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...Cruzar en diagonal por encima del
tiempo. Agarrar la hora al vuelo. Medirle el
tiempo a los recuerdos. Creer en el hoy, el aún,
el todavía. La lucha es a muerte por la vida.
Estar en guerra contra el dolor y el
olvido.
Pablo
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Camino
a la patria
Pablo Mora
Domingo, 12 de abril de 2009
(Al alimón con Carlos Castro Saavedra)
Cuando se pueda andar por las aldeas
y los pueblos sin ángel de la guarda. Cuando se pueda ir
derecho al alma como quien va a la aurora o a la
estrella. Cuando sean más claros los caminos y brillen
más las vidas que las armas. Cuando sean más frescas las
cascadas y las flores fulminen los fusiles. Cuando los
tejedores de sudarios oigan llorar a Dios entre sus
almas. Cuando de luz tejamos la mañana antes que la
congoja al viejo plato.
Cuando en el trigo nazcan amapolas y
nadie diga que la tierra sangra. Cuando con la nostalgia
acorralada, cantemos todos marsellesas arias. Cuando la
sombra que hacen las banderas sea una sombra honesta y
no una charca. Cuando tan cierta sea la esperanza que
cuelgue torrencial en nuestras manos. Cuando la libertad
entre a las casas con el pan diario, con su hermosa
carta. Cuando el cocuyo inflame en clarinada e invada de
esplendores nuestros sueños.
Cuando la espada que usa la justicia
aunque desnuda se conserve casta. Cuando toque la tarde
su guitarra y no se vuelva a hablar de la miseria.
Cuando reyes y siervos junto al fuego, fuego sean de
amor y de esperanza. Cuando apamate, almendro y naranjal
en plena guerra den cobijo al niño. Cuando el vino
excesivo se derrame y entre las copas viudas se reparta.
Cuando con sol brindemos en Arauca por sabernos seguros
en el bongo.
Cuando el pueblo se encuentre y con sus
manos teja él mismo sus sueños y su manta. Cuando el
pueblo despierte de mañana y le sobren Palomos a sus
bridas. Cuando de noche grupos de fusiles no despierten
al hijo con su habla. Cuando torne la madre pobre a casa
con su risa cargada de legumbres. Cuando al mirar la
madre no se sienta dolor en la mirada y en el alma.
Cuando por cada madre muerta nazca en la floresta azul
un gran lucero.
Cuando en lugar de sangre por el campo
corran caballos, flores por el agua. Cuando en lugar de
llanto, las quebradas sus sueños con los hombres los
compartan. Cuando la paz recobre su paloma y acudan los
vecinos a mirarla. Cuando deje la paz de ser fulana y se
asemeje nada más que al pan. Cuando el amor sacuda sus
cadenas y le nazcan dos alas en la espalda. Cuando
aparezca el ángel, camarada del pobre hermano bravo,
muerto de hambre.
Sólo en aquella hora, sólo entonces,
podrá el hombre decir que tiene patria.
Pablo Mora
pablumbre@hotmail.com
http://www.analitica.com/va/arte/oya/3215223.asp
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«Para poder
burlar la realidad, hay que conocerla»
Por Gabriel Bauducco
Como quienes pelean
en la guerra por no matar y, a la vez, mantenerse vivos,
Cristina Castello, pelea en la jungla de la brutalidad
de la economía que azota al mundo. Por seguir fiel a sus
convicciones y por no ser una asesina más, de la legión
de quienes matan la poesía. Ella es poeta, aun cuando no
habla, aun cuando no escribe. Y trabaja como periodista;
una de esas pocas que han pasado por los medios
gráficos, por la radio y la televisión
(diario
Tiempo Argentino,
revista
Gente, Viva,
la dominical del
diario
Clarín,
radio
Splendid,
conductora del programa de TV
Sin Máscara,
docente de
La entrevista
periodística,
etcétera) y que, desde su postura ética, se opone al
video clip en que se ha convertido la vida… un vértigo
infernal que a las emociones, mata. Eso mismo, su ética
para la razón y la acción, la hace ver con ojos de
asombro el desparpajo con que se conducen la mayoría de
los políticos y los dirigentes modernos. Una modernidad
de egoístas y traidores… esos a quienes no les importan
los demás, esos que traicionan el espíritu de la poesía.
Castello habla de una realidad que no es la que cuentan
los medios de comunicación. Señala la deshumanización y
la soledad de los que están en medio de la masa. Y dice
cómo salvarse de la locura, a través de las semillas que
sueltan sus palabras (G.B.)
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Palabras de agua viva para la sed poética

Cristina Castello, autora de «Soif»
(«Sed»)
Por Claudia Sosa
Verbo puro y sustantivo
desnudo es Cristina Castello: la mujer de palabras
cristalinas, la periodista poeta que (en mayo, en París)
presentará su primer libro de poemas ilustrados por el
gran Antonio Seguí: Sed /Soif. Con sus musas de alas
blancas se acercó a La Isla para regalar una entrevista
plagada de vuelos, ángeles y pájaros.
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«Yo,
Picasso»: genio y chamán: Desde su adiós
clama Libertad
Picasso,
¿Eros, Tánatos, o ambos? Quizá ninguno.
Picasso era un genio, y a los genios no se
los suele medir con la misma vara que a
todos.
Cristina Castello
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El «Guernica»— ese
extracto de universo sin palomas
El «Guernica»— ese extracto de sangre,
rebeldía y llanto
«Yo, Picasso» era su frase favorita. Fue
un desesperado por la vida y la arrasó.
