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Personalidad y creación en I. M. Lotman*

BORIS EGOROV


Le gustaban los escritores que, según él, ‘construían’ su propia vida (Karamzin, Pushkin), que se oponían a todo intento de intromisión en su vida privada, que luchaban con valentía y creatividad para conseguir sus objetivos. Le gustaban porque él mismo era así: contestatario y luchador. En los tiempos soviéticos resultaba extremadamente difícil alcanzar objetivos y resolver problemas individualmente: el hombre era conducido, por el Estado y por la ‘sociedad’, por un camino que él no había elegido. Sin embargo, aunque en un espacio muy estrecho, la libertad de elección sí existía y, dentro del mismo, Iuri Mijáilovich (en adelante, I. M.) supo organizar su vida y desarrollar su actividad científica, de manera que se puede hablar, en general, de una realización exitosa de lo concebido.

No obstante, no hay que hacerse ilusiones, pues muchas cosas se quedaron sin realizar por causas externas, pero I. M. resultó ser un magnífico ‘compensador’, por decirlo de alguna manera. Casi siempre se las arreglaba para reemplazar sus proyectos frustrados o imposibles: de su mejor época creativa de estudiante-doctorando, seis años se le fueron en el servicio militar. Estando en el frente encontraba tiempo para estudiar francés y, después de la desmovilización, estuvo trabajando tan intensamente que ya en el quinto curso de la universidad prácticamente preparó la tesis, que defendió pasado un año. Al no poder dar clases en su alma mater, la Universidad de Leningrado, encontró la extraordinaria Universidad de Tartu, donde fundó la no menos extraordinaria ‘escuela tartuense’. Ciertos ‘órganos’ —desvinculados, en teoría, de la ciencia y de la pedagogía, pero omnipresentes en la práctica— convirtieron a I. M. en ‘neviezdnoi’ [persona a la que le está prohibido salir del país. NT]. El extranjero estaba vedado para él, pero los libros del científico cruzaban fronteras, se traducían a decenas de lenguas e hicieron que el nombre de su autor fuera mundialmente conocido y Tartu —una tranquila ciudad estonia de difícil acceso para el extranjero— se convirtiera en lugar de peregrinaje de muchos jóvenes y otros consagrados humanistas.

I. M. nació un 28 de febrero de 1922 en el seno de una familia de intelectuales de Petrogrado-Leningrado, en la famosa casa, al principio de la Avenida Nevsky, donde en los tiempos de Pushkin se situaba la pastelería de Volf-Beranger. El círculo literario de los amigos de la hermana mayor, Lidia, influyó en su elección profesional. En 1939, I. M. ingresó en la Facultad de Filología de la Universidad de Leningrado, donde entonces dictaban clases famosos profesores y académicos: Grigori A. Gukovski impartía introducción a los estudios literarios; Mark K. Azadovski, folclore ruso; Aleksandr S. Orlov, literatura rusa antigua e Iván I. Tolstoi, literatura griega y romana antiguas. Su primer trabajo de curso lo escribió I. M. en el seminario folclórico de Vladimir I. Propp.

En octubre de 1940, al igual que otros jóvenes de su edad, I. M. fue alistado al ejército. Lo de formar parte del ejército antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, posiblemente, le salvara la vida. Si bien nuestro pueblo sufrió enormes pérdidas en la Guerra, los reclutas nacidos en 1922 y los años anteriores, tras superar el curso de instrucción militar, lucharon mejor que los chicos que llegaban al frente desde el pupitre.

La unidad a la que pertenecía I. M. (primero fue soldado, luego sargento en el regimiento de artillería de las Reservas de la Jefatura Suprema) fue trasladada al frente desde los primeros días de la guerra y durante casi todos los cuatro años permaneció en medio de encarnizados combates. I. M. atravesó, con el ejército que retrocedía, toda la parte europea del país, desde Moldavia hasta el Cáucaso, y luego avanzó en dirección al Oeste, hasta el mismo Berlín; estuvo en situaciones de lo más arriesgadas, bajo fuego de artillería y bombas, por su valentía y firmeza fue condecorado con órdenes y medallas, pero la suerte fue asombrosamente benévola con él: ni siquiera resultó herido, sólo una vez fuertemente contusionado. A finales de 1946, I. M. fue desmovilizado y reanudó sus estudios en la Universidad de Leningrado. El recién incorporado estudiante se sintió especialmente atraído por los cursos y los seminarios de Nikolai Ivanovich Mordovchenko: tanto por su método (investigación escrupulosa del objeto y de su amplio contexto histórico, cultural, literario y periodístico; conclusiones sólo en base a este minucioso análisis de hechos) como por las cualidades personales del tutor (inusual modestia, amabilidad y fidelidad a los principios), asimismo, y sobre todo, por el ámbito de sus temas e intereses: en aquel entonces, Nikolai I. Mordovchenko estaba trabajando en su tesis doctoral sobre la crítica literaria rusa del primer cuarto de siglo XIX. Precisamente, el interés de I. M. despertaban los avatares del pensamiento sociopolítico y la literatura rusos en la frontera de los siglos XVIII y XIX, en concreto, la obra de Nikolai Karamzin, Aleksandr Radishchev y la historia de la masonería rusa. Sólo más tarde, transcurridos unos diez años, una vez consolidada su base científica, I. M. abordaría el estudio de las siguientes etapas de la historia de la cultura rusa: los decembristas y Pushkin.

I. M. hizo sus primeros hallazgos científicos todavía siendo estudiante. En el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Saltikov-Shchedrin, en el cuaderno del masón Maxim Nevrozov, I. M. encontró una copia del documento de carácter declarativo de una de las tempranas sociedades secretas decembristas, la Unión (Orden) de Caballeros Rusos, cuyos fundadores fueron el conde Matvei A. Dmitriev-Mamonov y Mijaíl F. Orlov. La fuente en cuestión —«Breves enseñanzas para los c. r.» (léase, caballeros rusos) redactadas por Dmitriev-Mamonov— era conocida desde hacía tiempo por su título, que se mencionaba en las correspondencias y figuraba en los expedientes policiales de los decembristas. Empero, los investigadores no habían tenido suerte en sus búsquedas y el documento ya se consideraba perdido. El artículo que anunciaba el hallazgo, junto con el texto encontrado, fue publicado por I. M. en el Boletín de la Universidad de Leningrado[1].

Fruto de sus indagaciones científicas de la época universitaria, I. M. preparó otro artículo de considerable tamaño, en tres cuadernillos de imprenta[2]: «De la historia de la lucha literaria y social de los años ochenta del siglo XVIII. A. N. Radishchev y A. M. Kutuzov» (publicado en 1950 por la universidad de Leningrado en el volumen titulado Radishchev)[3]. El artículo analiza la polémica de Radishchev con su amigo y antagonista ideológico masón, Kutuzov, y, además, acomete el intento de reconstruir, grosso modo, la correspondencia perdida de los dos amigos. El problema de reconstrucción de anotaciones, proyectos y conversaciones que no se han conservado hasta nuestros tiempos, siempre estará en el foco de atención del científico. Por ejemplo, mucho más tarde, él escribiría un artículo sobre la obra concebida por Pushkin de la que sólo se conserva una palabra-título «Jesús».

Los trabajos de estudiante de I. M. ya están marcados, tanto en el contenido como en el método, por la originalidad de su pensamiento creativo. Antes que nada, para él, alumno de Nikolai I. Mordovchenko, le son propios la sistemática, la heterogeneidad y la contextualidad: todo evento literario se analiza en un amplio fondo social e histórico. Sus futuras investigaciones se verán enriquecidas por los métodos y los datos de la lingüística, la psicología, la arqueología, la museología, la historia de la vida cotidiana, la semiótica y el estructuralismo, la matemática y otras ciencias. Asimismo, cabe destacar el continuo interés de I. M. por los objetos contrastados: los fenómenos transitorios, indefinidos, inestables, y otros claros, enraizados, formalizados; por lo espontáneo, intuitivo, inconsciente y, en contrapeso, por la racionalidad y la sistematización; por los hechos concretos, el empirismo de los datos recopilados en los archivos y los periódicos, la objetividad viva, y, por contra, por el metalenguaje abstracto de las ciencias; por los genios, vértices del pensamiento social o de la literatura, y por lo cotidiano, las figuras secundarias. Más tarde, a todo eso se le añade el interés hacia las paradojas y la destrucción de los prejuicios arraigados.

