Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura 1 (Mayo 2003) ISSN 1696-7356
  
Peeter  Torop, La Escuela de Tartu como Escuela (3)

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            En este marco, son curiosas las polaridades en la recepción de la Escuela de Tartu. La crítica oficiosa vio insuficiencias no solamente en el anti-historicismo, en el formalismo, etc., sino también en la influencia de Occidente: del estructuralismo francés (4), o del husserlianismo del neo-kantismo y de la filosofía semántica (5). La crítica más profesional por el contrario, indicaba la oposición más completa entre el estructuralismo francés y la Escuela de Tartu (6), asegurando que en Tartu se dedican no a especulaciones filosóficas sino a investigaciones empíricas (7).
         Sin pretender profundizar más en las particularidades de la recepción de la Escuela de Tartu nos gustaría subrayar de nuevo que, para los miembros de la Escuela de Tartu, más importante que su lugar en las corrientes científicas contemporáneas fue precisamente la sensación de interacción con sus sucesores, la sensación de ruptura con las líneas del desarrollo natural de la ciencia nacional y el deseo de restaurar la unidad de los tiempos. Así que, desde el punto de vista de la herencia, realmente se le puede llamar Escuela de Tartu-Moscú o Escuela de Tartu-Leningrado-Moscú.

2. La Escuela como doctrina.

            La Escuela de Tartu no tiene una doctrina metodológica única, pero hay que recordar que el primer número de TZS es precisamente el libro de I. M. Lotman Lecciones de poética estructural (1964). No se trata de un libro ortodoxo, aunque es un libro de un semiótico ortodoxo, del único semiótico utópico, según palabras de I. I. Levin.
            Por otra parte, el segundo número (es decir, el primero que fue colectivo) incluía la siguiente nota de la redacción: «El conjunto de problemas que es preciso abordar, analizando el mito, el folklore, el ritual, la literatura, las artes plásticas, como sistemas sígnicos de modelización, es tan variado y la cantidad de cuestiones sin resolver es tan grande que difícilmente los miembros de la Escuela de Verano podían llegar a una misma opinión. La redacción no consideraba útil uniformar artificialmente los puntos de vista»(8). Realmente, cómo se puede unificar la pléyade tan brillante de autores de este número: I. I. Levin, E. B. Paducheva, A. M. Piatigorski, I. I. Revzin, V. N. Toporov, B. A. Uspenski y otros.