Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura 1 (Mayo 2003) ISSN 1696-7356
  
Peeter  Torop, La Escuela de Tartu como Escuela (4)

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            Pero no era sólo respeto hacia un grupo de referencia, por cuyos trabajos era posible tener una idea sobre la 'vanguardia de estas investigaciones'. El respeto al estilo individual y a la opinión de cada uno de los autores es un principio esencial en los últimos compendios de artículos. El propio Iuri M. Lotman recuerda que «había una guerra para que la unidad de la ciencia no asimilara la individualidad. [...] La ciencia, como parte de la cultura, debe conservar la individualidad».
            Es cierto que hay que hacer una precisión sustancial. Este respeto a la individualidad es posible en el círculo de personas entre las cuales el criterio humano principal (como complemento a la exigencia de competencia y profesionalidad) es precisamente la honradez. Así, Iuri M. Lotman escribe: «Nosotros teníamos una base común, que era la honradez científica indiscutible». I. I. Levin habla, sin embargo, del «aspecto caballeresco».
            Esta situación especial, tanto en el ámbito profesional como en el moral, tuvo también una incidencia directa en la doctrina de la Escuela. Así, B. M. Gaspárov recuerda: «El ambiente de la comunidad de Tartu creaba unas condiciones ideales para la comunicación interdisciplinar y para la cooperación. Yo ya he hablado de que esa auto-conciencia del semiólogo se determinaba no tanto por una pertenencia profesional inicial cuanto por unas normas intelectuales comunes»(9). Realmente, en los trabajos de la Escuela de Tartu se ve ya esta unidad en la forma de pensar, la orientación hacia la comprensión de la estructuración y la sistematización de los objetos de estudio y de búsqueda de medios para la descripción semiótica de diferentes lenguas de cultura.
               Pero, desde el punto de vista de la doctrina, es preciso recordar que a la Escuela de Tartu le acompaña otro acontecimiento en la ciencia. A partir de los materiales de la Conferencia de 1962, en 1964 se edita en Tartu el primer Blokovski Sbornik [Compendio sobre Blok], que tiene un enfoque empírico y que también respeta la individualidad de los autores. Si los TZS bajo la dirección de I. M. Lotman restauraban la unidad de la tradición científica, los Blokovski Sbornik editados por Z. G. Mints rehabilitaban uno de los objetos de estudio científico: la obra de A. Blok y el simbolismo. Entre estas dos series hubo relaciones de complementariedad natural. Los compendios semióticos reflejaban las posibilidades del estudio semiótico de diferentes tipos de objetos, mientras que los compendios sobre Blok ofrecían el análisis de un objeto con ayuda de diferentes métodos. Era, pues, una complementariedad profundamente simbólica.