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1. En lo que se refiere
al fenómeno de ‘intrusión de un texto extraño dentro de otro texto’, con
su consiguiente efecto de ‘cortocircuito’, Lotman menciona los casos de
ironía y parodia sólo de modo superficial, en su último libro La
cultura e l’esplosione. Prevedibilità e
imprevedibilità (1);
no obstante parece legítimo considerar ambos dispositivos retóricos como
algo que “funciona como un agente catalítico del significado”, “cambia el
carácter del significado principal”, y en cualquier caso “adquiere
funciones esenciales de significado” (2).
El carácter ‘explosivo’
de la ironía, que frecuentemente vuelve del revés el significado
superficial del texto, es paralelo a su ‘imprevisibilidad’; considerando
que el fin de la parodia es incluso más peculiar a la subversión del
significado del texto continente. Además, es indudable que mediante la
intrusión de estos dos de elementos “el texto adquiere el carácter de un
fuerte convencionalismo y su carácter de juego se pone perfectamente a la
vista” (3).
2. Con respecto a la
ironía, mi propósito es indicar algunos aspectos de su dinámica,
centrándome en ella como en una metábole inscrita en el discurso con
frecuentes funciones descriptivas, y a veces como recipiente virtual de un
programa narrativo. Desde la antífrasis canónica a los más sofisticados y
crípticos índices co-referenciales, la ironía establece relaciones con
receptores directos o indirectos sobre un eje comunicativo privilegiado,
no disponible universalmente. Frecuentemente encomendada a una voz doble y
bidireccional, su descodificación depende principalmente de la
participación de un receptor que comparte con el emisor una competencia
contextual y co-referencial de un nivel más bien alto: en suma, un
receptor que comparte con el emisor
—como
Lotman ha señalado en otro contexto
(4)— no solamente
un código, sino incluso un tipo especial de ‘memoria común’. Es, entre los
metalogismos, uno de los más comprometidos con, y más dependientes del
datum extralingüístico, que se vincula no mediante la mera alusión,
sino a causa de una necesidad estructural.
Un elemento de ajuste
suplementario para probar el carácter ‘explosivo’ de la ironía es la
insistencia con que, en el campo teórico, los eruditos se han detenido
sobre el problema de su descifre en nombre del receptor
(5).
La ambigüedad frecuente del mensaje irónico (que quizás más que cualquier
otra se basa en lo que Lotman define como ‘un lenguaje doble’) es el
primer indicador de la dislocación de significado que implica; es decir,
de un fenómeno de explosión con respecto a una presunta norma o
estabilidad que es en cierto modo desordenada en el momento en que se pone
en funcionamiento.
En el primer ejemplo de
texto irónico que tomo en consideración (recogido de Macbeth, III,6,1-21)
la ‘imprevisibilidad’ típica de la explosión conduce (y se opone) a un
contexto pseudo-referencial (6)
de estabilidad relativa. Daré un resumen; con la especificación de que,
entendida como un ‘estado mundial posible’ textual, es conocida por sus
habitantes sólo en parte.
El Rey Duncan ha
sido misteriosamente asesinado y su primo Macbeth le ha sucedido en el
trono de Escocia. También Banquo, quien tenía alguna información útil para
acusar al
asesino, ha sido asesinado mientras cabalgaba con su hijo Fleance a media
noche. La sospecha de que los dos hijos del rey (que han escapado a causa
del miedo) son los que ordenaron el magnicidio, ha sido oportunamente
fomentada por Macbeth, el verdadero asesino. Simulando un furor de
venganza, Macbeth también mató a los guardas borrachos de Duncan, de los
que se sospechaba como los ejecutores materiales del magnicidio. El hijo
de Banquo, Fleance, que ha huido como los hijos de Duncan, también es
sospechoso del parricidio.
Las líneas que contienen
nuestro texto irónico siguen más adelante con la famosa escena del
banquete, cuando la aparición del fantasma de Banquo sobrecoge a Macbeth,
cuya reacción fue advertida sin duda por sus invitados pero no
comentada (y, por tanto,
no formalmente reconocida). El que habla es el Conde Lenox, que se dirige
al personaje llamado ‘otro noble’, ‘en algún lugar de Escocia’:
Lenox
My former
speeches have but hit your thoughts,
Which can
interpret farther: only, I say
Things
have been strangely borne. 1 ) The gracious Duncan
Was
pitied of Macbeth:
—marry,
he was dead:—
2) And
the right valiant Banquo walk'd too late;
3) Whom,
you may say (if't please you) Fleance kill’d
For
Fleance fled. 4) Men must not walk too late.
