Pulse aquí para ir a la página principal de 'Entretextos'
 
Trabajos del Cuerpo Acadéco de Análisis del Discurso y Semiótica de la Cultura - México. Número 17-18 2011. Pulse aquí para ir al índice del número 17-18 de Entretextos
PDF


La semiosfera de la Danza Conchera en México.
Producción y reproducción semiótico-discursiva
de la memoria de una cultura compleja ancestral

José Luis Valencia González

 

Imagen 1. Música y canto. Códice Borgia.Oíd, éste es vuestro oficio:
Ciudad del tambor y la sonaja:
despertaréis al pueblo, y daréis placer
al Dueño del Universo.
Por este medio buscaréis el designio de
su interior y lo tendréis a vuestra
disposición. Esta es la forma de pedir y
buscar al Señor.
Códice Florentino (Sahagún 1979: l. VI, f. 72 )


Imagen 1. Música y canto. Códice Borgia.

 

 

Introducción
El presente texto es parte de una pesquisa mucho más amplia, cuyo objeto de estudio es analizar la danza conchera desde una perspectiva a la que se ha denominado como hologramaticultural, neologismo con el cual se plantea que en cualquier proceso cultural ‘el todo está en las partes y las partes en el todo’, con lo cual los elementos semiótico-discursivos del ritual conchero presentan la posibilidad de que todos los componentes que lo constituyen sean autosimilares y autosemejantes en una dimensión fractal. En este trabajo, hay mucha dificultad para comprimir la información que se genera por adoptar un modelo transdisiciplinario y la epistemología de la complejidad, que son parte inherente de nuestra investigación de doctorado, lo que nos obliga a recortar a temáticas y a objetivos más parciales.

Sin embargo, los recortes no demeritan el trabajo, porque en él se analizan aspectos fundamentales dentro de la evolución de la danza en México, como los relacionados con la supervivencia de la misma a los embates de la hispanocolonización, y al impacto desastroso del consumismo en la sociedad contemporánea.

En este sentido se implantan tres temáticas centrales: las alabanzas concheras, la intertextualidad transcultural, y la autoridad de la ‘palabra’ en las ceremonias religiosas de la Gran Confraternidad de la Danza Cochera. Para atender estos temas se plantean los siguientes objetivos: el primero es comparar diacrónica, metafórica y paradigmáticamente, los distintos géneros literarios y los poemas-cantos practicados en la época precolombina, recopilados en los Cantares Mexicanos (Garibay 1964; León-Portilla 1991), en un compendio de los alabanceros que se hizo en el siglo XVIII por los frailes misioneros de las zonas nortes del país, y con la selección de los nuevos cantos reunidos por estudiosos profesionales de la actualidad (Hernández 2007). Con ello se enfatiza sincrónica, metonímica y sintagmáticamente, la conservación del estilo en todas sus dimensiones de estos cantos sagrados que preservan el pensamiento y la memoria de una cultura ancestral.

El segundo objetivo, es el análisis de la intertextualidad brotada a partir del conflicto de la traducción. El problema se procura resolver por los predicadores, quienes intentan empatar imágenes para trasmitir el mensaje evangelizador; sin embargo, son los sabios mexicanos quienes logran infiltrar y acomodar sus simbolismos enmascarados en los propios discursos de los misioneros, y al hacerlo lograron asegurar la tradición por muchos siglos posteriores.

Por último, el tercer objetivo es establecer la importancia y supremacía que tenía la ‘palabra’ en la organización política de los pueblos mesoamericanos, la cual ha sido trasmitida por tradición oral, a través de las prácticas semiótico-discursivas, de tal manera que aún se preservan los valores morales, éticos y filosóficos en la estructura organizativa de los grupos concheros, representada por su don de mando-obediencia.

Y para formalizar el estudio, los análisis se apegan a los modelos de tres teóricos fundamentales: Edgar Morin, por el enfoque de la complejidad; Iuri M. Lotman, por la contextualización de la semiótica de la cultura; y Julieta Haidar, por su apertura a la metodología de la transdiciplinariedad. Además, están presentes otros autores que enriquecen y profundizan los resultados del presente trabajo.

In Cuicatl in Xuchitl [1]
La justificación para usar el náhuatl, como la lengua de análisis, se explica substancialmente por ser la lengua más productiva en los antecedentes históricos, en lo cual fue favorecida por su uso como lengua franca, antes y después de la llegada de los españoles a estas tierras precolombinas, y por todos estos factores nos permite hacer reflexiones más apropiadas. Por lo tanto, podemos iniciar señalando las características esenciales del náhuatl o mexicano: tipológicamente es una lengua polisintética o aglutinante, sus ‘palabras’ muchas veces se muestran como holofrásicas, es decir, en una sola palabra se integran el sujeto, el verbo y el objeto, lo que hace que su contenido rebase a la expresión y referencia aparente, es decir, realmente son más un ‘enunciado’ que una palabra.

En náhuatl, tlahtolli significa ‘palabra’, pero su uso nos confirma que debemos considerarla, desde una definición lingüística, más allá del nivel lexical o gramatical, porque es más productivo abordarla semánticamente para entender como involucra sus ‘campos y redes semánticos’, y semióticamente porque finalmente es un ‘símbolo’ que caracteriza la ideología de un pueblo. En otros términos, abordar la ‘palabra’ en la época antigua de México es involucrar toda una concepción del mundo, de la manera de ser, sentir y de pensar. Es su ‘ethos’ y su ‘pathos’, o como dirían los antiguos mexicanos, su in ixtli in yollotl, su rostro y su corazón, pero que se comprende mejor como su ‘personalidad’.

Imagen 2. Sacerdote alimentando a la tierra y al cielo,
Imagen 2. Sacerdote alimentando a la tierra y al cielo, la flor y canto
que también es la creatividad de sus manos. Mural de Tempatitla Teotihuacan, México.

Los aztecas —herederos de una toltequidad [2] (término que se le ha asignado a la preocupación por la mejor manera de hacer las cosas, la mejor arquitectura, la mejor música, y también la mejor manera de hablar)— habían desarrollado técnicas estilísticas y retóricas para sus discursos sagrados, artísticos, políticos y científicos. En los estudios que se han hecho, sobre todo en la época moderna, sólo basta mencionar los del padre Ángel María Garibay (1940, 1953-54 y 1964) y los de su discípulo y continuador Miguel León Portilla (1980, 1996, 1991 y 2004) quienes nos hacen apreciar que en los in cuicatl in xochitl, o poesía, existía una profunda preocupación ideológica, por el hombre, por sus problemas filosóficos y por lo estético. Por eso, cuando se considera el ‘cantando’ y ‘floreciendo’ no se debe cometer el error de imaginar que es cuestión de hablar ‘bonito’ únicamente, sino que hay que entender el cantar y florecer como dos aspectos de trasmisión del conocimiento también, de lo moral, de la fe, del amor por la vida, y todo aquello que es parte fundamental del espíritu que rige a una comunidad. En este sentido, existe un problema de traducción cultural, ya que la traducción lingüística literal no puede dar cuenta de los procesos cognitivos y emotivos que están implicados en el in cuicatl in xuchitl, lo que tiene plenamente identificado Lotman (1996: 24-26) como se verá más adelante.

En otro trabajo, Amos Segala (1990: 121-153) también trata de evidenciar que el conjunto de expresiones en náhuatl pueden dividirse en dos categorías: la del tlahtolli o discurso, palabra, relato, y la del cuicatl o canto, poema. Pero estas definiciones él mismo asume que no son exclusivas o unívocas, también se pueden presentar desde un punto temático, estructural, estilístico y gramatical, porque las características de una se encuentran en la otra, y viceversa. Esta indefinición de los territorios y de las modalidades expresivas está totalmente de acuerdo con el ‘todo’ social y cultural, por lo tanto la palabra náhuatl sólo puede ser una palabra total y una especialización excesiva la vaciaría de sus connotaciones globalizantes.

Sin embargo, existen ciertas características y estructuras vertidas en el género literario (Segala 1990: 123):

1. La distribución peculiar del texto de los cuicatl en muchos conjuntos de las palabras y en ocasiones verdaderos párrafos, señalados en los manuscritos con la ayuda de ciertos ‘marcadores’ apropiados. Estos conjuntos, nos propone Segala, están subdivididos en unidades de ‘expresión’ o ‘versos’, separados en los manuscritos por punto y aparte, por un signo diacrítico que indica un nuevo párrafo o por una barra que agrupa todas las líneas que siguen después del último punto. Con ello, lo que pretende insistir Segala, y apoyándose en comentarios del padre Garibay, es que hay una métrica o ritmo musical.

