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En este marco, son curiosas las
polaridades en la recepción de la Escuela de Tartu. La crítica oficiosa
vio insuficiencias no solamente en el anti-historicismo, en el formalismo,
etc., sino también en la influencia de Occidente: del estructuralismo
francés (4), o del husserlianismo del neo-kantismo y de la filosofía
semántica (5). La crítica más profesional por el contrario, indicaba la
oposición más completa entre el estructuralismo francés y la Escuela de
Tartu (6), asegurando que en Tartu se dedican no a especulaciones
filosóficas sino a investigaciones empíricas (7).
Sin pretender profundizar más en las
particularidades de la recepción de la Escuela de Tartu nos gustaría
subrayar de nuevo que, para los miembros de la Escuela de Tartu, más
importante que su lugar en las corrientes científicas contemporáneas fue
precisamente la sensación de interacción con sus sucesores,
la sensación de ruptura con las líneas del desarrollo natural de
la ciencia nacional y el deseo de restaurar la unidad de los
tiempos. Así que, desde el punto de vista de la herencia, realmente
se le puede llamar Escuela de Tartu-Moscú o Escuela de Tartu-Leningrado-Moscú.
2. La Escuela como doctrina.
La Escuela de Tartu no tiene una doctrina metodológica única,
pero hay que recordar que el primer número de TZS es precisamente el
libro de I. M. Lotman Lecciones de poética estructural (1964). No
se trata de un libro ortodoxo, aunque es un libro de un semiótico
ortodoxo, del único semiótico utópico, según palabras de I. I. Levin.
Por otra parte, el segundo número
(es decir, el primero que fue colectivo) incluía la siguiente nota
de la redacción: «El conjunto de problemas que es preciso abordar,
analizando el mito, el folklore, el ritual, la literatura, las
artes plásticas, como sistemas sígnicos de modelización, es tan
variado y la cantidad de cuestiones sin resolver es tan grande que
difícilmente los miembros de la Escuela de Verano podían llegar a
una misma opinión. La redacción no consideraba útil uniformar
artificialmente los puntos de vista»(8). Realmente, cómo se puede
unificar la pléyade tan brillante de autores de este número: I. I. Levin, E. B. Paducheva, A. M. Piatigorski,
I. I. Revzin, V. N.
Toporov, B. A. Uspenski y otros.
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