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La
respuesta de la Escuela de Tartu a Bajtín
y un escandaloso silenciamiento de la
ciencia occidental (*)
Desiderio Navarro
De todo el gran número de problemas
que abarca el título ‘Bajtín y la Escuela de Tartu’, esto es, los
relativos a las más diversas relaciones entre la obra de Mijaíl
Mijáilovich Bajtín y la de los representantes de la Escuela de Tartu
—tanto las existentes directamente, textualmente, entre esas obras, como
las establecidas entre ellas en la obra de otros autores, ora a título
de comparación, ora a título de combinación teórica o metodológica—, he
escogido la cuestión que se podría formular así: ‘La respuesta de la
Escuela de Tartu a Bajtín’.
Cuando hablo aquí de ‘respuesta’, no
lo hago en el sentido habitual, periodístico, de ‘refutación’, ‘réplica’
polémica de alguien a algo ya dicho o escrito contra él, sino
precisamente en el sentido bajtiniano, que no supone un enunciado ajeno
hostil anterior, que admite anticipaciones a enunciados posibles del
otro, y, lo que es más importante, que establece relaciones dialógicas
que pueden ir desde la discrepancia hasta la concordancia y la
confirmación.
En todo caso, en lo que respecta a la
respuesta de la Escuela de Tartu a Bajtín, sería no pertinente e inútil
intentar hablar de ‘respuesta’ en la primera acepción, pues, hasta donde
sé, Iuri Mijáilovich Lotman nunca respondió a las dos únicas referencias
críticas de Bajtín (en «De los apuntes de 1970-1971» (1) y «Contribución
a la metodología de las ciencias humanas» (2)) al análisis de un pasaje
de Evgueni Onéguin en el artículo de Lotman titulado «Sobre el
problema del significado en los sistemas modelizantes secundarios» (3).
A esas críticas de un pensador tan conocido, importante y estimado por
él, Lotman no dio ninguna ‘réplica dialógica’ —expresión con la que él
mismo definió la exposición escrita de sus desacuerdos con un artículo
de otro autor: «La Escuela de Tartu de los años 60 como fenómeno
semiótico» de Borís Mijáilovich Gaspárov (4). Sólo unos veinte años
después, un ‘tercero en el diálogo’, el investigador canadiense Allan
Reid, gran conocedor e investigador de la obra de Bajtín y Lotman, a la
pregunta lúdicramente sensacionalista “¿por qué está diciendo Bajtín
esas cosas desagradables sobre Lotman?” (5), respondió con un certero
análisis que revela cuán poco oído dialógico prestó Bajtín a la voz del
otro en esa ocasión, cuán poco atendió y entendió la palabra de Lotman
—tan poco, que Reid, desconcertado ante las dimensiones de los errores
de Bajtín, termina haciéndose otra pregunta: “¿En qué estaba
pensando Bajtín cuando hacía esas notas sobre Lotman?” (6)
Así pues, dentro del vasto corpus de
los escritos de la Escuela de Tartu me interesarían aquellas obras o
pasajes en los que los autores expresan su acuerdo o desacuerdo con
Bajtín, confirman o refutan afirmaciones del sabio ruso, toman una
actitud hacia tesis suyas o reaccionan a ellas de uno u otro modo. Ahora
bien, al estudiar esos textos de la Escuela, no se puede hacer caso
omiso de que sobre las declaraciones de la Escuela de Tartu sobre Bajtín
se han pronunciado ya otras palabras ajenas y hay ya un ‘estado de la
cuestión’.
Al examinar el
corpus de los textos que se pronuncian más o menos ampliamente sobre las
relaciones entre Bajtín y la Escuela de Tartu (entre otros, los de Irwin
Titunik, Simonetta Salvestroni, Allan Reid, Ann Shukman, Domingo
Sánchez, Thomas Winner, David K. Danow y Peter Grzybek) (7), se
descubren en ellos dos rasgos comunes sorprendentes:
I) la búsqueda y examen de las más diversas relaciones entre Bajtín y la
Escuela, excepto la respuesta activa crítica de la Escuela
de Tartu a las tesis de Bajtín; relaciones que pueden ser:
1) contactuales:
a) personales,
b) a través de lecturas,
2) influencias, nexos causales, recepciones pasivas:
a) una acción formadora inicial;
b) la determinación de cambios en la evolución
personal;
3) analogías, en relación o no con diferencias:
a) paralelismos, convergencias;
b) anticipaciones;
II) la ausencia de mención y análisis de la mayor parte de las páginas
dedicadas por destacados miembros de la Escuela de Tartu a Bajtín
—incluso en el caso en que esas páginas han sido traducidas a alguna(s)
de las principales lenguas occidentales y en el caso de que el
investigador domina el ruso y puede leerlas en su edición original.
Una de las omisiones más escandalosas
en la metaliteratura sobre lo escrito por la Escuela de Tartu sobre
Bajtín es la del artículo que Mijaíl Leónovich Gaspárov dedicó
enteramente a Bajtín, que fue publicado en un conocido volumen editado
por el propio Iuri Lotman, Sistemas modelizantes secundarios
(Tartu, 1979), y —lo más importante— que era, de principio a fin, un
texto tan insólitamente polémico e iconoclasta hacia Bajtín, que la
Redacción (o sea, Lotman) se sintió obligada a incluir a continuación
del artículo —práctica inusitada en las ediciones de la Escuela— una
nota en la que se distanciaba de las opiniones de Gaspárov y ofrecía
diversas razones para justificar la publicación del artículo. Se trata
del texto titulado «M. M. Bajtín en la cultura rusa del siglo XX» (8)
—por lo demás, ya disponible en traducción inglesa desde 1984, y en
traducción española desde 1993 (9).