No tuvo límites. Ni para crear, ni para
doblegar. Ni para beberse el arte, el
alcohol y los burdeles; ni para
encerrarse en silencio, para crear. El 8
de este abril se cumplen los treinta y
seis años de su adiós (¿A Dios?).
Hoygrita, gime, increpa y resiste desde
el «Guernica», su obra maestra. Desde
ese cuadro que es historia, que escribió
la Historia, y que es emblema de
libertad, «Yo, Picasso» sigue alertando
a los inocentes de la Tierra. En el
corazón de este mundo trémulo, su clamor
pictórico y vital tiene hoy, aún más
entidad.
Niño prodigio y superdotado; comunista y
pacifista, o burgués. Tierno y cruel;
amigo y traidor... aquella vez. Aunque
ardió en su fuego, salió siempre ileso,
él. Calcinaba a los otros. A las otras.
Las mujeres eran sus diosas,pero
también, «frazadas para limpiar pisos» y
«máquinas para sufrir». Sus ojos
desorbitaban destinos. Lo rodeó la
muerte y lo abrazó la vida, hasta los
91, cuando nos dejó. ¿Quién fue: Eros o
Tánatos?
Fue
un chamán, un genio; el mayor artista
del siglo XX y hasta ahora sin parangón.
Pintor, escultor, grabador, dibujante,
su obra fue decisiva para el desarrollo
del arte, incluso Epara el diseño
gráfico, la ilustración y el cómic. Ganó
un dinero incalculable; mientras otros
artistas morían de hambre, él vivía en
castillos y, cuando sus obras los
desbordaban, no los vendía: compraba
otros.
Se
declaraba pacifista y fue miembro del
Partido Comunista Francés, hasta su
adiós. Pero si bien la obra del
Picasso de los 20 años, refleja el
desconsuelo de los excomulgados de la
humanidad, el delos cuerpos abismados, y
el de los ciegos, después nunca mostró
explícitamente un compromiso con el
dolor universal. Hasta queel demonio
nazi aliado otro amo de los infiernos
—el Generalísimo español Francisco
Franco— se encaramó en pájaros asesinos.
Pájaros-aviones que bombardearon la
ciudad vasca de Guernica el 26 de abril
de 1937, y la muerte puso huevos en
la herida. ¡Oh ruiseñor de sus venas!
(García Lorca).
El
chamán Picasso reaccionó de inmediato en
favor de los republicanos.Henchido de
ira y pletórico de arte, pintó el
célebre «Guernica».
El
«Guernica»— ese extracto de universo sin
palomas. El «Guernica»— ese extracto de
sangre, rebeldía y llanto, a partir del
cual hay un antes y un después.
Un antes y un después para
la pintura; un antes y un
después —o debería haberlos— en las
conciencias de quienes miran esos tres
metros de alto y ocho de largo, de arte,
furia y piedad.
Con
esta pintura, nada más —y nada menos—,
que está en el Museo «Reina Sofía» de
Madrid, hubiera sido suficiente para la
gloria del genio.
El
«Guernica» es un alegato contra la
guerra, contra el terrorismo franquistay
contra todo fascismo. La violencia, las
madres, las mujeres, la maternidad, la
sexualidad, laten en esa obra, como un
retrato del espanto. Fragmentos de vidas
y muertes, son pequeñas imágenes de la
gran imagen de un caos organizado, en la
obra suprema que exige Libertad.
De
un lenguaje pictórico sorprendente, es
el trabajo de un maestro de la
composición que revela, a la vez, la
mirada inocente de un niño.
Así
fue Pablo Picasso. De pequeño pintó como
un adulto, y recién en su madurez,
recuperó su mirada de infante: «Desde
niño pintaba como Rafael, y me llevó
toda una vida aprender a dibujar como un
niño». Cierto, no es fácil recuperar la
inocencia.
Pero nunca estuvo solo para buscar su
mirada virgen; un año antes de morir,
cuando tenía ya 90, dijo que la muerte
fue la única mujer que lo acompañó
siempre. Y entonces, las trece diosas
«oficiales» que fueron sus
frazadas para limpiar pisos y que,
sin embargo, lo amaron incluso hasta el
suicidio... ¿Qué hicieron?
Animal en celo
Quiso ser libre como el mar, y resultó
esclavo de su sed hacia todo y hacia
todas. Como un animal en celo,
necesitaba de las mujeres, con la misma
potencia con que las mimaba primero, y
maltrataba después. Se desesperaba por
las adolescentes, quería probar toda
forma de sexo, ahogarse de pasión para
mejor emerger. Si hasta fue sospechado
de homosexual por el novelista Norman
Mailer. ¡Vaya «delito»!
Después de haber pintado «El picador»,en
La Coruña a loscuatro años, se enamoró
de Carmiña. Él tenía diez octubres; ella
es «La niña de los pies descalzos»,
cuadro que el Maestro conservó hasta su
adiós.
Jadeante de deseo y tórrido de
delectaciones, de allí en más todos sus
amores —¿sabía amar?— se convirtieron en
pinturas. Por sus etapas: azul, rosa,
cubista, la de cercanía al surrealismo,
la expresionista, las de las máscaras
africanas —por todas, después de
Carmiña— desfilaron muchas de sus
mujeres. La cupletista célebre Josefa
Sebastiá— «La Chelito»; las que
surgieron de aventuras, producto de la
frecuentación de cabarés de París,
Barcelona y Madrid y más.