En 1950, I. M. terminó la carrera en la universidad; sin embargo para él, judío, el camino al doctorado estaba vedado. En los últimos años que precedieron a la muerte de Stalin, en el país se desencadenó una lucha contra los ‘cosmopolitas’; en otras palabras, en la práctica se llevaba a cabo una campaña antisemita que, sobre todo, afectaba a las instituciones humanísticas. I. M. pudo encontrar trabajo en Estonia, donde el gobierno del partido soviético empleaba todas sus fuerzas en despidos y arrestos de los elementos ‘burgueses’ locales y no perseguía a los ‘cosmopolitas’. I. M. ocupó el puesto de profesor y, con el tiempo, se convirtió en jefe del Departamento de Lengua y Literatura Rusas del Instituto de Profesores de Tartu[4]. De modo que la llegada de I. M. a Estonia fue relativamente casual. No obstante, hay que tener en cuenta que no sólo le atrajeron la fama de una conocida ciudad universitaria y la ausencia, casi completa, del antisemitismo oficial, sino también los antiguos vínculos culturales e históricos que unían a San Petersburgo con Estonia, pues muchos escritores y personalidades de la sociedad rusa de principios del siglo XIX, los decembristas, estaban relacionados con Estonia a través de su biografía o de su obra. Después, I. M. escribiría muchos trabajos sobre este tema.

En 1952, I. M. defendió en la Universidad de Leningrado su tesis de candidato sobre la correlación estética entre Radishchev y Karamzin, y luego publicó toda una serie de trabajos sobre estos dos escritores. A su vez, el artículo «Radishchev y Mably» (1958)[5] abrió una larga secuencia de publicaciones del científico dedicadas a los vínculos entre la cultura rusa y la occidental (sobre todo, entre la rusa y la francesa, pero también entre la rusa y la alemana, la rusa y la italiana o la inglesa): «Nuevos datos sobre la llegada de Schiller a la literatura rusa» (publicado en Alemania en 1958 en alemán)[6], «Rousseau y la cultura rusa del siglo XVIII» (1967)[7], “«Acerca del problema “Dante y Pushkin”» (1980)[8] y muchos otros.

Con el artículo «Evolución de la concepción del mundo de Karamzin (1789-1803)» (1957)[9], I. M. comenzó a publicar un ciclo de trabajos sobre este célebre escritor y pensador ruso, culminado con la edición de Cartas de un viajero ruso, dentro de la serie académica «Monumentos literarios» (1984; este libro fue preparado por I. M. en colaboración con Nonna A. Marchenko y Boris A. Uspenski)[10], la monografía Creación de Karamzin (1987; serie «Escritores sobre escritores» de la editorial ‘Kniga’)[11] y el artículo sobre la obra más complicada de Karamzin, Sobre la vieja y la nueva Rusia (1988)[12]. Se trata aquí de los trabajos publicados; sin embargo, no hay que olvidar que el interés de I. M. por la obra de Karamzin se remonta a su época de estudiante y que entonces él ya tenía claro que el verdadero valor del patrimonio artístico karamziano no coincidía con los juicios oficiosos: reaccionario, idealista y monárquico (así eran las fórmulas con las que tachaban al escritor en los años anteriores y posteriores a la guerra). Hay que resaltar la valentía y la honradez de Nikolai I. Mordovchenko y del jefe del Departamento de Literatura Rusa, Grigori A. Gukovski, que no sólo no le prohibieron al estudiante investigar sobre este ‘peligroso’ escritor, sino que le animaron en sus búsquedas. Un gran artículo de I. M. sobre Karamzin y los masones fue aceptado por Gukovski para el tercer tomo de la edición académica XVIII век [El siglo XVIII] que, sin embargo, desapareció tras el arresto del profesor (¿puede que este artículo se conserve todavía entre los archivos de la KGB?).

El conjunto de trabajos karamzianos de I. M. es uno de los más importantes en su obra. Revisión de antiguos juicios parciales sobre Karamzin, revelación de los elementos ‘republicanos’ y ‘utópicos’ en la concepción del mundo del joven viajero ruso, virtuoso descubrimiento de las fechas reales (no aquellas que se deducen del texto de la obra o figuran allí) de la estancia de Karamzin en París durante la Revolución francesa, análisis de la compleja unión del monarquismo y del original ‘liberalismo’ del Karamzin tardío, carácter histórico-artístico de Historia del Estado Ruso: sólo es una relación de los más fundamentales hallazgos del científico. Lo más importante es que I. M. fue uno de los primeros en ‘rehabilitar’ a Karamzin, en despojar su imagen de sellos tergiversadores, resultado del tratamiento primitivo, vulgar y sociológico de la obra de nuestro clásico.

Paralelamente, I. M. estudiaba la vida y la obra de los escritores y las personalidades del panorama sociopolítico de principios del siglo XIX, que pertenecían a las siguientes generaciones pre-decembristas, después de Karamzin y Radishchev: Aleksei F. Merzliakov, Vasil’ G. Anastesevich, Andrei Turgenev, Andrei Kaisarov, príncipe Piotr A. Viazemski, etc. En sus concepciones del mundo, el investigador observó la presencia de la tradición ilustrada del siglo XVIII y una compleja y contradictoria coexistencia de las conciencias aristocrática y burguesa-democrática[13].

Simultáneamente a su empleo en el Instituto de Profesores, I. M. empezó a dar clases en la Universidad de Tartu, primero como lector por horas y luego, en 1954, fue invitado a ocupar el puesto de ‘docente’ de plantilla. Toda su vida posterior estaría relacionada con esta universidad. En 1963, I. M. recibió el título de catedrático. Durante muchos años (desde 1960 hasta 1977) fue jefe del Departamento de Literatura Rusa, aunque realmente siguió dirigiéndolo, de manera no oficial, hasta el fin de sus días, pese a que, por los años setenta, los recelosos órganos por fin comprendieron que Lotman, junto con todo su departamento, resultaba no menos peligroso para la ideología soviética que el profesorado estonio ‘burgués’. Trataron de disolver el departamento; concretamente, I. M. fue depuesto del cargo de jefe del departamento y trasladado al Departamento de Filología Estonia, a la cátedra de Teoría de la literatura[14]. Por suerte, allí terminó todo, ya que Lotman siguió impartiendo clases en el Departamento de Lengua y Literatura Rusas.

En los años 1950-1960, el rector de la Universidad de Tartu fue Fiodor D. Klement, cuya personalidad combinaba de un modo único los rasgos del funcionario soviético, miembro del partido (miembro del Comité Central del Partido Comunista de Estonia, diputado del Consejo Supremo de la URSS), del marxista sincero y del hombre de ciencias que trataba con delicadeza a los jóvenes científicos. Gracias a él, el Departamento de Literatura Rusa recibía plazas efectivas adicionales y desde 1958 obtuvo derecho, junto con el Departamento de Lengua Rusa, a publicar una vez al año un tomo de la nueva serie de Ученых записок [Uchenyh zapisok, Apuntes científicos], Труды по русской и славянской филологии [Trudy po russkoi i slavianskoi filologuii, Trabajos sobre filología rusa y eslava]. Klement no encajó en la corte de la cínica y falsa cúspide gobernante; con la llegada de los ‘hielos’ de Brezhnev se lo ‘comieron’: fue jubilado. Gracias a Dios, para aquel entonces el departamento ya se había consolidado suficientemente y todas las posteriores ‘broncas’, reprimendas y prohibiciones de los ya publicados Ученых записок [Apuntes científicos] no pudieron doblegar moral e ideológicamente a sus colaboradores.

En los primeros volúmenes de Труды по русской и славянской филологии [Trabajos sobre filología rusa y eslava], en las publicaciones en XVIII век [El siglo XVIII] de Leningrado, en prefacios y comentarios para los libros de la serie «Biblioteca del poeta» (los tomosde Aleksei F. Merzliakov, Poetas de principios del XIX, y, más tarde, de Nikolai M. Karamzin, Poetas de 1790-1810), asimismo en otras ediciones académicas, I. M. publica variantes anteriores o, en cambio, partes reelaboradas de su tesis doctoral, Los caminos del desarrollo de la literatura rusa del periodo pre-decembrista, leída en 1961 en la Universidad de Leningrado.