Este artículo es una enérgica
respuesta polémica de un miembro de la Escuela de Tartu a cuatro de los
principales aspectos del pensamiento bajtiniano. En primer lugar,
Gaspárov describe así en Bajtín lo que él llama “el pathos de la
expropiación de la palabra ajena”:
“Yo me pongo a crear, pero todos los
instrumentos de creación ya han estado en uso, están manoseados y
usados, son el legado del maldito pasado, es desagradable servirse de
ellos, pero prescindir de ellos es imposible. Por eso, ante todo debo
orientarme en ellos (‘jerarquizar los lenguajes ajenos en mi
conciencia’) y servirme de ellos teniendo en cuenta su condición de
usados y combados.” (10)
En segundo lugar, Gaspárov nos
presenta de la siguiente manera lo que él llama “el pathos del diálogo”
en Bajtín, la relación activa con la herencia cultural:
“tomar del viejo mundo para la
construcción del nuevo lo que uno mismo considera necesario, y desechar
con desprecio lo restante. Toda la cultura del pasado no es más que un
producto semifabricado para la cultura del futuro.” (11)
Seguidamente, Gaspárov halla un tercer
elemento impugnable en la actitud de Bajtín hacia el legado: la
selección nihilista de los valores. Lo presenta así:
“Si la auténtica cultura está en el
futuro, entonces no tiene sentido apegarse a la cultura del pasado. En
esencia, no le es entrañable ni Pushkin, ni Shakespeare, ni siquiera Tolstoi. Él acepta solamente dos cosas: en primer lugar, la tradición
carnavalesca y a Rabelais, y en segundo lugar, a Dostoievski: en otras
palabras, o el caos cómico, o el heterovocalismo trágico.” (12)
Y en este punto Gaspárov introduce ya
una observación crítica que años más tarde volverá a aflorar en otro de
los representantes de la Escuela de Tartu, Eleazar Moiséevich Meletinski,
pero en una forma más amplia y argumentada:
“(Es curioso con qué indiferencia
hacia los hechos exagera él [Bajtín], de oídas, la cantidad y calidad de
las parodias medievales, y con qué facilidad se desentiende de líneas
enteras de la historia de la novela — son ‘malas’, sus autores no
entendían qué era la novela).” (13)
Por último, Gaspárov responde a la
contraposición bajtiniana de novela y poesía. Afirma que Bajtín no
estaba contra la poesía porque ésta fuera menos hábil en el juego con la
palabra ajena, sino “porque ésta es el ‘lenguaje de los dioses’, que
irrita al hombre de la nueva cultura”. Y agrega:
“Es que también la novela, para él,
sólo es aceptable mientras es un elemento caótico, en ebullición y que
no ha cobrado una forma acabada: llama novela a los diálogos socráticos
y a la correspondencia de Cicerón, pero se niega a llamar así a las
novelas clásicas del siglo XIX. ‘Novela’ y ‘epos’, para él, no son
géneros, sino estadios del desarrollo de los géneros [...] Si en los
trabajos de Bajtín ponemos en lugar de la palabra ‘novela’ la palabra
‘antinovela’ (en sus tiempos todavía no inventada), el sentido de sus
enunciados será mucho más claro y coherente.” (14)
[Adición de 2005: En un
artículo publicado en 1995, Mijaíl Iúrevich Lotman, semiótico e hijo de
Iuri Lotman, al mencionar a “el gran filólogo soviético M. M. Bajtín y
los autores cercanos a él, que tuvieron una actitud de ojo avizor —por
no decir hostil— hacia las ideas de la escuela semiótica de
Tartu-Moscú”, introduce una nota al pie en la que afirma que “la actitud
de la escuela de Tartu hacia Bajtín fue, por el contrario,
invariablemente positiva”, como prueba de lo cual señala que “en las
páginas de las ediciones de Tartu sólo una vez apareció una crítica de
las ideas de Bajtín: en una breve nota de M. L. Gaspárov, dirigida no
tanto siquiera contra el propio científico cuanto contra sus seguidores”
(15). Sin embargo, resulta difícil creer que tras el nombre propio de Bajtín y los correspondientes pronombres personales (“Él acepta”, “él
exagera”, “él se niega”) en los señalamientos críticos de Gaspárov a lo
largo de su texto se hallaba no tanto Bajtín como sus seguidores, nunca
mencionados por su nombre (lo que sería éticamente problemático). Por
otra parte, lo dicho por Mijaíl Lotman sobre la actitud de la Escuela
hacia Bajtín es cierto si por “actitud invariablemente positiva” se
entiende una sostenida admiración y simpatía hacia su persona y su obra
en términos generales, pero no si se entiende una aprobación sin
críticas ni reservas de todas y cada una de sus tesis, porque es cierto
que, como afirma Mijaíl Lotman, en las páginas de las ediciones de Tartu
sólo apareció esa crítica a Bajtín, pero no es menos cierto que, como
veremos a continuación, en las páginas de artículos y libros de autores
de la Escuela de Tartu publicados fuera de Tartu aparecen no
pocas críticas a Bajtín.]
En todos los textos que han abordado
la relación Bajtín—Escuela de Tartu hay otras dos grandes omisiones que
resultan sorprendentes: no se mencionan en ningún momento las páginas
dedicadas a Bajtín por dos grandes personalidades de la Escuela de Tartu
y, en general, de la ciencia rusa: Elizar Moiséevich Meletinski y Arón
Iákovlevich Gurévich. Tanto en un caso como en el otro nos hallamos ante
respuestas de aceptación parcial y restricción polémica. Y puesto que
hasta hoy han sido silenciadas sistemáticamente y la mayoría de ellas no
están al alcance de quienes no leen ruso, me veo en la obligación de
presentarlas aquí in extenso.