5) Who
cannot want the thought, how monstrous
It was
for Malcolm, and for Donalbain,
To kill
their gracious father? damned fact!
6) How it
did grieve Macbeth! did he not straight,
In pious
rage, the two delinquents tear,
That were
the slaves of drink, and thralls of sleep?
Was not
that nobly done? Ay, and wisely too;
7) For 'twould
have anger'd any heart alive
To hear
the men deny't. So that, I say,
8) He has
borne things well: and I do think,
That, 9)
had he Duncan's sons under his key
(As,
and't please Heaven, he shall not), they should find
What 'twere
to kill a father; so should Fleance.
But,
peace! [....]
(III,6,1-1-21)
Obviamente el factor
típico de explosión de la imprevisibilidad apenas subsiste para el
espectador, que era un mero observador de los asesinatos, ambos urdidos y
perpetrados por Macbeth. Pero el espectador empírico es un elemento
absolutamente extraño a la situación-contexto ficticia en la que el texto
está contenido; mientras que esto no puede decirse del interlocutor del
Conde Lenox, el receptor accidental (no por casualidad llamado ‘otro
noble’) de una comunicación supuestamente imprevista, desde el
punto de vista situacional. De hecho, ningún participante en el ‘mundo
posible’ de la obra (excepto Banquo, que sin embargo estaba muerto) ha
expresado la más mínima sospecha, hasta este punto, sobre la posible
culpabilidad de Macbeth. En otras palabras, el contexto pseudo-referencial
es el siguiente: “El Rey Duncan fue asesinado por personas desconocidas.
Macbeth mató a los guardias del rey muerto. Macbeth asumió el derecho de
Duncan sobre el trono de Escocia. Banquo también fue asesinado”. A este
contexto fueron añadidos algunos detalles basados en la suposición. Éstos
son: “Se consideró una posible relación de los hijos de las personas
muertas responsables de los asesinatos”; “Parece que esa sospecha surgió a
causa de sus huidas inmediatamente después de los asesinatos”; “Se
sospechó que los guardas fueron los ejecutores materiales del magnicidio”.
Ahora, las líneas de
Lenox se refieren cabalmente a la totalidad de este contexto (sucesos más
supuestos). Sus palabras se refieren exclusivamente a ello, si uno los
descifra según su significado literal. Pero esas líneas contienen otro
texto: es el texto irónico que, invirtiendo el significado superficial (en
lo que concierne al contexto conocido, y por tanto previsto), abre
camino a otro significado, contrario al anterior, explosivo al tiempo que
virtualmente no previsto. El receptor de este nuevo
significado es el anónimo ‘otro noble’, usuario indiferenciado de un
mensaje formulado por un espectador anónimo (dentro de la historia),
formalmente todavía desconocido en el curso real de sucesos, y por tanto
un ‘lector modelo’ ideal de la explosión representada por el texto
irónico.
Pero echemos un vistazo
a este mensaje especial. El preámbulo funciona como una introducción,
señala la frontera entre el indiferenciado ‘lo que sucedió anteriormente’
y el principio de lo imprevisto (cuyos indicadores
metacomunicativos son 2 interpret farther y 3 strangely); en
otras palabras, anuncia un programa narrativo. El segmento 1 expresa una
pseudo-verdad (Macbeth se compadeció del rey muerto, pero no de forma
sincera), lo cual es contradicho irónicamente por la observación de que
los muertos son compadecidos previsiblemente, también como una mera
convención (marry, he was dead!). El segmento
2, que es verídico, ‘explota’ a causa de atribuir incongruentemente la
culpabilidad al hecho de que “estaban paseando a altas horas de la noche”.
El segmento 3 pone en duda el significado literal mediante el verbo modal
may y el paréntesis if't please you, que lo
contradice a causa de su falta de adecuación semántica. El segmento 4
constituye una ampliación de 2, con la adición de una reprobación cómica
—por
lo absurda—.
