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Acerca de Iuri Lotman*

JULIA KRISTEVA


¿Cuándo cayó el Muro de Berlín? Por más que este acontecimiento nos tomó por sorpresa en el otoño de 1989 —en verdad, nadie previó su rapidez o sus consecuencias—, creo que las fisuras en el muro comenzaron a sentirse claramente a principios de los años 60. Unos pocos estudiosos desconocidos —pensadores que expresaban ideas perturbadoras en idiomas herméticos— se estaban reagrupando, como una colonia de hormigas, para llevar a cabo labores subversivas. Demasiado compleja para la ya naciente cultura de los media, su obra era, desde luego, invisible desde París o Nueva York, pero los amos del Kremlin no estaban ajenos a sus efectos socavadores.

Iuri Lotman era uno de esos estudiosos. Nacido el 28 de febrero de 1922 en Petrogrado, doctor en filología, profesor de la Universidad de Tartu, Estonia, este ex-alumno de Vladímir Propp devino en 1964 el director de Trabajos sobre los sistemas sígnicos, una revista publicada por la Universidad de Tartu. Establecido como el primer estructuralista soviético con su libro Sobre la delimitación de los conceptos lingüístico y filológico de estructura (1963), Lotman publicó sus Lecciones sobre poética estructural en el primer número de Trabajos sobre los sistemas sígnicos (1964) y continuó sus análisis en La estructura del texto artístico (1970) y Análisis del texto poético (1972), antes de emprender el estudio del cine (1973) y, finalmente, en 1992, abordar la cultura como un hecho específico en Cultura y explosión. En total, produjo más de 550 textos.

Durante la extraña década de los 60, unos pocos previeron la ola del futuro en las discretas y modestas investigaciones de Lotman. Todavía dolida de la guerra de Argelia, Francia ya no podía ver la pertinencia de los tradicionales clichés gastados que eran propagados en La Sorbona y se estaba cansando de las generalidades metafísicas caras al existencialismo, que había sido renovado apenas superficialmente por unos pocos toques de hegelo-marxismo. Ya los ‘samurai’ de la generación estructuralista y postestructuralista estaban abordando paciente pero apasionadamente los nuevos signos que emanaban de la cultura circundante —de sus mitos, sus escritos, sus imágenes. Para ellos, el intenso análisis propuesto por la Escuela de Tartu y, muy en especialmente, por Lotman era un cómplice, si no un precursor, en el deseo de abordar el significado —del que sabíamos era la materia misma de los seres humanos— con una lucidez crítica que podía sacar a la luz lo carente de sentido y presagiar los cataclismos.

En 1968 publiqué en Tel quel (nº 35) la primera traducción francesa (en verdad, la primera occidental) de los semióticos de Tartu. Juntos, establecimos la Asociación Internacional de Semiótica. Aunque Lotman no pudo salir de la Unión Soviética para asistir al congreso fundador en Varsovia, devino vicepresidente de la asociación en 1968. La persecución de Lotman vino poco después. Infinitamente más protegidos, nosotros, en París, fuimos acusados solamente de esoterismo —¡y de espiar para los Rojos! Obviamente, la estupidez se presenta en todos los matices.

Aun así, los apparatchiks, tanto en la Derecha como en la Izquierda, seguramente sentían algo subversivo en las cogitaciones de Lotman. Primero, estaba su idea del texto como un ‘modelo reducido de la cultura’, no un fenómeno filológico, sino la actividad compleja e interactiva que crea el significado: la actividad semiótica. Esta idea desplazó el foco de atención del texto a su periferia, sumergiendo al texto en la historia y la sociedad: el texto es engendrado no sólo por el juego interno de elementos lingüísticos dentro de una estructura cerrada, sino también por movimiento y documentos culturales. La estructura sincrónica que leemos (por ejemplo, un texto particular de Shakespeare) es, pues, el producto de una confrontación de textos con lenguajes anteriores y circundantes. Engendrado por el diálogo cultural (nótese la influencia del Bajtín post-formalista), el texto genera el significado del lenguaje —no a la inversa, como se podría pensar fácilmente. Reaccionando contra un formalismo estrecho, Lotman ponía de relieve los principios generales que se hallaban fuera de la obra y hacía de la obra la más típica manifestación de los mismos.

