El segundo postulado de la relatividad especial establece la constancia (universalidad) de la velocidad de la luz, independiente de la velocidad relativa entre fuente y observador.
Una consecuencia directa de este postulado es la relatividad de las medidas de tiempo (los relojes de dos observadores inerciales distintos corren a distinto ritmo) y en particular la dilatación temporal (las medidas de tiempo que hace un observador están dilatadas respecto a las que hace otro que se mueva uniformemente respecto a él).
El reloj de luz consiste en un rayo de luz emitido desde el suelo de un vagón y reflejado por un espejo en el techo.
La constancia de la velocidad de la luz nos obliga a aceptar que el tiempo
que tarda la luz en completar un ciclo medido por un
observador en el vagón [panel izquierdo] es menor que el tiempo
medido por un observador que ve desplazarse al vagón con
velocidad
[panel derecho]: