Un enfoque conflictivo y complejo de la paz
Gran parte de los sistema naturales, biológicos y humanos están determinados por sistemas dinámicos y en equilibrio. La visión de un equilibrio estable es esencialmente estática y no tiene repuesta para explicar los comportamientos de los sistemas complejos -contínuamente perturbados por los cambios de sus elementos-. La estabilidad de los ecosistemas representa la habilidad para retornar al estado de equilibrio después de los cambios o perturbaciones temporales, según factores externos e internos en muchas ocasiones impredecibles. La rapidez en el retorno a la situación de equilibrio será una connotación de estabilidad del sistema. Un sistema humano, un sistema social, no es un sistema en equilibrio estático. Por el contrario, constantemente se producen perturbaciones, desviaciones que fuerzan a una constante reorganización y ajuste. En este sentido, el «orden» y «desorden» se interaccionan para la organización del sistema. Obviamente, el desorden es necesario para la producción del orden y su relación dialéctica forma parte de la complejidad de los sistemas.
Las sociedades humanas son sistemas no lineales en los que una causa puede tener diversos efectos, lo que significa que puedan existir posibilidades reales de variación y elección. No son sistemas convencionales en los que sus cualidades vienen dadas por la suma de las partes, sino que tienen cualidades emergentes. En consecuencia, es imposible entenderlos plenamente por el simple análisis de los componentes reconocidos o identificados, es muy difícil prever los resultados potenciales de estos sistemas complejos. Los actores sociales deben de ser conscientes de que el equilibrio de los sistemas vivos, entre ellos los humanos, es un equilibrio dinámico, de flujos de información, energía y materia. Sólo de esta manera habrá algunas opciones de controlar los procesos -gestionar los conflictos- en sus respectivos contextos, en sus procesos históricos.
A medida que aumenta el grado de incertidumbre y de ambigüedad, los actores sociales deben de estar dotados de una forma de pensamiento y acción doble: de un lado aquellas situaciones que se mantienen en un equilibrio dinámico estable y de otro aquellas situaciones que tienden a una inestabilidad incontrolable (Afganistán, Sudán, Palestina, Kosovo, migraciones, crisis económica actual, etc.). Cuando estos sistemas están lejos de una situación de equilibrio, automáticamente aplican coacciones internas para mantener la inestabilidad dentro de ciertos límites. En el límite entre la estabilidad y la inestabilidad, el sistema puede producir un flujo continuo de formas nuevas y creativas.
En consecuencia, el equilibrio dinámico es un mecanismo central para que los seres humanos podamos mantener las condiciones de nuestra existencia, lo que incluye las relaciones con el entorno y a su vez, las interconexiones de estas con las relaciones entre los propios seres humanos. Podemos resaltar, como un ejemplo importante, el papel que juega la homeostasis como una cualidad autorregulativa, compartida con el resto de los seres vivos, que busca el equilibrio y que, en cierto sentido, podría tener sus correspondencias con la cooperación y la búsqueda de la armonía. La racionalidad como una peculiaridad propiamente humana, apoyada en la filogenia, los instintos y las emociones, intenta optimizar las condiciones de la supervivencia, la adaptación al medio, gestionar conflictos de distinto alcance, la relación de nuestros cuerpos con el entorno, la relación de unos con otros, la articulación de la cultura, y la optimización de las respuestas individuales y grupales. La racionalidad tiene, por tanto, la misión fundamental de que las fuerzas que afectan a los seres humanos sobre él se compensen entre sí, que el equilibrio sea el máximo posible. Es un factor de equilibrio, a pesar de que en coyunturas particulares, quizás debido a la soberbia humana, pueda haberlo no parecido.
No obstante, creemos que en la búsqueda de marcos conceptuales que superen dicotomías clásicas simplistas, esto es la contraposición entre teorías del consenso y teorías del conflicto (entendido en este caso como conflicto negativo fundamentalmente), la utilización del concepto de equilibrio remite más a la idea de «proceso respecto de su punto de equilibrio», hablando así de sistemas «cerca del equilibrio» y de «sistemas alejados del equilibrio». Ningún sistema complejo -y las sociedades humanas lo son- es estructuralmente estable, de ahí sus continuas fluctuaciones y búsquedas del equilibrio. De esta manera podemos comprender también que los equilibrios dinámicos son siempre -por definición- imperfectos, porque están ligados al cambio y a la incertidumbre.
Fuente: Francisco A. Muñoz, Beatriz Molina Rueda. Instituto de Paz y Conflictos de la Universidad de Granada. Una Cultura de Paz compleja y conflictiva. La búsqueda de equilibrios dinámicos. En: Primer seminario de Cultura de Paz desde Andalucía. Granada 2008.
Equipo de Paz y Regulación de Conflictos