Ya en 1983, en el prólogo mismo de su
libro La novela medieval. Origen y formas clásicas, Meletinski
escribía lo siguiente:
“el fenómeno del ‘polifonismo’ en el
sentido más amplio, con el que M. M. Bajtín explicaba brillantemente la
peculiaridad de la novela de Dostoievski, no es en absoluto la clave
para el género de la novela como tal; en lo que concierne al ‘carácter
menipeico’ y el ‘carácter carnavalesco’, no es casual que estén tan
vivamente representados en la obra de Rabelais, que de ninguna manera
puede ser considerada un modelo clásico de novela.” (16)
Y seguidamente, introduciendo
oportunamente la dimensión de la conciencia genológica, anuncia que su
libro se contrapondrá precisamente a esa visión bajtiniana de la novela:
“Una de las tesis de la presente
monografía consistirá en que las formas clásicas de la novela cortesana
y del epos novelístico satisfacen completamente la idea actual de la
poética teórica sobre la esencia del género de la novela (excepto tal
vez su carácter versificado), pero que en la conciencia del hombre
medieval esas formas clásicas no estaban suficientemente separadas de
otras variadas obras a las que el término ‘novela’ en su significado
actual sólo es aplicable con reservas.” (17)
No contento con lo ya dicho,
Meletinski, al final del prólogo, vuelve a cargar contra la idea
bajtiniana del polifonismo como rasgo específico del género novelístico.
Tres años más tarde, en 1986, en su
nuevo libro Introducción a la poética histórica del epos y de la
novela, Meletinski vuelve a presentar las investigaciones de Bajtín
en este dominio para, seguidamente, pasar a polemizar con ellas:
“Pero, en estas investigaciones, tanto
la propia génesis inicial del género de la novela, como su específico
genérico principal, se presentan un tanto deformados.
Algunas propiedades de la
novela señaladas por M. M. Bajtín son propiedades de la prosa (mientras
que la novela medieval surgió y alcanzó el estadio clásico en forma
versificada) o coinciden con las tendencias generales de la literatura
de la Edad Moderna, y estas propiedades generales no pueden ser
reducidas a la influencia de la novela sobre los otros géneros. El
‘carácter menipeo’ y el ‘carácter carnavalesco’ no son propiedades
sustanciales de la novela, sino aportaciones genéricas que estimularon
su desarrollo, en particular el paso de las formas ‘elevadas’ a las
‘bajas’ y de las ‘bajas’ a las ‘sintéticas’ en los momentos de viraje de
la historia de la novela.” (18)
Y de inmediato Meletinski pasa a
concentrar su crítica en uno de los grandes supuestos históricos que
sustentan la teoría bajtiniana de la novela, el ‘carácter novelístico’
de la obra de Rabelais:
“Gargantúa y Pantagruel de
Rabelais puede ser llamada ‘novela’ sólo forzando extremadamente las
cosas. En el mejor de los casos, es, como considera N. Frye, un híbrido
de novela (además, novela de tipo medieval —romance) con sátira
menipea. En este caso, N. Frye tiene toda la razón, al considerar la
menipea (‘anatomía’) un género aparte, alternativo a la novela. De
ninguna manera podemos considerar Gargantúa y Pantagruel una obra
que se halla en la arteria principal del desarrollo de la novela, como
le parecía a M. M. Bajtín. El propio M. M. Bajtín subrayó más de una vez
que la parodia (en este caso la parodia de la novela de caballería) crea
una imagen de otro género, pero ella misma no pertenece a ese género. La
sátira humanística de la época del Renacimiento arruinó las formas
genéricas tradicionales, entre ellas la forma medieval de la novela, y
ayudó a la novela a enriquecerse y desarrollarse de una manera nueva,
pero no constituyó una nueva estructura genérica.” (19)
Pero las reservas de Meletinski se
extienden también a la visión bajtiniana de las formas tempranas de la
novela:
“el propio M. M. Bajtín se ve
obligado a reconocer que la prosa bivocal y bilingüe en la Antigüedad no
siempre estuvo presente suficientemente en la novela y que las novelas
griegas ‘sofistas’ de amor, “por lo visto, expresan de la manera más
plena la naturaleza del género novelístico en el terreno de la
Antigüedad” (Bajtín, 1975, p. 183); que la ‘heterodiscursividad’ [raznorechie]
estaba fuera de la novela griega y que ésta, a pesar de su
heterogeneidad genérica, llegó al ‘monolingüismo’ [odnoiazychie],
al ‘monoestilismo’ [odnostil’nost’], a la ‘firmeza monológica del
estilo’.” (20)
Particularmente interesantes son las
observaciones críticas de Meletinski acerca de lo que él describe como
la ‘rabeleización’ a que somete Bajtín lo carnavalesco de Cervantes en
Don Quijote (21).