La clasificación que hace Garibay (1953-1954: 61-64), sustentada en la frase medida y repetida de la poemática náhuatl, es la siguiente:

a) Sílabas acentuadas e inacentuadas en orden de tres acentos. Parece la más antigua forma, y la hallamos incorporada a los relatos; en los Anales de Cuauhtitlan se recoge esta palabra de numen:

¡Zan ca tzihuactitlan / mizquititlan, ayahue!
[Sólo allá entre los cactus y entre los mezquites]
Zán ca / tzíhuac / títlan // mízqui títlan / áyahue

b) Sílabas acentuadas e inacentuadas en orden de dos acentos. También de muy antigua procedencia, se halla en los más viejos residuos de carácter poemático. Por ejemplo, en el relato de las peregrinaciones aztecas hallamos a Huitzilopochtli, que dice a sus adoradores, cada vez que hay que emprender la marcha hacia lo desconocido:

Ompa Tonaz onca tlathuiz
[Allá cerca del Sol, allá donde hay luz]
Ómpa / Tónaz // ónca / tláthuiz

2. Una segunda característica es que existe esta métrica, pero con ritmos y metros diferentes, que han servido para que los musicólogos hayan logrado establecer vínculos bastante convincentes entre esas indicaciones y el estilo de acompañamiento musical de los cantos amerindios actuales, con lo cual estaría de acuerdo. Además, es importante observar que lo mismo sucede con la música y cantos sagrados ejecutados por los grupos concheros (Segala 1990: 125).

c) Una serie de seis sílabas con sólo dos acentos. En este modo tenemos el ritmo ternario señalado en a), pero con la circunstancia de que la sílaba acentuada se halla antecedida y seguida de una inacentuada:

Nompehua noncuica nicuicanitl Huiya
[Saldrá mi canto, sólo soy un cantor, yo los elevo]

La fórmula esquemática es:

Nompéhua / noncuíca / nicuíca / nitl Huíya

Es un género métrico que veremos usado en muchos poemas de carácter lírico y dramático.

d) Un verso en dos hemistiquios, similar al alejandrino de la literatura castellana:

¿Cuix oc nelli nemoa / in tlalticpac? Ohuaya
An nochipan tlalticpac: / zan achica ye nican
[¿Es que acaso se vive de verdad sobre la Tierra?
No por siempre sobre la Tierra, sólo breve tiempo aquí]

Leemos en uno de los pocos cantos que con alguna probabilidad pueden atribuirse a Nezahualcoyotl. Tales versos son de menor uso en la documentación que yo conozco.

e) Una combinación de hemistiquios del tipo C con otros del tipo B. La sensación que percibe el oído los asimila a los versos de diez sílabas en dos hemistiquios, con cesura:

Nichoca yehua / nicnotlamatti
Niquilnamiqui / ticcauhtehuazque
Yectli yan xochitl / yectli yan cuicatl.
Ma oc tonahuican, / ma oc toncuicacan
Cen tiyahui / cen tipolihui
Ye Ichan.
[Lloro, me aflijo cuando recuerdo
que dejamos las bellas flores, los bellos cantos.
Ahora gocemos, ahora cantemos:
Todos nos vamos y perecemos
Allá en su Casa...]

3. Afortunadamente, los copistas dejaron bien identificado dónde comienza y termina un cuicatl, lo que da oportunidad de establecer una taxonomía de género, entre los que figuran en primera instancia la poesía religiosa, con los cantos sagrados; poesía lírica, para expresar los sentimientos, profusión de imágenes, más subjetivismos en las manifestaciones del poeta; poesía épica, para los relatos históricos que mantenían en su memoria, de acuerdo a Garibay (1953-1954). Aunque Segala sugiere otra clasificación:

yaocuicatl, cuauhcuicatl, ocelocuicatl: cantos de guerra, de águila, de ocelotes;
xopancuicatl, xochicuicatl: cantos de verdor y de flores;
icnocuicatl: cantos de privación; y
cuecuechcuicatl, ahuicuicatl: cantos lascivos o de enamorados.

Pero, a pesar de estos enormes avances para la comprensión de los cuicatl, al utilizarlos se ha cometido el error de convertirlos en rigurosos discursos retóricos cerrados que recortan sus auténticas realidades textuales y se esfuman las posibilidades de hacer un análisis objetivamente acertado, lo que instaura problemas de traducción cultural entre distintas semiosferas.

Por otro lado, también Segala (1990: 140) hace una diferenciación de modalidad discursiva entre los cuicatl y los tlahtoli, y nos presenta su opinión sobre los tlahtolli, a la que ha definido más como prosa azteca, pero con sus respectivas prudencias. Este autor plantea que:

1. Las unidades de expresión que siempre estaban señaladas en los manuscritos de los cuicatl no lo están en los tlahtolli. En estos, el discurso tiene un desarrollo sincrónico y lineal que llega a una secuencia de sucesos progresivos; mientras que en el cuicatl, el efecto es más bien el de una acumulación convergente y diacrónica hacia el centro lírico que es su tema. Es decir, se acercan más a las narraciones, por ejemplo los teotlahtolli o ‘palabas divinas’, que relatan los altos hechos de los dioses, los orígenes del mundo o de los mundos y del hombre. Cosmogonías, teogonías y mitos antropogenéticos pertenecen a esta primera categoría. El tema más destacado es el recogido en los Anales de Cuauhtitlan [3] y en la Leyenda de los soles [4] y en la Historia tolteca y chichimeca [5].

2. Es difícil discernir las unidades de expresión del tlahtolli, porque no existen los marcadores no-léxicos, los lexemas ni estructuras métricas que mencionamos en relación con los cuicatl. La prosa se sustenta ahora en lo estético de la retórica y no en la entonación.

3. Los tlahtolli utilizan una gran riqueza y variedad de difrasismos (ver nota 1), los más ejemplares son los ilustrados en el Huehuetlahtolli [6] o ‘palabra antigua’, que va dirigido al aspecto moral, con lo cual se normaba la conducta a seguir frente a la obediencia del pueblo azteca a su gobernante, que se reflejaba en la educación que se le daban a los jóvenes.

4. Utiliza una gran concentración de predicados verbales en relación a un mismo sujeto:

Príncipe mío, chichimeca Moteucsoma
¿no están ahora en fila
allá en el reino de los muertos?
¿lloran acaso en la escalera de Jade,
al borde del agua divina?

5. Existirían dos subgéneros del tlahtolli: los itoloca y los xiuhámatl: el primero agrupaba ‘lo que se dice acerca de algo o alguien’ y que podría aproximarse a nuestra noción de la historia, mientras que el segundo, que literalmente quiere decir ‘papeles de los años’, podría acercarse a la vez a la historia y a la cronología. Los ejemplos que nos brinda Segala (1990: 142-143) se refieren a dos momentos distintos en el tiempo, del mito del dios y el héroe cultural Quetzalcóatl, obtenido de dos versiones del Códice Matritense del Real Palacio, producto de los textos de los informantes de Sahagún: el primero está en la foja 161 ss., versión de M. León Portilla (2004); y el segundo en las fojas 132-134, versión de Ángel María Garibay (1953-1954).

Para la etapa colonial, hay que rescatar el trabajo realizado en el siglo XVIII por Monseñor Luis Felipe Neri de Alfaro, fundador del Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco Guanajuato, en donde se recopila muchos cantos entre los años de 1709 y 1776. Varios de ellos son alabanzas que continúan siendo cantadas, conservando las concepciones de los cuatro vientos o rumbos sagrados:

La Divina Providencia
se extiende a cada momento,
para que nunca nos falte
casa, vestido y sustento.
Comenzaré por el Norte
y acabaré por el Sur
por Oriente y el Poniente
y la señal de la Santa Cruz.

Y, con respecto a la época actual, está el texto de Gabriel Hernández (2007), donde reúne una serie de cantos ceremoniales que han surgido, o cuando menos se han cantado en distintas localidades, ya en tiempos más recientes. El valor de este trabajo es precisamente actualizar y enriquecer el acervo de las alabanzas que han sobrevivido con el paso del tiempo, además de las innovaciones que van surgiendo porque siempre existen nuevas composiciones que narran los hechos que al interior de la danza se van presentando.

Imagen 3. Grupos concheros cantando alabanzas
Imagen 3. Grupos concheros cantando alabanzas en la Fiesta de Corpus Cristi. Foto: José Luis Valencia.

Nuevamente se admite que la rítmica y la métrica de los cantos de antaño se mantienen, pero igualmente ya no solamente se van a referir a los grandes líderes de aquellos tiempos, como fueron Moctezuma o Cuitlahuac, sino que ahora se nombran a los jefes que han partido al lugar de los muertos. Pongamos el siguiente ejemplo (Hernández 2007: 286):

Por las ánimas benditas
todos debemos rogar,
que Dios las llamo al cuentas
y las lleve a descansar.
..........
Por la ánimas benditas,
que en el purgatorio están
ya Dios las llamó a cuentas
y las lleve a descansar.
..........
Por las ánimas benditas,
todos debemos rogar
que Dios las saque de penas
y las lleve a descansar.
..........

Ánima de Juan Minero [7]
Alma de María Graciana
Alma de Abraham Pérez
Alma de Felipe Aranda (padre)
Alma de Jesús Gutiérrez
Alma de Martina Beltrán
Alma de Félix Rodríguez
Alma de Felipe Hernández
Alma de Natalia Hidalgo
Alma de Ignacio Gutiérrez
Alma de Gabriel Osorio
Alma de Miguel Alvarado
Alma de Fidel Morales
Alma de Dolores Ortiz
Alma de Alberto Gutiérrez
Alma de María Robles
Alma de Natividad Reyna
Alma de Faustino Rodríguez
Alma de Mariano Zavala
Alma de Emilio Alvarado
Alma de Ignacio Cortés
Alma de Ernesto Ortíz
Alma de Guadalupe Jiménez
Alma de Florencio Osorio
Alma de Andrés Segura
Alma de Florencio Gutiérrez
Alma de Felipe Aranda (hijo) [8]

El reconocimiento del trabajo de estos jefes (o generales, grado que se verá más adelante) se menciona en la siguiente alabanza, en la que, como se puede observar en su contenido, se encuentran categorías discursivas que reflejan la filosofía que se abandera al interior de la danza (Hernández 2007: 287):

La Conquista está de luto
La conquista está de luto
por el alma que se fue;
guardaremos un minuto
por el alma que fue fiel.
Las Danzas de la conquista
un luto van a ensalzar;
sahumando a los cuatro vientos
la ceremonia va a empezar.
Fuiste tú siempre cumplido
para hacer la obligación;
nunca olvidada dejaste
tu dichosa tradición.
Fue tu lucha en esta vida
conservar la tradición
de las danzas de conquista
que hoy alaban en tu honor.