La elaboración de este estudio fundamental se basa en el trabajo realizado en diez archivos de Moscú y Leningrado, más el exhaustivo examen de todas las revistas de 1800-1815 y de todas las obras artísticas editadas en libro del mismo período. La tesis compendia todo el material recopilado. Siguiendo el propósito del autor, los hechos concretos de la literatura y de la crítica literaria son incluidos en los complejos sistemas de carácter sociopolítico y filosófico y en el contexto de la intensa lucha ideológica de principios del siglo XIX. En aquella época, I. M. tenía especial interés en cómo determina el pensamiento sociopolítico el desarrollo de la literatura. Para la época pre-decembrista, anterior a Pushkin, este enfoque tenía su fundamento: la literatura rusa estaba abriendo su propio camino y su dependencia de las ideas sociopolíticas y filosóficas de estos u otros grupos a menudo resultaba clara e inmediata. Pero, incluso entonces, tal como lo ha demostrado el científico, la compleja relación entre la ideología y la creación artística individual hacía surgir —gracias a los eminentes talentos de Karamzin, Zhukovski o Krylov— extraordinarios fenómenos literarios.

En la tesis doctoral de I. M., muchos de los conceptos comúnmente aceptados fueron sometidos a una revisión radical. Especialmente ilustrativo resulta el ejemplo con las ideas ampliamente extendidas sobre el carácter clasicista de las Conversaciones shishkovianas[15] y romántico de los integrantes del grupo Arzamas[16]. I. M. ha demostrado de modo convincente que los poetas de las Conversaciones no eran ajenos a la literatura pre-romántica y que el interés de Shishkov por el eslavo eclesiástico revela una tendencia contraria al clasicismo, hacia la tradición poética nacional, la ‘leyenda’, y no hacia la razón. Al mismo tiempo, los principales poetas de Arzamas (los dos Pushkin, Viazemski y Batiushkov) a menudo buscaban apoyo en la autoridad de los clasicistas ortodoxos Boileau y Racine.

Durante la elaboración de su tesis, I. M. vuelve a ampliar el ámbito de sus intereses científicos y comienza a estudiar en profundidad a los decembristas, a Pushkin y a Lermontov. Su primer trabajo generalizador (escrito en colaboración con Boris F. Egorov y Zara G. Mints) fue el artículo «Principales etapas del desarrollo del realismo ruso» (1960)[17]. A Lotman le corresponde la extensa parte de este artículo dedicada a la primera mitad del siglo XIX. El mismo año aparece su primer trabajo importante sobre Pushkin: «Sobre la evolución de la construcción de los caracteres en Evguenii Oneguin[18].

En el futuro, I. M. se va a dedicar con mayor intensidad al estudio del pensamiento sociopolítico y literario de la época pushkiniana, que convertirá en el principal objeto de sus investigaciones históricas e histórico-literarias. También aquí somete a una revisión cardinal los distintos puntos de vista de común aceptación. Así, en el artículo «Fuentes de la “corriente tolstoiana” en la literatura rusa de los 1830» (1962)[19], I. M. demuestra que junto con la línea magistral, bien estudiada, que va desde Pushkin y Lermontov hacia Gógol y la escuela natural, en la literatura y el arte de aquellos años existía otra tendencia —que encontró su reflejó en la obra del Pushkin tardío, en Lermontov, Gógol (en pintura, en Aleksandr A. Ivanov)—, que tradicionalmente suele llamarse ‘tolstoiana’, y que se caracteriza por la confianza depositada en el estado democrático patriarcal y el trabajador libre, por el rechazo a la civilización y los modernos sistemas sociopolíticos y por la reproducción artística de la vida ideal, armónica y patriarcal.

Al mismo tiempo, en éste y en otro artículo, escrito paralelamente, «La estructura ideológica de La hija del capitán» (1962)[20], I. M. presenta de manera inusual el significado artístico y ético de las búsquedas —en toda su profundidad reflejadas en La hija del capitán— del Pushkin tardío: los intereses sociales y las prioridades de diferentes clases sociales son antagónicos, pero por encima de ellos están las muestras de humanidad y de piedad. Éstas son las que más valora el Pushkin de los 1830 y por eso destaca las clemencias ‘ilegales’ de Pugachev y de Catalina II.

I. M. escribió sobre Pushkin varias decenas de artículos, todos ellos contienen hallazgos y merecen un análisis especial. La cumbre de sus estudios pushkinianos está compuesta por tres libros: La novela Evguenii Oneguin en los poemas de Pushkin: Curso introductorio a la lectura del texto (1975)[21], La novela de A. S. Pushkin Evguenii Oneguin: Comentarios: Material para el profesor (1980; 2ª ed., 1983)[22], Alexandr Sergeevich Pushkin. Biografía: Materiales para el alumno. (1981; 2º tiraje, 1982; 2ª ed., 1983)[23]. Publicado por la Universidad de Tartu, el primero salió con una tirada de tan sólo 500 ejemplares, pero los dos siguientes, publicados por la editorial «Prosveshcheniye» de Leningrado, salieron a la venta en cantidades insólitas: la biografía de un millón y el comentario de 550 mil ejemplares.

El primer libro (casi un folleto) ofrece una sinopsis de los más importantes principios artísticos de Pushkin, desde el punto de vista del investigador, plasmados en su gran novela en verso. De acuerdo con el método literario de Lotman, Evguenii Oneguin es considerada una obra llena de contradicciones intencionadas e inconscientes: desde los detalles de la vida cotidiana (por ejemplo, en el tercer capítulo se dice que la carta de Tatiana está en poder del autor de la novela, mientras que en el octavo se afirma que la tiene Oneguin) hasta los más fundamentales rasgos de la estructura (la novela posee un carácter fragmentario y unitario al mismo tiempo, está acabada e inconclusa; la sencillez se consigue a través de la complicación, lo típico se combina con lo casual). Asimismo, I. M. procura mostrar el dinamismo, la evolución del argumento, de los personajes y principios artísticos: por eso habla tanto del movimiento y de las pulsaciones, del ‘destello’ de diversos elementos, como si la obra que está delante de nosotros no estuviera petrificada en la historia sino que fuera un ser vivo. Es así, el verdadero arte nunca se detiene, se hace la vida misma e influye en la vida de la sociedad.

Especialmente importante para la comprensión de la novela de Pushkin resulta el segundo libro, el comentario de Evguenii Oneguin. Cada generación vive en el mundo de determinadas culturas —temporales, nacionales, sociales y regionales—, creando sus propios valores espirituales, normas de conducta, objetos de vida cotidiana, de los que pocos se perpetúan a través de los siglos, aún más porque el cambiante contexto cultural puede interpretar y utilizarlos de manera muy diferente, sin mencionar el hecho de que los hombres de toda época tienden a atribuir su propia cultura espiritual y material a las generaciones anteriores. De ahí que existan tantos anacronismos en las obras artísticas que tratan del pasado, incluso del más reciente. (Un ejemplo de primera mano: recibí una carta de un compañero de infancia que, siendo adolescente, se vio obligado a trabajar en el ferrocarril de la región de Kursk durante la ocupación fascista de 1942. Pues en la memorable película de Aleksei German, Control en los caminos[24], él encontró más de una decena de aberraciones en la reproducción del período de la ocupación; y eso que la intención de German fue la de ser fiel a la verdad histórica, incluso en los detalles).

Por otro lado, la cotidianidad, aburrida y estandarizada, de ciertos objetos de la cultura espiritual y material no suele tener cabida en los textos manuscritos y publicados y, por lo tanto, puede desaparecer para siempre de la memoria histórica. Los historiadores de la Antigua Rus’[25], por ejemplo, no han logrado dar con la respuesta a la pregunta: ¿conservaban nuestros ancestros pepinos en salazón?

Lo dicho incita a pensar que una obra realista, por su esencia, rebosa de realidades de carácter material y espiritual. Sí, sí que las tiene; no obstante, en primer lugar, muchas de ellas terminan olvidadas o mal interpretadas en el nuevo contexto histórico. En segundo lugar, un escritor-realista suele dejar fuera muchos atributos de la vida cotidiana contando con que el lector contemporáneo esté familiarizado con el contexto, o incluso se limita a las alusiones que sólo pueden ser comprendidas por algunos de sus coetáneos. Las siguientes generaciones ya se encuentran con dificultades. Precisamente una obra realista es la que más pierde al trasladarla a otro medio histórico o nacional. Así, por ejemplo, la ausencia en las culturas occidentales (y, por consiguiente, en su estructura administrativa) del concepto de ‘chin[26] con su específico significado —establecido en Rusia después de Pedro I y sobre todo en la época de Nicolás I—, hace difícil para el lector la comprensión de la naturaleza de la obra de Gógol, del aspecto fantástico de La nariz, etc. Otro ejemplo: el lector que nunca ha estado en Crimea o Moldavia percibirá adecuadamente, sin dificultades, La fuente de Bajchisaray o Los cíngaros, pero aquel que jamás ha estado en San Petersburgo, no comprenderá plenamente ni El jinete de Bronce, ni Noches blancas o Crimen y castigo de Dostoievski.

