sobre la necesidad de ver qué y cómo se está comparando. Al comparar y encontrar grandes similitudes, es necesario siempre mostrar las diferencias. Colocó bajo relieve el hecho de que las ideas de Marc Bloch continuaran repercutiendo en el historiador Gurévich y prosiguió:

Sólo es posible comparar fenómenos semejantes, pero es el estudio de las diferencias, de las especificidades, de las particularidades, como se vuelve clara la percepción de los objetos; y ejemplifica: la caza en la corte de los reyes persas no puede ser vista teniendo como referencia la condición zoológica de hoy…

Los tiempos más cercanos

En 1994, publicó un texto en la recopilación The history of humour (Cambridge, University Press), que recomendó, afirmando que 1988 (en plena perestroika) fue un año que marcó un hito. Comenzó a poder viajar para el extranjero y, a partir de ahí, desarrollar cada vez más nuevas lecturas y perspectivas que la ceguera y las dificultades no cerrarían.

Evoco aquí la fuerza e inventiva de este hombre y pensador, comprometido siempre con el lado más difícil: el camino teórico renovador. Su biblioteca bien arreglada y cuantiosa es una invitación para viajar por la experiencia que atraviesa varios dominios del saber.

Volviendo a la calle, a la nieve, fuimos pensando en los rumbos que tomaría su pensamiento, inmerso en otra condición, privado de tantas percepciones, mas seguramente añadiendo otras. ¿Qué podrá continuar transmitiéndonos de rigor y de audacia? Desde aquel momento, él nos hizo comprender que buscando las diferencias podremos encontrar en nosotros la similitud, hacia la mezcla y la fuerza, que nos hace partir para la reflexión sobre la creación de nuestro múltiple tejido identitario, desconfiando siempre de la simplicidad de los hallazgos fáciles.

¿Quién es Arón Gurévich?

Nacido en Moscú, en 1924, Gurévich fue profesor del Instituto General de la Academia de Ciencias y de la Universidad Estatal Rusa de Ciencias Humanas. Prestigioso medievalista, publicó obras sobre historia socioeconómica y cultural, metodología histórica, estudios medievales y nórdicos, y culturas populares. En contacto con historiadores de las mentalidades, emprendió un riguroso diálogo entre el pensamiento ruso y el occidental. Vivía en Moscú y en su tarjeta de visita todavía se puede leer: Arbor Mundi, como si fuera una imagen proyectada de su recorrido intelectual.

Principio del documento

* «Individualismo e diferença: entrevista com Aaron Gurévitch», en Revista CULT 2O (marzo 1999), versión ahora modificada. Traducción del portugués al español de Elen Döppenschmitt, revisada para Entretextos.

Cómo citar este documento:

Jerusa Pires Ferreira. "Un encuentro con Arón Gurévich". Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura. Nº 8 (Noviembre 2006). ISSN 1696-7356. Trad. del portugués de Elen Döppenschmitt.
<http://www.ugr.es/~mcaceres/entretextos/entre8/entrevista.html> [Fecha de consulta]


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