En 5 la explosión se funda sobre la falta de credibilidad de la
indignación expresada sobre la monstruosidad del parricidio; de hecho el
inevitable pensamiento de ello constituye una paradoja, basada en el
datum (fuera de las tres líneas de texto, pero inherente en el
contexto circunstancial) de la inocencia segura de los hijos del
rey (ellos no tenían absolutamente ningún motivo para el crimen). El
segmento 6 expresa la consecuencia (predecible, según el nivel de
la norma contextual) de la propia indignación de 5, que es la furia
vengativa de Macbeth. La falta de fiabilidad de lo siguiente se muestra
sin embargo, aparte de en la falta de credibilidad de su causa, también en
la acumulación de las atribuciones que lo probarían (monstrous,
damned, grieve, straight, pious, nobly,
wisely; y los términos peyorativos referidos a los supuestos asesinos,
delinquents, slaves of drink, thralls
of sleep). En estas atribuciones lo que degrada es de hecho
su carácter hiperbólico, fortalecido por la interacción de la acumulación.
En el segmento 7 la causa adicional de la furia vengativa de Macbeth se
contradice a sí misma y estalla a causa de la incongruente extensión a
toda la humanidad de buen corazón de lo que únicamente podía ser la falsa
hipótesis de Macbeth (la falsa proclamación de inocencia de los guardas
como causa adicional de indignación). La mera antífrasis del segmento 8 se
revela a sí misma automáticamente como un fenómeno de redundancia. Pero el
9, introduciendo un nuevo elemento (la captura de los presuntos
parricidas), se degrada con una renovada fuerza explosiva; de hecho la
amenaza de represalia (they should find / what
twere to kill a father) falla a causa de la
explosión del grito por el que se rechaza la propia posibilidad de
captura; el grito —el
único mensaje literal, el único mensaje no irónico—
que es enfatizado y al mismo tiempo separado por el paréntesis: (As,
and’t please Heaven, he shall not).
Por lo tanto el texto
irónico inscrito dentro de las líneas es fiel al programa narrativo
implícito en el preámbulo.
Y su narración
simplemente resume los sucesos a los que el espectador empírico asistía
ya.
Sin embargo la
descodificación del texto-dentro-del-texto no sería fácil, para el
receptor textual interno (el llamado ‘otro noble’), si no estuviese
compartiendo con el remitente Lenox la ‘memoria común’ en lo que concierne
al desgobierno de Macbeth: una memoria que él demuestra poseer en las
líneas siguientes (11.32-37). Mientras tanto el receptor indirecto
extratextual —el
auditorio—,
a fin de descifrar el texto irónico y sus explosiones, tiene a su
disposición, aparte de la memoria de los hechos a los que ha asistido, la
privilegiada competencia, compartida ahora con el propio
remitente-dramaturgo, sobre los remotos, pero frecuentemente
experimentados en la historia cultural común, mecanismos del
lenguaje-como-un-interminable-juego.
3. Así los dos
receptores del mensaje irónico (el directo y el indirecto) son capaces de
descifrarlo correctamente, en el ejemplo desarrollado arriba. Tanto en el
nivel de respuesta real para el primer receptor, como en el nivel de las
lógicas de comunicación teatral para el segundo, el conocimiento de los
dos lenguajes presentes en el mensaje es obvio; o, más precisamente, de
los tres lenguajes implicados: 1) el del habla común (código), 2)
el que corresponde al contexto situacional previsto, 3) el que es
productor de nuevos significados, el más difícil de descifrar,
semióticamente más activo, más heterogéneo respecto al segundo
(7).
Pero no ocurre lo mismo
para el receptor indirecto interno en muchos otros casos. Por ejemplo, en
la primera página de Pride and Prejuice (J. Austen, 1813), el
diálogo famoso entre Mr. y Mrs. Bennet, mientras el primero usa bastante
la ironía, se observa en ella una constante torpeza para comprenderlo. Mrs.