Imagen 4. El Jefe Felipe Aranda (hijo) despidiéndose de este mundo, dos días antes de su partida (29 de noviembre del 2008). Foto: José Luis Valencia.

Imagen 4.El Jefe Felipe Aranda (hijo),
despidiéndose de este mundo,
dos días antes de su partida
(29 de noviembre del 2008).
Foto: José Luis Valencia.

La intertextualidad en los cantos sagrados desde la transculturalidad
La semiótica de la cultura, modelo operativo desarrollado en la Escuela de Tartu de Estonia, con su máximo representante Iuri M. Lotman y con varios de sus discípulos, nos brinda varias premisas y categorías epistemológicas. En el presente estudio, retomamos las más pertinentes para darle un soporte teórico-metodológico al análisis, pero finalmente se dará más énfasis al problema de la traducción. En los casos que estamos analizando, según la propuesta de Lotman, retomamos la traducción intertextual que se considera como la existente a partir de la interacción de un lenguaje con el otro, de un texto con otro texto porque, como se precisó en el apartado histórico, este problema produce las condiciones para que los textos del ritual conchero se reprodujeran con un ‘doble sentido’, tal como lo hemos comprobado.

Lotman (1996: 24) define la semiosfera como “el espacio semiótico fuera del cual es imposible la existencia misma de la semiosis”, que “se caracteriza por una serie de rasgos distintivos”. Con esta definición se establecen determinadas características encaminadas a la competencia comunicativa humana, porque debe existir una homogeneidad semiótica, lo que delimita automáticamente el espacio intra y extrasemiótico (o alosemiótico) que lo rodea. Por lo tanto, toda semiosfera supone fronteras semióticas en donde se producen los procesos de traducción de los textos alosemióticos o de los no-textos, que le son ‘exteriores’; la traducción es inherente a la dimensión cultural, ya que es indispensable semiotizar los hechos no-semióticos.

Sin embargo, como el mismo autor plantea, esa “frontera del espacio semiótico no es un concepto artificial, [...] es un mecanismo bilingüe que traduce los mensajes externos [...] a lo interno, a filtrarlo y elaborarlo adaptativamente” (Lotman 1996: 26); es decir, con este mecanismo se posibilitan las diversas traducciones culturales. Una traducción que es requerida para poder integrar todos aquellos textos caóticos y desordenados en un espacio territorial, que bien puede ser la semiosfera nuclear o alguna semiosfera periférica, en donde éstas últimas están sumergidas a las formas organizativas de la nuclear, pero que en sus fronteras permeables (intercambio externo—interno) se atraviesan constantemente desde el punto de vista textual, haciendo que se plasmen intensas formaciones de sentido, a pesar de que “todo pedazo de una estructura semiótica [nuclear] o todo texto aislado [de la periférica] conserva los mecanismos de reconstrucción de todo el sistema. [Por lo tanto,] Las partes no entran en el todo como detalles mecánicos, sino como órganos en un organismo” (Lotman 1996: 31).

De tal manera, que cuando llegaron los españoles a estas tierras se tuvieron que enfrentar a una primera decodificación, totalmente extraña, y adaptada a la organización de la semiosfera nuclear, que en estos momentos era la cosmología de los pueblos mesoamericanos. Con el tiempo, al modificarse los modos de producción y las condiciones socio-históricas-económicas-políticas-culturales, la semiosfera nuclear también cambió: la reconstrucción, la decodificación y los textos dominantes fueron los de los ‘invasores españoles’, y los textos mesoamericanos pasaron a la periferia. Sin embargo, esto no pudo haber sido tan inmediato. Si recordamos la tercera ley de la dialéctica que plantea la relación ‘de los cambios cuantitativos a los cambios cualitativos’, nos permite considerar que pudieron haberse dado primero los cambios de las formas institucionalizadas, pero que lo subyacente quedaba casi inviolable.

Como se ha observado hasta el momento, lo religioso permaneció intacto y su transformación fue generándose en este proceso de traducción, logrado a partir de la propiedad del isomorfismo, que, como dice Lotman, “las subestructuras que participan en ella no tienen que ser isomorfas una respecto a la otra, sino que deben ser, cada una por separado, isomorfas a un tercer elemento de un nivel más alto, de cuyo sistema forman parte” (Lotman 1996: 32). De cualquier forma, el intercambio de traducción es simétrico—asimétrico, espacial—temporal, dialéctico y dialógico:

Un mecanismo así es la asimetría de la estructura semiótica y la constante circulación de textos, el traslado de éstos de un sistema de codificación a otro. De manera semejante se realiza el intercambio de metatextos, que son textos independientes dispuestos a diversos niveles de jerarquía; y de códigos, que se trasmiten de un ‘hemisferio’ de la cultura a otro (Lotman 1996: 57).

En esta complejidad de intercambios de información es donde surge la cuestión fundamental que Lotman considera como la producción o generación de sentido en la semiótica de la cultura, que sería su capacidad, como totalidad o como distintas partes de ella, de dar salida a textos no trivialmente nuevos (Lotman 1998: 142). Para obtener un mensaje nuevo es porque hay un proceso de transformaciones no unívocas y, por lo que no pueden ser inferidos automáticamente de cierto texto inicial (Lotman 1998: 27).

En la historia de México, en el proceso de la conquista, se encuentran dos lenguas principales, el náhuatl y el español, con características estructurales y organización totalmente distintas, por lo que tuvieron que comenzar con una permanente dinámica de traducción. Siguiendo el planteamiento lotmaniano, podemos realizar la siguiente operación: imaginemos dos lenguas, L1 y L2, donde L1 sería la lengua náhuatl y L2 la lengua del español, en el momento del encuentro de las dos culturas, en donde la traducción exacta de una a la otra parece, en general, imposible. Partiendo desde la misma tipología de ambas lenguas:

L1 tiene una estructura gramatical SOV (Sujeto, Objeto, Verbo), con un orden organizacional discreto icónico, espacial (continua) de elementos o códigos no-lineales. Mientras que L2 tiene una estructura gramatical SVO (Sujeto, Verbo, Objeto), con un orden organizacional discreto verbal, unidades sígnicas discretas con una consecutividad lineal.

En estas condiciones, los planos del contenido de estos lenguajes estaban construidos de manera esencialmente diferente. En el caso en que se necesita trasmitir un texto de L1 a L2 con los medios del lenguaje L2, no se podrá hablar de una traducción exacta, propiamente. En el mejor de los casos, surgirá un texto que, con respecto a cierto contexto cultural, podrá ser considerado al primero.

Tenemos entonces (Lotman 1998: 27):

Esquema proceso de traducción

Regresando a nuestro análisis, observamos el seguimiento que tuvo que haberse dado (concretamente) primero en la traducción del náhuatl(L1) al español (L2), que tanto requerían los españoles para poder trasmitir su evangelio; pero tuvo que darse una segunda traducción del español al náhuatlpara lograr el objetivo de la evangelización. Como resultado, se produjeron textos nuevos con base a una memoria que está siempre presente, y que permite, al mismo tiempo, convertir a los textos nuevos en inteligibles para ambas culturas. En palabras de Lotman, cuando propone que en el mismo seno de la cultura se pueden dar dos procesos de orientaciones opuestas: en la que ambos lenguajes crecen vertiginosamente de forma independiente, y aquél (volviendo a las alabanzas, como textos religiosos) en que “las parejas de lenguajes se integran en formaciones semióticas que constituyen totalidades. Así pues, el lenguaje funcionante actúa simultáneamente como un lenguaje independiente y como un sublenguaje que entra en un contexto cultural más general como un todo superior” (Lotman 1998: 35).

Con esto, quedaría clara una situación que se ha expuesto desde un principio para el análisis de las alabanzas: éstas no se pueden entender si se continúa con el método meramente estructuralista o como fenómenos aislados. Se requiere para ello la contextualización de todo el ritual conchero, porque entonces se presenta un texto espacial-multidimensional, lo que cohesiona y hace coherente sus discursos artísticos-rituales. Recordemos que esas son las características propias de su composición lingüístico-musical (y de otros más, como la danza, con estilos esencialmente parecidos a lo prehispánico) que les dio nacimiento.

El mestizaje cultural que impulsó la transculturalidad
Después de este panorama lingüístico-literario, que también involucra lo ideológico de la ‘palabra’, nos detenemos en algunas consideraciones sobre el carácter, el estatuto de la misma para los ancestros. La ‘palabra’ contenía peculiares cargas simbólicas, como las que se pueden observar en cómo eran denominados los mal llamados ‘reyes’ o ‘emperadores’ aztecas: Huey Tlahtoani, un vocablo que etimológicamente se deriva de huey (adj. gran, grande); tlahtolli y tlahtoa (sust., palabra; y verbo, hablar); ni (sufijo pron. per. 1ª. persona), para asignar al que realiza la acción, sintagma que literalmente significa ‘el grande que habla’, pero metafóricamente se relaciona con el ‘Gran Señor que ejerce la Palabra’, es decir, que tiene el mando y es sabio.

El uso de la ‘palabra’ producía gran respeto, porque en este campo semántico sagrado empeñar la palabra significaba dejar de por medio el honor de una persona, condición que queda como rezago en los tiempos modernos cuando se dice ‘te doy mi palabra’, porque es como si se hiciera un juramento, del cual ahora nada se cree, incluso se refuta con los proverbios: ‘las palabras se las lleva el viento’, ‘papelito habla’. Fuera de estos contextos, la palabra se ha desprestigiado, lo que vino a afectar terriblemente los asuntos legales, a tal grado que los linderos de las propiedades que eran trasmitidos de generación en generación por medio de la ‘palabra’y así se respetó por muchos años, en la actualidad no se sostienen; los indios coetáneos están afrontando permanentemente el despojo de sus tierras, con el simple argumento de que no están ‘regularizadas’, como es el caso de la península de la Baja California Sur, en donde las autoridades cívicas están dando los fallos para que los norteamericanos se adueñen de los mejores litorales playeros que hay en ese territorio.

