II.A.2.- LOS
«NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS» Y LAS SECTAS
II.A.2.-
LA CUESTIÓN TERMINOLÓGICA
Hace tiempo que se constata la existencia de un gran número de movimientos religiosos y de sectas. De algún tiempo a esta parte se ha convertido en un tema de actualidad que ha suscitado cierta inquietud por diversos motivos. Son muchos los estudios que sobre él se han hecho en los últimos años. A partir de la ley reguladora del derecho a la libertad religiosa del año 1967, en España se ha producido una verdadera invasión de sectas y de movimientos religiosos. La proliferación de sectas y movimientos religiosos en nuestro país aumentó considerablemente con la llegada de las plenas libertades políticas. Y hoy puede afirmarse que no es corto el elenco de los grupos religiosos que se han establecido aquí y que son reconocidos legalmente por los Ministerios de Justicia y del Interior. Lo que ha sucedido en España no es más que un reflejo de lo que ha sucedido a escala mundial. Los historiadores, fenomenólogos y sociólogos de la religión enmarcan el rebrote de sectas y movimientos religiosos dentro del marco más amplio de un nuevo despertar religioso que se está experimentando actualmente. Se parte de la realidad de que en nuestro mundo actual está ocurriendo algo nuevo respecto a la dimensión religiosa del ser humano. La novedad está en que en un mundo muy secularizado, en la «Ciudad Secular», como ha dicho el teólogo Harvey Cox, la «religión retorna» (1).
El problema con el que se encuentran los estudiosos del tema es cómo definir una «secta». ¿Qué es una secta?
Desde el punto de vista de la historia de las religiones, el fenómeno de las sectas no es nuevo. Las ha habido siempre a lo largo de la historia. La secta parece ser un fenómeno connatural a la religión. De ahí que se deba considerar al fenómeno sectario tan antiguo como el mismo hecho religioso (2).
La raíz etimológica del término «secta» se halla en los verbos latinos «secare», que significa «cortar», «separar». «romper con» y del verbo «sequi», que significa «seguir», «optar por». La palabra «secta», originariamente, no tiene ninguna connotación peyorativa. Aplicar, por tanto, a determinados grupos el apelativo «secta» o su derivado «sectario» no siempre es tarea fácil, por la misma ambigüedad que tienen estos conceptos.
Desde el punto de vista de la historia y sociología de las religiones, al aplicar la palabra «secta» a ciertos grupos o movimientos religiosos, se recurre de una manrea u otra a un cierto «relacionismo».
En la religión judía hubo «sectas»: los saduceos, los esenios, los fariseos, etc. Para Roma, el naciente movimiento de los seguidores de Jesús de Nazaret tenía todas la características de una secta judía más. Para las iglesias de Bizancio y Roma, los grupos cristianos que se separan de las afirmaciones dogmáticas de Nicea y Calcedonia, son considerados como «cismáticos». La Iglesia romana - la Iglesia católica - rechaza como «sectarias», «herejes», a las comunidades luteranas y éstas, a su vez, acusan de sectarismo a los anabaptistas, mennonitas e incluso, en más de una ocasión, a los calvinistas. Para la Iglesia de Inglaterra (anglicanismo), los congregacionalistas, cuáqueros y metodistas de Wesley fueron «sectas» en el sentido estricto de la palabra. Grandes denominaciones o Iglesias de hoy fueron en otro tiempo consideradas como «sectas» - pensemos en los bautistas y metodistas -, y en el presente éstas acusan de sectarios a grupos como «Los Testigos de Jehová», a los «Mormones» o a los seguidores del reverendo Moon.
Mayoritariamente, la palabra «secta» ha sido empleada, en la terminología de las «grandes religiones» establecidas, para designar a los grupos escindidos del tronco común, sirviendo incluso para señalar a individuos o grupos sociales radicales que abandonan sus lugares originales de pertenencia. De ahí que en el uso de la palabra «secta» haya ido predominando una connotación más bien negativa o peyorativa (3).
En donde ha habido más aportaciones a la hora de entender y aplicar el concepto de «secta», ha sido en el campo de la sociología, desterrando ciertos prejuicios que se constatan, todavía hoy, en la mayoría de los estudios de origen teológico-eclesiástico sobre las sectas.
Si, desde el punto de vista sociológico,, se recurre al término «secta» para calificar a ciertos movimientos o grupos religiosos, es por pura «convención», como sucede también con la palabra «religión», pero no con el ánimo de emitir juicios de valor - no es lo propio de la ciencia - por comparación con otros grupos religiosos. Para el científico de la religión todos los grupos religiosos - incluidas las grandes religiones - son «sectas», en el sentido etimológico del término, esto es, son «parcelaciones» del macrocampo de lo religioso. Con esto queremos decir que, desde un punto de vista científico, sobre todo sociológico, el término «secta» es problemático y no puede hacerse una delimitación de la misma «a priori». Y es problemática porque en el fondo no deja de ser una cuestión hermenéutica y, como hemos dicho antes, relacionista, pues lo que para unos es «secta», para otros lo no es. Además, metodológicamente hablando, ¿cuáles son los criterios por los que se pueda delimitar a un determinado grupo, más o menos numeroso, de «secta»?
También hay que dejar por sentado, a modo de principio rector, que una definición de «secta» no debe ni puede atentar, por ejemplo, mediante «juicios de valor excluyentes, contra la libertad religiosa y de opinión.
Pero lamentablemente, al hablar de las sectas, sobre todo en los medios de comunicación, en la mayoría de los escritos referentes al tema y en la percepción popular, la gran ausente es la neutralidad; tiende a dominar más bien la «ideología antisectaria» o la «sectofobia». El antropólogo Joan Prat se refiere al «estereotipo negativo de los grupos religiosos minoritarios», pues «con independencia de lo que las instituciones sectarias sean o dejen de ser, objetivamente hablando, todos nosotros hemos interiorizado un retrato robot, una imagen social, claramente desfavorable. Y esta imagen, divulgada de forma arrolladora por los medios de comunicación social, domina el ambiente» (4)
II.D.1.1.- IGLESIA Y SECTA
La tipología «iglesia» y «secta» tiene su origen en la obra de Max Weber y de su discípulo Ernst Troeltsch.
En su conocido escrito «La ética protestante y el espíritu del capitalismo» Weber distingue entre «iglesia» y «secta». Tal distinción Weber la hizo a propósito de los baptistas (5), mennonitas (6) y cuáqueros (7) y atribuía una importancia decisiva al principio de confesionalidad eclesial, es decir, tomaba como punto de referencia una iglesia, ya sea internacional (catolicismo), ya sea nacional (luteranismo, calvinismo, anglicanismo), oficial o dominante para poder determinar a un grupo concreto como «secta».
Weber define a la secta (8) como «comunidad de los personalmente creyentes y regenerados, y sólo de éstos» (9). Puesto que los «bautizantes», a quienes Weber les aplica la denominación «secta», rechazaban tal denominación por considerarse precisamente la «Iglesia» en el sentido paulino, tal como aparece en la carta a los Efesios: «Sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada» (10), Weber precisa aun más las razones por las que les aplica el término «secta».
«El motivo principal para atribuir al movimiento el carácter sectario consiste en la índole exclusivamente voluntarista de la comunidad religiosa; para no admitir en su seno elementos impuros y no apartarse, por tanto, del modelo evangélico, sólo podía organizarse como secta, voluntariamente, no como Iglesia, como organización» (11).
De ahí que sólo se permitiera bautizar a los adultos que personalmente hubiesen conocido y aceptado la fe. Los bautizantes insistían en que la «justificación» por la fe es algo totalmente distinto de la mera imputación de los méritos de Cristo, como creía la ortodoxia dogmática; la justificación consiste más bien en la apropiación interior de la obra de la redención, por medio de la revelación individual, por la acción del espíritu divino en cada uno en particular. La idea que inspiraba a las sectas bautizantes es que la verdadera Iglesia de Cristo está formada solamente, como la primitiva comunidad cristiana, por los regenerados, por los que oyeron el llamamiento de Dios. Consecuencia de esta doctrina es que la secta bautizante procura un estricto aislamiento del mundo y vive bajo el imperio de una rígida bibliocracia, como modelo ejemplar de vida.
En cambio la «iglesia», tal como la entiende Weber, es una institución en la que caben justos y pecadores. Se pertenece a ella por nacimiento y tiene un carácter universalista.
En su ensayo posterior «Las sectas protestantes y el espíritu del capitalismo» (12) Weber da una definición más extensa de «iglesia» y de «secta».
«Una "iglesia" es una institución que administra como una función la gracia y los bienes religiosos de salvación, la pertenencia a la cual (¡idealmente!) es obligatoria y que, por ello, no prueba nada sobre las cualidades de sus miembros, mientras que una secta, por el contrario, es una asociación voluntaria exclusiva de los cualificados (idealmente) en una ética religiosa, en la que se entra de modo voluntario cuando se es admitido, también de modo voluntario, en virtud de una pruebas religiosas» (13).
Pertenecer a una «secta», «denominación» o «conventículo sectario» era considerado como «garantía absoluta de las cualidades éticas de un gentleman, sobre todo de las cualidades comerciales, hasta tal punto que el bautizado tenía seguros los depósitos de toda la comarca y crédito sin límites y sin competencia. Es un "hombre hecho"» (14).
«La pertenencia a una secta significaba (a diferencia de la pertenencia a una "iglesia", en la que "se nace" y que reparte su gracia sobre justos e injustos) un certificado de cualificación ética , y en particular comercial, para la persona» (15).
La condición de miembro de una secta se basaba en una elección realizada por el grupo tras una previa investigación y comprobación de la condición ética del miembro entrante. La elección voluntaria era, pues, recíproca. Pertenecer a una secta era valorado en gran manera desde el punto de vista social y sobre todo económico-comercial. Era la forma más rápida y segura de hacerse uno «digno de crédito» (16). Las sectas desempeñaban, pues, una función legitimadora. La exclusión de la secta, por quebrar su ética, acarreaba la pérdida de crédito con sus repercusiones sociales y comerciales.
Weber hace dos consideraciones importantísimas:
1ª. Lo que estaba en la base era la tradición puritana, es decir, la ascesis intramundana del protestantismo (17).
2ª. Se revelan «los continuos progresos de ese característico proceso de "secularización" al que sucumben por todas partes en la edad moderna esos fenómenos nacidos de las concepciones religiosas» (18).
Weber se refiere a los «Clubs» y «Sociedades» a los que era necesario pertenecer para lograr el «ascenso social» (19).
«El camino hacia el honor social pasaba por unas relaciones distinguidas en un colegio distinguido, y más antiguamente, por la afiliación a una secta distinguida, como, por ejemplo, la presbiteriana, en cuyas iglesias neoyorquinas se podían encontrar abanicos y blandos colchones sobre los reclinatorios» (20).
Para quien quería ser plenamente aceptado en esas asociaciones «tenía que poder identificarse como quien había conseguido ser admitido por votación en alguna secta, club o sociedad, afirmándose como gentleman a través de esta prueba» (21)
Weber incluyó también en su concepto de «secta» el rasgo de «carisma personal», por oposición al «carisma ministerial o por oficio». Con esto quiso probar dos cosas: que el cristianismo primitivo presentaba rasgos de «secta» (22) y el carácter de oposición de la secta al dogmatismo.
Weber insiste también en una característica de la secta que la diferencia de la iglesia: la disciplina moral extraordinariamente estricta con vistas a mantener la pureza de toda la comunidad. En esto la «secta» y una «orden monástica» son análogas. Por otra parte, las sectas suelen exigir un período de prueba, lo cual puede interpretarse también como algo análogo a la etapa de noviciado que imponen las órdenes religiosas.
Otra característica que ve Weber en la secta es que en ésta se adopta entre sus miembros un trato «fraternal» y se insiste en el «carisma personal». La rutinización del carisma y la aparición de un tipo de religiosidad masiva hace suponer la evolución de los grupos «sectas» hacia un tipo de organización con rasgos característicos de una «iglesia» como institución.
Ernst Troeltsch, discípulo de Weber, fue quien más extensamente trató de la dicotomía «iglesia» y «secta» como tipos de organización religiosa en el contexto del cristianismo.