Bennet es perfectamente capaz de descifrar, en los mensajes de su esposo,
los primeros dos niveles (código lingüístico y contexto literal
referencial); pero el tercero, el texto dentro del texto que, al producir
significados ajenos o incongruentemente hiperbólicos de acuerdo al
contexto conocido, de alguna forma lo invalida, coloca las expectativas de
la interlocutora fuera de lugar; y en sus respuestas ella parece estar en
una búsqueda constante de recuperación y restauración del único
significado perceptible para ella.
Por el contrario, el
narrador muestra un tipo de confianza instintiva en la capacidad de
descifre del receptor indirecto, el lector; es decir, una confianza en la
‘memoria común’ que él ciertamente comparte en relación con los juegos
que el lenguaje es capaz de desarrollar (nivel primero) y en relación
cierta torpeza frecuente de la esposa (segundo nivel). De hecho no hay
indicadores o señales, ni marcas metacomunicativas, acerca de la ironía de
Mr. Bennet que generalmente no es entendida por Mrs. Bennet. Sólo se dan
algunas observaciones breves sobre la naturaleza extraña del primero (pero
considerada desde el punto de vista de su esposa), al final del capítulo.
En lugar de esto se dan observaciones objetivamente orientadas sobre ella
—(She
was a woman of mean understanding, little information and uncertain temper.
When she was discontented she fancied herself nervous
(8)—:
lo cual puede entenderse como un guiño al lector, a quien el narrador
dice: “Sobre la ironía de Mr. Bennet no digo nada, ya que la ha comprobado
usted mismo; en lugar de esto sobre la estupidez de Mrs. Bennet me tomo la
libertad de insistir por el placer de ser
—como
narrador—
irónico hacia ella y hacia mi propio texto”.
Una análoga incapacidad
en la descodificación de la ironía es la de una de sus víctimas previstas;
es decir, el caso en que, ejercida por un remitente E y dirigida a una
interlocutora D, tiene como un objeto una tercera persona P, que es objeto
de burla también por su inhabilidad para descifrar el texto dentro del
texto del mensaje. Un ejemplo entre otros puede estar en The
Rehearsal (1675), donde dos hombres jóvenes, invitados por un
dramaturgo torpe y arrogante a presenciar el ensayo de su última obra (una
parodia de la tragedia heroica), favorecen irónicamente la
arrogancia del autor, pretendiendo admirar sus torpes y extravagantes
invenciones. Si tomamos como modelo el esquema de Lotman sobre la
intersección del espacio lingüístico de dos interlocutores, podemos
reformular la dinámica de la ironía contra una tercera persona de esta
manera:

Desde la intersección I,
que es el espacio donde el texto irónico se despliega, cuya
codificación/descodificación coloca a los dos interlocutores en el campo
común de una competencia privilegiada, parte una flecha de agresividad,
que apunta hacia el espacio lingüístico de P, caracterizado por la
ausencia de intersección. De hecho, en teoría P podría compartir con E y D
sólo el espacio lingüístico de lo que está previsto y sabido,
que está privado de los valores de conocimiento y producción. Pero en ese
campo no hay verdadera comunicación
—y,
por tanto, ninguna intersección—:
E y D de hecho se comunican exclusivamente entre sí, enviándose el uno al
otro mensajes no descifrados por P; quien, en su discurso propio,
permanece restringido al aislamiento y silencio de su propia torpeza.
Este es el caso en que
la ironía se sirve de una voz bidireccional, aparte una voz doble; de
hecho la ironía, que se dirige a D para su descodificación, se dirige
también contra P; que será capaz de recibir, de su doble lenguaje,
sólo el significado del mensaje literal.
4. Según Genette, el
blanco de la parodia no es tanto un texto particular como un género
—él
dice: “Son hypotexte est en fait un hypogenre”
(9)—.
Esto sería suficiente —si
se quiere—
para probar la existencia también del doble lenguaje
(10)
que, según Lotman, caracteriza la ‘producción-contenidos’ del texto, el
texto considerado como un ‘aparato pensante’; en otras palabras, el texto
conteniendo otro texto. De hecho es inevitable para cualquier texto
paródico expresarse por medio de un lenguaje particular que lo distinga
del texto-recipiente. En este caso la explosión consistirá en la colisión
entre este lenguaje y el de salida, los cuales ambos entrecruzándose y
degradándose determinarán un fenómeno analógico al del chiste, o de mot
d’ésprit; es decir, una ‘divaricación isotópica’
(11)
hacia un cruce de universos de sentido incompatibles. Esto parece
consistir ni más ni menos que en la intención de provocar risa
—una
suposición latente en la ironía también, que en sí misma no es una función
retórica extraña de la parodia—,
típica de la parodia, de los chistes o del dicho gracioso
(12).