Ya antes, en 1981, en su libro
Problemas de la cultura popular medieval, otra de las grandes
figuras ligadas a la Escuela de Tartu y a su revista Semeiotiké,
Arón Iákovlevich Gurévich había respondido con dudas, objeciones y
restricciones a otras ideas centrales de la obra bajtiniana. Después de
señalar que la comprensión cristiana del tiempo es histórica por su
esencia y excluye la ciclicidad y la posibilidad del retorno a lo
pasado, Gurévich expresa sus dudas respecto a la justeza de la idea de
M. M. Bajtín sobre la exclusión de la idea de tiempo en el cuadro del
mundo del cristianismo medieval y sobre la historicidad de la conciencia
popular impresa en la cultura carnavalesca. Y pregunta Gurévich:
“¿No hay una contradicción
inconciliable entre la idea de la cosmicidad de la actitud popular hacia
el mundo y la tesis acerca de la historicidad de esta última? Es dudoso
que la ‘unidad en el tiempo’ del ‘cuerpo popular’, la sensación que
tiene éste de su propia ‘duración ininterrumpida’ y de la ‘inmortalidad
histórica’, sean históricas por su naturaleza. El ‘parámetro’ cardinal
de la comprensión cósmica del mundo es el ciclo, la eternidad, pero no
el tiempo percibido como movimiento orientado, como relevo de
acontecimientos y fenómenos únicos; el tiempo individualiza, mientras
que la cultura popular carnavalesca, sobre la que tan penetrantemente
escribió Bajtín, es ajena, más que a cualquier otra cosa, a toda clase
de individualización. La festividad popular es una interrupción en el
curso normal del tiempo, que expresa un peculiar ritmo de éste, pero eso
son muescas en la rueda de la repetición que se produce desde tiempos
inmemoriales, puntos del círculo, pero no momentos que le den al curso
del tiempo una estructura histórica.” (22)
Gurévich tambien responde con
expresiones de desacuerdo a la diferenciacion que hace Bajtín entre
cristianismo oficial y cosmovision popular medieval en lo que respecta
al miedo que se tiene y que se provoca. Escribe Gurévich:
“‘El pensamiento que asusta y
asustado’ (M. Bajtín), por lo visto, no es exclusivamente una
característica del cristianismo oficial, sino también una parte
constitutiva de su versión popular, impregnada de pesimismo respecto a
la perspectiva de salvación. La vivencia religiosa de la grey se
actualizaba en primer término precisamente gracias a un sentimiento
intenso de miedo ante la retribución. Por eso es difícil estar de
acuerdo con M. Bajtín cuando escribe sobre la ‘carencia de miedo’ de la
sensación popular del mundo de la Edad Media. La superación del miedo
ante el mundo cósmico y social en el carnaval parece, más bien, una
especie de compensación psicológica, de distensión, necesaria para el
hombre que se hallaba en su vida cotidiana bajo la constante presión de
fuerzas, superar las cuales era su preocupación continua.” (23)
Pero una de las respuestas más amplias
y argumentadas al pensamiento de Bajtín sobre la cultura medieval son
las siete páginas que dedica Gurévich a expresar sus dudas, reservas y
objeciones, y su contrapropuesta, en el capítulo «Lo alto y lo bajo: el
grotesco medieval». Después de unas frases llenas de reconocimiento,
Gurévich empieza así su crítica:
“después de la aparición de los
trabajos de Bajtín ya es difícil estudiar la cultura medieval quedándose
en las posiciones anteriores. Pero, a pesar de todo, hay que reconocer
que Bajtín más bien fijó nuestra atención en el problema de la cultura
popular de la Edad Media, que resolvió ese problema. Porque sigue
estando no del todo claro el lugar de la cultura popular en el contexto
general de la cultura de esa época, la influencia de ella en la cultura
oficial, así como la influencia de esta última en ella. Aunque el propio
Bajtín ciertamente no ponía un signo de igualdad entre los conceptos de
‘cultura gelásica popular’ y ‘cultura popular’, la correlación de los
mismos tampoco está dilucidada, como no está dilucidado tampoco qué más
entraba en la composición de la cultura popular del Medioevo además del
aspecto gelásico-carnavalesco de la misma. Deseándolo o no el
investigador, se crea la impresión de que la dominante de la cultura
popular medieval era para él la risa. Y aquí empiezan las dudas respecto
a la aplicabilidad a nuestro material del tratamiento del grotesco que
propuso Bajtín, puesto que el vínculo de éste con la risa y el carnaval
dista de ser evidente.” (24)
A continuación Gurévich cuestiona
seriamente la validez de las generalizaciones hechas por Bajtín sobre la
base de un material empírico limitado:
“sus observaciones concretas que se
basan en fuentes se refieren en la mayor medida al final de la Edad
Media, al período del auge de las ciudades, focos de la formación de una
nueva visión del mundo. El elemento carnavalesco por él descrito es, por
todos sus rasgos, urbano. Su centro es la plaza de la ciudad. ¿En qué
medida estas caracterizaciones pueden ser extendidas al campesinado, a
la aldea, en particular en un estadio más temprano de la Edad Media?”
(25)
Más adelante Gurévich retoma la
contraposición bajtiniana entre las culturas oficial y popular y
cuestiona su diferenciación no sólo ya sobre la base del miedo, sino
también de la seriedad, la inmovilidad y la falta de vida.
“Tampoco se puede dejar de notar que
el sistema oficial de la cultura medieval en los trabajos de Bajtín es
tratado de manera extremadamente unilateral (‘monolíticamente serio’,
‘sombrío’, ‘lleno de miedo’, dogmatizado, colmado de respeto y
veneración). Al subrayar la ‘seriedad petrificada que hiela’ de la
cultura oficial medieval, no se está ocupando propiamente del Medioevo.
En el foco de su trabajo está la frontera entre la Edad Media y la Edad
Moderna, el Renacimiento, mejor contemplable desde el punto de
observación por él escogido, que sigue siendo la novela de Rabelais”
(26).
Gurévich cree que el examen tanto de
la cultura popular como de la eclesiástica en el marco de un mismo
sistema, posiblemente nos haría revisar un tanto el contraste de las dos
culturas que acabo de citar.