Presentamos a continuación tal como entendió Troeltsch dicha dicotomía mediante el siguiente cuatro comparativo:
| IGLESIA | SECTA |
| a) La iglesia es conservadora, acepta el
orden social y tiende a dominar las masas. De ahí que, en principio,
tienda a ser universal. b) Las iglesia tienden a adaptarse al entorno socio-cultural e institucional. Se sirven del Estado y de las clases dominantes. c) En la iglesia la vida ascética es sólo un medio para adquirir virtudes y para acreditar que se ha alcanzado un alto nivel de religiosidad |
a) Las sectas son innovadoras y están
formadas por grupos comparativamente reducidos. Su objetivo es fomentar
y asegurar una hermandad personal y directa entre sus miembros. Suelen renunciar
a la idea de dominar el mundo.
b) Las sectas promueven una estructura cerrada en sí misma, al margen de la estructura social y de las otras religiones. Su actitud ante la sociedad que las rodea suele ser de rechazo y en ocasiones también de indiferencia. Se relacionan más bien con las clases humildes y con los desposeídos. c) En una secta la vida ascética constituye simplemente el principio del desasimiento del mundo y una forma de oposición a las instituciones socio-culturales establecidas |
Tanto para Weber como para Troeltsch la dicotomía «iglesia» y «secta» corresponde a dos tipos ideales de organización religiosa. Por esto no puede esperarse encontrar en la realidad fenómenos que correspondan perfectamente a la descripción de tales tipos. Dicha dicotomía tiene, pues, un valor más bien heurístico. Incluso pueden coexistir «iglesia» y «secta» en un mismo grupo religioso, como quiere ver Troeltsch en el cristianismo primitivo. Efectivamente, en éste existían dos tendencias complementrias y coexistentes: por una parte, existía en la primera comunidad cristiana un anarquismo ideal y comunitario de amor que combinaba una indiferencia radical e incluso una hostilidad hacia el resto social con el esfuerzo de realizar este ideal de amor en un pequeño grupo. Pero por otro lado, se va produciendo también una evolución orientada en sentido social-conservador, en la que la sumisión a la voluntad de Dios se combinaba con una fuerte independencia de la comunidad organizada, que ampliando el ámbito de su influencia no puede ignorar las instituciones seculares, sino que se ve en la necesidad de utilizarlas en provecho de sus propios fines. Troeltsch no considera la tendencia conservadora como un giro accidental en la primitiva comunidad cristiana debido a la postura personal de Pablo y a nuevas exigencias socio-políticas de la primitiva Iglesia, sino que la toma como un componente lógico del significado del evangelio, cuyo espíritu es universal. Tanto el elemento radical como el conservador tenían los dos, según Troeltsch, un puesto legítimo dentro del marco del cristianismo, si bien se hallaban en mutua tensión, aunque coexistían. El espíritu radical del ideal evangélico se mantuvo bajo la forma de monacato, el cual trataba de hacer realidad la aspiración a crear un grupo reducido calcado sobre el modelo de los primeros discípulos de Cristo mediante la creación de un comunidad aparte - Weber llama «conventículos» apartados del mundo o «ecclesiola» (23).
Troeltsch afirma que cuando más cerca estuvo la Iglesia católica de alcanzar su objetivo universal, el individualismo radical del evangelio había quedado relegado a un segundo puesto, cuando no había sido totalmente abandonado, creándose un vacío espiritual. Sólo cuando la Iglesia hubo llevado hasta el extremo sus pretensiones de ser la única dispensadora de la gracia sacramental se llega a reafirmar la tendencia «sectaria». Quizá uno de los motivos más poderosos del origen de los movimientos sectarios medievales fue la reforma gregoriana del siglo XII. La base de esta reforma católica fue la instauración de un papado poderoso y con jurisdicción universal y la supresión de todo otro poder sobre la administración eclesiástica basada en un dominio territorial. Para lograr estos fines, Gregorio VII se sirvió de la agitación popular, pero el resultado final, según Troeltsch, fue la radicalización del laicado urbano, que en gran parte se hallaba en un situación de rápido cambio social, con lo que adquirieron vigor ciertos movimientos «secta», como los cátaros (24) y los valdenses (25), o un grupo que sólo al cabo de un notable conflicto terminó por incorporarse plenamente a la Iglesia: el de los franciscanos.
Como hemos hecho notar antes, Weber y Troeltsch limitaron su investigación a los grupos de origen cristiano. Posteriormente se han hecho diversas tentativas para ampliar estos análisis a otras religiones. Así para Joachim Wach, el tipo «secta» es una de las posibilidades de evolución de todo cuerpo religioso cristiano o no, cuando se conoce un período de «protestación», esto es, cuando se cuestionan sus estructuras, sus creencias y sus prácticas. La «protestación» se puede manifestar en el interior de un grupo (protest within), permaneciendo en él (ecclesiola in Ecclesia) o bien puede conducir a la secesión (protest without). En este caso, se asiste con frecuencia sea a la formación de cuerpos eclesiásticos (tipo Iglesia), sea a la de cuerpos semi-eclesiásticos (Iglesias libres) (26), sea a la de las sectas. Para Wach, todas las religiones fundadas (judaísmo, cristianismo, islam, budismo de Mahayana) conocen la «protestación sectaria».
En cuanto a la primera forma de protesta religiosa, Wach distingue grados de protesta. El primer grado es «collegium pietatis». Es éste un paso intermedio entre la protesta individual y la separación completa y caracteriza a los grupos que no se consideran como la comunidad ideal ni tratan de constituir unidades especiales, sino que tienden simplemente a adoptar una actitud o forma característica de devoción.
«En otras palabras, hay un grupo escasamente organizado, reducido en cuanto al número de sus miembros, que se une en virtud de un entusiasmo común, unas convicciones peculiares, una intensa devoción y una rígida disciplina, con todo lo cual se pretende alcanzar una perfección espiritual y moral superior a lo que normalmente permiten las condiciones imperantes. (...) La "reunión" es la típica expresión sociológica de estos collegia» (27).
Como ejemplo se ponen el metodismo primitivo y el Movimiento Tractariano de Oxford.
La segunda forma de «protesta interior» es la fraternitas, que se desarrolla cuando el inicial «paralelismo de la espontaneidad religiosa» ya no tiene fuerza suficiente para mantener unido al grupo de protesta contra el statu quo.
Finalmente, la tercera forma de «protesta interior» adopta la postura de la orden. En este tipo de «ecclesiola» se da una expresión más formalizada y más distante de la secesión, dándose mucha importancia a la fidelidad permanente.
«Los miembros del convento y de la orden se mantienen unidos por una obediencia absoluta, la residencia fija, el hábito peculiar, las comidas en común, las devociones especiales y el trabajo comunitario» (28)
Bryan Wilson, toma en consideración la investigación Troeltsch sobre las sectas, que, siguiendo a Weber, contrapone, como hemos visto, «iglesia» y «secta», aunque advierte que este esquema tiene serios inconvenientes:
1º) Supone que las sectas, en cuanto tales, dependen de la Iglesia. Esta contraposición era muy apropiada para la mayoría de los países europeos, pero no en Inglaterra y América, lugares en los que la tolerancia permitió el desarrollo de un pluralismo religioso. El concepto mismo de secta ya no es tan adecuado tratándose de América, pues «al no existir allí ninguna Iglesia federal oficial, la dicotomía de Iglesia y secta se venía abajo» (29). A los movimientos religiosos se los considera más bien como «grupos confesionales» o también como «denominaciones» (30).
«En una sociedad en la que no existe una Iglesia, sino diversas denominaciones importantes, el sectarismo ha de poseer obligatoriamente un carácter algo distinto» (31).
2º. Troeltsch se limitaba fundamentalmente a las sectas de orientación milenarista.
3º. Si bien, según Troeltsch, las sectas, sobre todo en las sociedades feudales, entresacaban sus miembros de la clase baja, posteriormente, debido a una diversificación de la estructura de clases y al aumentar la complejidad de las sociedades industriales, han aparecido nuevas formas de diferenciación social, lo cual repercute en el mundo de las sectas.
«Han surgido grupos étnicos no integrados, emigrantes, poblaciones fronterizas desconectadas de la cultura de las ciudades y de los supuestos de la ortodoxia, personas que se desplazan con rapidez por la escala social y buscan un medio de ajustarse a su nuevo status social; y se ha producido una multiplicación de las posiciones de clase con diferencias muy leves (aunque reales para quienes se encuentran en tal situación) en cuanto a status, supuestos y Weltanschauungen. Junto a estos cambios de tipo estructural hay que contar la difusión rápida y tal vez abrumadora de la información, el hecho de que la religión tradicional sea desafiada por elementos humanistas y seculares y por quienes aportan ideas religiosas de otras culturas, y vemos cómo los hombres se hallan expuestos de muy diversas formas a las distintas filosofías, ideologías, campos del saber y propagandas de que ahora es posible disponer. Así, pues, tanto en lo que se refiere a estructuras como en lo que se refiere a ideas, son posibles muchas situaciones nuevas que pueden hacer brotar a las sectas» (32).
La conclusión que saca Wilson es que ante esas nuevas situaciones socio-culturales, los análisis de Troeltsch resultan inadecuados; esto sin contar los numerosos movimientos sectarios que existen fuera del cristianismo. Y si bien es verdad que aún siguen siendo vigentes algunos de los viejos tipos de sectas descritos por Troeltsch, han aparecido muchos otros tipos de movimientos con múltiples combinaciones de elementos nuevos que las sectas engloban actualmente dentro de una experiencia social mucho más amplia y heterogénea.
No obstante, cabe plantear, como hace el mismo Wilson, qué puede afirmarse de las sectas que sea válido en general dentro de contextos culturales y épocas diferentes (33). Lo que sí deja bien claro Wilson, desde un principio, es que «toda afirmación de este tipo debe evitar el contraponer las sectas a una Iglesia, puesto que ésta no es ya la entidad central que pretendía un monopolio de acceso a lo sobrenatural» (34).
Wilson busca, pues, una definición de secta que sea más descriptiva y que supere la dicotomía «iglesia» y «secta». Esta definición la ensaya Wilson detectando ocho rasgos más o menos acentuados:
1. Voluntariedad (35). Las sectas son asociaciones libres Los individuos tiene cierta posibilidad de decidir en cuanto a su adhesión al grupo religioso en cuestión. El concepto mismo de «secta», en tanto significa «división», supone una diversidad de creencias religiosas de una sociedad determinada. Normalmente se entra a ellas por adhesión propia, aunque se da cierta tendencia a que los hijos de los sectarios abracen la misma creencia de sus padres.
«Para pasar a ser uno de sus miembros se requiere cierta prueba de méritos: el individuo ha de ser digno de pertenecer a la secta» (36).
2. Exclusivismo (37). Al considerarse como poseedora única de la verdadera doctrina, de los ritos adecuados y de unos modelos garantizados de rectitud en el comportamiento social, la secta se autoexcluye a sí misma de los demás, formando como un grupo aparte. Y al separarse de otros grupos, las sectas impugnan la santidad y autoridad de los mismos. Quien es admitido se convierte en «uno de nosotros». De ahí que una de las características esenciales de la secta sea la de exigir a sus seguidores un sometimiento absoluto y un compromiso inequívoco, de carácter primario. La secta se convierte para el que se adhiere a ella en lo más importante de su personalidad. No obstante, ese exclusivismo, en determinados estadios del desarrollo de las sectas, tal vez haya de ser modificado, como ha sucedido frecuentemente.
3. Méritos (38). El creyente elige la secta, pero en realidad se trata de una elección recíproca (es la secta la que últimamente admite o rechaza a esa persona). Las sectas exigen, pues, un acto de aceptación, que consiste, normalmente, en una prueba de méritos más o menos rigurosa. Ahora bien dicha prueba puede llegar a convertirse en algo puramente nominal, pues «conforme una secta va teniendo mayor aceptación en el mundo, y conforme se va alienando con las demás confesiones, va igualmente restando importancia a la prueba de méritos previa al ingreso en sus filas» (39). La historia de los cuáqueros nos ofrece un claro ejemplo de la disminución del rigor de la previa prueba del mérito, pues terminó convirtiéndose una especie de grupo hereditario.
4. Autoidentificación (40). Las sectas poseen un fuerte sentido de identidad, de ahí que presente unos límites bien precisos, que las diferencien de otros grupos. Mantienen una fuerte concepción del «nosotros» en contraposición a todos los demás.