Naturalmente que con estas nuevas condiciones, el campo semántico de la ‘palabra antigua’ no corresponde al de las otras culturas, llámesele ajena o actual, lo que implica que nos vemos obligados a atender otro conflicto, pero el que se generó en el momento de la conjunción de las dos culturas, inicialmente antagónicas. Para el análisis, recurrimos a dos de las propuestas generales que se han vertido sobre la nueva situación que enfrentaron los antiguos mexicanos al inicio de la disputa por el nuevo mundo. La primera de ellas establece que las culturas antiguas fueron devastadas y la colisión producida con el ‘encontronazo’ de las dos culturas fue realmente traumatizante, esencialmente para la que fue sometida. Mucho de ello aún se sigue sosteniendo en la actualidad, pero a veces parece ser que la postura tiene una cierta intención oficialmente convencional, distinta a hacer una denuncia de los hechos ocurridos en la realidad. Por tal motivo, se considera de que si se acepta este postulado, implicaría que no hubieran quedado rastros de las antiguas formas de vida de este continente, lo cual es una aberración y hace que el planteamiento se excluya por sí mismo, porque a pesar de que por todos los medios se pretendió aplastar el orgullo de una cultura, la realidad es que hasta este momento, a pesar de que continúen gobiernos criollos con la política, y apoyados por las distintas sectas de la religión cristiana, un amplísimo sector poblacional aún mantiene su propio ‘rostro’, tal como se ha percibido a través de la permanencia de sus tradiciones desde los viejos tiempos.

La segunda de las propuestas, un poco menos radical, asume que en la pugna el dominio de los ‘invasores’ fue avasallador e impuso contundentemente sus reglas; sin embargo, el logro que los invadidos tuvieron fue que pudieron estratégicamente obtener la posibilidad de mezclarse en todos los terrenos, construyéndose un eficaz sincretismo, formalizándose una cultura mestiza, la cual ha incluido los valores antagónicos de ambas, haciéndolos parte de su cotidianidad, y generándose una semiosfera que se convierte en su identidad. Es decir, en distintos grados y formas se puede observar cómo ambas culturas están presentes en todos los rincones del suelo mexicano.

Estas dos propuestas, en general, serían las que resumirían las posiciones hipotéticas sobre aquel momento histórico. A mi juicio, desde varias investigaciones en donde analizo las prácticas semiótico-discursivas sobre las particularidades del ritual de la danza conchera [9], entre las que puedo nombrar, en primer lugar, los estudios sobre las santas formas del Xuchitl y el Ollin, y, en segundo lugar, el análisis de los cantos sagrados o ‘alabanzas’ que se producen y reproducen durante la etapa de la ‘velación’, que es previa a la danza propiamente dicha (Valencia 2004 y 2008), puedo formular una tercera propuesta: que nuestros antecesores mexicanos con gran audacia lograron pactar con los españoles una serie de derechos que les permitían mantener sus costumbres y tradiciones disimuladamente. Esto lo consiguieron gracias a una engañosa y simulada sumisión, especialmente en lo religioso, pero además aprovechando la coyuntura de los profundos conflictos internos que se dieron entre la Corona española contra las autoridades civiles y las religiosas que llegaron a estas tierras, que propició un descuido y desatención de los sucesos que se dieron al interior de las comunidades indígenas.

Pero tal situación ocasionó también una extrema polarización entre los militares y los evangelistas, y se engendró un conflicto permanente entre la política hispana y la religión cristiana en el seno de la naciente sociedad. Sin embargo, no solamente existió este embrollo, la conquista espiritual cristiana también se enfrentó a otros tropiezos:

1. Diferencias intelectuales y morales entre los mismos misioneros, lo que provocó las divergencias de opinión, creando radicales controversias entre ellos. Se formaron grupos antagónicos, sobre todo entre los que estaban a favor y en contra de los indios (Ricard 1947: 359 y ss.).

2. La pugna entre los religiosos y las autoridades civiles, por la intromisión de estas últimas en los asuntos netamente teológicos, oponiéndoles más trabas al trabajo apostólico, cerrando incluso la escuela de la Santa Cruz del Convento de Santiago de Tlatelolco (Ricard 1947: 376 y ss.).

3. Las rebeliones que se dieron al norte de México, donde fueron varios los mártires misioneros, víctimas de la ferocidad anticristiana de esos lugares (Ricard 1947: 387 y ss.).

4. La resistencia pasiva indígena, que tuvo resultados mucho más eficaces. Se ofrecieron al bautismo para proseguir con sus rituales antiguos, es decir, en su corazón siempre permanecieron las antiguas costumbres, las viejas tradiciones y el culto a sus divinidades (Ricard 1947: 398).

5. La Corona disolvió la encomiendaa los primeros colonizadores argumentando que el espíritu de la misma se había degenerado, y se estaba abusando de ella para la explotación de los indios, aunque en realidad también tuvo temor de permitir que los encomenderos adquirieran un gran poder económico y político (Gibson 1964: 67-68).

Desde la perspectiva propia de la nación mexicah, hubo situaciones que la favorecieron, entre las que se pueden indicar la necesidad de continuar con el náhuatlcomo lengua franca, y de recurrir al teatro y a las mismas formas rituales para promover el evangelio, porque se establecieron las condiciones para conservar escondidos los mensajes y símbolos ancestrales. Con tal aseveración, cambiaría el panorama interpretativo y explicativo, porque en lugar de considerar que fue la fuerza hegemónica española la que sometió a nuestros ascendientes, ahora se abre la probabilidad de que más bien fueron los ‘indios’ los que ‘engañaron’ a sus opresores, simulando que habían sido evangelizados y disimulando que habían abandonado su antiguas prácticas rituales. Sólo así es como pudieron conservar sus formas ancestrales.

Con esto pareciera como que la mal llamada conquista española se había llevado en tonos pacifistas, pero tampoco fue así, porque es ineludible que la sobre e inhumana explotación de los ‘indios’ fue una realidad, y a partir de entonces el intento de demolición étnica se ha sostenido indiscriminadamente, siendo el principal motivo que en la actualidad estos indios son los dueños de las áreas más bellas del país, las cuales son ambicionadas por los capitalistas para construir desarrollos hoteleros y turísticos para los extranjeros, orillando a sus pobladores a convertirse en sus sirvientes, tal como ha sucedido con lugares como Cancún, Huatulco y otros muchos más.

Por otro lado, con las nuevas formas de vida hubieron aspectos que se perdieron lamentablemente, como es el caso de Tlahtolli que presenta dificultades para su comprensión, porque la ‘palabra hablada’ no pudo ser registrada, sobre todo cuando en la época antigua no se poseía la escritura convencional de la actualidad; su evolución iba dirigida en otro sentido, incluso, dispareja de acuerdo a las diferentes culturas, como es el caso de la maya que ya tenía una incipiente serie de representaciones fonológicas. De cualquier forma, en lo general, la escritura era una serie de representaciones semasiográficas [10], que obliga hacer una lectura holística y en todos los sentidos, y no lineal-horizontal, de izquierda a derecha, como lo hacemos actualmente, lo que implica un funcionamiento temporal y espacial de los hemisferios cerebrales asimétricamente distinto, tal como lo explica Lotman (1996: 43-60), que de acuerdo a los avances que han hecho las neurociencias cognitivas, se han establecido las especialidades generales de cada de uno de ellos.

Simetría y asimetría tienen que ver con la configuración y predominio del pensamiento entre el cerebro derecho y el izquierdo, que Lotman utiliza para hacer una tipología de la cultura (Lotman 1996: 45): el sinistrohemisferio es el que contempla la realidad linealmente, es temporal, distintivo y verbal; mientras que el dextrohemisferio sería espacial, no verbal y no discriminativo. De tal magnitud considera Lotman lo asimétrico funcional de los hemisferios cerebrales, que, como sabemos, hasta una tipología cultural nos ofreció, entendiéndose que el dominio de cada uno de ellos, observado a partir de la creatividad general, nos permite esquematizar que el hemisferio izquierdo correspondería a las culturas occidentales y el dominio del hemisferio derecho a las culturas no-occidentales.

Pero, por lo pronto y regresando a nuestro tema, podemos suponer que de acuerdo a lo antes mencionado, sin considerar desde luego los dispositivos del inconsciente, lo único que nos queda de la memoria de esta cultura de manera tangible son todos los vestigios escritos, esculpidos o grabados en las estelas, en la alfarería y en los libros llamados códices. Pero además, y no menos importante, está la memoria de la tradición oral, como se pueden apreciar, por un lado en las alabanzas o cantos sagrados, y, por el otro, en la misma práctica con que se dirigen los trabajos durante la producción y reproducción de las ceremonias de las danzas concheras, entre otros múltiples rituales.

La Danza Conchera, auténtico testimonio de la palabra antigua
Danza conchera es el término que se ha adoptado para referir la danza heredera por tradición desde tiempos ancestrales. Si bien el nombre se acuñó a partir de la época colonial, cuando la orden religiosa determinó desterrar todas aquellas expresiones que olieran a ‘idolatría’, que incluía la vestimenta o atuendo porque consideraban que no tapaban sus ‘vergüenzas’; lo mismo sucedió con la música, que se tocaba con instrumentos principalmente de percusión que consideraban que despertaba las pasiones animalescas, y que acompañan los cantos o cuicatl, destinados a sus dioses demoniacos.