Precisamente por eso, las obras realistas requieren un comentario especial, no sólo terminológico, sino también que explique los rasgos de aquella vida que tiende más allá del texto. Semejante comentario no puede ir sujeto a una línea, sino que comprende la creación de ensayos completos. Hasta ahora sólo ha habido un intento de estas características: en 1934, la editorial «Academia» publicó, en un tomo especial (el 3º), el extraordinario comentario de Gustav Schpet de Los papeles póstumos del Club Pickwick. Empero, este experimento cayó en el olvido y el comentario lineal prácticamente se convirtió en la única variante posible para este tipo de publicaciones. Por ejemplo, tal es la estructura del libro de Nikolai L. Brodsky, Evguenii Oneguin. La novela de A. S. Pushkin. Material para los profesores de secundaria[27], que en su tiempo tuvo una impronta positiva, aguantó cinco reediciones (1932-1964), pero que ahora resulta obsoleto en muchos sentidos.

De modo que la decisión de I. M. de acompañar el comentario lineal y de vocabulario con ensayos generales sobre la vida de la época de Oneguin, tiene un buen precedente histórico. No obstante, entre estos dos comentarios existen profundas diferencias, originadas tanto por la disimilitud entre Evguenii Oneguin y Club Pickwick como por la heterogeneidad de planteamientos de sus autores. El comentario de Schpet es preferentemente histórico-social mientras que el comentario de Lotman, aunque también incluye información sobre la vida cotidiana de la época, tiene por objetivo la creación de una amplia perspectiva histórico-cultural.

Cerca de cien páginas del libro de I. M. ocupa el «Ensayo sobre la vida cotidiana de la época de Oneguin». En este apartado, sobre un amplio material (por lo general nuevo, nunca antes utilizado para este fin) se exponen temas sobre el patrimonio nobiliario, educación, empleo, educación de doncellas, planos e interiores de las residencias de hidalgos, vida cotidiana de la capital y de la provincia, diversiones, servicio postal, etc. Sin embargo, todo este material está estrechamente relacionado con el mundo espiritual y las nociones morales e ideológicas. Así, por ejemplo, el libro ofrece un estudio detallado de normas y reglas del duelo ruso. El autor demuestra que sin comprender una serie de aspectos sutiles y específicos de esta cuestión, todo el episodio del duelo se vuelve oscuro o, aún peor, se interpreta erróneamente. La exposición de las normas del duelo es incluida por el autor dentro del análisis general de las normas de conducta del hombre del entorno de Oneguin, del complejo concepto de honradez. Sin estos conocimientos, el lector no entendería ni el procedimiento, ni el significado del duelo (un lector moderno a menudo tiende a ver en el duelo un simple asesinato en lo que, paradójicamente, coincide con el punto de vista gubernamental, desde Pedro I hasta Nikolai Petrovich). El autor también nos dibuja la imagen cotidiana del baile como un rito cultural que organizaba la vida nobiliaria de aquella época. El objetivo de este apartado del libro consiste en introducir al lector en el mundo de los personajes pushkinianos, descubrirlo por dentro. (Anotemos que el referido apartado sirvió de base para el libro más fundamental de Lotman, terminado poco antes de su muerte: Conversaciones sobre la cultura rusa:vida cotidiana y tradiciones de la aristocracia rusa (siglo xviii—principios del siglo XIX), publicado en 1994 por la editorial «Iskusstvo» de San Petersburgo)[28].

La segunda de las dos principales partes del libro —comentario lineal y de vocabulario— ocupa mucho más espacio: es tres veces mayor que la primera. Como señala I. M., la novela pushkiniana introduce en la narración multitud de realidades: ello pone de manifiesto su importancia y, por consiguiente, la imposibilidad de conocer el texto plenamente sin comprenderlas antes. Por eso, el comentario real aparece aquí con una extensión mucho mayor de lo que solía ser hasta entonces.

Por otro lado, Evguenii Oneguin es una obra que destaca por la complejidad de su estructura textual: alusiones, reminiscencias, citas explícitas e implícitas, todos los matices semánticos: desde lírica y énfasis hasta ironía y sarcasmo componen la textura de la novela en verso pushkiniana. El ‘juego’ constante que mantiene el autor con su lector, la imitación de una ‘charla’ informal (expresión de Pushkin), que en realidad es resultado de una sutil y compleja labor del autor, pone a un lector atento, que no se conforma con deslizarse por la superficie del texto, ante la necesidad de reflexionar sobre cada verso de la novela. La misma ligereza y la aparente accesibilidad de los versos pushkinianos, el hecho de que los seguimos recordando desde la infancia, puede ser una fuente de confusión.

Por eso, I. M. examina, con más detalle de lo que nadie antes lo había hecho, la compleja trama de asociaciones y alusiones que entretejen la novela, citas polémicas y reminiscencias, alusiones irónicas y todo aquello que hace incluir el contenido y la forma de Evguenii Oneguin en el gran contexto de la cultura mundial.

Finalmente, hablemos del tercer libro pushkiniano de Lotman, el de la biografía. El autor —en un espacio bastante reducido (doce cuadernillos de imprenta)[29]— supo transmitir mucho. En el libro encuentra cabida un número considerable (nunca abusivo, sin excesos) de hechos de la vida del genio y de la vida de su época. Al mismo tiempo, según se desarrolla la narración, se proporcionan breves características de las personas del círculo de Pushkin (sus padres, fundadores del Liceo, compañeros mayores: Nikolai Turgenev, Chaadaev... ¡decenas de nombres!), se describen ciudades y edificios, modas literarias y de la vida cotidiana, operaciones económicas y desviaciones psicológicas… Todo eso hubiera sido interesante de por sí, puesto que revela la magnífica erudición del autor, que sabe mucho más de lo que expone en el papel (y eso siempre se nota), pero en los tiempos que corren es difícil sorprender sólo con la erudición. El valor principal de la biografía lotmaniana de Pushkin, así como de su comentario de Evguenii Oneguin, consiste en el análisis de hechos y en su sistematización.

Ante todo, el libro está impregnado de historicismo. Siguiendo una buena tradición del siglo XVIII, I. M. prefiere utilizar letras mayúsculas para nombrar conceptos especialmente importantes y preciados: Cultura, Historia, Hogar, Libertad, Poder, etc. Imitando esta manera de Lotman se podría hablar del predominio del Historicismo en el libro: la biografía pushkiniana está inscrita dentro de la Historia rusa y europea, que, a su vez, había condicionado el desarrollo de determinados principios filosóficos, morales y artísticos e influido en los acontecimientos, destinos y caracteres… Es curioso que la introducción del libro no esté dedicada a la exposición del método con el que el investigador se propone a llevar a cabo su trabajo (anotaciones de tipo metodológico están dispersas por diferentes capítulos), ni tampoco a la discusión con sus predecesores, ni al relato sobre los antepasados de Pushkin, sino a un ensayo histórico sobre Rusia y Europa de primer cuarto del siglo XIX, a la breve exposición de los principales rasgos de la época, sobre todo del período de la Guerra Nacional de 1812 y del decembrismo. El historicismo impregna todo el texto del libro: se percibe en la descripción de personas, eventos, del método romántico y de las innovaciones realistas…

La concepción histórica del método hace posible la explicación de las particularidades del comportamiento pushkiniano, al igual que de ciertos aspectos específicos de algunas esferas enigmáticas de su vida y obra. Por ejemplo, I. M. resuelve ingeniosamente la vieja disputa de los estudiosos de literatura sobre el tema del ‘secreto’ y ‘no correspondido’ amor del poeta, aludido en versos y cartas del período de su exilio sureño: en el libro se demuestra de manera convincente la mistificación real y literaria que Pushkin llevó a cabo según los cánones románticos.

Cuando en la Historia emerge una persona extraordinaria, no siempre entre ellas se establece armonía; recordemos el impactante verso de Pushkin: “Y seré eternamente querido por mi pueblo/ […] porque […] mi lira […] cantó a la libertad en mi siglo de hierro”[30]. Uno de los temas mejor elaborados del libro es el del Hogar en la vida y obra de Pushkin: ausencia del verdadero sentido de hogar en la infancia, su sustituto en la hermandad liceísta, esfuerzos titánicos del hombre adulto por crear su propio Hogar. Debido a que Pushkin llegó a constituir este Hogar en una época bastante tardía de su vida, él, convencido historicista, también admitió a conciencia el vínculo entre el Hogar y la Historia. Pero el ‘siglo cruel’ no permaneció dentro del papel que le había conferido Pushkin en sus ideales —quedarse en la entrada del Hogar—, sino que irrumpió con descaro dentro del mismo, destruyó el Hogar y se llevó la vida del Poeta, que en solitario pretendía defender su casa (unos años atrás, defendiendo —también en solitario— su honra personal y la del Estado, murió Griboedov en un enfrentamiento con la muchedumbre fanática).