5. Status de élite (41). La secta se considera a sí misma como una élite. Razón por la que el concepto de elección tienda a ser fundamental, pues da a la secta un carácter de élite religiosa-salvífica. La idea de elección es propia de las sectas de origen cristiano. Sin embargo, a las sectas que han buscado la legitimación en las Escrituras no siempre les ha sido facíl probar que ellos y sólo ellos eran los elegidos de Dios. Así, por ejemplo, los salvacionistas y los pentecostalistas, aunque estaban convencidos de que contaban con mayor favor divino, llegaron a admitir que entre los salvados podían incluirse otros fundamentalistas.
6. Expulsión (42) de los relajados o «lapsi». La prueba de méritos previa a la adhesión en una secta implica ya unos requisitos para seguir perteneciendo a ella.
7. Conciencia (43) de segregación y de compromiso. Los miembros de una secta suelan tener una fuerte conciencia de pertenecer a un grupo bien diferenciado con el que están estrechamente comprometidos.
8. Legitimación (44). Tal vez sea éste uno de los elementos más importantes de las sectas, Ninguna secta aparece sin contar con una justificación de tipo ideológico. Las sectas se atribuyen una autoridad, a fin de persuadir a los demás a que abandonen el sistema religioso instaurado y ortodoxo. Ha de haber, pues, una persona o un grupo de personas dotadas de autoridad por la que pueden legitimar la secta con respecto a los otros grupos. Cuando la secta se forma en torno a un lider carismático, la legitimación está constituida por su autoridad carismática. Pero existen otros casos en los que el liderazgo se hace por elección. Hay, sin embargo, sectas en las que se niega tajantemente que exista un intermediario entre Dios y cada uno de los miembros. La relación es más bien directa. Lo que sí está claro es que todo sistema religioso institucional cuenta con unas autoridades y que toda secta les opone una resistencia, poniendo de relieve la participación de los láicos en el desempeño de las funciones, defendiendo la doctrina de un sacerdocio común a todos los creyentes, o bien estableciendo su propia autoridad jerárquica.
Esta descripción general de las sectas Wilson la hace al margen de un enfrentamiento necesario con una iglesia. Existen sectas que están sumidas en un medio en el que la abundancia de confesiones da origen a un pluralismo religioso en el que no se toma como punto de referencia una Iglesia instituida y oficial. En este sentido, y desde un punto de vista científico, sobre todo sociológico, todas las confesiones religiosas, inluida la católica, están en un mismo plano (45). Además, actualmente las sectas surgen en el contexto de una sociedad secular, contra la que la mayoría de las veces dirigen su protesta las sectas, y no forzosamente contra la Iglesia, lo cual no significa que no se ofrezcan como alternativa.
En términos generales, podemos afirmar que en la mayoría de los casos el concepto de «secta» deriva de una visión «eclesiocéntrica» y que lejos de tener un significado absoluto, «varía según contextos culturales, religiosos y nacionales. Lo que calificamos aquí como "secta", puede perfectamente no serlo en otra parte» (46). El ejemplo típico lo tenemos en los «mormones»; éstos no son calificados de la misma manera en España y en Norteamérica. El concepto de «secta» implica, pues, como hemos dicho al principio, un cierto «relacionismo». Otra característica de la «secta» es la de «seguir una vía espiritual incorformista con relación a las instituciones religiosas "establecidas" y a las grandes tradiciones religiosas mundiales "reconocidas"» (47). De ahí que para evitar la connotación peyorativa ligada a la palabra «secta» se prefiera cambiarla por otras expresiones más «neutras». Mayer aboga por la expresión de «incorformismos religiosos» (48).
Wilson parece moverse también en esta línea. Y si bien sigue utilizando el término «secta», lo hace desde «una perspectiva sociológica» (49), limitándose a una simple constatación y descripción de las diversas sectas, sin ningún tipo de connotación valorativa, dentro de su contexto socio-cultural e histórico.
«Las sectas son movimientos de protesta religiosa. Sus miembros se separan de los demás hombres en lo que se refiere a sus creencias, prácticas e instituciones religiosas, y a veces en muchos otros aspectos de su vida. Rechazan la autoridad de los líderes religiosos ortodoxos y, a veces, incluso la del gobierno secular. El compromiso con la secta es voluntario, pero sólo se admite en ella a aquellas personas que han probado su convicción o han dado algún otro testimonio de sus méritos; el seguir perteneciendo a ella se basa en el sometimiento evidente y constante a las creencias y prácticas de la secta. Los que pertenecen a una secta ponen su fe ante todo y ordenan su vida de acuerdo con ella. Los ortodoxos, por el contrario, hacen que su fe temporice con otros intereses, y su religión se acomoda a las exigencias de la cultura secular.
A primera vista las sectas pueden parecer fenómenos marginales e incidentales de la historia: extraños grupos de personas enajenadas con unas ideas estrafalarias. Sin embargo, las sectas han tenido, a veces, una gran significación en el curso de la historia. después de todo, el cristianismo mismo no fue al principio más que una secta judía» (50).
Uno de los autores que mejor ha estudiado el carácter «inconformista» y «contestatario» de las sectas ha sido Norman Cohn en su escrito «En pos del milenio» (51)
II.D.1.2.- CONFESIÓN, DENOMINACIÓN Y CULTO
La palabra «confesión» es usada en un sentido diferente al de «sacramento del perdón, de proclamación de la fe o de un documento simbólico; tiene un significado sociológico siendo aplicada para designar las diversas comunidades cristianas, principalmente de procedencia protestante. Por ejemplo, la «Confesión de Augsburg» designa la comunidad luterana.
Ciertos sociólogos actuales entienden por «confesión» una etapa tipológica en la evolución de la secta hacia la Iglesia. Según Haward Becker y Leopold von Weise, la confesión tiende a favorecer la experiencia mística individual. Milton Yinger ve en la «confesión» una «Iglesia de clase». El metodismo o el congregacionalismo actuales son considerados como confesiones por el estamento que los forman - clases medias y superiores - y por su aceptación del pluralismo religioso. Teniendo en cuenta esto último, ciertos autores toman la palabra «confesión» como sinónima de «denominación», término más usado por los sociólogos de origen inglés y americano.
La «donominación» designa una Iglesia o un grupo cristiano particular, evitando pronunciarse sobre cuestiones doctrinales.
Niebuhr ve en la «denominación» un tipo sociológico del desarrollo de la secta hacia la Iglesia. La Iglesia, habiendo sido al principio «secta», es decir movimiento de protesta socio-religiosa en ruptura con la sociedad global, tiende a reconciliarse con ésta última.El primer estadio de este proceso de adaptación es el de la «denominación», que suele surgir a partir de la segunda generación de sus miembros. Características de la «denominación» son el abandono de la «espontaneidad primitiva», la creación de ministerios profesionales, una actitud positiva con respecto a la sociedad global y la aceptación del pluralismo .
En cuanto al término «culto» (Cult o New Cult) es más usado en el ámbito anglosajón y se refiere principalmente a un cierto tipo de la familia sectaria. No obstante, existe una diferencia en la lengua inglesa entre las palabras «sect» y «cult». Glock, Stark, Nelson y Bainbridge presentan los siguientes elementos definitorios de «culto», dintinguiéndolo de la «secta»:
· El «culto» tiene su fuente de inspiración en una fuente extraña a la religión de la cultura dominante. La «secta», en cambio, se inspira y proviene de la religión o de la Iglesia mayoritaria de una determinada sociedad.
· El «culto» no pretende preservar las formas tradicionales de ninguna religión o iglesia anterior. La «secta, por el contrario, se define por el interés de mantener la pureza de la fe. La ruptura de la secta con respecto al grupo mayoritario se atribuye a la pérdida, por parte de éste, de la pureza en la fe y costumbres.
· El «culto» aparece como una ruptura con cualquier tradición religiosa anterior. La «secta» nunca busca innovar, sino que se siente fiel a la tradición recibida.
· El «culto» mantiene estructuras organizativas sumamente fluctuantes e indefinidas. En la «secta» se destaca una gran rigidez y autoritarismo.
Mayer resume así las diferencias entre «secta» y «culto»:
«El término secta designa un grupo cismático fundado por fieles que han salido de la Iglesia de origen para crear un nuevo movimiento en el cual intentarán un retorno al mensaje auténtico, no adulterado de la tradición que han abandonado. La palabra secta "encierra un concepto mucho más vago e insatisfactorio" (Allan W. Eister). Cult es el resultado de una innovación, más que de una separación y designa un grupo que se encuentra netamente fuera de la corriente religiosa dominante. Definido desde la perspectiva cristiana, un cult se distinguirá por el recurso a autoridades fuera de las Escrituras. (...) Algunos sociólogos recurren sin embargo al concepto de cult en un sentido no doctrinal, para designar un grupo de origen reciente (una nueva religión en su estadio inicial), pequeño en volumen, poco estructurado, reunido en torno a un líder carismático» (52).
La diferencia entre «secta» y «culto», tal como la presentan estos autores, da la sensación de ser una mera distinción lingüística muy dificil de precisar con exactitud en casos concretos. Grupos controvertidos como «Iglesia de la Unificación», «Hare Krishna», la «Cienciología», etc, son considerados por algunos autores - Stark y Bainbridge, entre otros - como «cultos» precisamente por sus dimensiones «innovadoras». En cambio, para otros autores, por ejemplo Roy Wallia, son «sectas» debido al autoritarismo y centralismo que imprimen en ellas sus líderes. Según éste autor, deben ser considerados como «cultos» los grupos espiritualistas del estilo «New Age», «Rosacruces», «Teosofía», etc.
II.D.1.3.- «NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS», «RELIGIONES ALTERNATIVAS»
Se han usado y se usan todavía otras denominaciones, por ejemplo: nuevas religiones, religiones marginales, movimientos religiosos libres, movimientos religiosos alternativos, grupos religiosos marginales, etc. Las etiquetas «nuevos movimientos religiosos» (NMR) y «religiones alternativas» son las que más se usan actualmente,
II.D.2.- TIPOLOGÍA DE LOS «MOVIMIENTOS RELIGIOSOS ALTERNATIVOS» Y SECTAS
Hasta el momento se ha insistido en aquellas principales características por las que existen puntos de coincidencia entre los grupos religiosos; habrá que presentar ahora sus diferencias. La tarea no es fácil. La dificultad de presentar una tipología satisfactoria de los movimientos religiosos y de las sectas procede ya de la dificultad de dar una definición de secta que sea universalmente válida para los diversos movimientos. Con todo es necesaria la elección de unos criterios que nos permitan determinar los diversos tipos de sectas. El trabajo sobre la tipología de las sectas y los nuevos movimientos religiosos ha sido llevado a cabo preferentemente por los sociólogos. A tal fin se han propuesto varios criterios.
II.D.2.1.- CRITERIOS DE TIPIFICACIÓN
Se barajan múltiples criterios para hacer una tipología de las sectas. Entre ellos
cabe destacar los siguientes como más significativos:
a) el criterio del origen y de las raíces,
b)el criterio descriptivo u organizativo,
c) el criterio según las actitudes frente al mundo,
d) criterio según la conflictividad,
e) y el criterio doctrinal (53).
Ad a): el intento de clasificar las sectas por su origen es un criterio muy extendido. No obstante tiene sus dificultades. La más importante es que no se suelen tener en cuenta las características socio-culturales de la época de aparición y no se matizan suficientemente las motivaciones que explican la razón de serde cada grupo. Los autores que más recurren a este criterio de clasificación son Jean François Mayer y Jean Vernette. Mayer, en su obra «Las sectas» (54) agrupa a las sectas desde esta triple perspectiva: 1) Inconformismos del cristianismo occidental: donde traza una panorámica histórica que va desde «la herencia de la Reforma radical» (anabaptismo, mennonitas, amish, hutterianos, baptistas) y cuáqueros hasta los movimientos adventistas, pentecostales y sectas de catolicismo romano (55). 2) Maestros y grupos de Oriente: aquí son incluídas las sectas islámicas e hinduistas y las nuevas religiones de Extremo Oriente (56). 3) Brotes occidentales de ultracristianismo: Mayer destaca las religiones «científicas» (la Cienciología, los Hermanos del Espacio, el Movimiento raeliano).