Hasta que llegó —le llegó—Fernande
Olivier. Con ella convivió en el barrio
de Montmartre, en París, pero se escapó
del hogar para crear otro con Eva
Gouel, a quien llamaba «Ma Jolie»
(«Mi Linda»).
1917 le regaló a Olga Koklova, bailarina
del ballet ruso, al que abandonó por Don
Pablo Ruiz Picasso, llamado así hasta
que —por rechazo hacia su padre— comenzó
a firmar sólo son el apellido de su
mamá. Al año siguiente se casaron: la
princesa fue la única esposa de
Picasso ante la ley; a partir de
entonces, se integró la «alta sociedad»
y vivió como un burgués. La rusa
aristocrática, se había presentado ante
él, altiva:
—«Soy Olga Koklova, la sobrina del Zar»,
tronó como si susurrara, al tiempo que
descubría su escote de aguas sediciosas
frente al sediento de toda sed.
Bellísima sobre su metro 55 de estatura,
en las obras de su esposo apareció como
una tonta, empecinada, e insatisfecha.
¿Existe la realidad o existen los ojos
que la miran?
El
primer hijo de ambos, Paulo, nació tres
años más tarde, y ayudó adisimular el
fin del amor, que se anunciaba. Con sus
monerías infantiles, regocijaba a las
arenas de la Costa Azul, al tiempo que
la decadencia de la pareja encontraba su
apogeo.
Como si su vida hubiera sido un
best-seller, la historia del Genio
estuvo signada también por la tragedia.
Paulo, con quien siempre había sido
indiferente, murió de cirrosis y
alcohólico; y —por una perversión del
destino— su nieto Pablito se suicidó el
día de la muerte del artista, pues
Jacqueline Roque, su última y dictadora
compañera, no lo dejó entrar al funeral.
El pequeño bebió cantidades de
lavandina, y se fue de la Tierra... ¿Con
su abuelo, a Dios?
Picasso había fumado opio en París con
Apollinaire, Mirbeau, Lautrec y
Modigliani. Buscaban semillas de sueños
para sembrar la aurora. Fumaban para
soñar. Y como un sueño llegó a su vida
Marie-Thérèse Walter, cuando ella tenía
17 años y él 46. Era 1927.
El
deseo erótico se sumaba al placer de la
aventura; el secreto de los encuentros
era absoluto, para evitar problemas con
la ley, por la edad de la adolescente.
Cuando nació María concepción, Maia, la
hija de los dos, Olga fue abandonada. Y
también, a su turno, Marie-Thérèse,
quien, sin embargo, siguió asistiéndole
con devoción: le cortaba las uñas y el
pelo y las guardaba, en un orden
cronológico estricto, pues él temía que
le hicieran brujerías. Escribió a
su amado durante treinta años; y
finalmente, cuando él murió, se
suicidóen la casa de Picasso en la Costa
Azul.
Los
ojos verdes de la fotógrafa yugoslava
Dora Maar, le llegaron de la mano de
Paul Éluard y su dulce esposa Nush,
quienes los presentaron en un café de
París. Corría 1936 y el chamán cayó
rendido ante su belleza e inteligencia.
Pero... ¿Es que él se rendía ante algo o
alguien?
No,
también desertó de aquella mirada
esmeralda, para tomar de la mano a
Françoise Gilot, en 1943, con quien tuvo
otros dos hijos: Claude y Paloma.
Dora, brillante y talentosa, había
fotografiado toda la etapa del Guernica,
mientras sufría escenas de celos, que
continuaron después dela separación.
Cada vez que él la encontraba con alguna
posible pareja, hacía escándalos
mayúsculos; para su delirio, cada mujer
llevaba la «marca Picasso» y a ella se
debía. Dora terminó en un manicomio, y
finalmente se hizo profundamente
religiosa.
Fue
Jacqueline Roque, su última mujer, la
única que pudo dominarlo, bueno...
apenas; trató de aislarlo de sus
amistades, hijos y nietos, lo acompañó
hasta el final. Después de la muerte de
Picasso en 1973 en Mougins, Francia, se
pegó un tiro, pues no encontraba un
sentido a la vida, sin él. Están
enterrados juntos, en los jardines del
Palacio de Vauvenargues, que Picasso
había comprado, pero donde nunca había
vivido, en la Riviera Francesa. Mientras
se comía la vida, sin saberlo, había
preparado su propio sepulcro, suntuoso.
El arte a quemarropa
Casi todas sus mujeres escribieron
libros sobre él. Pero cuando Françoise
Gilot, publicó «Mi Vida Con Picasso»,él
no quiso ver nunca más a los hijos de
ambos, Claude y Paloma. Con la única que
se frecuentaba a veces, era con Maia,
hija de Marie-Thérèse, se recordará. Ya
grande, ella reconoció que su padre
hubiera deseado guardar consigo a todas
las mujeres; como un coleccionista, las
clasificaba por color, forma y espíritu.
Como a las mariposas.
¿Cuál de sus mujeres fue la más amada,
si es que amó a alguna, más allá del
ansia de poseerlas todas? Quizás lo fue
la más oculta, la poeta Geneviève
Laporte, más de 40 años más joven que
él, bella, refinada, sutil.
Aparentemente la relación duró un
lustro, pero jamás la olvidó. «Nunca
podré ser más que tus pinceles /Ser obra
de tus manos /Estar dentro de ti», reza
un fragmento de alguno de sus poemas
para él.