En suma, la matriz común frecuente de la intención de hacer reír es
evidente en este grupo de juegos del lenguaje. La diferencia
consiste en la calidad de la risa provocada (más trivial, más sutil,
inocente, amarga, etc.). Por ejemplo, otra hermana dentro de este
grupo es la sátira, que se basa también sobre la dinámica de la ironía.
Como la sátira tiene estructuras sociales o políticas como blanco
frecuente, está más frecuentemente basada en el sarcasmo, de ahí que
produzca una hilaridad teñida con amargura. Por el contrario la parodia
tiene las artes como un blanco más fácil; y por medio de la burla hacia
éste o aquel género literario, automáticamente lo critica, mostrando de
este modo un remoto deseo de corregirlo. De hecho S. Payne dice: “En todos
los trabajos recientes sobre la parodia, se pone el énfasis sobre su
transcontextualización irónica de formas pasadas de moda o caducas en
algún sentido, con la intención de revitalizarlas y hacerlas de nuevo
operativas” (13);
y Billi observa que la parodia “se impresiona conscientemente y con gran
habilidad sobre los modelos culturales a los que está contestando y al
mismo tiempo salvaguardando” (14).
Rehearsal,
arriba citado, parece ser uno de estos casos. Como hemos dicho ya, esta
obra de finales del siglo XVII monta un texto teatral dentro de un texto
teatral con una polémica intención contra el género (que es la tragedia
heroica, de moda entonces) y contra sus autores; y al hacer esto
realiza una operación de rescate del género, revitalizado en cierto modo,
contribuyendo a su inmortalización.
Las líneas que utilizaré
como ejemplo pertenecen a un personaje de la tragedia parodiada quien,
tras caer presa de un conflicto entre el Amor y el Deber,
manifiesta su sufrimiento atribuyendo a sus botas los sentimientos
contradictorios por los que se siente atrapado. Así no es una paradoja, a
pesar de su intención irónica, una de las explicaciones preliminares de
los dos invitados-espectadores en el sentido de que the jest lies in
the boots. De hecho los efectos cómicos (que no están ciertamente en
la intención del autor) están asegurados, derivando del hecho de que el
valeroso soldado Volscius se muestra sentado en el suelo mientras se queja
de su problema, al mismo tiempo que se afana en intentar ponerse sus
botas; lo cual conseguirá o no según la pierna de que se trate. De hecho
Volscius, que se disponía a partir para la guerra, acaba de ver una
doncella cuya belleza lo ha embelesado:
74
Volscius Flow has my passion Made me Cupid's scoff!
75 This hasty Boot is on, the other off,
76 And sullen lies, with amorous design
77 To quit loud fame, and make that Beauty
mine.
[...]
81 My Legs, the Emblem of my various thought,
82 Shew to what sad distraction I am brought.
83 Sometimes with stubborn Honour, like this
Boot,
84 My mind is guarded and resolv'd: to do't:
85 Sometimes, again, that very mind, by Love
86 Disarmed, like this other Leg does prove.
87 Shall I to Honour or to Love give way?
88 Go on, cries Honour; tender Love saies,
nay:
89 Honour, aloud, commands, pluck both Boots
on;
90 But softer Love does whisper put on none.
91 What shall I do? what conduct shall I
find
92 To lead me through this twy-light of my
mind?
93 For as bright Day with black approach of
Night
94 Contending, makes a doubtful puzling
light;
95 So does my Honour and my Love together
96 Puzzle me so, I can resolve for neither.
(III,5,74-h96)
El debate es obviamente
la convención literaria que se está parodiando. Y los puntos de explosión
se aíslan fácilmente: corresponden a los momentos en que el código blanco
de ironización se infringe, esto es, cuando es subvertido con intención
profanadora (15).