Vernette en su libro «Las sectas» (57) clasifica a las sectas en tres grandes bloques: 1) Grupos nacidos del tronco judeo-cristiano, divididos a su vez en tres subgrupos: a) milenaristas (Testigos de Jehová, New Age, Rosacruces, Fraternidad Blanca Universal, Adventistas del Séptimo Día, Mormones, Iglesia Universal de Dios, Amigos del Hombre); b) Movimientos del despertar (Niños de Dios, Ejército de Salvación, Comunidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Pleno (Full Gospel Business Men's Fellowhip International), Iglesia Católica Apostólica, Mennonitas, Pentecostales, Sociedad de amigos (cuáqueros); c) Grupos sanadores (Iglesia Cristiana Universal del Cristo de Montfavet, Iglesia cientista cristiana (Christian Science Church). 2) Movimientos orientales, cuyas raíces se hunden en las grandes religiones de Oriente (Asociación Internacional para la conciencia Krishna, Mahikari, Asociación para la Unificación del Cristianismo Mundial, Fe Baha'i, Movimiento Neo-Sannyas, Brama Kumari, Misión de la Luz Divina, Soka Gakkai, etc.) 3) Grupos originarios del esoterismo, gnosis y movimientos del «potencial humano» (Rosacruces, Iglesia de la Cienciología, Organización de Análisis Accional, Antroposofía, Extraterrestres, Fraternidad Blanca Universal, Meditación Trascendental, Nueva Acrópolis, Obra de Reintegración Crística, Raelianos y Teosofía)
Ad b) Esta segunda tipología está centrada en características comunitarias y organizativas. Rodney Stark y William S. Bainbridge (58) han distinguido tres tipos de organización sectaria relacionados con el grado de compromiso de sus miembros: cultos de audiencia (audience cults), cultos de clientes (client cults) y movimientos cúlticos (cult movements). Los cultos de audiencia ofrecen su mensaje a los adeptos a través de cursillos por correspondencia, charlas, etc. Los «cultos de clientes» son llamados así porque la relación entre los promotores de la ideología sectaria y los adeptos es semejante a las que existen entre los terapeutas y sus pacientes; se da pues una fluidez y un continuo trasvase de los adeptos (clientes) de unos cultos a otros, razón por la que es difícil una correcta clasificación. Entre estos grupos cabe pensar EST, Cienciología, etc. Por último, los «movimientos cúlticos» son organizaciones más estables que intentan satisfacer las necesidades espirituales de los adeptos. Tratan de propagar su doctrina con el fin de conseguir nuevos miembros. El grado de compromiso suele ser alto y se procura que la vinculación con la vida de la comunidad sea total y exclusiva. Cabe citar como modelos-tipo de este tercer grupo a La Iglesia de la Unificación y Hare Krishna.
Ad c) A partir de los estudios de Weber y de Troeltsch la mayoría de los autores vienen aceptando que el rechazo del mundo es una de las características definitorias de la secta. El sociólogo Roy Wallis (59) ha reformulado este presupuesto. La orientación de la secta respecto al mundo y a la sociedad no es necesariamente de rechazo, aunque sea esta la orientación más frecuente. Cabe también la afirmación y la acomodación. El autor ofrece una división tripartita de los NMR según sea su orientación hacia el mundo: 1) Movimientos que rechazan el mundo (World rejecting movements): los Niños de Dios, el Templo del Pueblo, La Iglesia de la Unificación, Hare Krishna son algunos de los grupos más representativos. 2) Movimientos que afirman el mundo (World affirming movements): proporcionan a sus adeptos los medios necesarios para que puedan desarrollar sus capacidades físicas, espirituales y morales para poder desenvolverse en el mundo. Wallis enumera a La Meditación Trascendental, Silva Mind Contro, Nichiren Shoshu, EST, etc. 3) Movimientos acomodaticios al mundo (World accomodating movements): acentúan la vida espiritual de sus seguidores en cuanto individuos que han de vivir en el mundo, aunque ponen menos énfasis en los resultados o beneficios mundanos. Se a semejan a los movimientos «quietistas». Los Pentecostales y los grupos de la Renovación Carismática son los más representativos de este tercer tipo.
Ad d). Cfr. Pepe Rodriguez: «Las sectas, hoy y aquí» (60); Jean Vernette: «Les sectes» (61); Steven Hassan: «Las técnicas de control mental de las sectas y cómo combatirlas» (62).
Ad e)Franz Damen (63) presenta la siguiente tipología de las sectas atendiendo a las doctrinas que profesan a partir de sus raíces y pasado religioso:
1) Religiones cristianas: grupos evangélicos fundamentalistas de tipo conversionsista o de «santidad», los pentecostales y grupos o movimientos católicos cerrados
2) Religiones para-cristianas o pseudocristianas: Adventistas del Séptimo Día, Testigos de Jehová, Mormones
3) Religiones no cristianas. Se distinguen varios subgrupos:
- Religiones y cultos tradicionales de los pueblos negros e indígenas de América latina (religión aymara, cultos afro-brasileños, Vudú, movimientos Rastafari)
- Religiones esotéricas: espiritistas, teósofos, rosacruces, gnósticos, etc.
- Sectas de religiones asiáticas: del budismo (Nichiren Shoschu, Seiko-No'he), del hinduismo (Yoga), del Islam (Fe Baha'i)
- Nuevos cultos de corte oriental: Misión de la Luz divina, Hare Krishna, Ananda Marga
- Sectas de juventud: Niños de Dios, Revolucionarios de Jesucristo
- Sectas religiosas políticas, que, bajo la apariencia de religión, persiguen objetivos ideológicos, políticos y económicos (Secta Moon, Nueva Acrópolis, etc)
- La Iglesia Electrónica
- Cultos terapéuticos o curativos
II.D.2.2.- CLASIFICACIÓN DE LOS MRA Y SECTAS SEGÚN LOS TIPOS DE OFERTA DE SALVACIÓN
Bryan Wilson es, sin duda, uno de los sociólogos de la religión que más ha aportado a la tipología de las sectas (64). Para este autor resultan insuficientes aquellos criterios que se basan, por ejemplo, en los distintos tipos de organización o de la clase social de los adeptos. Cree que «la mejor forma de guiarnos podría consistir en abordar la cuestión básica y universal que preocupa a las sectas y a todas las religiones, es decir, qué es lo que hay que hacer para obtener la salvación» (65). De la respuesta a esta pregunta dependerá la determinación del carácter de una secta. La razón que da Wilson es que «al plantear esta cuestión los sectarios incluyen necesariamente su concepción acerca del mundo y de lo sobrenatural y del comportamiento que debe seguirse con respecto a esas realidades. La respuesta que den a las condiciones reflejará igualmente su respuesta a esta preocupación religiosa de carácter último. Su doctrina, su ética social, sus relaciones internas, su postura frente al mundo exterior y sus ideas con respecto a lo que conviene hacer en sus asambleas, son elementos que en su conjunto nos ponen de manifiesto cuál es el camino que los miembros de la secta piensan que debe seguirse para salvarse. (...) Los ortodoxos responden al mundo mediante una aceptación del mismo. Aceptan la cultura vigente y los medios de salvación que ofrece el sistema religioso oficial. Así, por ejemplo, dentro del cristianismo tradicional los hombres aceptan a la Iglesia como institución que proporciona los medios de salvación y les ayuda a adquirir el estado de gracia. Aceptan su autoridad, sus decisiones sobre problemas éticos, y muestran reverencia hacia sus líderes por cuanto son instrumentos mediante los cuales pueden conocer mejor la voluntad divina, llegando a veces al punto de creer en la infalibilidad de sus decisiones. Las sectas rechazan el camino que la ortodoxia propone para marchar hacia la salvación, pero ese rechazo puede adoptar diferentes manifestaciones. El sectario define su necesidad de salvación como un salvarse del mal que aparece en el mundo. Cómo será otorgada esa salvación, y cómo y cuándo actúa, son puntos que difieren considerablemente de unas sectas a otras. Existe un número determinado de modos de tasar a ese mundo, del que se busca la liberación, y de responder a él» (66).
Wilson presenta la siguiente tipología de las distintas respuestas religiosas ante el mundo:
1. Respuesta CONVERSIONISTA
2. Respuesta REVOLUCIONISTA o TRANSFORMISTA
3. Respuesta INTROVERSIONISTA
4. Respuesta MANIPULACIONISTA
5. Respuesta TAUMATÚRGICA
6. Respuesta REFORMISTA
7. Respuesta UTÓPICA
1.- Respuesta CONVERSIONISTA
a) El mundo y sus instituciones (incluida la religión instituída y ortodoxa) son malos. No se puede actuar sobre él para mejorarlo
b) La salvación se obtendrá sólo mediante el profundo cambio de uno mismo, es decir, renaciendo de nuevo y apartándose del mundo
c) El proceso de conversión está por encima de los procedimientos y ritos institucionalizados; la conversión se lleva a término mediante una «experiencia del corazón».
2.- Respuesta REVOLUCIONISTA o TRANSFORMISTA
a) Se considera al mundo como malo.
b) La salvación viene por la transformación del mundo. Se exige, pues, no que cambien las personas, sino que sea cambiado o transformado el mundo.
c) Esta transformación sólo se llevará a término mediante una acción sobrenatural de Dios, aunque se requiere la colaboración de los sectarios.
3.- Respuesta INTROVERSIONISTA
a) El mundo es malo
b) Hay que separarse del mundo
c) La salvación se debe buscar en el seno de la comunidad apartada del mundo.
4.- Respuesta MANIPULACIONISTA
a) El mundo no es malo, sino que está mal organizado. Puede ser mejorado
b) Hay que buscar la salvación en el mundo, sacándole el mayor partido posible por medios que el mundo desconoce, especialmente sobrenaturales y esotéricos.
c) Se trata de adaptarse a la cultura secular presentándose ante ella como una terapéutica utilitarista para obtener una mayor salud y una calidad de vida y felicidad. A tal fin usan técnicas manipuladoras de la mente, persiguiendo también un cierto dominio en amplios sectores del mundo.
5.- Respuesta TAUMATÚRGICA
a) El mundo es el lugar de la enfermedad y del dolor.
b) Se trata de un concepto muy reducido y particularista de salvación. Se trata de una liberación de las enfermedades presentes, ya sean físicas o mentales.
c) Se pretende obtener la salvación mediante la suspensión, casi mágica, de las leyes ordinarias de la causalidad recurriendo a agentes sobrenaturales (santos, espíritus, etc).
d) No se trata de salvar al mundo, sino a sí mismo; de ahí su carácter particularista.
6.- Respuesta REFORMISTA
a) En el mundo existe el mal
b) El mal puede ser vencido mediante una reforma efectuada de acuerdo con el dictado de la conciencia, de inspiración religiosa que justifica los procedimientos racionales.
c) La salvación es de carácter filantrópico. Los ideales filantrópicos hacen esperar la salvación de toda la sociedad reformable.
7.- Respuesta UTÓPICA
a) El mundo es malo debido a los hombres
b) La salvación ha de alcanzarse mediante un retorno a los principios fundamentales dispuestos por Dios para la convivencia humana.
c) La salvación hay que buscarla no en una actitud frente al mundo, sino en la reconstrucción del mismo basándose en unos principios religiosos. Tales principios se obtienen mediante revelación o la Sagrada Escritura.
d) Los medios para llegar a esa sociedad reconstruida pueden ser racionales en sí mismos, pero la elección de los fines, y posiblemente también de los medios, es determinada por una relación con lo sobrenatural.
Basándose en este esquema propuesto de los distintos tipos de respuesta ante el mundo, Wilson procura hacer ahora una clasificación tipológica de las sectas. Pero primero advierte dos cosas: 1º) que las sectas pueden abarcar distintas respuestas y 2º) que esas respuestas pueden variar a lo largo de la historia, pasando de una forma de concebir lo sobrenatural a otra.
TIPOLOGÍA DE LAS DISTINTAS RESPUESTAS ENCARNADAS EN LAS SECTAS
A.- Sectas CONVERSIONISTAS
A.1.- Características
· Tienen como objetivo cambiar el corazón del hombre mediante la conversión.
· Ven justificado el proselitismo por considerarlo como una forrma de mantener activos a sus miembros.
· Cultivan técnicas revivalistas de carácter sumamente emocional: «experiencia del corazón». Enfatizan el sentimiento sobre la razón y tratan de resaltar mucho la culpabilidad humana, aunque no tanto por los pecados actuales que hayan podido cometer cuanto por la condición pecadora que el hombre ha heredado. Este sentimiento de culpa está dirigido para hacer resaltar la necesidad de salvación. Los conversos tienen un fuerte sentido de inspiración por el Espíritu y de haber sido redimidos por el Salvador, experimentado muy emocionalmente.
· Tienen un marcado carácter individualista
· Hacen una lectura fundamentalista de la Biblia, centrándose en restaurar los elementos fundamentales del cristianismo, que consideran perdidos. Se guian por la «fe sentida» ante la lectura del texto bíblico, es decir, por lo que dice a cada uno en particular.