Las características de la danza azteca-chichimeca se cambian en la danza conchera, a raíz de que se diseñó un nuevo traje, compuesto ahora por un faldón en lugar del maxtla o taparrabo, se cubrió el cuerpo con una blusa y un chaleco y se sustituyó el plumaje del copilli o penacho, hecho de aves características de estas tierras, como el del faisán, el guajolote o el águila, por las plumas del avestruz, que fueron traídas de África. Por otro lado, con relación a los instrumentos musicales, los indios tuvieron que inventar la concha, instrumento musical de cuerda, cuya caja para la resonancia musical fue construida con el caparazón de armadillo, y el huehuetl o tambor de tronco de árbol y al teponaxtli, que es una caja hecha de un trozo grande de madera y que tiene una función muy similar al diapasón, fueron simplemente erradicados.

Imagen 5. Conchas de armadillo. Foto: José Luis Valencia.
Imagen 5. Conchas de armadillo. Foto: José Luis Valencia.

La razón de haberse utilizado la concha del armadillo es sintomática y se debe a que tiene 52 líneas de escamas, conservando la cuenta del xiuhnepilli o cuenta de los 52 ciclos cósmicos, selección simbólica importante en la cosmovisión de los antiguos mexicanos. La ‘cuenta’ es el segundo nombre simbólico que recibe la ‘concha’ entre los danzantes porque es la ‘cuenta’ de los años y porque ‘cuenta’ las historias de la danza a través de las alabanzas.

Los intentos del fanatismo avasallador cristiano habían logrado parcialmente su cometido en la parte central y el sur de México, sin embargo, se les presentó un gran obstáculo para alcanzar la tan ambicionada frontera norte en donde se encontraba la riqueza de la metalúrgica. El obstáculo era la fiereza de las tribus chichimecah, a las cuales los españoles les temían tanto que los denominaron ‘perros rabiosos’ [11]; además, por lo inhóspito del terreno, estos grupos se convirtieron en un muro impenetrable para la invasión. De cualquier forma, ese aislamiento favoreció para que las costumbres se mantuvieran básicamente intactas en una gran región del norte de México. Y aunque la leyenda dice que fue en el cerro de San Gremal, hoy estado de Querétaro, en donde en 1531 se inició la ‘conquista’ de los chichimecah de la Sierra Gorda, esto a partir de la aparición de una señal en el cielo, que tuvo dos interpretaciones muy distintas, porque para los indios era la presencia de Quetzalcóatl y exclamaron: ¡In Teotl! (¡Él es Dios! [12]); en cambio, para los españoles vieron a un señor montando un caballo y dijeron que se trataba del ‘Señor Santiago’. Cierto o no, de todas formas se llevó mucho tiempo para hacer realidad la penetración española en la zona del norte, por lo que iniciaron la construcción de las ‘misiones’, auténticas fortalezas clericales, construidas estratégicamente en los lugares más remotos de esta inmensa región.

La pasmosa situación puntualizó un hecho histórico trascendental para la continuidad de la danza, tal como se realizaba desde épocas anteriores; además, una vez fusionada la ‘danza azteca-chichimeca’ del norte con la ‘danza conchera’ del centro, se dice que comenzó la ‘verdadera conquista’, porque al llevarse a cabo el trabajo de difusión ritual de todas las fiestas tradicionales, básicamente religiosas, independientemente de las que seguían permaneciendo en múltiples comunidades, la grandeza consistió en volver a ‘conquistar’ los corazones de las comunidades que las habían perdido. La razón de asistir a las fiestas y de realizar la ceremonia a la usanza antigua, se explica porque el inconsciente opera al conquistar los corazones de los habitantes del lugar; además, por lo anterior se explica que estas danzas se hayan incorporado al género de danzas de ‘conquista’, pero con claras diferencias de las otras, como la de los ‘moros contra cristianos’. En la danza conchera existe una representación muy fiel de su origen prehispánico, en cambio en la de moros y cristianos se personifica cuando España venció a los moros en su tierra, aunque realmente para los indios esta representación simboliza más la idea de la lucha entre las dos fuerzas que rigen el universo Quetzalcóatl y Tecaztlipocah.

En resumen, los danzantes, independientemente de su filiación conchera o azteca-chichimeca, aceptarán incondicionalmente ser danzante conchero y de danza de conquista porque esa es su auténtica tradición [13].

La ‘palabra’ como estructura jerárquica en la Danza Conchera
Cualquier grupo de danza conchera tiene una estructura organizativa por tradición, que ha sido preservada de generación en generación gracias a la permanente repetición de las prácticas rituales. Regidos por este planteamiento, la intención de mostrar el proceso que se tiene al designar a los que se les identificará con el nombramiento de ser las ‘palabras’ y como cuál será el desempeño que tienen para que el funcionamiento del grupo logre fincarse de modo duradero.

La danza conchera adquirió en algún momento histórico la analogía estructural de un ejército, es decir, tienen un general, un capitán, los sargentos y los maceguales. Estas categorías se pueden homologar de la siguiente manera:

El General es la ‘palabra general’ de varios grupos.
El Capitán es la ‘primera palabra’ en un grupo.
Los Sargentos son la ‘segunda y tercera palabra’.

Hay otros cargos, como el alférez, los caracoleros, el regidor de los bailes y de alabanzas o cantos, las sahumadoras o malinches. Cada uno de ellos van a cumplir su ‘obligación’, que es su ‘trabajo’, pero además también van a tener una palabra o mando, que les permitirá participar bajo el esquema del consejo y consenso en la toma de decisiones; es decir, a pesar de que todos se ponen a disposición de las primeras palabras, éstas no tiene la connotación dictatorial como se realiza en la actualidad, porque en cada indicación que se da está de por medio la organización y el servicio, por lo que todo el personal tiene que apoyar obedeciendo y auxiliando, porque todos son compadritos [14].

Pero lo más importante es que el resto de los miembros, los llamados maceguales, término que se ha utilizado desde la época precortesiana para dirigirse al ciudadano que no tenía cargo político o religioso, el que realizaba cualquier oficio, por eso el término significa ‘el que merece’; pese a ello, estos sujetos también tienen su palabra y la pueden ejercer en su momento oportuno, porque todos participan activamente en cada momento. Aunque queda en la codificación de esta semiosfera quiénes son los que ‘merecen’, porque todas las ‘palabras’ principales están para servirles, lo que es una conducta que aún permanece vigente en varias comunidades étnicas de la actualidad.

Conforme van adquiriendo experiencia y se manifiesta una clara disposición de servicio colectivo, abren la posibilidad de subir ‘un grado’, el cual será normalmente cuando ocupa alguna de las actividades que ya le requieren una mayor destreza, como tocar el caracol; pero, más que eso, es porque cuando asume este nuevo rol tendrá que soportar firmemente el compromiso al tener que estar todo el tiempo respondiendo a los momentos que se requiere de que haga sonar su ‘arma’ o instrumento musical.

Esta misma condición es la que se da cuando se organiza alguna fiesta, pero en esta ocasión se suscita una situación particular, porque el grupo anfitrión denomina quiénes serán las primeras ‘palabras’ para dicha ceremonia, y nunca se nombra a algún integrante local: se buscará que sea algún danzante de los otros grupos para que se encargue de llevar a cabo la fiesta y, en cambio, los anfitriones se declaran estar ‘a disposición de lo que digan las palabras’.

Este contexto ritual contiene varios aspectos significativos, porque, por ejemplo, se puede llegar a nombrar como ‘primera palabra’ a alguien que no tiene mucha experiencia sobre el orden del ritual, y este sujeto no puede negarse a cumplir con el nombramiento dado porque la negación está prohibida. Cuando esto llega a suceder, las demás palabras o cualquier otro ‘compadrito’lo asisten para que cumpla cabalmente con su trabajo-obligación.

Sin embargo, lo más representativo es la actitud simbólica que se plasma al conceder el mando, porque al convertirse en súbditos al mando de los danzantes visitantes, elevan la cortesía a su máxima expresión, y los visitantes tendrán que responder con su mejor esfuerzo para que la fiesta salga airosa y llegue a feliz término.

El proceso en que se da la organización no impide que existan rivalidades entre los grupos, de manera individualizada o colectiva, pero tal situación si se llegara a suscitar en el proceso del ritual, tendrá que resolverse en el mismo, porque, sea del grupo que sea, deberá aceptar totalmente y en ‘conformidad’ las decisiones tomadas por las palabras y las obedecerán así sean sus más acérrimos enemigos. Esto es porque antes que sus intereses personales está la finalidad de que se mantenga la tradición. Además de que esta situación también tiende a resolver los conflictos entre los grupos, creándose nuevas alianzas.

Pero esta aparente idea de que todo está perfectamente definido, en realidad también es una imagen engañosa, porque se pudiera creer que el orden de las palabras es verticalmente un nivel jerárquico bien estructurado y que hasta abajo se encuentran los maceguales, como soportando a los de mayor estatus. Sin embargo, en la práctica, esto no es así, porque los de mayor rango están para servir, lo que constituye una interacción dialéctica de mando y de todo, entre los diferentes extractos convencionales del grupo.

Lo que engloba la totalidad del grupo es el ‘trabajo colectivo’, de otra manera la fiesta no se podría lograr, que es el cometido central de quienes asisten a ella y, por lo tanto, el grupo no podría sobrevivir porque no tendría singular razón de ser.