Al mismo tiempo, no podemos olvidarnos de la otra idea predominante de Lotman, que atraviesa todo el libro: el concepto de la intencionada edificación de su propia vida [‘жизнестроительстве’, ‘zhiznestroitel’stve’] por parte de Pushkin. “Vivir en una constante tensión de pasiones fue para Pushkin no tanto una cesión a su temperamento, como un objetivo, un programa de vida formulado a conciencia”; Pushkin creó “no sólo el arte insuperable de la palabra, sino también el arte de vivir absolutamente irrepetible”; “Pushkin siempre había construido su vida privada…”.

Esta idea ya fue objeto de discusión, sobre ella escribieron todos los reseñadores: unos la aprobaban y otros la rebatían[31]. El autor de estas líneas pertenece a los oponentes de dicha idea. Si I. M. se hubiera limitado al período ‘romántico’ de la vida y obra de Pushkin, no habría lugar para discusiones: alteración de distintas máscaras de comportamiento, romantización de la vida, ingenuas y duras ‘lecciones’ morales que da el poeta a su hermano Lev en una carta de 1822, todo esto encaja bastante bien dentro del concepto de la intencionada construcción de la vida, aunque aquí también puede haber excepciones.

En lo referente a otros períodos, y en general, a la esencia del carácter y comportamiento pushkinianos, aquí I. M. resulta demasiado categórico. La verdad es que él hace las correspondientes aclaraciones: “Sería incorrecto ver en la ‘construcción de la personalidad’ un proceso estrictamente racional: como en el arte, el plan concebido aquí coexiste con hallazgos intuitivos y ocurrencias momentáneas que corroboran la decisión. Todo eso junto constituye aquella mezcla de lo consciente y lo inconsciente, que es propia de cualquier acto de creación”. Sin embargo, tampoco aquí el autor del libro se desprende del ‘plan concebido’, ‘construcción’ y ‘creación’ de la vida. Entre tanto, la biografía de cada persona, incluida la de los genios, se compone de una multitud de casualidades que no siempre dejan margen para la ‘creación’ de la vida; aquí a menudo entra en juego el núcleo social y natural de la personalidad como el regulador decisivo de su conducta, fuera de sus propósitos conscientes o inconscientes. Además, no deberíamos negar el temperamento pushkiniano y poner sus pasiones al servicio de un programa elaborado.

Sobre todo, resulta difícil admitir el concepto de ‘construcción de vida’ aplicado a los últimos meses de vida de Pushkin. Antes que nada, genera protestas la valoración final. Después de las brillantes páginas donde se muestra cómo la Historia irrumpe en el Hogar del Poeta, su trágica lucha y la muerte, de repente se afirma que en estos tremendos días “resulta imposible no advertir una estrategia deliberada en el comportamiento pushkiniano y su firme voluntad de cumplir con lo concebido”: incluso se insiste en que “Pushkin se moría no como un vencido, sino como triunfador”. No se puede presentar el trágico destino de un hombre acorralado —cuyo Hogar fue destruido y contaminado, al que volvieron la espalda hasta sus íntimos amigos— como una ‘estrategia deliberada’ y mucho menos como un triunfo. La historia siempre es más fuerte que un hombre, aún más si es la historia del período de un ‘siglo cruel’. En dichas circunstancias, como en un mundo de bandidos, los que mejor se adaptan, los supervivientes, son aquellos que se alejan lo máximo posible de la sociedad o que, al menos, no forman familia y mucho menos construyen un Hogar. Pushkin, ‘haciendo frente a los elementos’, decidió romper con esta regla y se volvió muy vulnerable, pues el Hogar es lo que hace al hombre más frágil ante la Historia. Es una tragedia y sólo una catarsis histórica de la que participan la personalidad genial del poeta, sus geniales obras y los extraordinarios trabajos sobre él, purifica y eleva nuestras almas y hace que coincidamos con el otro genio del siglo XX en que, pese a la tragedia, Pushkin es un ‘nombre alegre’.

Dejemos claro que Lotman en absoluto pretende mitigar el carácter atroz de la Historia: el libro da muestra de múltiples dificultades, dramas, contrastes e infamias. Mencionemos sólo un episodio intercalado: Karolina Sobańska “—de familia culta y noble, que había recibido una educación brillante, glorificada por Mickiewicz, locamente enamorado de ella, y por Pushkin— […] fue amante y agente político del Jefe de las Poblaciones Militares del Sur, Ivan Osipovich Vitte. Vitte, una persona sucia en todos los sentidos, acariciaba planes muy ambiciosos. Al tanto de la existencia de la Sociedad Secreta, […] sopesaba si sacaría más provecho entregando los decembristas al gobierno o, en caso del triunfo de aquellos (que no descartaba), entregando el gobierno a los decembristas. Por su propia iniciativa mandó espiar a Aleksandr y Nikolai Raevsky, Mijaíl Orlov, Vasili L. Davydov y, en el momento decisivo, vendió a todos ellos”. No obstante, todas las contradicciones y dramas parecen estar ajenas al alma pushkiniana, sobre todo en lo que se refiere al período de 1830. Mientras tanto, la vida y los arduos caminos del arte de Pushkin estaban llenos de dramas. Al final de su vida, el poeta se encontraba en complejas búsquedas de nuevas ideas y formas, de las que hablan los poemas de 1836, la anterior enigmática novela corta Dubrovsky y los manuscritos de las obras concebidas. I. M., muy certero, dijo a propósito del 1830: “Pushkin se había adelantado tanto a su tiempo que a sus contemporáneos les empezó a parecer que él se había quedado atrás”. Esto incrementaba el dramatismo interno del poeta.

En lo que también contradice el libro el concepto de ‘construcción de vida’ es la atracción (perfectamente reflejada y analizada) que siente Pushkin por el riesgo, por las situaciones que dan lugar a muestras de valentía (“Hay embriaguez en la batalla”[32]): “…en su conducta personal, Pushkin […] presentaba una imperante necesidad de jugar con el destino, de irrumpir en la esfera de lo predeterminado, de la osadía. Parece que la filosofía de la ‘resignación a la realidad’ en la conducta personal debería suscitar abnegación ante las leyes objetivas, sumisión y obediencia. En el caso de Pushkin, esta filosofía le conducía a lo opuesto: a las explosiones convulsivas de la desobediencia rebelde. Pushkin fue un hombre valiente”. ¡Es así de verdad!

Las discusiones del autor del presente artículo, al igual que las de aquellos que habían reseñado el referido libro anteriormente, con el concepto lotmaniano de la consciente ‘construcción de vida’ no deben hacerle obviar al lector este problema: primero, puede haber diferentes opiniones; y, segundo, incluso siendo contrario a una idea descomunal, la percibes sobre el fondo de lo ya conocido, con lo cual se despliega un panorama tridimensional, estereoscópico y que aclara nuevos aspectos.

Sobre los extraordinarios méritos del libro de Lotman ya se ha escrito mucho y antes de nuestro artículo. Destaquemos también la admirable delicadeza con la que trata el autor el tema, especialmente complicado —teniendo en cuenta los destinatarios del libro (estudiantes de colegios)—, de las mujeres en la vida de Pushkin. Sobre todo a I. M. le han salido bien las páginas dedicadas a Anna P. Kern y Natalia N. Goncharova-Pushkina.

El libro contiene una selección de acertadas características y observaciones que también ya han sido destacadas por sus reseñadores. Asimismo, subrayemos la idea que se desarrolla en el libro sobre los tres períodos en la elección de amistades de Pushkin: desde el Liceo hasta Odessa incluido, prevalecen amigos mayores; en Mijailovskoe, se acentúa su interés por la gente de su generación; en los años treinta, aparecen amigos menores que él. Cabe destacar otra particularidad del libro, señalada al mismo tiempo por dos reseñadores, A. I. Ar’ev (В мире книг [V mire knig, En el mundo de libros] 1, 1983) e I. N. Chumakov (Русский язык и литература в киргизской школе [Russkii iazyk i literatura v kirgizskoi shkole, Lengua y literatura rusas en la escuela kirguiza] 5, 1983): la estructura del libro les recordó Evguenii Oneguin (nueve capítulos con determinada dinámica de desarrollo; I. N. Chumakov, además, resaltó una serie de correspondencias internas, por ejemplo, los principios de relación entre el autor y el protagonista).