Pero todas le escribieron versos. Y
también él escribió, entre cuyos libros,
el más conocido es la obra de teatro «El
deseo agarrado por la cola». Él lo podía
todo. ¿Todo?
El
poeta Guillaume Apollinaire lo escuchaba
y acompañaba, con el afecto de los
amigos verdaderos. Curiosa vida: en 1911
un empleado suyo robó algunas
estatuillas del Museo del Louvre y las
vendió a Picasso. Apollinaire fue
detenido por la policía francesa y el
genio fue llamado a declarar. Dijo no
conocer en absoluto al poeta. Fue una
traición.
¿Y
cómo llamar a las expresiones de Joan
Miró, cuando, con su esposa Pilar, se
enteró de la muerte del gran Maestro? «Pilareta
—se alegró— desde ahora el número uno
soy yo».
Cada palabra es un autorretrato: aquí,
el de Monsieur Miró.
Pablo Picasso dejó un imperio y sus
herederos viven en torno de su fortuna;
salvo Paloma Ruiz Picasso, hija del
pintor y de Françoise, que tiene su
propio imperio de fragancias, joyas y
bolsos. A ella le correspondieron 30.000
millones de la herencia, es dueña...
hasta de rascacielos y, con su hermano
Claude, compraron la isla Petalious en
Grecia, a la cual casi no van. Amaba a
su papá: le importaba su inteligencia y
su bohemia; ríe cuando cuenta que —ante
ciertos gastos— le escuchaba siempre la
mismarespuesta: «¿Crees que eres la hija
de Rockefeller?».
Picasso, ¿Eros, Tánatos, o ambos? Quizá
ninguno. Picasso era un genio, y a los
genios no se los suele medir con la
misma vara que a todos. Tienen la
«pasión del Absoluto», de la que
escribió Louis Aragon, aunque no se
refería a ellos. Son seres para quienes
nada es suficientemente «algo».
Aunque tengan una vida social activa,
están aislados. Necesitan encontrar-se
en la soledad, su único lugar posible.
¿Saben amar? El arte es un amante tan
exigente que quiere al hombre todo
entero, según Miguel Ángel Buonarroti.
«Nunca podré ser más que tus pinceles»,
había comprendido sabiamente Geneviève.
¿Hay un lugar cierto para alguien más,
en la vida de un genio o de un artista?
No, salvo si ese alguien sólo acompaña
como una«frazada para limpiar pisos»; o
si es capaz de no perder su propia
libertad interior y de conservar su
propio mundo, en lugar de subordinarse
al genio y dedicarse a la ceremonia de
su adoración. Una de las pocas
excepciones fue la conductaJohann
Sebastian Bach, quien tuvo una
cotidianidad aparentemente normal.
No hay muchas más.
Aunque transiten las sombras, ellos
tienen gula de luz. Tienen furia de
hurgar en sus propias ventanas, hacia
adentro, para encontrar ese nido
celeste. Esa parte de Infinito que
justifica y explica el arte, para de
vivir entre el cielo y la tierra con
aspiración de eternidad.
El
mundo es hoy una boa devoradora de
vidas. Pueda Picasso, pueda el
«Guernica» estremecer otra vez el
corazón del hombre. Y que la
Justicia «rompa sus andrajos
grotescos de farándula, se escape de la
pista, se meta por la puerta falsa,
donde los mercaderes del mundo dirigen
los destinos del hombre, y esa Justicia,
pida la palabra» (León Felipe).
*Cristina Castello es poeta y
periodista. Buenos Aires /París
http://www.cristinacastello.com
http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com/
http://www.kaosenlared.net/noticia/88030/yo-picasso-genio-chaman-desde-adios-clama-libertad
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Desarme verbal
Pablo Mora
Domingo, 29 de marzo de 2009
La luz estorba y la palabra humana. José Martí
Se necesitan dos años para aprender a hablar y
sesenta para aprender a callar. Ernest Hemingway
Por tus palabras habrás de ser justificado y por
ellas serás condenado. Jesucristo La palabra
humana es como un caldero cascado en el que tocamos
melodías para hacer bailar a los osos, cuando
quisiéramos conmover a las estrellas con su son.
Gustave Flaubert Sea esta la regla de nuestra
vida: decir lo que sentimos, sentir lo que decimos.
En suma, que la palabra vaya de acuerdo con los
hechos. Séneca El que sabe hablar, sabe
también cuándo. Arquímedes De todos los
vicios que conozco, ninguno peor que el de perder el
tiempo de la acción en la palabra. Pedro Albizu
Campos La convivencia verdadera se funda en la
palabra auténtica, que es siempre expresión del
amor, campo lúdico de encuentro, ámbito de relación,
vínculo de solidaridad humana. Ma. Ángeles
Almacellas Bernadó
El hombre de la calle reclama que nuestra labor sea
consecutivamente de pensamiento, de acción y de
pasión. Ante todo de pensamiento; luego, de acción
que ponga en marcha las conclusiones del
pensamiento; y enseguida, de pasión, para cumplir la
acción, esto es, para ejecutar apasionadamente lo
decidido y resuelto por el pensamiento… Una
recomendación a favor de la economía del tiempo,
esto es, a favor del desarme verbal, de la
liquidación de la palabra violenta. Nos permitimos
suplicar, como previo a todo avenimiento… el desarme
oratorio… Ese tipo de discurso, hinchado de
vehemencia, produce inquietudes en el hombre de la
calle y ocasiona destrucción nerviosa, estrago
biológico tanto para los organismos individuales
como para los organismos colectivos… Pasión, acción
y pensamiento realizan los designios de los hombres
cuando la acción está al servicio del pensamiento y
la pasión se inspira en el pensamiento de servicio.