“En efecto, ¿cuál de ellas se
distinguiría por el dinamismo: la popular-carnavalesca o la
esclesiástica-seria? El mismo Bajtín sitúa el origen de la concepción
gelásica del mundo en lo profundo de lo arcaico y considera posible
reconstruir la cultura popular medieval con arreglo a la imagen en que
ella se presenta en la novela de Rabelais: ¿no era este elemento como
una constante extrahistórica, existente en sus ‘parámetros’ de principio
a lo largo de muchas épocas, hasta el mismo Renacimiento? Al contrario,
a pesar de la dominación del dogma, la cultura ‘seria’ cambiaba, y
podemos hablar con pleno fundamento de una historia de la filosofía, la
literatura, el arte y la ciencia medievales, así como de una historia
del dogma y la iglesia mismos. Debemos considerar que el cuadro de la
cultura de la Edad Media era más complejo de lo que se desprende de la
construcción de Bajtín.” (27)
Pero, para Gurévich, la interrogante
principal que genera el análisis de la concepción bajtiniana es la
siguiente: “si el hombre medieval vivía en dos culturas tan diversas, es
más: contrarias por su fundamento y carácter, ¿cómo coexistían en su
conciencia?”. A esta interrogante el propio Gurévich responde lo
siguiente:
“Esto no es sólo una oposición.
M. M. Bajtín, al desarrollar la concepción del carnaval, desde luego, no
tenía en cuenta que el carnaval [...] presupone la inversión de esa
misma cultura [la oficial — D.N.]. [...] todas estas inversiones del
culto y ritual ‘serios’ no sólo no ignoran o rechazan la cultura y la
religiosidad dominantes, sino que, por el contrario, parten de ella,
en ella adquieren sus regularidades y, en resumidas cuentas, a su
manera la afirman.
El carnaval es un peculiar
correlato de la cultura seria, presente en él [...].” (28)
Y, basándose en que Bajtín describe
como ambivalencia la interacción de ambas culturas, y en que para Bajtín
la ambivalencia está emparentada con el diálogo, Gurévich propone una
visión del asunto que es diferente de la de Bajtín, pero que al mismo
tiempo está dentro del espíritu de éste:
“podemos comprender correctamente ese
diálogo de ambos principios culturales en el marco de la cultura
medieval, me parece, si no nos limitamos a postular su divorcio y si
carácter antitético, sino que partimos de la hipótesis de la
interacción interna de los mismos. Es preciso concebir la
dialogicidad de la cultura medieval no como discusión entre dos
totalidades metafísicamente contrapuestas, no como una ‘discusión de
sordos’, sino como presencia de una cultura en el pensamiento, en el
mundo de la otra, y viceversa; el carnaval niega la cultura de la
jerarquía oficial, teniéndola dentro de sí, pero, por su parte,
¿no incluye en sí esta última también el principio gelásico?”
(29)
Por último, Gurévich destaca la
importancia de la concepción bajtiniana de lo grotesco medieval, pero no
deja de agregar las siguientes reservas:
“si la cultura medieval genera una
obsesiva impresión de algo extraño y grotesco, ese carácter extraño y
ese carácter grotesco en modo alguno son equivalentes a lo cómico y
gelásico, no se reducen a ello. Bajtín descubrió el grotesco medieval,
pero creo que lo interpretó de manera excesivamente unilateral sólo como
grotesco cómico, negándole esa misma ambivalencia sobre la que tan
impresionantemente escribió.” (30)
Pero no puedo dejar de señalar que
autores como Allan Reid no sólo no mencionan en modo alguno la
existencia de esas respuestas discrepantes en esos textos que ellos
nunca citan, sino que tampoco señalan la existencia de divergencias
serias y explícitas con Bajtín en los pocos textos de Borís
Andréevich
Uspenski y de Lotman que ellos
mismos citan. En lo que respecta a Uspenski, se omite que en
Poética de la composición éste llega a introducir una nota al pie
especialmente para señalar que la autoconciencia en la construcción del
héroe, precisamente el primero de los rasgos de la novela polifónica
examinado por Bajtín en el material de Dostoievski, es “no tanto un
rasgo de la polifonía en general como un rasgo específico precisamente
de la obra de Dostoievski” (31). Y en lo que respecta a Lotman, se omite
que en su libro Análisis del texto poético, de 1972, él introduce
una unidad entera, titulada «La ‘palabra ajena’ en el texto poético», en
la que, luego de aceptar ciertas ideas de Bajtín y Volóshinov sobre la
palabra ajena, se emprende una amplia polémica con la tesis bajtiniana
del monologismo de la poesía. A esa tesis Lotman contrapone la siguiente
afirmación: “El texto poético (artístico) es en principio polifónico.”
(32). Para demostrar esta idea, Lotman realiza un análisis de un poema
de un poeta reconocidamente monológico por principio, como es Inokenti
Annenski, análisis que le permite concluir: “el monólogo resulta
polílogo, y la unidad se forma de la polifonía de diferentes voces que
hablan en diversas lenguas de la cultura” (33).
Dicho sea de paso, precisamente en
esas páginas de Lotman (exactamente en la 109), publicadas en 1972, es
donde por vez primera se atribuye por escrito públicamente a Bajtín la
autoría de la obra de Volóshinov, y no en el artículo de Ivánov,
publicado en 1973 —como desde los años 70 repiten muchos estudiosos de
Bajtín, entre ellos Allan Reid.
Pero, sin duda alguna, lo más
escandaloso y realmente brutal es que en ninguno de los trabajos que
abordan las relaciones Bajtín-Escuela de Tartu, ni siquiera en el
más reciente y pretencioso de ellos, «The Moscow-Tartu School on Bakhtin»
(1991), de Allan Reid (34), se mencione, ni siquiera en la
bibliografía consultada, ninguno de los dos trabajos que escribió
Lotman precisamente sobre Mijaíl Bajtín. Uno de ellos, es cierto, sólo
está publicado en estonio —se trata de «Kutse dialoogile» («Invitación
al diálogo»), prólogo más bien didáctico a una edición estonia de obras
escogidas de Bajtín (35)—, pero el otro, cabalmente académico, ha estado
accesible en alemán desde 1984, cuando la Universidad Friedrich Schiller,
de Jena, lo publicó en el libro Roman und Gesellschaft, que
recoge las ponencias del Coloquio Internacional Mijaíl Bajtín. Se trata
del artículo «Bachtin — sein Erbe und aktuelle Probleme der Semiotik», o
sea, «Bajtín: su legado y los problemas actuales de la semiótica» (36).