· Rechazan por completo las instituciones eclesiásticas o ministerios. La salvación es algo que se obtiene con facilidad, por cualquiera y en todas partes. Los ritos son reducidos al mínimo y no tienen valor sacramental.
· En los movimientos o grupos de santidad las mujeres llegan a tener un plena participación.
A.2.- Denominaciones
Wilson incluye en este tipo de secta al metodismo (67), a los baptistas (68), «grupos de santidad» (Iglesia de Dios (69), Movimiento Nacional de Santidad (70), Iglesia Pentecostal de los Nazarenos (71), Ejército de Salvación (72)).
Los que han tenido más propagación han sido los movimientos pentecostales. Están formados por aquellos grupos religiosos que sitúan en primer término de sus creencias la convicción de que toda vida cristiana debe comprender necesariamente una reactualización de los carismas de la primitiva iglesia cristiana. Los movimientos pentecostales están enlazados directamente con los movimientos conversionistas, pero su característica está en que no solo retornan a la Escritura para descubrir los elementos fundamentales del cristianismo, sino que además se pretende obtener una santificación instantánea y el baustismo del Espíritu. Los pentecostalistas son todos ellos fundamentalistas, creyendo en la inerrancia literal de la Escritura. Admiten, por lo general, la doctrina ortodoxa de la Trinidad y la escatología. Muchos pentecostalistas procedían de los movimientos de santidad, manteniendo una postura conversionista. Lo que vienen añadir ahora es la firme convicción que los dones del Espíritu, que san Pablo describe en su primera carta a los Corintios, están aún actuando en la época actual y que el hecho de ser conferidos al creyente convertido va asignado por un bautismo del Espíritu Santo acompañado de manifestaciones carismáticas, como el don de hablar lenguas (glosolalía) y de hacer milagros, sobre todo curaciones. Los carismas eran ostentados en reuniones revivalistas.
El actual Movimiento Pentecostal comenzó en 1900-1904 en Houston, Texas y Los Angeles (California). El llamado «revival o despertar del País de Gales» (1904-1906) dió lugar también a fenómenos extáticos y glosolálicos. A partir de estos dos tipos de manifestaciones están presentes un poco por todas partes.
El Movimiento Pentecostal dió origen a una pluralidad de grupos, entre los que cabe detacar «las Asambleas de Dios», «la Iglesia de Dios en Cristo», que es uno de los primeros movimientos negros y fue fundada en 1897, en Mississippi, como un movimiento de santidad y que abrazó las enseñanzas pentecostales en 1906.
En América el Movimiento Pentecostal tuvo gran aceptación entre los individuos provenientes de las clases más desfavorecidas, sobre todo emigrantes. La fuerza de atracción del pentecostalismo es que «se acomodaba muy bien a las necesidad de muchos americanos» (73).
«Un movimiento que prometía un poder y, sobre todo, un poder debido a la adquisición sobrenatural de una fluidez verbal, tenía, sin duda, todos los requisitos para ejercer un espectacular atractivo sobre la primera generación de habitantes urbanos, aunque sólo fuera por simboliar sus dificultades y la solución de las mismas» (74).
Además, las asambleas pentecostalistas servían de verdaderas «terapias de grupo», proporcionando «un auténtico sentimiento de liberación de unas circunstancias sociales que oprimían, frustaban e incluso embrutecían(...). El pentecostalismo reactualizaba los traumas de la vida diaria de muchos de sus miembros. Esto lo hizo mediante una invocación adicional de lo divino para dar un sentido a sus expresiones de desaliento. En efecto, proporcionó una base para imputar alabanzas y vituperios y conferir recompensas, y encauzó los sentimientos de desarraigo e inhibición a través de unas actividades inocuas y reconfortantes. Pero el punto que reviste mayor importancia - y en esto el pentecostalismo desempeñó unas funciones que eran comunes a otra sectas - es que reunió a los desgraciados en un contexto social acogedor en el que podían verificar lo adecuado y aceptable de la interpretación evangélica de su condición y alentarse mútuamente gracias a las creencias que compartían y, más en particular, gracias a las actividades efectuadas en común» (75). En este sentido el pentecostalismo servía de consuelo, dando pie a un nuevo ajustarse a la situación real y proporcionar una capacidad renovada de enfrentarse con el mundo.
El pentecostalismo ofrece especial vigor en los estados del Sur, existiendo numerosas comunidades de negros, así como también de blancos pobres, y en los estados de la costa oriental.
Entre los extranjeros que pronto sufrieron las influencias del pentecostalismo de los Estados Unidos había algunos escandinavos sobre todo y fue el inglés T.B. Barratt, fundador de la «Oslo Methodist City Mission», el primero en traer a Europa ( a Noruega, concretamente) el pentecostalismo.
En Europa el pentecostalismo fue acogido primeramente por los fieles de Iglesias ya existentes, presentándose como una renovación de la experiencia apostólica y como un medio de intensificar y enriquecer la fe evangélica. Muchos los tomaron como un signo profético de la vuelta inminente de Cristo.
Tardó más en arraigar entre las Iglesias reformadas calvinistas que en el luteranismo y en el calvinismo, que compartían la herencia de las ideas del movimiento de santidad. En los países católicos de Europa el pentecostalismo no tuvo tanto éxito, a excepción de Italia, pues muchos emigrantes italianos, que regresaron más tarde a Europa, sirvió de base para su establecimiento en Italia.
El pentecostalismo ha tenido también una gran extensión en Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica; también en muchas partes de Latinoamérica, concretamente en Chile, el norte de Argentina y Brasil, Indonesia y quizá también en Rusia.
B.- Sectas REVOLUCIONISTAS
B.1.- Características
Las sectas revolucionistas tienen una historia más antigua dentro del cristianismo, remontándose hasta la época en que los seguidores de Cristo esperaban su segunda venida. En estas sectas el adviento y el milenio se conjugan, hasta el extremo de hacer al adviento un acontecimiento previo al milenio.
El adviento premilenarista ha estado siempre presente, de alguna manera, a lo largo de la historia del cristianismo. Ya muchos de sus de los primeros cristianos esperaban la próxima segunda venida de Cristo. Y en los tiempos de desazón social se ve cómo estas ideas bíblicas adquieren nuevo vigor. Su expresión extrema casi siempre tiene un carácter sectario, aunque hubo teólogos ortodoxos que las aceptaron. Aunque la diferencia entre las creencias de éstos y la de los sectarios revolucionarios está en la prominencia que se otorga a las esperanzas milenarias. Es probable que las sectas cristianas de carácter fundamentalista hayan creído en el segundo adviento, pero sólo algunas, como veremos, han hecho de él el artículo central y dominante de su fe. Desde el siglo XII no ha habido período que no haya alumbrado nuevos movimientos milenaristas; pero la mayoría de las sectas revolucionarias permanentes han surgido a partir de la extinción de las guerras napoleónicas.
Por milenarismo se entiende «la expectativa de un reino milenario de Cristo el cual ha de preceder al juicio final» (76). J. Séguy da una definición más completa:
«En el exacto sentido de los términos y en el cristianismo, se llama milenarismo (o kiliasmo) al conjunto de creencias relativas a un reino terrestre venidero de Cristo y de sus elegidos; este reino y reinado, se piensa que ha de durar mil años (entendidos sea literalmente sea simbólicamente); el acontecimiento de una primera resurrección (la de los elegidos ya muertos) y una segunda (la de los malos en espera de juicio y condenación)» (77).
Los estudiosos coiciden en que la base de los movimientos milenaristas hay que buscarla en la interpretación fundamentalista y literalista de Apoc. 20. Amplios sectores de la Iglesia primitiva, hasta el siglo IV, leyeron de modo radical y literalista este pasaje, en continuidad con la tendencia escatológica judaica, llamada «renovacionista» o «revolucionista», del siglo I a. de Cristo, según la cual las promesas habrían de cumplirse en una reino mesiánico terrestre y nacional de duración limitada, como estadio intermedio entre la era presente y el reino eterno de Dios. Los primeros escritores cristianos - por ejemplo, Papías (s. II), Justino (100-165), Ireneo (130-208), Tertuliano (155-222) - entendieron Apoc 20, 1-6 como una afirmación de que Cristo reinaría durante mil años con sus mártires en la tierra, reinado que sería una preparación para el mundo nuevo.
La expectación de ese reino milenario de Cristo en la tierra ha persistido en algunos sectores contestatarios del cristianismo - por ejemplo, Joaquín de Fiore y los fraticelli - en varias sectas posteriores - anabaptistas, adventistas, testigos de jehová, etc -.
Se establece la siguiente secuencia:
1. 2ª venida de Cristo
2. 1ª resurrección, de sólo los justos
3. juicio universal de los pueblos, no de individuos
4. reino mesiánico (terrestre) de mil años
5. 2ª resurrección, del resto de los hombres
6. juicio final, de los individuos
7. destino eterno, de premio o castigo (78).
A partir de los siglos IV y V, por influencia de s. Agustín, comienza una lectura, que se llamará «recapitulacionista» y que se impondrá plenamente en el siglo XIX, salvo en sectores alternativos del cristianismo. Esta lectura no ve en Apoc. 20 una crónica profética de tiempos futuros, sino un desvelamiento inspirado de los actores sobrenaturalistas de la historia salvífica y de su sentido profundo, con la finalidad de alentar a los cristianos en tiempos difíciles. Es una lectura más bien alegórica-simbólica del milenio que transcurre entre la resurrección de Cristo y la parusía (79). La lectura agustiniana establece la siguiente secuencia:
1. La 1ª resurrección es el nuevo nacimiento por el bautismo y la obra de la gracia.
2. La prisión de Satanás es su derrota por la redención en Cristo.
3. El reino de Cristo es la Iglesia en el mundo.
4. Los mil años son una duración simbólica.
5. La liberación en el tiempo final significa las últimas persecuciones de la Iglesis provocadas por Satanás.
6. La 2ª resurrección es la revivificación corporal al fin del mundo.
Pero la superación del radicalismo nunca fue total en el historia del cristianismo. En algunos sectores del mismo rebrotó el fundamentalismo literalista durante la Edad Media. Por ejemplo, Joaquín de Fiore y su discípulo G. de Borgo S. Donnino. La doctrina joaquinita tuvo gran influencia en la Edad Media en los sectores más proclives al mesianismo milenarista.
La doctrina central de Joaquín de Fiore fue que una nueva era, la del Espíritu, se abriría pronto para la Iglesia. Para él, el año clave era el 1260, en el que empezarían nuevos tiempos, los monjes gobernarían el universo y la humanidad se convertiría a la pobreza evangélica.. La era del Espíritu estaría precedida de un final apocalíptico.
Fiore divide la historia en tres períodos o etapas, que corresponden a la preponderancia de una de las personas de la Trinidad:
1.- El primer período constituye el Reino del Padre y predomina en él el matrimonio. Este período abarca desde Adán hasta el rey Ozias.
2.- El segundo período es el Reino del Hijo. En este período predomina el estamento del clero, el sacerdocio del antiguo y del Nuevo Testamento. Abarca desde Ozías hasta el año 1260, pasando por la encarnación del Hijo.
3.- El tercer período será el Reino del Espíritu Santo. El estamento hegemónico será el monacato por ser el más apropiado para gobernar una época de predominio del Espíritu. Va desde 1260 en adelante.
Como veremos en su momento la «New Age» sigue muy de cerca la doctrina milenarista de Joaquín de Fiore.
A medianos del siglo XIX, tuvo lugar el llamado «revival americano», cuyas raíces más cercanas, junto con el metodismo, fueron los grupos de iluminados alemanes y británicos. Todos estos grupos, o casi todos, compartían la esperanza de un próximo retorno de Cristo y creían en un milenio terrenal en el que los «santos» serán recompensados.
B.2.- Denominaciones
Los cristadelfianos, Adventistas del 7º Día, Testigos de Jehová, sectas de origen oriental de orientación milenarista: Verdad Suprema, Orden del Templo Solar, etc
C.- Sectas INTROVERSIONISTAS
C.1.- Características
Si ya existe en las sectas, en general, una tendencia a apartarse de la ortodoxia y de la sociedad, en las sectas «introversionistas» tal tendencia constituye su razón de ser. La santidad y salvación del individuo depende de la santidad de la «comunidad», considerando a ésta como símbolo y realización de la unión con Dios. La comunidad conserva un fuerte sentimiento de su propia sacralidad y cada uno de sus miembros capta vigorosamente la necesidad de una santidad comunitaria.