Andrés Eloy Blanco
El cumplimiento de la palabra humana es lo que le da
al hombre la entereza de la verdad, por esta razón,
la palabra humana no se cumple sino cuando se da,
cuando se entrega, como la sangre. Pascal Hoy
en los tiempos que corren nadie da la palabra, ni
tan siquiera los que se tienen por más honrados. Hoy
se podría decir que no hay tiempo para dar lo que no
se tiene. Hoy no se da la palabra en el más extenso
y estricto sentido de la frase, del hecho; nadie da
lo que no tiene. Hoy el alma de los Pueblos, la
palabra de los Pueblos y su gente, está muerta,
vacía, no tiene alma. No podemos esperar
Pueblos-hombres ni hombres-Pueblos; no los hay, no
existen. Así ocurre que vivimos continuamente en la
mentira, en la desesperación y la duda, en el
desarraigo continuo y sin esperanza alguna de
reencontrarnos como Pueblo. Tigzirin
Tiknariyin,Ta-Ferka.
Un poco de aire estremecido que, desde la madrugada
confusa del Génesis, tiene poder de creación.
José Ortega y Gasset Diosa enseñoreada en el
confín del orbe, del hombre y de la vida. Hermana
mayor del hombre, presencia las agonías, protege al
pueblo, vuelca como campana su acero y su sonido
hacia todas las mañanas. Por la palabra comienza
toda revolución en la medida en que sólo se consigue
evitar los equívocos e hipocresías cuando la palabra
realmente dice lo que significa.
http://www.analitica.com/va/arte/
http://cid-1e9c5ca443137170.profile.live.com/Lists/
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CHIQUITITA
POLDY BIRD
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Con los años
que cumplís ya puedo hacer un ramo : doce.
Una docena, Verónica. Te compré una pollera
larga hasta el suelo y unas sandalias con
las que me alcanzás. Hermanas en altura. La
gente te mira ya como a una muchachita. A
nadie se le ocurre protegerte cuando cruzás
la calle, ni despacharte última en el
almacén o en la tienda, como les hacen a los
niñitos.
"Una hija
MUJER", me dicen los que nos conocen, y yo
asiento, bieneducada, sin replicarles que no
sé bien qué es MUJER, mujerona, señora,
adulta, grande. .. , porque me prometí no
pasar de adolescente, y cumplo mis promesas.
He gastado
caminos y he gastado zapatos, me he dado con
la cabeza contra las paredes, pero nunca
aprendí tanto como en estos doce años en los
que anduvimos juntas. Empecé caminando con
pasitos de flor, alzándote con miedo,
sintiéndote tan mía y tan extraña al mismo
tiempo. Vos me fuiste enseñando qué hacer
en cada caso. Ibas creciendo y yo crecía con
vos. Me llegabas al muslo, a la cintura, al
hombro... Ahora, a veces, hasta me protegés,
hasta me das consejos.
Vos me
enseñaste lo que es una madre. Eso era algo
que yo desconocía. La última vez que yo
llamé mamá y me respondieron, tenía ocho
años. Y después, nunca más.
A veces, con
miedo, grité desesperada "Mamá, ayudame" :
la noche en que naciste, la tarde que perdí
al bebé, en Barcelona, la mañana de
noviembre que me operaron.
Y vos me
respondiste, mi Verónica.
Cuando
naciste con un llanto "aquí estoy".
En Barcelona,
rodeándome con tus bracitos y pidiendo "
Que no te pase nada, que no te pase nada". Y
en noviembre del año pasado mostrándote
serena, y por debajo de la serenidad, ese
temblor que tan bien reconozco.
Así que me
enseñaste que una madre es respuesta,
que una
madre es camino,
que una
madre es un puerto.
Respuesta que
no miente, que aclara y serena.
Camino que va
recto hacia su destino.
Puerto que no
corre tras los barcos, sino que los espera y
los recibe.
Yo negaba un
poco que ibas creciendo. Crecías en el largo
de los ruedos y en el número de los
zapatos... pero la vez que me di cuenta de
que ibas dejando el claro país de la
infancia fue hace dos veranos, cuando
pasamos frente a una calesita... y no
pediste subir. A tu papá y a mí nos dieron
unas ganas locas de llorar.
Un ramo. Doce
años. Doce colibríes. Doce rositas de
azúcar.
¿Cómo serás
cuando seas grande? Te reconozco desde ya :
capaz de soportar las heridas que te hagan,
pero incapaz de herir.
Esgrimiendo
la justicia como una vara de nardos.
Segura de lo
que querés. Segura de lo que no querés.
Un ramo. Doce
años. Doce jazmines. Doce espadas.
¿En qué nos
parecemos?
Yo tan
temerosa. Vos tan firme.
Yo tan
enamorada de las letras. Vos tan enamorada
de la vida.
Yo sin saber
nadar. Vos buceando piedritas bajo el agua.
Yo solitaria.
Vos colgándote un collar de amigas.
¿En qué
podemos parecernos, habiendo tenido vidas
tan distintas?
Yo no quiero
que te parezcas a mí, que puedan humillarte,
que puedan hacerte sufrir, que recibas el
cariño como un milagro o un premio, que
pienses que solamente tenés que dar y lo
que te den deberás devolverlo con creces.