Los ‘sujetos’ de la Danza Conchera
Sin duda que el sujeto es un tema siempre olvidado y que debiera ser la parte central, porque sin sujetos sencillamente no hay danza porque no hay quien la ejecute. Siempre se ha concentrado el interés en el funcionamiento y la estructura de la danza, pero no en sus danzantes. Como menciona Haidar (2005, 2006), pocos le han brindado interés y esta ausencia sintomática de la subjetividad implica una pérdida importantísima de sucesos que para la sociedad común se vuelven incomprensibles, por la presencia de severos conflictos existenciales al interior de los grupos, por las contradicciones que suelen tener los sujetos.

Cuando las prácticas religiosas se hacen presentes en cualquier discurso, normalmente se establecen acepciones relacionadas con la paz espiritual, y esta connotación es la dominante; en el caso de los danzantes implica que se encuentran dentro de los grupos por esa búsqueda, pero esto está lejos de ser así, porque la práctica de la danza de la tradición se ha trasmitido oralmente, por lo tanto los padres prepararon a sus hijos y les legaron los conocimientos y la ‘obligación’ [15], aunque actualmente esto ya no es una regla. Efectivamente, ahora hay muchos danzantes que se han integrado a los diferentes grupos por intentar llenar probablemente un vacío interior o por estar interesados por todos los valores antiguos; de cualquier forma hay detrás un gran toque del canon de lo espiritual, que en otros términos se pueden establecer como insatisfacciones de tipo emocional o psicológico. Muchos de ellos llevan consigo ya problemas de desadaptación social, desde la falta de una integración familiar, el uso de sustancias tóxicas desde el alcoholismo hasta el consumo de drogas de diferente calidad, incluso, algunos han tenido que cumplir sentencias delictivas.

No todos los casos son así, porque dentro de los grupos también hay integrantes con buenos niveles académicos y de buena voluntad, interesados verdaderamente por la preservación de la historia de un pasado lleno de valores e integridad cultural; es decir, hasta con un compromiso social, pero la mayoría de los danzantes proviene definitivamente de un extracto paupérrimo, en todos los sentidos. Al ingresar se esperaría refinar el comportamiento ‘equivocado’, pero no es así, porque, en la mayoría de los casos, persisten los mismos problemas en sus integrantes, siendo que se desata un conflicto mayor, la desintegración permanente de parejas que marcan la procreación de hijos ‘abandonados’.

Ante esta flagrante contradicción que pone en tela de juicio una práctica que tiene un propósito totalmente distinto, la paz armoniosa que tanto se pregona, como tal, no existe. Y ante tal situación qué explicación le daría la danza, simplemente ninguna, sino que todos sus integrantes asumen su papel de manera natural, porque desde la cosmología de origen el unidualismo energético que rige en las leyes del universo está presente: una lucha de los contrarios, un proceso permanentemente dialéctico. Quetzalcóatl y Tezcatlipocah están presentes en una eterna lucha, los mitos siempre lo mencionan. El primero, aparentemente, representa la luz, la conciencia, lo externo; el otro, nuestra animalidad, la inconsciencia, la mirada interior, en palabras precolombinas serían el nahual y el tonal [16]. Uno simboliza la inteligencia y el otro la memoria, uno implica el otro y viceversa, están en completa recursividad.

Se comentaba que son energías similares a las existentes en el universo, el sol no puede ser sin la luna, o el día sin la noche. Los danzantes asumían de manera natural estas contradicciones porque la valoración que se hace es normalmente desde la mirada judeocristiana, es decir, esta composición romántica que querían imponer los misioneros evangelizadores tiene su insuficiencia desde el momento en que no existe el ‘bien’ ni el ‘mal’ para el pensamiento precolombino, estas categorías llegaron junto con la invasión de occidente a la semiosfera de esta región.

Los danzantes mantienen este principio cósmico y comprenden que todas las fuerzas son parte de una integración total para que los ‘trabajos’ se cumplan. Tal vez no se corrijan los ‘malos’ comportamientos de los danzantes, porque ésta no es la finalidad con la que ingresaron a los distintos grupos desde un principio, de lo contrario hubieran asistido a otras instituciones especializadas para ello, pero en lo que respecta al verdadero objetivo, de algún modo, sí lograron llenar mágicamente esa parte interior que estaba olvidada o no atendida. Definitivamente, todo se vuelve incomprensible cuando no se tiene la experiencia vivencial, porque la danza conchera brinda de manera tangible con la práctica, un conocimiento basado en la episteme a diferencia del modo en que lo hacemos normalmente, o sea, racionalmente.

La Danza Conchera, una práctica cultural en la periferia de una sociedad desbordada
Esta parte del presente texto quizás sea la más álgida por la dificultad para establecer los mecanismos por los que esta práctica ancestral haya permanecido vigente hasta la actualidad, cuando la sociedad mexicana, esencialmente urbana, está influenciada cada vez más por el modus vivendi de occidente, fortaleciéndose la idea de una sociedad globalizada, donde los monopolios mercantiles se extiendan a todos los rincones del mundo y tal parece que nadie tiene escapatoria de sus tentáculos.

El contexto socio-cultural-histórico es conflictivo, porque la principal actividad productiva de los danzantes, que es la creación de productos artesanales, se ve rebasada por una manufactura barata a gran escala y de costos ultrareducidos, como la piratería china que ha invadido a todo el mundo, y que no da posibilidades de competencia comercial y parece sentenciar a la extinción todo tipo de productividad original. Sin embargo, en la realidad social no ocurre esto; por el contrario, el inconsciente simbólico surge y se fortalece ante el empuje del automatismo social. El futuro de la danza conchera no es lúgubre, porque se alza como una luminaria silenciosa pero gigante entre una sociedad decadente, de lo contrario no se estaría mencionando que los países económicamente más poderosos están en franca recesión económica, peor que la vivieron en los años 30 del siglo pasado, que podría ser el motivo para desencadenar una nueva guerra mundial.

No solamente en este ámbito se proyecta la resistencia reflexiva, también en el panorama científico se está resistiendo ante el implacable reduccionismo atómico de la ultraespecialización, porque ya el orden y el control no pueden mantener el mismo vigor ante los verdaderos procesos complementarios de la vida. Como Edgar Morin (2008: 27-41) nos plantea, la incertidumbre empieza a exigir su aceptación ante la torpe mentalidad de la ‘seguridad’ llámesele pública, o social, de auto, casa, etc. Vivir bajo esta expectativa nos permitirá superar la angustia y estaríamos preparados para cualquier catástrofe financiera, social o natural, y que no es algo extravagante decirlo o pensarlo, porque así ha estado ocurriendo.

La danza conchera brinda esa posibilidad, cada vez que se realiza un ritual, o más aún, como en las peregrinaciones realizadas a los antiguos santuarios, ya sea Chalma, la Piedra de Bernal o Wadley, en el desierto de San Luis Potosí, en que lo único que es cierto es lo incierto y exige un profundo riesgo físico y mental, es más, exige una enorme fuerza espiritual, porque todo puede suceder. Los infortunios son frecuentes, llegan a darse lastimaduras o, en pocos casos pero ocurrentes, hasta la muerte. A cambio de ello, el aprendizaje es severo e inmenso; por ejemplo, a la bajada del ‘Quemado’ (montaña sagrada de los huicholes), que está frente a Real del Catorce, es vital no detenerse, porque lo puede alcanzar a uno la noche, lo que significa poner en riesgo la vida, por lo que el descenso debe ser acelerado. Hay que mencionar que el camino está repleto de una multivariedad de cactáceas con sus espinas bastante considerables y que parecen cerrar toda posibilidad de atravesar sin ser terrible y dolorosamente pinchado. El aprendizaje es simplemente no parar en ningún momento, el reto es pasar sin temor porque las espinas se mueven de acuerdo al movimiento natural del cuerpo, pero si uno se detiene (y peor si se retrocede) los agujones espinosos no tendrán ninguna clemencia de encajarse en la carne de nuestros cuerpos. De cualquier manera nadie sale salvo de unos pinchazos pero se aprende a minimizar el dolor, gracias a entablar una sincronización con una especie de dimensiones mágicas.

En otros casos, es el frío, la lluvia, lo pantanoso o resbaloso de la tierra suelta, el calor, la falta de alimento, de agua, los animales ponzoñosos, las ampollas en los pies [17] y otras cosas más, son los estragos que hay que vivir y sufrir. Agregándole a ello el consumo medicinal de las plantas alucinógenas o ingresar a tórridos temazcales, que inducen al personal a otra realidad ampliamente simbólica. Todo ello, es parte de una preparación, la del guerrero, tal como fueron formados los hombres antiguos.

En una ocasión, el testimonio de un desertor militar informa que caminó con los danzantes hacia Chalma y en el camino sufrió el esguince de un tobillo. Bajo la lluvia y con un camino precipitoso y boscoso del Ajusco, el riesgo para desfallecer por la inclemencia del tiempo y por el dolor era muy grande, pero un ‘sargento’ [18] apareció junto a él, siendo de menor talla le sirvió como un auténtico bastón para que pudiera desplazarse y llegar hasta Santa Martha, que es el poblado que se encuentra en el cruce de la mayoría de los caminos que van al santuario, donde podría descansar. Al final comentó que en el ejército, cuando alguien se lastimaba, era abandonado porque no podía poner en peligro a los demás, sintió que eso sucedería igualmente con el avanzar de los concheros, se sintió perdido, pero al ser ayudado por el sargento y ver la manera en que felizmente todos habían llegado, comprendió que no había ejército en el mundo que los pudieran vencer.