Se considera al mundo como impuro y pecaminoso, por lo que es necesario para salvarse separarse de aquél y procurar alcanzar la santidad en el seno de una comunidad pura y santa. A tal fin se da un proceso de aislamiento, como hemos dicho antes, del resto de la sociedad. Dicha comunidad constituye, pues, el punto de referencia para la comprensión y realización de la propia identidad del sujeto.
Entre los miembros que la forman no existe una relación según determinados roles, sino entre personas en su integridad.
«Al separarse del mundo hacen entrar la comunidad en todo cuanto poseen. Una vez que tal comunidad queda establecida y una vez que sus miembros han sido socializados para vivir en su seno, su pacto con Dios de abandonar el mundo por Él y por la salvación se torna en una realidad social. Las personas se tratan entonces unas a otras como un fin en sí mismas, como objeto sagrado: los fines instrumentales se subordinan evidentemente al sagrado objetivo de conseguir la separación, la independencia y la santidad aislada de la comunidad. La vida de la comunidad se centra en las prácticas religiosas, aunque no tiene por qué reducirse a ellas, y es ahí donde el individuo experimenta y realiza su santidad trascendente. Muchas veces las sectas introversionistas esperan que esta santidad se manifieste mediante la presencia del Espíritu Santo en su propio seno. Éste se convierte en su única posesión, confirmando la santidad de la comunidad y haciendo consciente al individuo del poder salvador que reside en ella» (80).
El rechazo del mundo y de las instituciones sociales puede llegar a situaciones extremas tales que en algunos de los movimientos introversionistas rechazan totalmente los adelantos técnicos de la civilización y su tendencia es a constituir comunidades aisladas (colonias), cerradas sobre sí y autosuficientes, con medios de subsistencia y servicios (sanitarios, educativos, etc) paralelos a los de la sociedad.
Las comunidades introversionistas rechazan también a las otras instituciones religiosas tradicionales y a las organizaciones eclesiásticas. Todos sus miembros se consideran entre sí como «hermanos». «El individuo se siente a salvo dentro de la fraternidad» (81). No existen niveles ni diferencias de «status».
No llevan a cabo actividades de captación, y mucho menos de proselitismo, por medio al contagio externo. «Las sectas introversionistas procuran "no contaminarse con el mundo". Practican una endogamia estricta, y los que se casan fuera del grupo suelen ser expulsados» (82). En contra de lo que suele pensarse habitualmente al tratarse de las sectas, a los introversionistas no les preocupa en gran manera la evangelización. Es más, en algunos casos la actividad evangelizadora es considerada como una artimaña del maligno para atraer a los fieles del mundo, en el que pueden estar expuestos a influencias extrañas (83)
Hacen una lectura literal y fundamentalista de la Biblia, centrada principalmente en los contenidos morales, dejando de lado los contenidos doctrinales o dogmáticos. Sólo admiten el bautismo de los adultos (84), considerándolo como signo de admisión a la comunidad y de sometimiento a ella.
Rechazan las armas y son objetores de conciencia
Se han visto analogías de las sectas introversionistas con la comunidad de los esenios.
C.2.-Denominaciones
Wilson incluye en este tipo de sectas a las «comunidades hutterianas», a los «amishianos del Antiguo Orden», a los «rappitas, los «darbystas» o «hermanos exclusivistas», los «doukhobors» y los «menonitas» (85).
D.- Sectas MANIPULACIONISTAS
D.1.- Características
En comparación con las sectas «conversionistas», «revolucionistas» e «introversionistas», las sectas «manipulacionistas» aparecen con una impronta más secularizadora. Al contrario de lo que sucede en las primeras, estas últimas se adaptan mucho mejor a la cultura secular, al mundo.
Las sectas introversionistas, y también las conversionistas, aunque en menor grado, constituyen comunidades basadas en el amor, mientras que las sectas manipulacionistas, por el contrario, tienen unos intereses más utilitaristas y la comunidad no tiene ya un fin en sí misma. El grupo manipulacionista es una simple asociación de individuos con igual mentalidad - las personas que pertenecen a este grupo suelen ser personas cultivadas de tipo urbano -, con unos intereses utilitaristas.
«Las sectas manipulacionistas son sectas de carácter secular para las que sólo lo medios se salvación adquieren un carácter religioso; los fines se confunden, por lo general, con los de un hedonismo secular» (86).
Buscan la salvación en el mundo, pero con medios sobrenaturales, de carácter gnóstico-esotérico-sincretista. Las sectas manipulacionistas no tienen, pues, un fin «restaurador», sino que aceptan el progreso, al considerarlo como un auténtico medio para avanzar hacia un mundo feliz, del que los adeptos al sistemas han de sacar enormes ventajas. De ahí, como hemos dicho antes, su marcado carácter «secular», pues buscan la formación - mediante las enseñanzas de la secta -, la salud, la felicidad y una mejor calidad de vida. Por esto van adoptando, cada vez como mayor insistencia, el aspecto de agencias educativas y terapéuticas. Para conseguir tales resultados recurren a técnicas manipuladores de la mente, inculcando en nada uno de sus adeptos unos modos de pensar y unos procesos psicológicos bien programados.
No consideran al mundo como intrínsecamente malo, como sucede en las sectas «conversionistas», «revolucionistas» e «introversionistas». Está sólo mal organizado, pudiendo ser mejorado. Y es en el mundo en donde hay que obtener la salvación, sacándole el mayor rendimiento posible.
Con respecto a las otras religiones, las sectas manipulacionistas toman una actitud sincretista, insistiendo en aquellos elementos que consideran más convenientes para sus fines. Tienden a darle a la religión un carácter más bien racional siendo, desde este punto de vista, análoga a la religión ilustrada. Conciben a Dios como un poder extraordinario manipulable por el hombre con fines terapéuticos, esto explica que no tengan propiamente un culto, sino «sesiones terapéuticas».
D.2.-Denominaciones
Se sitúan en este tipo de secta la «Ciencia Cristiana», «Nuevo Pensamiento», «Teosofía», «Ágora», «Alfa-Omega», «Bhagwan Rajneesh», «CEIS» (Centro Esotérico de Investigaciones), «Centro de la Luz divina» (Swami Omkarananda), «Iglesia de la Cienciología», «Fraternidad Blanca Universal», «Meditación Trsacendental», «Misión de la Luz Divina» (Gurú Maharajah Ji), «Arco Iris».
E.- Sectas TAUMATÚRGICAS
E.1.- Características
En este tipo de sectas se pretende alcanzar la salvación mediante milagros y la suspensión de las leyes ordinarias, tanto a nivel individual como comunitario. Las sectas taumatúrgicas tienden a un tipo de religión que predomina principalmente en las sociedades menos desarrolladas. Se trata de un tipo de religión «que raya con lo mágico y que se preocupa de los espíritus; representa una forma de religiosidad primitiva, casi rudimentaria» (87).El poder taumatúrgico es considerado como un signo de la intervención de los poderes sobrenaturales y divinos a través de los elegidos. Las sectas taumatúrgicas tienen, pues, un carácter «carismático» «personalista».
Las prácticas taumatúrgicas es una de las constantes en la historia de las religiones, aunque se ha tendido también, por parte de las principales religiones reconocidas, a limitar e incluso a suprimir, por razones estratétigas, las prácticas taumatúrgicas. Efectivamente, lo taumatúrgico siempre encierra, como hemos dicho antes, un carácter particularista y personal, lo cual supone una amenaza a los poderes que las clases sacerdotales han procurado siempre monopolizar y controlar. No obstante, a lo largo de la historia de las religiones existen momentos en que se reavivan esas creencias y prácticas taumatúrgicas, siendo incluso admitidas por la misma clase sacerdotal «bajo forma de un culto centrado en torno a objetos tales como reliquias, santuarios, baraka ("poderes sagrados") o patronos locales, etc» (88).
Las sectas taumatúrgicas son de origen relativamente reciente (89) y se interesan mucho más por la experiencia sensible que por las formulaciones de tipo teórico. Sus fieles, que no siempre son gente sin formación y sin cultura y se sienten atraídos, sobre todo, por una manifestaciones de carácter inmediato en vistas a proporcionar cierta seguridad y tranquilidad. La taumaturgia es el más pragmático de los sistemas religiosos: cura enfermedades, aplaca y controla los espíritus, mitiga el dolor de la desgracia y busca asegurar al individuo su suerte eterna y la de su familia. Todo esto mediante «pruebas», más que por la sola fe.
Las prácticas taumatúrgicas varían de una sociedad a otra, según la cultura. En las sociedades hedonistas del Occidente moderno, en las que el dolor y la muerte se ha convertido en objeto de intensa angustia, el interés de las sectas taumatúrgicas estriba en asegurar que la muerte no es más que la trasposición del yo de un plano a otro (reencarnación).
La comunicación con los espíritus y la vida de ultratumba son también señales distintivas de las sectas o movimientos taumatúrgicos. Wilson recuerda que la relación fundamental no es la de salvador y pecador, entre los que media el predicador, sino una relación entre espíritu y fiel, presentes el uno al otro a través de un medium.
Las sectas taumatúrgicas consideran al mundo como el lugar de la enfermedad, del dolor y de la muerte, aunque también admiten que desde él se puede establecer una comunicación beneficiosa y salvífica con el mundo del más allá. Suelen hacer una lectura adaptacionista de los datos bíblicos para mostrar la presencia casi física del más allá en el más acá.
La vinculación del adepto suele ser eventual y el acto de «culto» es la sesión de comunicación con los espíritus de seres queridos a través del medium.
E.2.- Denominaciones
Pertenecen a este tipo de secta el Espiritismo, los kardecistas, los Manipuladores de serpientes de Kentucky, Aladura (Iglesia del Señor) (90) y una enorme cantidad de grupos seguidores de «santones», «curanderos», «ensalmadores», etc.
F.- Sectas REFORMISTAS
F.1.- Características
El tipo de secta reformista es algo insólito y sólo aparece en las sociedad avanzadas. También considera al mundo como el lugar del mal y de cierta corrupción. No obstante, sus seguidores están convencidos de que es posible reformarlo mediante un constante esfuerzo. Su guía salvífica es la idea filantrópica de reforma social mediante la ética.
Su cohesión comunitaria es muy fuerte, hasta el punto de formar colonias más o menos impermeables al exterior. No obstante, se destacan por su ayuda humanitaria y filantrópica en momentos de catástrofes y de desgracias.
En cuanto a las otras religiones, las consideran corrompidas por haberse acomodado al mundo sin tomar una distancia crítica ante el mundo, buscando llevar una acción reformadora.
F.2.- Denominaciones
Wilson presenta a los cuáqueros o Comunidad de amigos como único ejemplo de secta reformista (91).
G.- Sectas UTÓPICAS
G.1.- Características
Las sectas utópicas buscan un tipo de sociedad perfecta que sirva de modelo para el mundo, partiendo de premisas religiosas. Se trata de crear un tipo de organización social perfecto en el que la salvación es su mejor resultado. Recurren siempre a la fundación de «colonias-modelo» por considerarlas como una «condición sine qua non» para alcanzar la salvación.
Si el mundo es malo es porque los hombres han creado un sistema de tensiones que induce al mal como posible salida. Frente a esta situación es necesario construir un modelo de vida que no esté corrompido y en el que no existan tensiones. Lo que les incita a recluirse en comunas organizadas (colonias) según un modelo humano y sin ningún tipo de tensión. Consideran a la Escritura como la base de la vida comunitaria.
Se recurre a las dinámicas de sanación psíquica, moral y espiritual. En algunas de las sectas utópicas se han introducido el yoga y otros métodos orientales, como el tantra.
G.2.- Denominaciones
Wilson muestra como sectas utópicas a la Comunidad de Oneida, a Bruherhof, a «Fraternidad Nueva Vida» (92). Actualmente, y con algunos matices, se puede considerar como una secta utópica a Hare Krishna.
H.- Sectas «MIXTAS» y de «ORIENTACIÓN MÚLTIPLE»
H.1.- Características
Wilson es conciente de que algunas sectas son difíciles de clasificar según los criterios propuestos hasta ahora, por eso dedica un capítulo de su obra a «algunos casos excepcionales» (93). Con lo cual quiere advertir que la realidad supera los esquemas conceptuales; de ahí la obligación, por parte del sociológico, de reconocer y aceptar sus limitaciones.