No, no quiero
que te parezcas a mí, tan neblinosa, tan
necesitada de afectos. Quiero que seas esa
lámpara encendida que da luz a los que amás
y a los que te aman.
Doce años,
Verónica. Doce campanitas.
Una docena de
veranos. Un ramito de lluvias de cristal.
Ya has dejado
de ser una nena para todos los que te ven.
A nadie se le
ocurriría regalarte una muñeca.
A partir
de ahora serás chiquitita solamente para
mí.
Chiquitita
nada más que para mamá.
Chiquitita
que te tapo, que hace calor y te destapo,
que te saco el pelito de la frente, que
guardo tu primera batita, el primer dientito
que se te cayó...
Chiquitita
para mí, que te miro y te veo así de grande
como estás hoy, y al mismo tiempo así de
chiquitita como eras.
Y siempre se
estarán superponiendo las dos imágenes en mi
corazón, de hoy en adelante. Y de hoy en
adelante serás... serás más mía que nunca,
chiquitita.
No sé bien por qué,
pero casi todos le damos importancia a "la primera
vez" de algo. Y queremos compartirla con alguien:
una persona que entienda nuestro gesto afirmativo,
esa clara intención de la mirada, el mensaje de
nuestra mano apretando la suya.
Tal vez por eso me sentí tan triste al caminar
la cuadra y media hasta la playa de esa pequeña
ciudad que mi conocimiento estrenaba. Iba a ver su
mar por primera vez. Sola. Triste y asustada, porque
la soledad me asusta, me vuelve chiquita y
desamparada.
Fue como si todos hubieran sido invitados a una
fiesta y yo apareciera sin mi tarjeta y sin conocer
a los dueños de casa.
Cada cual estaba en lo suyo: los chicos
entrando y saliendo del agua, las madres
llamándolos, los jóvenes concursando su belleza o
jugando a la pelota paleta, el oleaje bordando la
blanquísima filigrana de la espuma, el viento
levantando, cada tanto, una arena de oro pálido que
la luz transformaba en lentejuelas mínimas
agitándose con movimientos de pandereta. Apreté el
bolso contra mi pecho y busqué un lugar frente al
agua infinita.
Me senté con las piernas encogidas, los
anteojos negros, las manos sosteniendo las rodillas,
y fue como si me hubiera vuelto invisible. Ya nadie
me veía. Pasaban frente a mí, detrás de mí, pero yo
no existía.
Éramos solamente ese inconmensurable mar
bullente y movedizo, un poco azul, un poco verde,
tan murmurador y yo.
Yo necesitando a todo el mundo y sin nadie que
necesitara de mí. Ese arrogante mar y esta aturdida
mujer.
Una niñita se acercó con su balde rojo y su
mamá la llamó:
- "No molestes a la señora que está pensando"...
¿algún cuento? Y me sonrió con una sonrisa que se
despedía.
¿Qué pensaría, en realidad, la gente de los que
escribimos o de los que hacemos algo que ellos creen
que no pueden hacer?
Quizá de haber sido yo otra... hubiera llenado
el baldecito con agua y la mamá de Sol -así se
llamaba la niñita redonda y bronceada- hubiese
charlado conmigo de lo que se habla en la playa.
Ella no sabía que yo era una extraña, sino que
extrañaba, que quería hacer un pozo en la arena para
juntar almejas, pero no me atrevía, que quería
zambullirme en las rápidas olas, pero me daba
vergüenza, que me molestaba el sol en la nuca, pero
no podía cambiar de posición y volverme visible.
Así, sentada, ovillada,
quieta, muda, sola en el estreno de una obra que
hubiese podido ser hermosa y divertida, pensé en
otros días, en seres que me acompañaron: armé
rostros queridos y lejanos, resucité palabras dichas
tiempo atrás.
Me encontré con culpas, alegrías y fantasmas.
Todos los mares que conocía resonaron en mi
mente su ruido de caracola apoyada en la oreja.
Todos los mares aletearon con las alas grises o
blancas de sus gaviotas siempre hambrientas.
Todos los mares burbujearon sus azules copiados
del cielo, de los nomeolvides, de las violetas
postreras del invierno y sus verdes encabritándose
en las primaveras de hojas nuevas, pero en todos
había estado con alguien, acompañada.
Y yo decía: "allá va un pájaro" o "un velero
tan blanco" o "¿pescarán algo esos hombres?" o "ese
chico tan bello"... y quien estaba a mi lado giraba
su cabeza mirando, o me señalaba algo, también, para
que yo mirara, y el mundo era entonces tibio y
seguro como un nido de dos manos puestas en forma de
cuenco para dar toda el agua mansa de la ternura,
toda el agua transparente de la compañía.
Cuando la playa quedó casi desierta me levanté
para marcharme.
En la arena estaba la forma de mi cuerpo: allí
permanecería hasta que la verde mano del mar la
emparejara, borrándola, borrándome.
Me quité los anteojos para limpiar los vidrios
empañados, que casi no me dejaban ver.
Pero mientras regresaba al hotel me di cuenta
de que no, no eran los vidrios.
Era yo, llorando.
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Cuenta
Abierta
Diciembre
Pablo
Mora
Alto para fijar el horizonte, para otear la plenitud
del día. Campanada de garza aleteando en la cresta de
algún ciprés dormido, en busca del anafre o del camino.