Esas valiosas observaciones nos inducen a afirmar la calidad científico-artística del libro de Lotman: sus personajes y ensayos son perceptibles, vivos, el lenguaje del autor es limpio, transparente y aforístico. El libro abunda en aforismos: “Entre ellos, Pushkin destaca como uno que sigue buscando entre aquellos que ya han encontrado”; “El acto suprime la libertad de elección”; “La Historia pasa por el Hogar del hombre”; “…le gustaba fluir como un río grande, por varios brazos a la vez. […] Estaba en todo y todavía le faltaba.”

El estilo claro y asequible de los libros pushkinianos de Lotman refuta el mito, harto común, sobre lo inaccesible y complejo que resulta su lenguaje para el público general. Claro que I. M. tiene algunos artículos y libros, especialmente relacionados con el campo semiótico y estructuralista, y dirigidos a un reducido círculo de especialistas, donde a veces se emplean términos muy específicos y se desarrollan ideas bastante complejas. Empero, entre un especialista en ciencias humanísticas y las esferas semiótica o estructuralista no existe ninguna zanja insalvable. De hecho, I. M. siempre ha procurado ampliar el círculo de los que se interesan y pretenden ahondar en los nuevos aspectos de las ciencias humanísticas. Es autor de varios manuales y libros para estudiantes y profesores sobre la teoría literaria estructuralista, entre los que el más popular es Análisis del texto poético. Estructura del verso (editado en 1972 por la sucursal de Leningrado de la editorial «Prosveshchenie»)[33].

El interés de I. M. por el estructuralismo y la semiótica surgió muy temprano, a finales de los 50 y principios de los 60, y se vio alimentado por su constante atención hacia los nuevos métodos, su pensamiento de naturaleza teórica (sus estudios histórico-literarios siempre le impulsaban a formular conclusiones teóricas y tipológicas), su repulsa al método vulgar-sociológico impuesto desde arriba y el desarrollo intensivo de la semiótica y el estructuralismo en todo el mundo.

La semiótica, ciencia de los signos y de los sistemas sígnicos, surgió poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial (en los trabajos del filósofo americano Charles Morris, que aprovechó las anteriores ideas de Charles Sanders Peirce). Su rápida difusión fue impulsada por varias razones, sobre todo por la necesidad —en vista de la creciente complejidad de los objetos— de ampliación y profundización de los niveles del análisis científico. En distintos campos empezaron a formarse superestructuras teóricas: ‘pisos’ de escala jerárquica más alta. Así, los lingüistas vieron aparecer la metalingüística, los filósofos la metateoría y los matemáticos la metamatemática.

El mismo signo también puede ser definido como ‘metalengua’ respecto a lo que él representa. Digamos que en vez de un objeto físico real nosotros utilizamos una palabra, en forma de sonidos o letras, una imagen, un símbolo o un modelo. La cultura humana está llena de signos y cuanto más se desarrolla, más complejos se vuelven sus signos. Nuestra lengua natural ya es un sistema de signos y su uso en los textos científicos, publicitarios o artísticos genera sistemas de signos de segundo nivel, sistemas de signos secundarios. Veamos lo que pasa con el dinero. Cuando, en el intercambio primitivo natural, se introdujo la equivalencia, en el comercio comenzaron a utilizar signos: cueros, pieles o pedacitos de metales preciosos. Cuando, en vez de estos algo incómodos equivalentes, empezaron a utilizar metales no preciosos y luego billetes, éstos pasaron a ser signos secundarios. Los cheques y los bonos ya son signos terciarios. En cuanto a las cuentas contables de los cheques, son signos de cuarto grado.

El carácter multinivel y complejo de los sistemas de signos dio pie al nacimiento de la semiótica. Los tipos de signos, las relaciones entre ellos y los modos de su comprensión e interpretación constituyen el objeto de estudio de la semiótica. Los amplios intereses culturológicos de I. M. le condujeron de modo natural a abordar diferentes problemas con enfoque semiótico. Sus primeros trabajos en este campo fueron publicaciones tartuenses de 1964 («El juego como problema semiótico y su relación con la naturaleza del arte»[34] y «El problema del signo en el arte»[35]) y los más fundamentales, «Acerca del metalenguaje de las descripciones tipológicas de la cultura» (Varsovia, 1968)[36] y Semiótica del cine y problemas de estética cinematográfica (Tallinn, 1973)[37].

Aún más intensivos y variados fueron los estudios estructuralistas de I. M. En realidad, el estructuralismo puede ser considerado parte de la semiótica. La rama de la semiótica llamada ‘sintáctica’ estudia las relaciones de los signos entre sí, sus sistemas y niveles: pues ese es el objeto de investigación del estructuralismo. Esta disciplina también nació antes de la Segunda Guerra Mundial en la Europa Occidental (en los trabajos de lingüistas como el príncipe Nikolai Trubetzkoy, Roman Jakobson y Louis Hjemslev), pero la época de su máximo desarrollo llegó después de la guerra. Aquí, el estímulo principal fue la aparición de la técnica electrónica y de computación y proyectos de traducción automatizada de un idioma al otro. De modo que surgió la necesidad de crear la lingüística matemática. Luego, los métodos estructuralistas empezaron a ser usados ampliamente por los representantes de otras ciencias humanísticas: etnología, psicología, culturología, historia e historia del arte. I. M. fue uno de los creadores del estructuralismo literario. Adaptó las principales premisas metodológicas y metódicas de los lingüistas-innovadores: separación de dos ‘planos’ (el del contenido y el de la expresión) en el texto estudiado y, dentro de cada uno de ellos, de sistemas de ‘niveles’ (dentro del plano expresivo: niveles sintáctico, morfológico y fonético; en los poemas, además, se tienen en cuenta la rítmica y la estrófica). Dentro del mismo nivel hay una estricta diferenciación (‘segmentación’) entre elementos correlativos y opuestos. El análisis de la estructura se desarrolla en dos aspectos: sintagmático (orden real de los elementos y su correlación) y paradigmático (la tipología de los elementos, definición de ‘invariantes’ para los elementos variables).

Sin embargo, ya en su temprano artículo «Sobre la diferenciación del concepto de estructura en lingüística y en literatura» (Problemas de lingüística 3, 1963)[38], I. M. señaló esta particularidad: un lingüista opera con el plano de la expresión de manera formal, abstrayéndose del plano del contenido, mientras que el especialista en literatura también descubre esferas significativas dentro del plano expresivo (el género gramatical —masculino o femenino—, en algunos fragmentos, puede adquirir un subtexto de mucha profundidad; las configuraciones del sonido a menudo resultan estrechamente relacionadas con el sentido de la obra; ciertos ritmos poseen asociaciones semánticas, etc.). En sus más fundamentales libros estructuralistas —Lecciones de poética estructural. Primera parte. Introducción, teoría del verso (Tartu, 1964)[39], Estructura del texto artístico (Moscú, 1970)[40]— y en el antes mencionado Análisis del texto poético, el autor desarrolla sus ideas y demuestra la productividad de las mismas en el análisis de las obras concretas.

Los trabajos de Lotman son sorprendentemente variados, tanto por su método como por los objetos de su investigación: no sólo se ha dedicado al estudio de la literatura y del pensamiento sociopolítico, sino también a la historia, la historia del periodismo, la culturología, la vida cotidiana, el teatro, el cine y la pintura… En total, ha publicado más de 800 artículos y libros científicos y de divulgación científica (entre estos también se cuentan reediciones y traducciones a otras lenguas). Realmente, I. M. alcanzó el reconocimiento a nivel mundial: las invitaciones de distintas universidades e institutos llegaban sin cesar, academias de ciencias lo elegían su miembro… Liberado de prohibiciones y limitaciones, en los últimos años de su vida I. M. viajó por casi todo el mundo occidental —desde Italia hasta Venezuela—, ofreciendo conferencias e impartiendo clases en las universidades. ¡Si todo eso hubiera ocurrido antes! Pues la intensa labor científica, compaginada con un gran trabajo pedagógico, tuvieron que dejar huella en su salud: en los últimos años de su vida, I. M. estuvo muy enfermo. Falleció en Tartu, el 28 de octubre de 1993.