Por razones de tiempo resulta
imposible reseñar aquí este último texto. Sólo llamaré la atención sobre
el hecho de que en él Lotman critica repetidamente, con tacto pero con
firmeza, un concepto central de Bajtín y de su recepción. Lotman afirma
que “el concepto de diálogo introducido por Bajtín en sus ensayos tiene
no raras veces un carácter metafórico, a menudo muy indefinido” y que
ese concepto sólo “alcanza gradualmente su carácter definido, en el
curso del desarrollo ulterior de la ciencia” (37). Añade que Bajtín “no
fue el único”, “no estuvo solo”, en sus descubrimientos sobre la
dialogicidad y el carácter dinámico, creador, de la comunicación, pues
“en la misma dirección” marchaban también I. N. Tyniánov, R. I. Jakobson,
V. V. Vinográdov y una serie de otros autores (38). Sin embargo, Lotman
recalca que en Bajtín y esos otros autores
“esas cuestiones todavía no podían
apoyarse en una base científica seria. [...] Y en Bajtín eso condujo no
raras veces a un lenguaje impresionista. Entre otras cosas, también a
que las declaraciones de Bajtín se puedan interpretar fácilmente como
justificación de una mera habladuría filológica, y también se ha hecho
eso a veces.” (39)
En opinión de Lotman, “su sentido [el
de la palabra ‘diálogo’] se torna claro a la luz de varias ideas que
surgieron mucho más tarde que las ideas de Bajtín que nos interesan”
(40). Y desde ese tiempo posterior, desde su presente, Lotman le opone
al sentido bajtiniano su definición semiótica: “Ya sabemos cómo se puede
definir el diálogo, a saber: como transferidor de información entre
diferentes sistemas codificados” (41).
En un experimento del psicólogo
estadounidense Jackson sobre la comunicación entre madre e hijo halla
Lotman la imprescindible confirmación experimental para la idea de
Bajtín, y ello —agrega Lotman— “en un nivel empíricamente exacto e
interpretable de una manera teóricamente clara”. Y concluye Lotman:
“Ahora ya podemos hablar del diálogo no como una bella metáfora que a
menudo es aplicable a voluntad a cualquier cosa, sino como un concepto
enteramente definido que significa el mecanismo de la adquisición de
nueva información.”(42)
[Adición de 2005: Esta visión
crítica, no ya solamente del diálogo bajtiniano, sino de la obra de
Bajtín en su conjunto, es expresada por Lotman de paso, pero con toda
claridad, en una carta a Borís Fiódorovich Egórov, del 31 de julio de
1984: “Desde el punto de vista científico, Tyniánov, en determinado
sentido, se asemeja a Bajtín: las ideas concretas a menudo son falsas, y
las concepciones, prejuzgadas [...]. Pero: la orientación general
es extraordinariamente fecunda y fecundante.” (43)
Tal vez, de toda la Escuela de Tartu,
el pensador más entusiasta hacia Bajtín y menos críticamente dispuesto
hacia él, Viacheslav Vsévolodovich Ivánov, autor de aquel célebre
artículo «La importancia de las ideas de M. M. Bajtín sobre el signo, el
enunciado y el diálogo para la semiótica contemporánea» (44), es quien
más severamente ha caracterizado en bloque la actitud intelectual de Bajtín —sobre todo si se toma el punto de vista de la propia axiología
bajtiniana—, cuando en 1996, en un trabajo que por su fecha de
publicación los mencionados estudiosos de Bajtín y Lotman no pudieron
conocer, escribió: “Él [Bajtín] proclamaba la importancia del principio
dialógico, pero en sus obras (no en las conversaciones, en las que era a
la manera socrática una ‘comadrona’ de las opiniones ajenas) era
monológico.” (45). Ya antes ha dicho que “Bajtín era multifacético y
paradójico. [...]
Su destino en vida y
después de la muerte está tan lleno de contradicciones y cosas
inesperadas como todas las tentativas de leer unívocamente sus textos.”]
(46)
Como puede verse, son muchos e
importantes los textos de la Escuela silenciados por la literatura
existente sobre la relación entre Bajtín y la Escuela de Tartu, y en
todos ellos está presente una respuesta crítica a ideas de Bajtín,
mientras que en las pocas declaraciones de la Escuela sobre Bajtín no
silenciadas, por el contrario, está ausente o ha sido escamoteado todo
señalamiento crítico. Y este silenciamiento selectivo resulta aún más
significativo, sospechoso y culpable cuando —como en el caso del
competente, meticuloso y perspicaz Allan Reid— de esos textos
silenciados sólo se nos dice, a contrapelo de su letra y de su espíritu,
que “están generalmente llenos de alabanzas para Bajtín” (47). Hasta aquí
mi respuesta a la respuesta a la respuesta.
[Adición de
2005: En la introducción al número especial de Criterios
dedicado a Bajtín y publicado conjuntamente con la Universidad Autónoma
Metropolitana Xochimilco de México en saludo al Sexto Encuentro
Internacional Mijaíl Bajtín (Cocoyoc, 1993), señalé que, tanto en Rusia
como en otras partes, Bajtín había devenido “no sólo uno de los
pensadores más influyentes en cuestiones teórico-generales y
metodológicas, de obligada consulta para investigadores de muy diversas
disciplinas, sino también —¿evitable efecto secundario o inevitable
costo social?— un objeto de una nada bajtiniana canonización, moda
snobista, citas rituales, abusos hermenéuticos y recuperaciones
ideológicas de diverso signo”. Ya en aquel momento, adentrándome en
terrenos de la sociología de la ciencia, yo habría debido relacionar
explícitamente esa canonización con lo que se ha llamado ya ‘la
industria de Bajtín’ (48), la conversión de la bajtinología en una
empresa transnacional, en un medio de vida, de ingresos, congresos y
progresos, por ciertos bajtinólogos, ya materialmente interesados en la
salvaguarda de un Bajtín y una bajtinolatría incuestionados en el
mercado académico, o sea, también en el escandaloso silenciamiento que
aquí denunciamos. Sólo cabe desear que no ocurra lo mismo con Lotman, la
Escuela de Tartu, sus obras y el estudio de conceptos suyos como el de
la semiosfera, que hoy nos reúne aquí. Porque, como escribió el propio
Lotman al fundamentar la publicación del artículo de Gasparov contra
Bajtín y la incipiente bajtinolatría, “provocar discusión es una
cualidad de las ideas científicas vivas” y “también con los recursos de
la polémica a veces se puede expresar respeto”.]
Notas
1. M. M. Bajtín, «Iz zapisei 1970-1971
godov», Estetika slovesnogo tvorchestva, Moscú, Iskusstvo, 1979,
p. 339.
2. M. M. Bajtín, «K metodologuii
gumanitarnyj nauk», Estetika slovesnogo tvorchestva, Moscú,
Iskusstvo, 1979, p. 372.
3. «O probleme znacheniia v vtorichnyj
modeliruiushchij sistemaj», Semeiotiké. Trudy po znakovym sistemam,
2, 1965, pp. 22-37.
4. I. M. Lotman, «Zametki o Tartuskij
semioticheskij izdaniiaj», Trudy po russkoi literature i semiotike
Tartuskogo Universiteta. 1958-1990. Ukazateli soderzhaniia, Kafedra
russkoi literatury tartuskogo Universiteta, Tartu, 1991, p. 92.
5. A. Reid, «Who is Lotman and Why is
Bakhtin Saying those Nasty Things about Him?»,
Discours Social/Social Discourse, 3, 1-2, 1990.
6. Ob. cit., p. 331.
7.
Irwin Titunik, «Bakhtin and Soviet Semiotics. (A Case Study: Boris
Uspenskij’s Poetika kompozitsii)», Russian Literature, X-1, julio
de 1981, pp. 1-16, y «M. M. Baxtin (the Baxtin Schol) and Soviet
Semiotics», Dispositio, I, 3, 1976, pp. 327-338; Simonetta
Salvestroni, «Bachtin in Soviet and West European Semiotic Research»,
Mikhail Mikhailovich Bakhtin: His Circle, His Influence, Papers
presented at the International Colloquium, Queens University, October
7-9, 1983, pp. 197-221; Allan Reid, Literature as communication
and cognition in Bakhtin and Lotman, New York y Londres, Garland
Publishing, 1990; del mismo autor, «Who is Lotman and Why is Bakhtin
Saying those Nasty Things about Him?», Discours Social/Social
Discourse, 3, 1-2, 1990, pp. 325-338, y «The Moscow-Tartu School on
Bakhtin», European Journal for Semiotic Studies, 3, 1/2, 1991,
pp. 111-126; Ann Shukman, «Semiotics of culture and the influence of M.
M. Bakhtin», Issues in Slavic Literary and Cultural Theory, ed.
por Karl Eimermacher, Peter Grzybek y Georg Witte, Universitätsverlag
Dr. Norbert Brockmeyer, Bochum, 1989, pp. 193-207; Domingo Sánchez, «Bajtín
ante la semiótica de la cultura», ponencia presentada en el Coloquio
Internacional In Memoriam Iuri M. Lotman, Universidad de Granada (España),
octubre de 1995, manuscrito [Disponible en Entretextos 3, 2004.
N.E.]; Peter Grzybek, «Bajtinskaia semiotika i moskovsko-tartuskaia
shkola», en: Lotmanovskii sbornik 1, Moscú, 1995, pp. 240-259;
Amy Mandelker, «Semiotizing the Sphere: Organicist Theory in Lotman,
Bakhtin and Vernadsky», Publications of the Modern Language
Association of America, Vol. 109, 1994, pp. 385-396; N.
Kauchtschischwili, «Florenskij, Bachtin, Lotman (dialogo a distanza)»,
Slavica Tergestina, vol. 4, Trieste, 1996, pp. 65-80, e I. Verc,
«Stij vs prosa: ot Bajtina k Lotmanu i dal’she…», ibídem, pp. 153-162. [Nota
de 2005: Hoy, además de «Bajtin i Lotman», de B. F. Egórov (Zhizn’
i tvorchestvo Iu. M. Lotmana, Novoe Literaturnoe Obozrenie, Moscú,
1999, pp. 243-258), hay que tomar en cuenta una serie de trabajos
posteriores a 1997 que no hemos podido consultar: D. M. Bethea, «Bakhtinian
Prosaics Versus Lotmanian “Poetic Thinking”: the Code and its Relation
to Literary Biography», Slavic and East European Journal, vol.
41, nº 1, 1997, pp. 1-15; Giuseppina Restivo, «Bakhtin, Lotman and
Postmodernism», Bakhtin and the Humanities, ed. por M. Javornik,
M. Juvan, A. Skaza, J. Skulj e I. Verc, Department of Slavic Languages
and Literatures, Faculty of Arts, University of Ljubliana, Ljubliana 1997, pp.151-160, y Jostein Børtnes,
«Lotman, Bakhtin, and the Problem of a Semiotics of Culture»,
Changing Philologies: Contributions to the Redefinition of Foreign
Language Studies in the Age of Globalisation, ed. by Hans Lauge
Hansen, Copenhagen, Museum Tusculanum Press, 2002, pp. 77-88.]