Un par de sueños despertando auroras. Un par de ojos
descubriendo estrellas. Alma escarbando abrojos,
serranías. Dos luceros velando en fogarada. La Luna
vigilando, bien despierta, al hombre entretejiendo sus
jornadas. Un modo de mirar, mirar despacio las sombras
infinitas de los árboles, sus quejas, sus lamentos, sus
latidos. Compás para medir la lontananza, la distancia
entre el sueño y el olvido.
Hallazgo de la vida, dentro, fuera. Atinar con el
próximo jalón. Inventar nuevas rutas, nuevas eras, el
viraje que a diario nos aguarda. Hurgarse, hundirse, ser
sentirse, serse. Llegar a enero vivos todavía. Dar con
la vena justa de la gracia o con el alma de la patria en
ascuas. Paso de lluvia en torrencial suspiro mientras la
madre su bocado implora. Un niño que en harapos llanto
apaña. Una manera de sabernos vivos mientras cruzamos
noche, tempestad, neblina, vendaval y cangilón, pena,
chaparrón, vida o sobrevida.
Diciembre: villancicos, serenatas, cuando bajan los
ángeles a tierra para sentirle al hombre su quejido.
Diciembre: lumbre, diapasón y canto. El abrazo temprano
a nuestra madre que empieza, que prosigue, que culmina.
Diciembre: el timbre con que el viento invita a seguirle
los pasos a la vida, envueltos en rastrojos de la
muerte. Remanso suspendido en la jornada para tomarle el
pulso al ventisquero, a la tormenta, al rayo, al
huracán. Sabor a trigo, a leche a miel, a rosas, a
durazno, que como un corazón recién nacido al despuntar
el día palpita entre los dedos de las hojas por su sola
dulzura sostenido. Himno con que cantamos a la vida en
busca de una humanidad en paz tras un amanecer de cara
al hombre, de espaldas a la noche que nos cruza. Tras un
amanecer que al fin alumbre un día con la noche
esclarecida de azul mañana que la fe vislumbre.
La luz en lontananza que nos mira. Infinito fulgor
acurrucado en nuestros pies, en nuestras vagas sombras.
Los árboles, la noche, entre los nidos. Un duendecillo
en medio de la fronda. Los hombres tras la tierra
prometida. Soplo de brisas, canto, resplandor. Fabuloso
recuerdo alborozado. El hombre, tierno niño, desenfunda
la alegría escondida entre la infancia. Pasos del
viento, chispas de luciérnagas. Paso del Tiempo, paso de
la gloria con que engañamos a las propias penas. El
hombre encandilado por sus sueños. El hombre a solas con
su propia sombra. Noche de luces, noche iluminada. Para
un Dios que ría como un niño. Para un hombre que ría
como un Dios. Silencio y soledad, clara ternura,
añoranza sutil sin aspaviento, hacia la luz total de
nuestras cosas, hacia la luz total de la esperanza.
http://www.lanacion.com.ve/noticias.php?IdArticulo=105407&XR=1
http://cid-1e9c5ca443137170.profile.live.com/Lists/ |

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Transiciones y
alternativas en debate
Samir Amin
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América Latina en Movimiento
No 436
23 septiembre 2008
Descargar en formato PDF
Transiciones y alternativas en debate
Samir Amin
Contenido:
De la democracia asociada al progreso
social
Democracia y medios de comunicación
El derecho a la educación
Agricultura campesina, agricultura
familiar moderna
Reconstruir la unidad del frente del
trabajo
¿Economía de mercado o capitalismo de
los oligopolios?
La alternativa deseable en materia de
regionalización |
http://alainet.org/publica/436.phtml
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A veces me parece
que lenta, muy lentamente, me voy quedando sin
palabras; que no consigo alcanzar el vocablo
preciso. Que el lenguaje no puede -aunque lo
intente- rozar la idea, y que por estar tan
desvirtuado y desconectado de la realidad es sólo un
esbozo en forma de letras de un universo ilimitado;
un todo imposible de entender y cambiar, de
aprehender, de abarcar. Me parece que nos han robado
las palabras, que alguien se ha apropiado de su
verdadero significado, y que no puede ser verdad que
ya no nos importen la vida, ni el futuro, ni lo que
le pase día tras día a toda esa gente que sufre. El
lenguaje se ha convertido en una máscara para
encubrir la tremenda tristeza del mundo, un mundo
injusto que da vueltas roto, herido de muerte, y al
que miramos con cruel indiferencia desde nuestro
propio escaparate, desde nuestro refugio de cristal
amurallado, mientras llenamos las horas en un puro
ajetreo, ajenos a su acontecer y a su inconmovible
girar.
El filósofo Emilio
Lledó acierta –como siempre- cuando advierte de la
necesidad de regresar al valor real de las palabras
como fórmula casi mágica para fortalecer el mundo,
para sobrevivir a los que sólo lo conciben como
territorio atrincherado y en guerra, como lugar
inhóspito en el que la mitad de la población es
enemiga de la otra o como una oportunidad comercial;
un mundo globalizado en el que deberían cobrar
protagonismo palabras como amistad, verdad,
solidaridad o belleza. De otro modo estamos perdidos
todos. Perdido el Planeta.