El primer punto que introduce la explosión está en la línea 75, donde hay
una incongruente intersección isotópica de referentes, tales como una
hasty boot y su compañera, absolutamente extraño al tema
implicado en la pasión y Cupido. La subversión semántica
explosiva se completa a sí misma en las líneas 76-77, con la
antropomorfización de las botas, que se atribuye al amorous
design y a los propósitos de cortejar a la doncella y,
consecuentemente, de renunciar a la gran fama como guerrero de su
propietario: ¡el efecto cómico está asegurado!
En las líneas siguientes
el símil se mejora y enriquece por la comparación entre piernas (o botas)
y pensamiento (o mente): hasta las líneas 88-90, donde ocurre una nueva
explosión, aun cuando ésta está debilitada por la implicación ahora
predecible que se refiere a las dos personificaciones involucradas en la
pugna, como son el Amor y el Honor que previamente fueron
metaforizados en las botas antropomórficas y en sus contenidos naturales,
las piernas. De cualquier manera lo que aquí está ayudando a la explosión
son de nuevo las cómicas calificaciones antropomórficas de los dos
abstractos por excelencia Amor y Honor, que son incluso retratados con
actitudes humanas determinadas por sentimientos (ver 88cries, tender,
89aloud, commands, 90softer, whisper) o emitiendo mensajes impropios
para su ... dignidad, tales como 89pluck both Boots on y 90put
on none. Las líneas restantes, ahora apropiadas al código y
aparentemente libres de infracciones, conservan el efecto cómico de las
líneas precedentes, arrastrando parcialmente el sentido de sus
transgresiones al código.
5. El último caso de
‘intrusión de un texto dentro otro texto’ que quiero examinar se aparta
completamente del campo literario tomado en consideración hasta ahora. Se
refiere de hecho a un tipo particular de texto, el pictórico.
Las pinturas de Galeazzo
Viganò, que es un pintor italiano contemporáneo de gran refinamiento,
muestran una característica peculiar, en el último período de su
producción artística: la parte del cuadro que rodea y contiene al ‘texto
pictórico’ real (es decir, la parte que se define comúnmente como ‘el
marco’) da cobijo a elementos aparentemente extraños a él: las partes
internas, que deberían estar separadas de, y enmarcadas por, el margen que
los rodea. Opino que en este tipo de pintura también es manifiesta la
presencia de una intrusión textual, y por lo tanto un tipo de explosión
con respecto a la norma predecible; pinturas que de este modo
muestran un nexo evidente con algunas pinturas barrocas, o esculturas, que
Lotman toma como ejemplos en relación al “juego basado en la oposición
entre lo real y lo convencional”
(16).
Lotman dice de hecho:
“Cuando en el
arte Barroco las estatuas suben o bajan de su pedestal, cuando las figuras
de una pintura se salen de sus marcos, [...] el momento del juego se pone
en evidencia por el hecho de que si uno adopta un determinado punto de
vista ve estos elementos como parte del texto, mientras que si adopta
otro, parecen extraños a él”
(17).
De cualquier modo hay
obviamente una resistencia de la persona que los mira; de hecho, al estar
condicionado por la tradición y por la convención que asigna una función
particular a cada espacio, esta persona (citando a Lotman de nuevo) “sitúa
tanto el pedestal como el marco de una pintura en el área del no-texto”
(18).
Pero el despectivo
rechazo de Viganò hacia la definición de marco, mostrándose incluso
sorprendido (“¿Por qué lo llama ‘un marco’?”) acerca del hecho de que los
observadores comunes persisten en darle ese nombre, es peculiar y a la vez
significativo. Si uno le pide que ofrezca una definición más correcta, una
que él aceptara como exacta, contesta que lo que nosotros erróneamente
llamamos ‘un marco’ es ‘un fondo dorado’, agregando (con cierta vaguedad)
que las características de ese fondo son arquetípicas, casi metafísicas,
como el oro —como
el cristal—,
que es un elemento absolutamente puro, puro más allá de cualquier otra
sustancia imaginable. Por lo tanto, diferente.