8. M. L. Gaspárov,
«M. M. Bajtin v russkoi kul'ture XX v.», Vtorichnye modeliruiushchie
sistemy, TGU, Tartu, 1979, pp. 111-114.
9. En inglés en
Studies in 20th Century Literature, 9, otoño, 1984; en español en
«M. M. Bajtín en la cultura rusa del siglo XX», Criterios,
edición especial, México-La Habana, julio 1993, pp. 19-22.
10. Criterios,
ed. cit., pp. 19-20.
11. Ibídem, p. 20.
12. Ibídem, p. 20.
13. Ibídem, p. 20.
14. Ibídem, pp.
20-21.
15. M. I. Lotman,
«Za tekstom: zametki o filosofskom fone tastuskoi semiotiki (Stat’ia
pervaia)», en: Lotmanovskii sbornik 1, Moscú, 1995, pp. 214-222.
[Traducción al español en Entretextos 1, 2003. N.E.]
16. E. M. Meletinski, Srednevekovyi roman.
Proisjozhdenie i klassicheskie formy, Moscú, Nauka, 1983, p. 5.
17.
Ibídem.
18. E. M. Meletinski, Vvedenie v istoricheskuiu poetiku eposa i romana,
Moscú, Nauka, 1986, pp. 128-129.
19. p. 129.
20. p. 129.
21. p. 218.
22. A. I. Gurévich, Problemy
srednevekovoi narodnoi kul’tury, Moscú, Iskusstvo, 1981, pp.
169-170.
23. Ob. cit. p. 170.
24. Ob. cit., pp. 273-274.
25. Ob. cit., p. 274.
26. Ob. cit., p. 275.
27. Ob. cit., p. 276.
28. Ob. cit., pp. 276-277.
29. Ob. cit., p. 277.
30. Ob. cit., p. 278.
31. B. A. Uspenski,
Poetika kompozitsii, Iskusstvo, Moscú, 1970, p. 19.
32. I. M. Lotman,
Analiz poeticheskogo teksta, Prosveshchenie, Leningrad, 1972, p.110.
33. Ibídem, p.113.
34. A. Reid, «The
Moscow-Tartu School on Bakhtin», European Journal for Semiotic
Studies, 3, 1/2, 1991, pp. 111-126.
35. Adición de 2005:
Hace sólo dos años, gracias a los conocimientos y amabilidad de Klaarika
Kaldjärv y Manuel Cáceres, he podido leer en español ese prólogo. [Juri
Lotman, «Kutse dialoogile». En Mihhail Bahtin, Valitud töid [Obras
seleccionadas]. Tallinn, Eesti Raamat, 1987, páginas 5-14 y notas en
la página 292. Traducción del estonio al español de Klaarika Kaldjärv
(en prensa). N.E.]
36. I. M. Lotman, «Bachtin
—sein Erbe und aktuelle Probleme der Semiotik»,
Roman und Gesellschaft: Internationales Michail-Bachtin Colloquium,
Friedrich-Schiller-Universität, Jena, 1984, pp. 32-40. [Adición de
2005: Con posterioridad a la presentación de mi ponencia en Calgary,
también V. F. Egórov señaló esa paradójica ausencia en los textos sobre
relaciones entre Bajtín y Lotman: “Lamentablemente, permaneció
desconocido por todos los autores (por lo menos, todos los que se
hallaban en mi campo visual) el fundamental artículo de Lotman, «Bajtín:
su legado y los problemas actuales de la semiótica»” (B. F. Egórov, «Bajtin
i Lotman», Zhizn’ i tvorchestvo Iu. M. Lotmana, Novoe
Literaturnoe Obozrenie, Moscú, 1999, p. 245).]
37. Ibídem, p. 33.
38. Ibídem, p. 35.
39. Ibídem, p. 36.
40. Ibídem, p. 36.
41. Ibídem, p. 37.
42. Ibídem, p. 38.
43. Iu. M. Lotman,
Pis’ma 1940-1993, selección, edición, artículo introductorio y
comentarios de B. F. Egórov, Skola “Iazyki russkoi kul’tury”, Moscú,
1997, p. 331.
44. V. V. Ivanov, «Znachenie
idei M. M. Bakhtina o znake, vyskazyvanii i dialoge dlia sovremennoi
semiotiki», Semeiotiké. Trudy po znakovym sistemam, nº 6, 1973,
pp. 5-45.
45. V. V. Ivanov, «Posleslovie»,
Dialog. Karnaval. Jronotop, 1996, nº 3, pp. 66.
46. Ibídem.
47. A. Reid, ob. cit., p.
112.
48. Scott McLemee, «Bakhtin»,
The Nation, 29 de diciembre de 1997: “ ‘La industria de Bajtín’
es una empresa internacional, en las que los académicos de los Estados
Unidos desempeñan un importante papel.”
Principio
del documento
* Ponencia presentada en
el VIII Coloquio Internacional sobre Mijaíl Bajtín, celebrado en
junio de 1997, en Calgary (Canadá), y aumentada para su presentación en el I Encontro Internacional para o
estudo da
Semiosfera. Interferências das diversidades nos sistemas culturais,
celebrado en São Paulo (Brasil), 22-26 de agosto de 2005. Se publica por
primera vez en
Entretextos.
El URL de este documento es
http://www.ugr.es/~mcaceres/Entretextos/entre6/respuesta.htm
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