JUSTIFICACIÓN Y OBJETIVOS

Podemos dividir la estética, de acuerdo con la distinción entre sujeto y objeto, en dos grandes ámbitos. Por una parte se estudia la constitución de la obra de arte, sus propiedades reales o ficticias. A ello responde la asignatura “Estética I: la naturaleza del arte”. Por otra parte, cabe una reflexión sobre la praxis estética, sobre la actividad estética tanto del creador como del receptor, que es la que debe realizarse en la asignatura “Estética II: la experiencia estética”. También se podría decir que la reflexión sobre la experiencia estética es un estudio las condiciones de posibilidad de la misma, o que es una teoría, “crítica” en sentido kantiano, de la experiencia estética.
La estética nace con la vocación de defender que hay una experiencia estética específica: la que se tiene en el “conocimiento sensible”, suponiendo que hay una propiedad real del mundo a la cual damos el nombre de belleza, que no sería accesible mediante el conocimiento conceptual, racional. Kant, en cambio, pensó que la belleza no es una propiedad real, sino un sentimiento del sujeto al cual se le puede encontrar una justificación trascendental. En cierto modo, abrió la vía para una teoría de la experiencia estética cortando el acceso de la estética a la ontología. La autonomía de la estética y la defensa de la especificidad de la experiencia que le es propia frente a otras experiencias, implantadas desde entonces en el acceso del hombre moderno al arte, arrancan de aquí. Pero, desde otro punto de vista, las consecuencias subjetivistas de un planteamiento como el anterior desembocan en una negación de lo que habría de ser toda verdadera experiencia, a saber: una experiencia de realidad y de verdad. Es la línea estética que procedente, entre otros, de Hegel, llega hasta Gadamer pasando por Schiller, Heidegger y el primer Nietzsche.
En nuestra propia captación del fenómeno estético, en el papel que juega en nuestra vida y en nuestra sociedad, están insertas ambas tradiciones. El fenómeno estético es para nosotros contradictorio: es lo más real entre lo real y al mismo tiempo sólo tiene que ver con lo específica y autónomamente estético (reducido, a veces, a lo irreal, a lo ficticio). El objetivo más general del curso es el de mostrar la persistencia de ambas líneas de fuerza en el modo moderno de experimentar el arte, haciendo ver que esa contradicción es en sí misma un problema. Por ello se postula una tercera vía de acceso al arte que no debe ser pensada como una síntesis de las anteriores, ni tampoco como una negación de las mismas, pues para esta tercera vía ni la verdad está en el arte ni hay un ámbito autónomo (ficcional, irreal) de la experiencia estética. En ella se incluyen algunas corrientes de pensamiento que han comprendido, desde puntos de vista muy diferentes, la insuficiencia de las dos vías de acceso a la experiencia estética mencionadas anteriormente, o de la mezcla de ambas: el mismo Heidegger en su vertiente antihumanista; el del Nietzsche que defiende, tras su ruptura con Wagner, el valor del arte como defensa contra la verdad; el de Benjamín, que estudia las consecuencias de la técnica para la obra de arte.
Como se ve, el objetivo principal es reflexionar sobre el modo como el hombre de nuestros días experimenta el arte y vincular este problema “actual” con la historia de la filosofía y de la estética. Dadas las limitaciones temporales del curso, se ofrecerá una panorámica general de las tres vías de acceso a la experiencia estética que se postulan, de acuerdo con los contenidos enumerados en el temario, y se presentarán desarrollos más concretos de algunos de ellos.