De cualquier manera,
independientemente de cualquier idea de Viganò sobre esta parte de su
trabajo artístico (una idea que yo sé que no he reproducido bien del
todo), lo que es relevante es el hecho de que esa parte es algo separado
del resto de la pintura, en la intención de su autor. En suma, es otro
texto, que se introduce en el texto principal, se convierte en su
recipiente o soporte más allá de la mera función de enmarcar, mezcla su
propio significado (posiblemente simbólico) con el significado interno. O,
si nosotros preferimos atribuir a los objetos que ‘sobresalen’ un eminente
significando sígnico y pensar en el ‘fondo dorado’ como en el principio de
lo pseudo-real que está fuera del cuadro, todavía estamos frente a una
mezcla de géneros, o especies, que proporciona a esta zona de intersección
un carácter explosivo.
En suma, su
impredecibilidad está asegurada. Puede contener un fragmento
arquitectónico (torres de iglesia, una columna entera o un trozo de
edificio), puede contener partes de una base de roca, o algunas joyas
preciosas; nuevamente, puede contener una especie de citas como las que
uno puede ver en el cuadrado de mar a la izquierda, el fragmento de cielo
a la derecha y el cartouche en la parte inferior; o, más
simplemente, si uno considera la incertidumbre en la frontera entre el
área de mar y el oro, una frontera que parece balancearse hacia adentro, o
retirarse, hacia la parte superior, para dejar espacio a la media luna del
cielo de debajo... en cualquiera de estos casos, en conclusión, el texto
interno parece estar mirando hacia un espacio de indecisión absoluta, una
especie abismo fascinante pegado a lo desconocido, un locus de
posible conocimiento o de posible aniquilación. Del mismo modo que, por
otro lado, las partes que quedan detrás de los edificios parecen, porque
la perspectiva de estos edificios permite ver solamente su parte anterior,
más allá del vacío, o incluso puede aparecer una plenitud a la cual la
imaginación puede dar tamaños inconmensurables.
Pero se puede decir
mucho más que esto, sobre la pintura de Viganò, y ésta no es, ciertamente,
tarea mía. Sólo deseo añadir que, en lo que respecta al hecho del texto
dentro del texto en sus cuadros, a causa de la incertidumbre acerca de la
preeminencia de una de las dos de áreas, puede aplicarse a lo que Lotman
entiende al decir: “Más complejo es el caso cuando el texto y el marco
están interrelacionados de tal manera que cada uno de ellos se muestra a
sí mismo a veces como el texto marco, a veces como texto que es enmarcado”
(19).
Por lo tanto, también puede aplicarse a lo que, hablando de la obra dentro
de la obra en la Inglaterra contemporánea, yo definí como ‘escena
interconectada’ (20);
esto es, donde el texto recipiente irremediablemente interfiere y se
entrelaza con el texto contenido, produciendo confusos efectos de sentido.
La colisión, o la superposición, entre dos códigos hermenéuticos
diferentes es, por antonomasia, un espacio de incertidumbre y
extrañamiento, paradójicamente el más insidioso e inquietante, el más
susceptible de producir significado e intercambiar conocimiento.
En conclusión (para
volver al punto de partida del último libro de Lotman), lo mismo es cierto
para la no-identidad entre códigos comunicativos: es decir, cuanta mayor
es la diferencia entre hablantes (y, por consiguiente, más estrecho el
espacio de intersección comunicativa), más claramente se producirán sus
mensajes desde un punto de vista semiótico.
En otras
palabras, es el triunfo y el encanto insondable de la preciosa e inefable
‘traducción de lo intraducible’.
Notas
1. Ju.
M. Lotman. La
cultura e l’esplosione. Prevedibilità e imprevedibilità.
Milano: Feltrinelli, 1993: 91. El ensayo «Il testo nel testo» (87-101)
principalmente resume uno con el mismo título publicado en La
semiosfera. Venezia: Marsilio, 1985: 247-265. [Existe traducción
española del ensayo, publicado en Tartu en 1981, con el título «El texto
en el texto», en
La semiosfera. I.
Semiótica de la cultura y del texto, selecc. y trad. D. Navarro,
Madrid, Cátedra, 1996,
págs. 91-109. N.R.]
2. Ibidem.
3. Ibidem.
4. Ju.M. Lotman, Testo
e contesto. Semiotica dell'arte e della cultura. Bari: Laterza, 1980:
191-198.