Atado a los hospitales, ciego, sin embargo, seguía trabajando hasta los últimos días de su vida: sus alumnos le leían textos que precisaba y escribían nuevos trabajos bajo su dictado. Precisamente así se creó el último libro de I. M, Cultura y explosión (Moscú: Gnosis, 1992)[41]. Sintetizando sus antiguas ideas predilectas, el autor se propuso desarrollar las teorías (que se habían apoderado de su mente poco antes de la muerte) del físico y biólogo Ilya Prigogine sobre la causalidad especial de algunos procesos casuales. El azar y la eventualidad siempre han estado en el centro de atención de I. M. En este libro dichas categorías reciben un tratamiento muy variado, siendo incluidas en un amplio contexto social e histórico. Debido a que el libro fue dictado, prácticamente compilado por sus ayudantes, el resultado fue algo impreciso y fragmentario, pero a pesar de todo es, en cierto modo, el testamento científico de su autor.

Una buena parte de la obra de I. M Lotman pasó a formar parte (y sigue haciéndolo) del patrimonio cultural de la humanidad. Sus alumnos y seguidores continuarán desarrollando sus ideas: el progreso científico no se detiene…

 

NOTAS

1. «“Краткие наставления русским рыцарям”. М. А. Дмитриева-Мамонова: (Неизвестный памятник агитационной публицистики раннего декабризма)» [«“Kratkie nastavleniia russkim rytsariam”. M. A. Dmitrieva-Mamonova (Neizvestnyi pamiatnik aguitatsionnoi publitsistiki rannego dekabrizma)»]. Вестник Ленинградского университета [Vestnik Leningradskogo universiteta] 7 (1949), págs. 133-147.

2. Es un cálculo aproximado. B. Egorov dice que se trata de “три печатных листа” (tri pechatnyj lista) y, de acuerdo con el número de páginas del artículo de Lotman (véase la nota siguiente), la denominación en español que más se le aproximaría es la de ‘cuadernillo’ (es decir, un total aproximado de 15 pliegos o 60 cuartillas).

3. «Из истории литературно-общественной борьбы 80-х годов xviii века: А. Н. Радищев и А. М. Кутузов» [«Iz istorii literaturno-obshchestvennoi bor’by 80-j godov xviii veka: A. N. Radishchev i A. M. Kutuzov»]. Радищев: Статьи и материалы [Radishchev: Stat’i i materialy]. Leningrado, 1950, págs. 81-128.

4. Esa era la denominación que recibía ese centro de formación de profesores en 1950, cuando llega Lotman a Tartu. En 1954 pasó a denominarse Colegio Pedagógico de Tartu y hoy es la Facultad de Educación de la Universidad de Tartu. En ese lugar trabaja desde 1950 hasta 1956: entre 1952 y 1954 como ‘Docente’ y jefe del departamento de literatura rusa, de 1954 a 1956 como profesor contratado. Allí imparte cursos de folklore, teoría literaria e historia de la literatura rusa hasta el periodo soviético.

5. «Радищев и Мабли» [«Radishchev i Mabli»]. XVIII век [XVIII vek] 3 (Moscú/Leningrado, 1958), págs. 276-308.

6. «Neue Materialien über die Anfänge der Beschäftigung mit Schiller in der russischen Literatur». Wissenschaftliche Zeitschrift der Ernst Moritz Arndt-Universität Greifswald 8 (1958-1959), págs. 419–434.

7. «Руссо и русская культура XVIII века» [«Russo i russkaia kul’tura XVIII veka»]. Эпоха Просвещения: Из истории международных связей русской литературы [Epoja Prosveshcheniia: Iz istorii mezhdunarodnyj sviazei russkoi literatury], Leningrado, 1967, págs. 208-281.

8. «Кпроблеме “ДантеиПушкин”» [«K probleme “Dante i Pushkin”»]. Временник Пушкинской комиссии, 1977 [Vremennik Pushkinskoi komissii, 1977], Leningrado, Nauka, 1980, págs. 88-91.

9. «Эволюция мировоззрения Карамзина (1789–1803)» [«Evoliutsiia mirovozzreniia Karamzina (1789-1803)»]. Учен. зап. Тарт. гос. ун-та. 51 (Труды историко-филологического факультета) [Uchen. zap. Tart. gos. un-ta. 51 (Trudy istoriko-filologuicheskogo fakulteta)], Tartu, 1957, págs. 122-126.

10. Nikolai Karamzin.Письма русского путешественника [Pis’ma russkogo puteshestvennika] (Artículo introductorio, preparación del texto, notas, adiciones y apéndice de I. M. Lotman, con Nonna A. Marchenko y Boris A. Uspenski), Leningrado, Nauka, 1984, 717 páginas.

11. Сотворение Карамзина [Sotvorenie Karamzina]. Moscú, Kniga, 1987, 336 páginas.

12. «“О древней и новой России в ее политическом и гражданском отношениях” Карамзина — памятник русской публицистики начала XIX века» [«“O drevnei i novoi Rossii v ee politicheskom i grazhdanskom otnosheniaj”Karamzina — pamjatnik russkoj publicistiki nachala XIX veka»]. Литературная учеба [Literaturnaia ucheba] 4 (1988), págs. 88-95.

13. Разночинно-демократического, raznochinno-demokraticheskogo. El término ruso разночинный (raznochinnii) hace referencia a una ‘clase’ social que es ‘mezcla de clases’.

14. Aunque las denominaciones de departamentos y cátedras varían a lo largo de los años, Lotman fue ‘destinado’ a la cátedra de Literatura Universal (Mundial), que llegó a dirigir.

15. Aleksandr Semenovich Shishkov (1754-1841), Беседы любителей русского слова [Besedy liubitelei russkogo slova, Conversaciones de los amantes de la palabra rusa] (1811). Poeta, traductor, lingüista, el conjunto de su obra puede ser concebida como una defensa de la cultura rusa frente a la influencia extranjera.

16. La sociedad literaria Arzamas, fundada por Vasili A. Zhukovski (1783-1852) hacia 1815, promovía la estética anti-clasicista de Karamzin, de orientación europea, y se formó con el propósito de ridiculizar las ideas A. S. Shishkov.

17. «Основные этапы развития русского реализма» [«Osnovnye etapy razvitiia russkogo realizma»] Учен. зап. Тарт. гос. ун-та. (Труды по русской и славянской филологии 3) [Uchen. zap. Tart. gos. un-ta. (Trudy po russkoi i slavianskoi filologuii 3)] 98 (1960), págs. 3-23.

18. La presente edición prácticamente abarca la totalidad de trabajos de I. M. Lotman dedicados a Pushkin, desde sus libros más fundamentales hasta las notas breves, reseñas y comunicaciones [NBE]. [Recordemos que este artículo de B. Egorov se publica como prólogo a la recopilación de trabajos de I. Lotman sobre Pushkin. El trabajo de Lotman al que alude Egorov es: «К эволюции построения характеров в романе Евгении Онегин» [«K evoliutsii postroeniia jarakterov v romane Evguenii Oneguin»] Пушкин: Исследования и материалы [Pushkin: Issledovaniia i materialy], t. 3, Moscú/Leningrado, 1960, págs. 131-173.]

19. «Истоки “толстовского направления” в русской литературе 1830-х годов» [«Istoki “tolstovskogo napravleniia” v russkoi literature 1830-j godov»]. Учен. зап. Тарт. гоc. ун-та. (Труды по русской и славянской филологии 5) [Uchen. zap. Tart. gos. un-ta. (Trudy po russkoi i slavianskoi filologuii 5)] 119 (1962), págs. 3-77. Existe traducción al italiano: «Le origini della corrente tolstoiana nella letteratura russa degli anni 1830–40». En: Tolstoj oggi, Florencia, Sansoni (Quaderni di San Giorgio), 1980, págs.313–394 (edición de Sante Graciotti e Vittorio Strada); y en Da Rousseau a Tolstoj. Saggi sulla cultura russa, Bolonia, Il Mulino, 1984, págs. 251-345 (edición de C. Strada Janovič).

20. «Идейная структура Капитанской дочки». [«Ideinaia struktura Kapitanskoi dochki»] Пушкинский сборник [Pushkinskii sbornik], Pskov, 1962, págs. 3-20. Existe traducción al italiano: «La struttura intellettuale della Figlia del capitano». En: Da Rousseau a Tolstoj. Saggi sulla cultura russa, Bolonia, Il Mulino, 1984, págs. 229-250 (edición de C. Strada Janovič).