«Todo análisis sociológico honrado ha de admitir siempre que la realidad empírica es más rica que el armazón teórico empleado para comprenderla. Nos ha sido preciso ordenar lógicamente una serie de posibles respuestas frente al mundo y clasificar las sectas de acuerdo con esas respuestas. Pero el hombre no es tan racional como nuestras categorías, que en cualquier caso sólo se refieren a una orientación muy amplia sin llegar a agotar la estimable diversidad de formas de organización. Además, las personas y las sectas se hallan sometidas a un cambio, y (como hemos visto en el caso de los cuáqueros) el tipo de respuesta que prevalecía en un momento dado puede sufrir un giro considerable, aun cuando tal cambio se halle condicionado por la tradición recibida y por anteriores modos de responder ante el mundo.(...) Las sectas que ante el mundo y ante la salvación adoptan respuestas que varían con el transcurso del tiempo, o que conjugan posturas divergentes en un momento dado, son de ordinario aquellas que han nacido a la sombre de un recio líder carismático, el cual, gracias a su posición, puede enunciar unos principios contradictorios sin que nadie los ponga a tal de juicio. La mayoría de los líderes de sectas son personalidades complejas; algunos de ellos poseen una mentalidad completamente unilateral, y la diversidad de elementos de la Escritura, cuando es ésta la que brinda las bases del sectarismo, les ha llevado muchas veces a mantener una postura ambigua. Cuando se trata de un lider propiamente carismático, las contradicciones no hacen más que intensificar el misterio y realzar la dependencia de los fieles, especialmente si el líder pretende ser profeta o mesías. Cuando se trata de un carisma institucionalizado o cuando éste se alla diluido en una comunidad, su forma de expresión ha de sufrir necesariamente una racionalización y sistematización en toda secta que quiera desafiar al tiempo. Mas cuando el carisma se atribuye a un líder, el fervor por éste puede bastar para sostener una secta. Resulta, pues, que las sectas que surgen en torno a un líder carismático pueden no adaptarse fácilmente a las categorías de respuesta que hemos elaborado. En cierto modo, se trata de un tipo de respuesta más primario: la salvación no está ya en la conversión, en el apartamiento, en la revolución o en los milagros, sino en el líder» (94).
Lo que da el carácter de «excepción» a este tipo de sectas es, según Wilson, que la salvación está en el seguimiento y total sumisión a la voluntad del líder carismático, el cual se cree Dios o como un enviado por Éste como mesías y restaurador (95).
«La salvación se desplaza entonces de la fe en la persona a la fidelidad a su memoria, escritos y principios» (96).
A estas sectas se las considera de «orientación múltiple» por su carácter «milenarista-sincretista» (97), «secular» (98) y de «estructura piramidal».
H.2.- Denominaciones
Los casos más representativos de este tipo de sectas Wilson lo ve en «La Iglesia de Jesucristo de los Santos del Último Día, los Mormones» y en la «Iglesia Católica Apostólica». Pero aquí caben también la mayor parte de las sectas surgidas recientemente organizadas en torno a líderes carismáticos: «La Comunidad» o «Partido Humanista», «Moon» o «Iglesia de la Unificación del Cristianusmo Mundial», «Nueva Acrópolis», «Niños de Dios», «Edelweis», etc, etc.
I.- «NUEVA RELIGIOSIDAD» (NEW AGE)
En su tipología de la sectas Wilson no trata de la «Nueva Religiosidad», ni tampoco de las «Sectas satánicas». Aunque formen un capítulo aparte, veremos enseguida por qué, las hacemos entrar en la tipificación de los movimientos religiosos según el tipo de ofertas de salvación. También cabe precisar que la «Nueva Era» (New Age) más que una secta es un «movimiento de nueva espiritualidad» o, como dice Sudbrack, una «nueva religiosidad» (99), si bien existen grupos religiosos o pararreligiosos (100) conectados con ella.
I.1.- Características
Se considera al mundo actual en una situación de desequilibrio y lleno de contrastes y violencia. La salvación sólo podrá alcanzada en la descarga del mundo de las tensiones - de ahí el aspecto terapéutico de la «nueva religiosidad» - mediante un desarrollo del potencial humano - psicología transpersonal - y la ampliación de la conciencia - cambio de la conciencia en «conciencia cósmica» - identificándose con la única realidad existente - «holismo» - que no es distinta del propio «self» humano.. Sólo así se logrará un estado de equilibrio y armonía, mediante «transformación», con el propio cuerpo y el medio ambiente - preocupación ecológica de la «Nueva Era» -, especialmente con la Naturaleza (Gea, Tierra), adquiriendo así una «nueva espiritualidad». El proceso de «transformación» puede durar varias vidas reencarnadas.
En la «Nueva espiritualidad» o «Nueva Era» confluyen elementos «gnósticos» y «sincretistas». También hay que considerarla como un fenómeno típicamente occidental, propio de los países desarrollados.
A las religiones que creen en un Dios personal y trascendente, especialmente las religiones monoteístas, las consideran como una fase previa del «desarrollo espiritual» de la nueva conciencia. Para la «Nueva Era», Dios, mejor dicho, «lo divino» es simplemente una fuerza, una «energía impersonal», que lo penetra y lo invade todo. Es una energía inmanente en el hombre. Toma elementos de casi todas las religiones, pero principalmente de las religiones orientales.
Los «rituales litúrgicos» de la «Nueva Espiritualidad» son las sesiones de desarrollo del potencial humano para adquirir un estado de conciencia transpersonal, una espiritualidad que armoniza el «self» como la «conciencia universal o cósmica».
La «Nueva Era» se desenvuelve principalmente entre personas cultas (101) con preocupaciones religiosas, de altura intelectual y técnica, grandes científicos dedicados a las ciencias exactas, premios Nobel, profesores universitarios e investigadores de las más variadas ramas de la ciencia y de la tecnología
I.2.- «Cultos» (102)o «Redes» (103) conectados con la «Nueva Era»
«Gnosis de Princeton», «Movimiento Gnóstico Cristiano Universal», «Instituto Esalen de Psicología Transpersonal», «Canalismo» («Channeling»), «Cultos ufológicos» (platillos volantes), «EST», «Nuevos Evangelios», «Fraternidad Blanca Universal», etc.
J.- SECTAS SATANICAS
J.1.- Características
En este tipo de sectas, que algunos las consideran como «pararreligiosas» (104), la salvación consiste en liberar al individuo de las trabas que las religiones tradicionales, pero sobre todo la judeocristiana, han producido con sus prohibiciones morales, mediante la transgresión voluntaria de las normas religiosas y morales, con el objetivo de gozar plenamente de la vida, proponiendo llevar a término una desenfrenada satisfacción de todos los impulsos e instintos. En las sectas satánicas se tiene una especial aversión al cristianismo.
El «dios» o lo «sagrado» de las sectas satánicas es el diablo judeo-cristiano, que es adorado por sus seguidores bajo múltiples nombres, cada uno de ellos con sus características y funciones específicas: Satán, Lucifer, Belcebú, Astarot, Asmodeo, Leviatán, Azazel, Mammón, etc.
Sus adoradores seleccionan de la Biblia todos aquellos pasajes que están relacionados con Satanás, insistiendo en su condición de «Anticristo». Satanás es venerado principalmente como símbolo del mal y de la transgresión, rindiéndole toda clase de ritos, dirigidos a liberar la psiquis de las inhibiciones mediante emociones violentas: sacrilegios, ya sea destruyendo símbolos sagrados, ya sea profanando lugares sagrados, por ejemplo las tumbas de los cementerios, o también pisoteando hostias consagradas. En los cultos satánicos se recitan himnos a Satánas, se hacen rituales de sacrificios cruentos en animales y algunas veces también en personas, etc. Como ha dicho Pilar Salarrullana, se trata de un mundo «oscuro, tétrico, extravagante, complicado, mágico, alucinante, incomprensible e increíble» (105), de difícil compresión, porque en el fondo su único sentido es el mal, en todos sus órdenes.
J.2.- Denominaciones
«Los adoradores de Seth», «Amigos de Lucifer», «Barón Rojo», «Los Caballeros del Anticristo», «Iglesia de Satanás», «El Templo de Seth», «Iglesia de la Liberación Satánica», «The Process» y «The Family of Charles Manson», y un largo «etcétera».
LECTURAS COMPLEMENTARIAS
- Bosch, J.: «PARA CONOCER LAS SECTAS» - Estella (Navarra), EditoriaL Verbo Divino (1993)
- Guerra, M.: «LOS NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS. SECTAS» - Pamplona, EUNSA (1993)
- Guerra, M.: «DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE LAS SECTAS» - Madrid, BAC (1998)
1 Cox, H.: «La religión en la ciudad secular. Hacia una teología postmoderna» - Santander, Sal Terrae (1985)
2 Cfr. Prat, J.: «El estigma del extraño». Un ensayo antropológico sobre las sectas religiosas» - Ariel, Barcelona (1997), pág. 56
3 Cfr. Montserrat, J.: «La sinagoga cristiano. El gran conflicto religioso del siglo I» - Muchnik Editores, Barcelona (1989). Montserrat, J.: «El desafío cristiano» - Anaya y Mario Muchnik, Madrid (1992). Prat, J., o.c., págs. 35-57. N. Cohn: «En pos del milenio» - Alianza Universidad, Madrid (1997)
4 Prat, J., o.c., pág. 7. Si se quiere hacer un pequeño un test del predominio de la esa «sectofobia» a la hora de definir la «secta», cfr. J. Bosch: «Las sectas» - EVD, Estella (Navarra, 1993), págs. 9-14
5 Grupo cristiano nacido de la Reforma y separada del movimiento anabaptista - secta cristiana del siglo XVI que negaba todo valor al sacramento del bautismo administrado a los niños, y exigía un nuevo bautismo (generalmente por inmersión) para el adulto, que debía hacer profesión de experiencias religiosas profundas -. Tuvo su origen en Holanda en 1609, gracias al trabajo y oposición del inglés J. Smith y Helwys. Se extendió por el norte de Europa, Inglaterra y Norteamérica. Actualmente cuenta con 20 millones de seguidores. Está considerada como «Iglesia Protestante Libre» Las características definitorias de los baptistas frente a las demás confesiones cristianas son: a) administración del bautismo a sólo los adultos, es decir, a aquéllos que confiesan por sí mismos la fe en Cristo. b) Insistencia - aunque no de forma absoluta - en el bautismo por inmersión para hacer más real y plástico su significado de muerte y resurrección en Cristo. c) Debe precederle la fe expresa, ya que el bautismo es el símbolo de la fe. d) Tuvo fuertes influencias de la doctrina y régimen calvinista a lo largo de los siglos XVII-XVIII.