5. De hecho se sabe que
el descifre de la ironía es frecuentemente posible a causa de
‘indicadores’ que lo señalan. No obstante casi todos los estudiosos
coinciden en el hecho de que la ironía es más eficaz cuando la intención
irónica es es menos manifiesta. Para un exhaustivo resumen de indicadores
explícitos o implícitos, ver en particular M. Mizzau. L’ironia.
Milano: Feltrinelli, 1984.
6. Digo
‘pseudo-referencial’ por la necesaria distinción entre referencial-real y
referencial-literario.
7. Estos conceptos son
tratados por Lotman en el ensayo ya citado «Il testo nel testo».
8. Las observaciones
sobre Mrs. Bennet, y el capítulo, terminan así: The business of her
life was to get her daughters married; its solace was visiting and news.
A este respecto, la referencia a sus débiles nervios se suma al fragmento
previo: ‘Mr Bennet [...], you have no compassion on my poor nerves’.
‘You mistake me, my dear. They are my old friends. I have heard you
mention them with consideration these twenty years at least’ (p.52).
9. G. Genette discute
acerca de la parodia en Palimpsestes.
Paris: Seuil,
1982: 164-175.
10. Numerosos trabajos
acerca de la parodia, recientes y científicamente fundados, discuten desde
diversas perspectivas el obvio ‘doblez’ textual de ese género, donde a un
texto-recipiente se superpone un segundo ridiculizado. Según M. Rose, la
parodia consiste en dos mundos de texto: el mundo del que parodia TW1 y el
mundo blanco de esa parodia TW2 (M. Rose. Parody/Metaficción.
London: Croom Helm, 1979: 26). A causa del gran número de trabajos sobre
este tema, estoy citando sólo los de Billi, que, en sus primeros capítulos
da un resumen detallado de los más importantes: M. Billi. Il testo
riflesso. La parodia nel romanzo inglese. Napoli: Liguori, 1993.
11. Esta es la definición
de Koestler de colisión entre códigos, o contextos de referencia
incompatibles, que determina un efecto cómico. Por cierto, Koestler en un
esquema comenta el fenómeno de una degradación cómica justamente con la
palabra ‘explosión’. A. Koestler, L’atto della creazione. Roma:
Astrolabio, 1975.
12. Sin embargo se ha
reducido mucho ahora la convergencia entre parodia y formas cómicas, en un
tiempo consideradas axiomáticas. Esta distinción fue ya apuntada por los
formalistas rusos, y después definida con más exactitud en trabajos más
recientes. Por ejemplo Billi dice: “Incluso si en muchos casos hay una
presencia cierta de la relación funcional entre parodia y formas cómicas,
esta especificación permite liberar a la parodia de lo burlesco y
reconocer en trabajos como el Ulyses de Joyce o Doktor Faustus
de Mann su carácter de parodias, entendidas como transformaciones
textuales y por tanto sígnicas de gran importancia”. Billi, op. cit.,
p. 44.
13. S. Payne. The
Strange within the Real. Roma: Bulzoni, 1992: 25. Sobre todo ver el
capítulo «The author in the text: parodic strategy and metafiction in Jane
Austen’s Northanger Abbey» (17-60).
14. M. Billi, op. cit.,
p. 37.
15. He discutido en otro
lugar sobre la posibilidad de comparar el lenguaje parodístico con una
doble semiótica connotativa, en el sentido hjelmsleviano. De hecho el
lenguaje paródico asume como una expresión el lenguaje connotativo
pertinente al estilo del personaje o de la convención literaria (estilo
que es su blanco), con el fin de degradarlo en sus contenidos. Ver el
caso, que tomo como ejemplo, de estilo amoroso cortesano parodiado por
Mercutio en Romeo y Julieta, II, 7-14, 17-21 y 34-38; él lo hace a
través de una operación metalingüística. R. Rutelli, «Romeo e Giulietta».
L’effabile. Napoli: Liguori, 1985: 69-71.
16. Ju.
M. Lotman. La
semiosfera, op. cit., p 259.
17. Ibidem.
18. Ibidem.
19. Ibidem, p.
264-265.
20. R. Rutelli, «Teatro
nel teatro, teatro sul teatro». En G. Villiers. The
Rehearsal/La prova teatrale. Napoli: Liguori, 1994; sobre todo pp.
38-43.
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