21. Роман в стихах Пушкина “Евгений Онегин”: Спецкурс: Вводные лекции в изучение текста [Roman v stijaj Pushkina “Evguenii Oneguin”: Spetskurs: Vvodnye lektsii v izuchenie teksta]. Tartu, Universidad Estatal de Tartu, 1975, 109 páginas. Existe traducción al italiano: Il testo e la Storia. L’Evguenij Ogenin di Puškin, Bolonia, Il Mulino, 1985, 175 páginas (edición de C. Strada Janovič).

22. Роман А. С. Пушкина “Евгений Онегин”: Комментарий: Пособие для учителя [Roman A. S. Pushkina “Evguenii Oneguin”: Kommentarii: Posobie dlia uchitelia], Leningrado, Prosveshchenie, 1980, 416 páginas.

23. Александр Сергеевич Пушкин: пособие для учащихся [Aleksandr Sergeevich Pushkin: posobie dlia uchaschchihsia], Leningrado, Prosveshchenie, 1982, 253 páginas.

24. Проверка на дорогах [Proverka na dorogaj] (1971), una de las grandes películas soviéticas sobre la Segunda Guerra Mundial, en la que Aleksei German pone en cuestión la imagen del heroísmo sin excepción y de la lealtad inquebrantable que de sí mismos tenían generaciones enteras de ciudadanos soviéticos. La película no se exhibió hasta quince años después de ser filmada, acusada de ‘distorsionar’ la realidad heroica del pueblo soviético.

25. La Antigua Rus’ hace referencia al Principado de Kiev o Rus’ de Kiev, considerado como el primer estado eslavo oriental, dirigido desde la ciudad de Kiev, ahora en Ucrania, desde aproximadamente el año 880 hasta mediados del siglo XII.

26. Чин se puede entender como ‘categoría’ o ‘rango’, pero alude específicamente a la nueva jerarquía que, en 1722, Pedro I creó y que plasmó en la llamada ‘Tabla de Rangos’, con el objeto de privar a la aristocracia (los boyardos) de sus posiciones de privilegio. A partir de entonces, y hasta 1917, la posición jerárquica la determinaría el mérito y el servicio al Emperador.

27. Евгений Онегин : роман А. С. Пушкина : пособие для учителя [Evguenii Oneguin: roman A. S. Pushkina: posobie dla uchitelia], Moscú, Prosveshchenie, 1964, 414 páginas.

28. Беседы о русской культуре : быт и традиции русского дворянства (XVIII—начало XIX века) [Besedy o russkoi kul’ture: byt i traditsii russkogo dvorianstva (XVIII—nachalo XIX veka)], San Petersburgo, Iskusstvo, 1994, 398 páginas. En 1986, I. Lotman había comenzado a grabar para la televisión estonia, Eesti Televisioon, su curso Vestlusi vene kultuuriloost (Conversaciones sobre la cultura rusa), una serie de 35 capítulos, dividida en cinco ciclos temáticos, que, más tarde, han sido también emitidos en Rusia repetidas veces. Completando el contenido de este curso televisivo, Lotman redacta una parte para esa edición impresa que no se publicaría hasta después de su muerte.

29. Véase nota 2.

30. A. Pushkin. Antología lírica. Madrid, Hiperión, 1999, pág. 211 (traducción de Eduardo Alonso Luengo) [NT].

31. Para más detalle, consulten mi artículo «О Ю. М. Лотмане–пушкинисте» [«O I. M. Lotmane–pushkiniste», «Sobre I. M. Lotman-pushkinista»], Русская литература [Russkaia literatura, Literatura rusa] 1 (1994), donde aparece mi reseña «Книги Ю. М. Лотмана о Пушкине» [«Knigi I. M. Lotmana o Pushkine», «Libros de I. M. Lotman sobre Pushkin»] (que no se publicó en el momento en el que fue escrito, en 1986) y la carta-respuesta del autor (octubre de 1986). Ésta última forma parte de la presente edición [NBE].

32. A. Pushkin. Obras dramáticas. Madrid, Cátedra, 2004, pág. 265 (traducción de Mijaíl Chílikov) [NT].

33. Анализ поэтического текста: Структура стиха [Analiz poeticheskogo teksta: Struktura stija] Leningrado, Prosveshchenie, 1972, 270 páginas.

34. «Игра как семиотическая проблема и ее отношение к природе искусства» [«Igra kak semioticheskaia problema i ee otnoshenie k prirode iskusstva»]. Программа и тезисы докладов в Летней школе по вторичным моделирующим системам, 19–29 авг. 1964 г. [Programma i tezisy dokladov v Letnei shkole po vtorichnym modeliruiushchim sistemam, 19-29 avg. 1964 g.], Tartu, 1964, págs. 32-33.

35. «Проблема знака в искусстве» [«Problema znaka v iskusstve»]. Программа и тезисы докладов в Летней школе по вторичным моделирующим системам, 19–29 авг. 1964 г. [Programma i tezisy dokladov v Letnei shkole po vtorichnym modeliruiushchim sistemam, 19-29 avg. 1964 g.], Tartu, 1964, págs. 57-58.

36. О метаязыке типологических описаний культуры [O metaiazyke tipologuicheskij opisanii kul’tury] [Preimpresión] Varsovia, 1968, 44 páginas. Existe traducción al italiano: «Il metalinguaggio delle descrizioni tipologiche della cultura». En: J. Lotman y B. A. Uspenski, Tipologia della cultura (ed. R. Faccani y M. Marzaduri, pref. R. Faccani), Milán, Bompiani, 1975 (2ª ed., 1987; 3ª ed., 1995), págs. 145-181.

37. Семиотика кино и проблемы киноэстетики [Semiotika kino i problemy kinoestetiki] Tallinn, Eesti Raamat, 1973, 137 páginas. Existe traducción al español: Estética y semiótica del cine Barcelona, Gustavo Gili (Punto y línea), 1979, 153 páginas (versión castellana del original ruso de José Fernández Sánchez y revisión de Joaquim Romaguera i Ramió).

38. «О разграничении лингвистического и литературоведческого понятия структуры» [«O razgranichenii lingvisticheskogo i literaturovedcheskogo poniatiia struktury»] Вопросы языкознания [Voprosy iazykoznaniia] 3 (1963), págs. 44-52. Existe traducción al español: «Sobre la delimitación lingüística y literaria de la noción de estructura». En: R. Barthes y otros, Estructuralismo y literatura. Buenos Aires, Nueva Visión, 1970, págs. 107-123.

39. Лекции по структуральной поэтике. Вып. 1: (Введение, теория стиха) [Lektsii po struktural’noi poetike. Vyp. 1: (Vvedenie, teoriia stija)]. Учен. зап. Тарт. гоc. ун-та. (Труды по знаковым системам 1) [Uchen. zap. Tart. gos. un-ta. (Trudy po znakovym sistemam 1) 160, 1964, 195 páginas. En español se ha publicado la introducción del libro: «Lecciones de poética estructural (Introducción)». Se puede leer en: Entretextos 3 (Mayo 2004), con traducción del ruso al español de Desiderio Navarro.
<http://www.ugr.es/~mcaceres/Entretextos/entre3/lecciones.htm>

40. Структурахудожественноготекста [Struktura judozhestvennogo teksta]. Moscú, Iskusstvo, 1970, 384 páginas. Existe traducción al español: Estructura del texto artístico Madrid, Istmo (Fundamentos 58), 1978 (2ª ed., 1982; 3ª ed., 1988), 364 páginas (traducción de Victoriano Imbert).

41. Культура и взрыв [Kul’tura i vzryv], Moscú, Gnosis, 1992, 270 páginas. Existe traducción al español: Cultura y explosión. Lo previsible y lo imprevisible en los procesos de cambio social. Barcelona, Gedisa, 238 páginas (traducción del italiano al español de D. Muschietti; prólogo de J. Lozano).

 

Principio del documento

* «Личность и творчество Ю. М. Лотмана» [«Lichnost' i tvorchestvo I. M. Lotmana»]. I. M. Lotman. Пушкин [Pushkin]. San Petersburgo, Iskusstvo, 1995, páginas 5-20. Traducción del ruso al español de Nina Kresova. Todas las notas son de Manuel Cáceres, excepto las notas 18, 31 (que son de B. Egorov [NBE]), 30 y 32 (de la traductora [NT]. Este texto se publica por primera vez, en español, en Entretextos.

Cómo citar este documento:

Boris Egorov. «Personalidad y creación en I. M. Lotman». Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura. Nº 10 (Noviembre 2007). ISSN 1696-7356.
<http://www.ugr.es/~mcaceres/entretextos/entre10/egorov.html>

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