Como resultado, el lenguaje del arte no podía ser estudiado mediante una simple transposición de modelos lingüísticos, como Jakobson y ciertos estructuralistas todavía insistían en hacer. Paralela a mi concepto de intertextualidad, Lotman elaboró una noción del arte como ‘sistema modelizante secundario’. Basado en el lenguaje natural, el arte es, no obstante, de otro orden, ‘supraestructural’: redistribuye la lógica primaria del lenguaje de acuerdo con nuevas reglas lógicas, dándole a la humanidad nuevas posibilidades mentales (o, como se diría hoy día, cognitivas), diferentes principios de lógica para la reconstrucción del sí mismo y del mundo.

A partir de ese punto, la semiótica era para Lotman la ciencia que reconoce la intercomunicación y el reprocesamiento —la ‘perestroika’, como dijo (véase Lotman 1994 [1981])[**]— de la información y de las estructuras como un hecho cultural esencial, como la esencia de la vida cultural y social. Sostenía que ninguna cultura, ningún estudio de la cultura, es posible sin tomar en cuenta la esencia transformadora del significado, una idea que suscita un problema para el formalismo —y para el dogmatismo.

Aplicó ese concepto semiótico o teórico no sólo a la historia cultural rusa, en especial al Eugenio Oneguin de Pushkin, sino también a Voltaire, Montesquieu, Velázquez. Al distanciarse de la semiótica clásica de Hjelmslev, Carnap, Peirce y Morris, no pasó, sin embargo, al tipo de análisis atento a los efectos del inconsciente o siquiera a muchos efectos individuales revelados por la estilística textual. Es lamentable que sus vuelos como teórico generalizador no estuvieran acompañados por una atención más específica al discurso excepcional de cada sujeto, que en definitiva constituye la riqueza de la literatura y la cultura.

No obstante, este hombre modesto, inmensamente culto, este meticuloso técnico que también era un improvisador de un inusitado poder de seducción verbal y un incansable generador de nuevas ideas, puso de relieve y en este sentido prefiguró la dinámica de los hechos culturales, incluyendo los cataclismos que la cultura rusa está experimentado actualmente. En el período actual de estancamiento, arribismo y regresión, parece correcto pensar que la obra de Lotman testifica de aquellos retoños de modesta pero tensa vitalidad que a veces —en verdad, con más frecuencia de lo que se pudiera pensar— crecen bajo las nieves del invierno ruso y que Occidente no siempre está suficientemente alerta, o no es suficientemente sensible, para detectar.

Me gustaría compartir con los lectores de PMLA mi convicción de que la vieja expresión rusa sobre los muertos adquiere, en el caso de este hombre, su significado literal, polifónico, cultural y transcultural —el tipo de significado que Iuri Lotman siempre supo cómo descifrar tanto en los textos como en los seres—: vechnaia pamiat’, Iurii Mijailovich. Nuestra memoria está siempre contigo, Iuri Mijailovich.

 

REFERENCIA

** I. M. Lotman. «The text within the text». PMLA 109-3 (Mayo, 1994), páginas 377-384. [Se trata de una traducción abreviada del trabajo publicado por vez primera en Trabajos sobre los sistemas sígnicos 14: 3-19 (1981).] [«Текст в тексте» [«Tekst v tekste»]. Ученые записки Тартуского государственного университета [Uchenye zapiski Tartuskogo gosudarstvennogo universiteta] 567 (Труды по знаковым системам 14: Текст в тексте) [(Trudy po znakovym sistemam14: Tekst v tekste)]. Tartu (1981), pásgs. 3-18. NE]

Principio del documento

* «On Yury Lotman». Publications of the Modern Language Association (PMLA) 109-3 (Mayo, 1994), páginas 375-376. Traducción del inglés al español de Desiderio Navarro. Este texto se publica por primera vez, en español, en Entretextos.

Cómo citar este documento:

Julia Kristeva. «Acerca de Iuri Lotman». Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura. Nº 10 (Noviembre 2007). ISSN 1696-7356.
<http://www.ugr.es/~mcaceres/entretextos/entre10/kristeva.html>

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