6 Anabaptistas partidarios de la reforma de Menno Simonsz (1496-1561)
7 Los cuáqueros, o sociedad religiosa de los amigos, es un secta puritana fundada en 1668 por George Fox. Reciben el nombre de «cuáqueros» de la palabra inglesa «quakers» que significa «temblarores», los que tiemblan. Se les dió este nombre porque, al parecer, sus primeras reuniones iban acompañadas de grandes conmociones o estremecimientos de sus mienbros. Otros prefieren atribuirlo a las palabras de George Fox, quien exhortó al juez Bennet a «honrar a Dios y temblar (en inglés, to quake) ante su palabra. El apodo «cuáquero» se emplea corrientemente desde finales del siglo XVII. Este movimiento, nacido de una rebelión contra los abusos del ritualismo, del dogmatismo y del conformismo de la Iglesia anglicana, profesa los siguientes puntos: a) todos los fieles - y la misma comunidad - disponen de un luz interior que viene directamente del Espíritu Santo al alma; b) esta luz interior es anterior y superior a la Escritura y a la misma Iglesia; c) con esta luz no son necesarios los sacramentos, los ministerios, ni el culto; abolición,pues, de los sacramentos y del ministerio ordenado en provecho del sacerdocio universal extendido a las mujeres. Adversarios de la teoría de la corrupción incurable del hombre por el pecado original, los cuáqueros discutieron las ideas de Calvino acerca de la predestinación absoluta, la gracia irresistible y la justificación sólo por la fe. su pureza moral significativa, la práctica rigurosa de la solidaridad, una completa distancia frente al poder político y un pacifismo absoluto hicieron de ellos ciudadanos indeseables. Si embargo esta hostilidad cesó rápidamente. El acta de tolerancia de 1689, confirmada en 1695, dio al cuaquerismo iguandad civil y religiosa. En el siglo XIX, los cuáqueros tomaron partida por la lucha contra la esclavitud y a fines de la primera guerra mundial, en los territorios devastados, aportaron la ayuda de su presencia y de sus considerables medios materiales. En el terreno social se han situado siempre en la vanguardia del progreso, especialmente en el terreno pedagógico. También se han distinguido por su gran capacidad de enriquecimiento espiritual, a causa de su ética ascética y de su incansable actividad. Son los verdaderos representantes del puritarismo, del que constituyen la rama más viva. En 1947, los cimtés británico y norteamericanos del Socorro cuáquero internacional recibieron el premio Nobel de la paz
8 La palabra «secta» se la hace derivar de dos verbos latinos: «secare», que significa cortar, separar, romper con... y «sequi», seguir, optar por
9 M. Weber: «La ética protestante y el espíritu del capitalismo» - Península, Barcelona (1979), pág. 195
10 Ef. 5,27
11 Weber, o.c., pág. 195, nota 174
12 Publicado en «ensayos sobre sociología de la religión» I - Taurus; Madrid (1983), págs. 169-192
13 Weber: «Ensayos...» I, pág.172
14 Weber: «Ensayos...» I, pág. 172
15 Weber: «Ensayos...» I, pág. 172
16 Cfr. Weber: «Ensayos...» I, pág. 173
17 Weber: «Ensayos...» I, pág. 173. Cfr. Weber: «La ética protestante y el espíritu del capitalismo»
18 Weber: «Ensayos...» I, pág. 173
19 Weber: «Ensayos...» I, pág. 175s
20 Weber: «Ensayos...» I, pág. 175, nota 14
21 Weber: «Ensayos...» I, pág. 176. Weber considera que estos clubs y asociaciones prfanos que reclutan a sus miembros por votación son en amplia medida «producto de un proceso de secularización del papel (antiguamente mucho más excluyente), propio del prototipo de estas asociaciones voluntarias, la secta» (Weber: «Ensayos...» I, pág. 176). En la democracia americana «los derechos de plena ciudadanía estatal tenían como presupuesto la plena pertenencia a la comunidad eclesiástica (además de algunas otras condiciones), disponiendo ésta sobre la admisión o no admisión. Por supuesto, disponía sobre ellas de acuerdo con la prueba de las cualidades religiosas a lo largo de la vida, como todas las sectas puritanas en el sentido amplio de la palabra» (Weber: «Ensayos...» I, pág. 177). La enorme importancia social de la admisión a la plena comunión, repercutió a las sectas en elsentido de «fomentar aquella ética ascética de la profesión apropiada para el moderno capitalismo en el período de su surgimiento» (Weber: «Ensayos...» I, pág. 177
22 En estudios más recientes se ha insistido en el carácter de «secta» de la primera comunidad cristiana. Cfr. Bengt Holmberg: «Historia social del cristianismo primitivo. La sociología y el Nuevo Testamento» - Edic. El Almendro, Córdoba (1995), págs. 105-149
23 Weber, o.c., pág. 170s
24 Secta cristiana medival que pretendía alcanzar una pureza absoluta de costumbres. La doctrina de los cátaros apareció en el Lemosín a finales del siglo XI y se entendió durante el siglo XII por el mediodía francés, siendo Toulese, Carcasona, Foix y Béziers sus principales focos. La doctrina se basaba en un dualismo que afirmaba la existencia de dos primeros principios: el del bien, creador del mundo espiritual, y el del mal, creador del mundo material. El hombre, al apartarse de la materia, escapa al imperio de Satán y se une a Dios. Los cátaros rechazaban los sacramentos de la Iglesia católica y adminitraban un bautismo del espíritu o «consolamentum», que obligaba a quienes lo recibían a una vida casta y autera; en la jerarquía cátara recibían el nombre de perfectos. Los simples creyentes se atenían a una observación menos rigurosa y recibían el consolamentum a la hora de su muerte. Los cátaros tenían sus obispos y se consideraban una iglesia. Tuvieron numorsos seguidores. La Iglesia católica, sin emabrago, vio en ellos un peligro para su unidad y su dogma. La cruzada de los albigenses (1209-1229), mandada predicar por Inocencio III y dirigida por Simón de Monfort en beneficio de los Capetos, desorganizó el movimiento cátaro, sostenido por los señores feudales del Sur de Francia y Norte de Cataluña..
25 Secta fundada por Pierre Valdo. Los valdenses aparecieron en el mediodía de Francia, donde con el nombre de «pobres de Lyon» se separaron de la Iglesia en 1179. fue un movimiento popular, antisacerdotal, compuesto por láicos, poco instruidos, y pese a cierta repugnancia hacia las sutilezas teológicas y las innovaciones doctrinales, constituía, según la Inquisición, una nueva herejía. Aunque se organizaron como los cátaros, continuaron frecuetando la iglesia y uniéndose a los fieles, no sólo para rehuir las sospechas de la Inquisición, sino para recibir aquellos sacramentos que consideraban esenciales para su salvación. No aceptaban el sacerdocio en cuanto institución y privilegio de una clase, negando la obediencia a la autoridad del Papa y de los prelados. Para los valdenses, cualquiera puede predicar, incluso los láicos o las mujeres; las misas, plegarias y limosnas para los difuntos carecen de sentido, pues éstos ya están salvados o condenados. No son válidos los sacramentos administrados por eclesisáticos indignos; lo que en realidad cuenta es el mérito, no la ordenación; se prohibía la mentira, el juramento, el servicio militar y la pena de muerte
26 En las Iglesias protestantes se ha visto la necesidad de distinguir dos categorías entre los grupos religiosos que están fuera de las Iglesias mayoritarias: los «Freikirchen» (Iglesias libres) y los «Sondergruppen» (grupos particulares). Para la mayoría, estos últimos se clasifican dentro de la categoría de «sectas», dada la pretensión de muchos de sus miembros de encarnar la única verdadera Iglesia sobre la tierra, al mismo tiempo que defienden doctrinas no acordes con las aceptadas por las Iglesias establecidas. Las «Iglesias libres», por el contrario, pueden ser definidas, desde el punto de vista protestante, como auténticas Iglesias, aunque están libres de relaciones con el Estado y aceptan como miembros sólo a los creyentes convencidos. Grupos como los «baptistas», los «menonitas», los «metodistas», algunas corrientes «pentecostales» y otros grupos llamados «evangfélicos» están clasificados como «Iglesias libres»
27 J. Wach: «Sociology of Religion» - Chicago (1944), pág. 75
28 Wach, o.c., pág. 182
29 B. Wilson: «Sociología de las sectas religiosas» - Guadarrama, Madrid (1970), pág. 25
30 En el apartado siguiente analizaremos más detenidamente estas categorías
31 Wilson, o.c., pág. 25
32 Wilson, o.c., pág. 25
33 Es esta una cuestión análoga a la de si es posible dar una definición común de religión, aunque sea de tipo minimalista y funcional, que sea aplicable a múltiples y variados fenómenos en contextos sociales y culturales distintos.
34 Wilson, o.c., pág. 26
35 Wilson, o.c., pág. 29
36 Wilson, o.c., pág. 27
37 Wilson, o.c., pág. 29
38 Wilson, o.c., pág. 30
39 Wilson, o.c., pág. 31
40 Wilson, o.c., pág. 31
41 Wilson, o.c., pág. 32
42 Wilson, o.c., pág. 33
43 Wilson, o.c., pág. 34
44 Wilson, o.c., pág. 35
45 Cfr. III,B.1.- La tesis del supermercado religioso y el problema de la plausibilidad
46 Mayer, J.-F.: «Las sectas» - Desclée de Brouwer, Bilbao (1990), pág. 13
47 Mayer, o.c., pág. 13s
48 Mayer, o.c., pág. 14
49 Wilson, o.c., pág. 7
50 Wilson, o.c., pág. 7
51 N. Cohn: «En pos del milenio. Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media» - Alianza Universidad, Madrid (1997)
52 Mayer, o.c., pág. 11s
53 Para estudiar este punto en concreto conviene leer los dos textos que citamos a continuación: Bosch, J.: «Para comprender las sectas. Panorámica de la nueva religiosidad marginal» - EVD, Estella (Navarra, 1993), págs. 52-63 y Garcia Hernando, J.: «La tipología como problema al estudio de las sectas», publicado en Oleza Le-Senne, F. de (Cood.): «Las sectas en una sociedad en transformación» - Papeles de la Fundación, nº 37, Madrid (1997), págs. 67-125
54. Mayer, J.F.: «Las sectas» - Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer (1990)
55. Mayer, o.c., págs. 17-67
56. Maye, o.c., págs. 69-103
57. Vernette, J.. «Les sectes» - Paris, PUF (1990)
58. Rodney Stark / William S. Bainbridge: «Of Churches, Sects and Cults: Preliminary for a Theory of Religious Movements», en Journal for the Scientific Study of Religion 18, 2 (1979), págs. 117-133
59. Roy Wallis (Ed.): «Sectarianism. Analyses of Religious and Non-Religious Sects» - Nueva York, John Willey (1975). «Elementary Forms of the New Religious Life» - Londres, Routledge and Kegan Paul (1984)
60. Barcelona, Tibidabo (1985)
61. Paris, PUF (1990)
62. Barcelona, Urano (1990)
63. Franz Damen: «Secta», en Misterium Liberationis II - Madrid, Trotta (1990), págs. 423-444
64. Wilson, B.:
65 Wilson, o.c., pág. 36. Lo subrayado es mío
66 Wilson, o.c., pág. 36s
67 Wilson, o.c., pág. 49
68 Wilson, o.c., pág. 49
69 Wilson, o.c., pág. 57
70 Wilson, o.c., pág. 57
71 Wilson, o.c., pág. 58
72 Wilson, o.c., pág. 61ss
73 Wilson, o.c., pág. 72
74 Wilson, o.c., pág. 72
75 Wilson, o.c., pág. 73
76 E. Bettencourt: «Milenarismo», en «Sacramentum mundi» III - Herder, Barcelona (1984), col. 605
77 J. Séguy: «Millenarisme», en «Catholicisme» IX, Paris (1982), cols. 158-165
78 E. Bettencourt, o.c., col. 606
79 Cfr. s. Agustín: «De civitate Dei» XX,7
80 Wilson, o.c., pág. 118s
81 Wilson, o.c., pág. 118
82 Wilson, o.c., pág. 122
83 Wilson, o.c., pág. 122
84 Los «hermanos hutterianos», una de las sectas introversionistas más representativa, son de procedencia anabaptista
85 Cfr. Wilson, o.c., págs. 119-140
86 Wilson, o.c., pág. 141
87 Wilson, o.c., pág. 167
88 Wilson, o.c., pág. 167s
89 Wilson, o.c., pág. 168
90 Cfr. Wilson, o.c., págs. 169-177
91 Cfr. Wilson, pág. 178ss
92 Cfr. Wilson, págs. 181-188
93 Wilson, o.c.., pág. 189
94 Wilson, o.c., pág. 189s
95 Wilson, o.c., pág. 190ss. Cfr. Mayer, o.c., pág. 90ss
96 Wilson, o.c., pág. 190
97 Wilson, o.c., págs. 197ss
98 Wilson, o.c., págs. 200-203
99 Sudbrack, J.: «La nueva religiosidad» - Edic. Paulinas, Madrid (1990)
100 Algunos de estos grupos pueden ser denominados «cultos». Cfr. apartado IIA
101 Cabe distinguir una «Nueva Era» consagrada a intelectuales y científicos y otra dedicada a la gente más secilla
102 La palabra «culto» se toma aquí en el sentido de formaciones «religiosas» poco institucionalizadas, cambiantes, con líderes no tan consistentes como los de las otras sectas, dependiendo más - según análisis sociológicos actuales . de conglomerados de seguidores reunidos en torno a stages, cursos, revistas, música, literatura, etc.
103 Es la palabra que más se usa al referirse a las asociaciones, centros, publicaciones, etc. Cfr. Ferguson, Marilyn: «La conspiración de Acuario» - Kairós, Barcelona (1994), págs. 506-531
104 Así en García Hernando, J. (Dir.): «Pluralismo religioso en España II. Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos» - Sociedad de Educación Atenas, Madrid (1993)
105 Salarrullana, P.: «Las sectas satánicas», en García Hernando, J. (Dir.): «Pluralismo religioso en España II. Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos» - Sociedad de Educación Atenas, Madrid (1993), pág. 817