Siguiendo la trayectoria de los complejos comportamientos de la semiosfera de la danza conchera, sus prácticas permanentes rebasan el simple movimiento realizado en un baile, generando infinidad de símbolos, imágenes, mensajes, valores, conocimientos, que se siguen trasmitiendo oralmente, y responden a una semiosfera, que contiene sus características y se renueva permanentemente porque mantiene una memoria colectiva y cultural. Tal como lo diría Iuri M. Lotman (1996, 1998), los símbolos han sufrido transformaciones de forma pero no de contenido, ya que permanecen intactos en cada acto que realiza la Danza, conservando en su interior los valores y los conocimientos de un mundo ancestral que se mantiene vivos gracias a su ‘palabra’, difundida por medio de sus ritos y de los símbolos plasmados ahí, como son las Santas Formas, el Ollin y el Xuchitl, porque en ellas se encuentran registrados los conocimientos antiguos. Y en los cantos están también y funcionan, como ya se vio, dispositivos para engañar y simular que la cultura antigua ya se había vencido.

Conclusiones
La historia nos ha dado una deslumbrante emoción, sobre todo porque cambia el sentido de la interpretación que hemos tenido sobre la llamada Conquista de México, que normalmente ha tomado la vertiente de asumir que los españoles fueron capaces de someter al indio devastadoramente, porque estos eran unos ingenuos (la no-cultura), que asumieron y aceptaron el control de los invasores sumisamente. Sin embargo, no fue así, porque, de acuerdo con las diferentes coyunturas socio-históricas-económicas-políticas-culturales que se estaban dando en ese momento, por un lado, y naturales, por el otro, lograron recrear, conservar gran parte de sus creencias y conocimientos a través del rito principalmente. En otras palabras, sería muy absurdo decir que las culturas ancestrales de México hayan sido destruidas o aplastadas rotundamente, porque como expusimos paulatinamente en cada uno de los apartados del presente estudio, no ocurrió así.

De esta manera, comprendimos la constitución de un ritual conchero, del cual se ha integrado al presente estudio una faceta, el discurso de los textos de los cantos sagrados o alabanzas, porque en ellas existen géneros que se han sostenido en la historia, y que han servido con el mismo propósito que es: ‘cuenten’ y preserven la memoria cultural, por todos los tiempos hasta la actualidad. Las alabanzas mantienen la estructura composicional de los poemas ancestrales, utilizando los mismos mecanismos literarios, basados en el tropo de la metáfora, en el difrasismo, la multiplicidad de imágenes y el paralelismo, lo que favorece la permanencia de la ideología mesoamericana.

Como se pudo observar, la danza conchera es altamente compleja, en ningún momento se reduce al cumplimiento espontáneo, de moda, o mecánico de un acto simplemente religioso. Al igual que en la antigüedad, durante el proceso ritual, se combinan la ciencia y la religión como partes integrales del aprendizaje humano. En todo momento hay una ligadura que mantiene en eterna relación de lucha las fuerzas que rigen al hombre en su conexión cósmica. La Danza es su representación simbólica.

Pero, volviendo a la realidad histórica, hay que aceptar que la contraposición de las autoridades civiles españolas con las del clero hicieron que los antiguos mexicanos se resguardaran detrás de textos, verbales, paraverbales y no-verbales, para seguir con sus propios mensajes, aquellos que resguardaran sus creencias antiguas, y que, como también vimos, al aparentar la aceptación de evangelización lo que realmente hicieron fue un ‘simulacro’, en muchas producciones culturales. El contenido de las alabanzas, que en mucho engañan a quienes las escuchan, nos muestran que los procesos intertextuales están presentes en una interculturalidad, con lo cual se demuestra que la cultura ancestral sigue presente, cuando menos en una tradición como la danza conchera.

Los procesos de traducción implican el intercambio de las dos culturas, que en un principio eran totalmente antagónicas, aunque en la actualidad existe un nuevo contexto: una semiosfera hegemónica-dominante-nuclear como la occidentalizada, y, la otra, no hegemónica-dominada-periférica, como la danza conchera, por lo que la traducción actual tiene características y condiciones totalmente diferentes, pero igual de complejas.

Al parecer, la ‘palabra’ de la danza conchera fue la que logró establecer la mejor estrategia de resistencia para conservar la cosmovisión, cosmogonía y la cosmología como la tuvieron nuestros tatarabuelos, que es lo que brinda identidad y seguridad a nuestros pueblos. Una seguridad no sostenida en la sobreprotección, sino en el encuentro, reconocimiento y aceptación de uno mismo. Fortalezas psicoculturales que en una gran parte de la población mexicana a veces se siente cada vez más alejadas.

La práctica de la danza conchera es la verdadera heredera de una tradición, y constituye un verdadero reto, porque no es teoría sino acción, no es sentarse a contemplar las estrellas sino que es llegar a ellas y entender su existencia. No hay refutación sino obediencia, no hay guerras sino batallas, es una obligación pero con satisfacción, no sana los comportamientos mundanos pero sí fortalece la salud espiritual.

La evolución y el desarrollo mundial en la realidad se han comportado como una ilusión, y ante los hechos materiales reafirma la permanencia y el futuro de la danza conchera, porque seguirá conquistando corazones aunque se mueva como una semiosfera periférica. Es un modus vivendi que ofrece una alternativa a la inoperante oferta económico-social de la globalización mundial.

Imagen 6. Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Imagen 6. Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Foto: J. L. Valencia.

Es una alternativa de gobernabilidad, de algún modo similar al movimiento social que surgió a finales del siglo pasado, en los 90, por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, para denunciar la devastadora política neoliberal del gobierno en turno, que entre sus acciones tiene la obsesión por exterminar a los grupos étnicos, para apoderarse de su riqueza natural y convertirlas en oasis de los magnates, como lo han hecho hasta hoy. Lo fuerte de esta movilización fue su pronunciamiento y bandera de lucha, porque al proclamar el ‘mandar obedeciendo’, dan un giro contundente a la visión actual de la democracia y la población mexicana y mundial respaldan incondicionalmente su lucha. En estos mismos términos, se podría comparar a la danza conchera, porque, como se ha visto, su estructura de gobierno cumple con la misma convicción.

La Danza Azteca-Chichimeca, de Conquista, Conchera y de Tradición es de todos y para todos, y mientras siga existiendo permanecerá viva la Palabra Ancestral y la Fama y la Gloria de la Mexicoh-Tenochtitlán.

 

 

Referencias bibliográficas

Garibay, Ángel María (1940). Llave del Nahuatl. México, Porrúa.
Garibay, Ángel María (1953-1954). Historia de la Literatura Nahuatl. México, Porrúa.
Garibay, Ángel María (1964). Poesía Nahuatl. Romances de los señores de la Nueva España y Cantares Mexicanos. México, Universidad Nacional Autónoma de México. 3 volúmenes.
Gelb, Ignace (1952). Historia de la Escritura. Madrid, Alianza.
Gibson, Charles (1964). Los aztecas bajo el dominio español (1519-1810). México, Siglo XXI.
Haidar, Julieta (2005). La arquitectura del sentido. La producción y reproducción en las prácticas semiótico-discursivas. México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Haidar, Julieta (2006). Debate CEU—Rectoría. Torbellino pasional de los argumentos. México, Universidad Nacional Autónoma de México.
Hernández, Gabriel (2007). Cantos Ceremoniales, alabados de la tradición popular y de las danzas de concheros en Amecameca, Tepetlixpa, Huexoculco, San Rafael y Xalixintla; pueblos de arena y piedra. México, Editorial Gloria Minter Muñoz De Cote.
Morin, Edgar (2008). «Complejidad restringida y complejidad generalizada o las complejidades de la complejidad». Pensando la Complejidad 5, 27-41.
León-Portilla, Miguel (1980). Toltecayotl. Aspecto de la Cultura Nahuatl. México, Fondo de Cultura Económica.
León-Portilla, Miguel (1991)- Huehuehtlahtolli. Testimonios de la antigua palabra. México, Fondo de Cultura Económica y Secretaría de Educación Pública.
León-Portilla, Miguel (1996). El Destino de la Palabra. De la oralidad y los códices mesoamericanos a la escritura alfabética. México, Fondo de Cultura Económica.
León-Portilla, Miguel (2004). Antigua y Nueva Palabra. Antología de la literatura mesoamericana, desde los tiempos precolombinos hasta el presente. México: Editorial Aguilar
Lotman, Iuri M. (1996). La Semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto. Selección y traducción del ruso por Desiderio Navarro. Madrid, Cátedra-Universitat de València (Colección Frónesis).
Lotman, Iuri M. (1998). La Semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio. Selección y traducción del ruso por Desiderio Navarro. Madrid, Cátedra-Universitat de València (Colección Frónesis).
Ricard, Robert (1947). La Conquista Espiritual de México. Ensayo sobre el Apostolado y los Métodos Misioneros de las órdenes Mendicantes en la Nueva España de 523-1572. México, Fondo de Cultura Económica.
Sahagún, F. Bernardino de (1979). Códice Florentino. México, Archivo General de la Nación. Colección facsimilar en tres volúmenes.
Samsom, Geoffrey (1985). Writing Systems. Stanford, Stanford University Press.
Segala, Amos (1990). Literatura Náhuatl. Fuentes, identidades, representaciones. México, Consejo Nacional para la Cultura y las ArtesGrijalbo.
Valencia, José Luis (2004). La Velación de la Danza Conchera. Un análisis semiótico-discursivo. México, Tesis de Licenciatura en Lingüística (ENAH).
Valencia, José Luis (2006). «La semiosfera de la Velación Conchera. Un acercamiento desde la semiótica de la cultura». Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura 7 (Mayo 2006).
<http://www.ugr.es/~mcaceres/Entretextos/entre7/valencia.htm>
Valencia, José Luis (2008) Las Alabanzas de la Danza Conchera. Voces de resistencia Interdiscursiva. Cuentos de la memoria de una cultura. México, Tesis de Maestría en Antropología Social (ENAH).

 

 

 

 

Notas

1. In cuicatl in xuchitl, literalmente significa ‘el canto y la flor’; sin embargo, el difrasismo es una construcción gramatical de la lengua mexicana para unir dos unidades y hacerla una sola, pero con una carga metafórica, como en este caso, en el que in cuicatl in xuchitl se define como ‘poesía’.

2. Tollan es un término metafórico que se usaba para designar el sitio donde abunda agua y vegetación; por lo tanto, se puede hablar que eran las poblaciones grandes y florecientes, como el Tollan Teotihuacan, Tollan Chollolan, Tollan Xicocotitlan, Tollan Culhuacan, quienes las construyeron; fueron los toltecatl, o habitante de una Tula, el poblador de una ciudad o metrópoli. A su vez, el vocablo toltecatl hizo suyo el sentido de hombre refinado, sabio y artista. De él se formó a la postre el abstracto toltecayotl: el conjunto de todo aquello que pertenece y es característico de quienes viven en una Tollan, una ciudad. Los relatos en náhuatl nos dicen que la toltecayotl abarcaba los mejores logros del ser humano en sociedad: artes y urbanismo, escritura, calendario, conocimiento de las edades del mundo, orígenes y destino del hombre (León-Portilla 1980: 18). Actualmente el toltecayotl se entiende como ‘toltequidad’.

3. Códice de Cuauhtitlan, 1ª. parte. Llamado comúnmente Anales de Cuauhtitlan o Códice Chimalpopoca. El más valioso repertorio de Anales, Sagas y Poemas narrativos. No hay edición crítica.

4. Leyenda de los Soles o Crónica Mexicayotl, escrita por Fernando Alvarado Tezozomoc. Recoge Poemas, Sagas, Anales. Rica veta para la indagación. Edición crítica de la Universidad Nacional de México.

5. Historia Tolteca Chichimecatl, escrita por Fernando de Alva Ixtlixochitl. Recoge materiales abundantes y perdidos. Se redactaron las Relaciones en náhuatl. Fue traducida al castellano por Fernando Ramírez. Editado en México de 1890 a 1892. No hay edición crítica pero todo en su conjunto es muy valioso.

6. Huehuetlahtolli. Editado por Fray Juan Bautista. Rica fuente para la literatura didáctica.

7. Se sustituye un estribillo con el nombre de cada uno de los difuntos jefes de la danza recordados desde los más antiguos hasta los más recientes. Ahí se encuentran registrados danzantes desde el siglo XVIII.

8. Anotado por mi cuenta, porque su fallecimiento fue más reciente.

9. La Danza Conchera, también conocida como Azteca Chichimeca, es aquella que se considera como heredera de la danza practicada en la época precolombina. Históricamente se tuvo que enfrentar a situaciones inconvenientes generadas por la represión del proceso de la hispanocolonización, obligando a metamorfosearse estas prácticas religiosas en una intextualidad, como es el caso de la danza conchera, siendo destacado el uso de un atuendo distinto al que se conoce comúnmente en la imagen de guerrero azteca, ahora se usaba un faldón, plumas de avestruz, chaleco y camisola de manga larga; así como la ‘concha’, instrumento de cuerda construido de la concha de armadillo. En años recientes retornó el atuendo semejante al original y los instrumentos musicales de percusión se volvieron a utilizar (Valencia 2006).

10. A partir de los estudios que se han hecho sobre el origen de la escritura, se han identificado diferentes características: los pictogramas se relacionan con las marcas cuneiformes que iniciaron en Mesopotamia; los ideogramas nacieron de otra manera, del sistema de escritura léxica o logogramática como la china. Pero en el caso de la serie de pinturas con que se expresó en este continente, tienen otro estilo, no solamente contienen descripciones de una representación, sino que son realmente una escritura de contenido, por esa razón se les asignó el término de semasiograma (Gelb 1952 y Samsom 1985).

11. Este es uno de los mejores ejemplos que permite ilustrar cómo se puede dar, intencional o no, una pésima traducción sobre un término, porque los españoles se basaron para definir chichimecatl a partir de Chichi,‘perro’, y Mecatl, ‘mecate’ (lazo o cordón de fibra natural); entonces consideraron que es ‘perro amarrado con mecate’, como un ‘perro rabioso’. La traducción correcta viene de chiichi o chiichitia (con una [i:] alargada) que significa ‘amamantar’ y Mecatl, igualmente de ‘mecate’. Como ya se mencionó anteriormente, desde la perspectiva léxica no habría gran cambio en el sentido de la enunciación, pero si se realiza el análisis semántico entonces se determina que ‘amamantar’ no es sólo alimentar a los niños, sino también es amamantarlos de conocimiento, y mecatl, como en calmecatl (de calli,‘casa’), lugar de máximo nivel de enseñanza que se ha comparado con la Universidad, porque es la ‘casa de la medida’. De igual modo, tenemos entonces que chichimecatl sería ‘la medida del conocimiento’, lo que estaría acorde a la historia de un proceso formativo en la migración natural de los pueblos del Anáhuac. Recordemos que los mecates se usaron para hacer nudos y marcar las medidas temporales, como el denominado ‘atado de años’ que es el ciclo de 52 años.

12. A partir de entonces también se convirtió en el saludo o llamado a iniciarse los trabajos del ritual entre los danzantes: ¡El es Dios, compadritos!

13. Desde los primero criollos, cansados de ser españoles de segunda categoría y de estar marginados de las riquezas y de los principales cargos públicos, por el simple hecho de haber nacido en estas tierras aunque hayan sido hijos de colonizadores españoles, provocó que conspiraran contra la Corona, buscando para ello establecer una ideología que lo justificara, y adoptaron el grandioso pasado indígena, pero siempre valoraron al indio muerto mas no al indio vivo. Esta simulación mental se ha mantenido hasta la actualidad, nada más tenemos que revisar las políticas gubernamentales que bajo la consigna de ‘construir una Nación’ se ha pretendido exterminar a las comunidades indígenas, por las buenas o por las malas, porque siempre han molestado a la idea dogmática de ‘progreso’. No de igual manera, pero algunos intelectuales mantuvieron la misma idea, así podemos ver antropólogos y otros humanistas que exaltaron los grandes prodigios del pasado, pero seguían siendo apáticos ante la situación del indio contemporáneo. Continuando con lo mismo se puede observar en sus descendientes ideológicos, todos aquellos danzantes que se incorporaron al llamado ‘movimiento de la mexicanidad’, quienes pretender hacerle creer a cuanto ingenuo se le acerque que ellos son más indios que los propios indios, pero que en realidad lo único que han buscado es afianzarse para obtener jugosos beneficios aprovechando la creación de una historia fantástica y de ficción del mundo prehispánico. Una prueba de ello es que en 1992 se cumplieron 500 años de lo que oficialmente han llamado Descubrimiento de América , pero que para los nativos de aquí se planteó como de Resistencia de los Pueblos Indios, y durante este periodo, que se convirtió de un momento coyuntural, se fortalecieron estos grupos, en cantidad y en miembros. Quizás algunos con honestidad y otros no, pero fueron arribistas y chantajeando al mundo con la supuesta miseria en que quedó este continente después de la invasión española, obtuvieron beneficios económicos personales. Lo podemos ilustrar mejor con la intención de querer regresar a México el ‘penacho de Moctezuma’, algo que técnicamente es imposible por lo riesgoso del viaje; sin embargo, el autor de este movimiento mantuvo la idea con lo cual le llegaron cuantiosas ganancias, y todo se convirtió en un asqueroso fraude.

14. ‘Compadrito’ es el calificativo que todos los danzantes adquieren por el simple hecho de compartir la misma actividad. Sin importar jerarquías, todos son ‘compadritos’.

15. La obligación es el término que se refiere a cada una de las fiestas o peregrinaciones que hay que cumplir, ya sea propias o de ‘alianza’, que son las establecidas con los otros grupos y se han convertido en una tradición.

16. De acuerdo al pensamiento antiguo, se determinaba que cuando un ser adquiría la vida era porque el universo había concentrado toda su energía para producir una especie de chispazo vital, esas fuerzas integradas le darían el tonal al nuevo ser, el cual tiene varias acepciones: ‘luz’, ‘sol’, ‘camino’, ‘modo’, quizás lo más acertado sería ‘destino’; mientras que nahual sería su origen genético, derivado de una línea concreta de alguna especie animal, por lo tanto esta herencia se convierte en su ‘animal protector’.

17. La terapia para evitar el malestar de las ampollas es la que me trasmitió un compadrito danzante, es imaginar que al reventarlas, el líquido que se desprende es como si un agita refrescara nuestros pies. Y realmente hace efecto, se deja de sufrir.

18. El sargento será el primer cargo para que alguien logre avanzar dentro de las palabras, pero es el paso más sacrificado, porque en cualquier ritual que dure más de un día será el primero en levantarse, el último en llegar al destino, el ltimo en comer. Es el que está al servicio de todos los demás. Esto es un sufrimiento, pero es la satisfacción de cumplir con el deber del servicio social.

Principio del documento

Cómo citar este documento:

José Luis Valencia González. «La semiosfera de la Danza Conchera en México. Producción y reproducción semiótico-discursiva de la memoria de una cultura compleja ancestral». Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura. Nº 17-18 (2011). ISSN 1696-7356.
<http://www.ugr.es/~mcaceres/entretextos/entre17-18/valencia.html>


spacer spacer spacer spacer spacer spacer spacer spacer
pie_1_1 pie_1_2 pie_1_3 spacer
pie_2_3 pie_2_4 pie_2_5 spacer
pie_3_5 pie_3_6 pie_3_7 spacer
pie_4_2 pie_4_4 spacer
pie_5_6 spacer