Tenemos que
regresar con urgencia a los objetivos ideales de la
transparencia, el amor, a la sinceridad como pilar
vital de la existencia, al compañerismo, a la
solidaridad, a la fe en la Humanidad y a la alegría
de vivir, antes de diluirnos en un mundo gris
dominado por valores como la competitividad, el
individualismo, la falsa eficiencia, la
superficialidad, el servilismo como arma de
supervivencia, la comercialización, el menosprecio a
lo público, y la perenne sospecha hacia el otro que
impregna y justifica todo; alentados por unos medios
de comunicación que en sus mensajes ensalzan sin
penalización moral y sin sonrojo la envidia, el
egoísmo, el arribismo o la falta de ética y de
compromiso; un mundo en el que la felicidad es un
crédito bancario, la paz unas vacaciones en el
Caribe y el amor dos cuerpos anoréxicos que se
enredan voluptuosos ante un frasco de perfume. Las
verdades a medias y la expresión confusa han
sustituido a las palabras claras y directas dichas
desde el corazón.
Zygmunt Bauman en
“Vida de consumo” considera que el daño colateral
más importante, aunque de ninguna manera el único,
perpetrado por esa promoción continuada de intereses
económicos que representa el capitalismo llevado a
su máxima expresión es la “transformación total y
absoluta de la vida humana en un bien de cambio”. Se
trata de un mundo dedicado a la compra y venta y en
el que a las personas que no pueden consumir, que
han quedado fuera del sistema, se las considera
integrantes de una especie de infraclase. En
palabras de James Livingstone (extraído del mismo
libro de Bauman), “la forma del producto penetra y
reformula las dimensiones de la vida social hasta
ahora exentas de su lógica, hasta el punto en que la
subjetividad misma se convierte en un producto que
puede comprarse y venderse en el mercado como
belleza, limpieza, sinceridad y autonomía”. Todos
somos productos susceptibles de ser intercambiados.
El consumo
irracional e ilimitado nos ha transformado en
acumuladores de colecciones de objetos desechables;
y en las basuras de nuestras ciudades se pueden
hallar aún con vida material muebles y enseres que
cambiamos por otros recién salidos del centro
comercial en el que pasamos las tardes del fin de
semana. Las personas y el calor de su presencia se
sustituyen por objetos. Los padres apenas tienen
tiempo ya para estar con sus hijos, engullidos por
horarios interminables en trabajos inseguros y
sueldos de miseria, por lo que compensan su ausencia
con regalos inorgánicos. Las palabras revelan la
superficialidad instalada en las relaciones
personales. Vivimos una cultura del simulacro, de lo
artificial, en la que lo importante es la apariencia
y la imagen.
La falta de peso
de las ideas, la inconsistencia aparente de unos
acontecimientos troceados que aparecen y desaparecen
ante nuestros ojos en función de su
espectacularidad, se revela en unos medios de
comunicación que, en palabras de Jean Baudrillard,
neutralizan las relaciones sociales, y que –añado-
han abandonado hace tiempo con el beneplácito de los
gobiernos los objetivos de servicio público. El
mundo no se diseña ni construye a la medida del
hombre, sino de las empresas. Para Jameson, “la
postmodernidad es una cultura comercial, que produce
cambios en la estructura misma del ser humano: una
pérdida del sentido de la historia, el predominio
del espacio sobre el tiempo y una marcada falta de
profundidad”. Vivimos en una sociedad superficial,
desestructurada y sin orden lineal, que privilegia
lo visual sobre lo verbal. Un mundo ilimitado y
globalizado que creemos falsamente alcanzar en la
medida en que nos instalamos a vivir ante el
televisor y ante nosotros desfila su carrusel de
imágenes.
Al final de este
camino deshecho no tendremos ni sabremos nada.
Quizás aún estemos a tiempo de evitar quedarnos sin
palabras como esperanza.
mvacsen@hotmail.com
http://www.rebelion.org/seccion.php?id=25
|

|
oír el llamamiento y presentarse

DAR FORMA AL VACÍO OJOS AL POEMA para que
pueda cruzar la calle alas a Dios para que
llegue al hombre robarle sin que sepa una
sonrisa al sol en la arboleda cruzar no la
aurora sino el alma en que ampara su soñar aupar
asolear la eternidad escuchar la soledad y
dirigirle la palabra llegar con los ojos
abiertos a la mirada final pedirle a la luz que
nos espere reprocharle al alba su tardanza
correr el peligro de la vida
De: oír el llamamiento y presentarse
Sangre Zurcida -Pablo Mora-.
El Árbol Editores/Colección Alegres Provincias
San Cristóbal/ Edo. Táchira
República Bolivariana de Venezuela.
|
| Mientras el mundo se desvive entre
galácticos presagios y alientos de hecatombe,
Mora construye su trinchera. Desde allí insurge
contra la canalla obnubilada, con la más
convincente de las armas, el verso. Su carabina
de paz dispara contra la guerra. Proviene de la
generación de los sesenta, cuando el fusil diera
su mano al verso. Persigue un verdadero espacio
verbal en sintonía con uno temporal-ideológico,
puesto que emoción, palabra y contexto
sociopolítico han de entrecruzarse, zurcirse,
encajar en todo poética verdadera. Advierte, con
Ludovico Silva y Rimbaud, que la belleza es
revolucionaria, que Belleza y Revolución
han de ser permanente bandera de combate, que el
porvenir será socialista.
De: contraportada.
Sangre Zurcida -Pablo
Mora-.
|
Pablo Mora
http://www.poiesologia.com/index.htm
http://cid-1e9c5ca443137170.spaces.live.com/lists/ |

|
Presentación en la
Librería del Sur
Derrame de Sangre Zurcida
|

Portada del libro Sangre Zurcida
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Este miércoles a las siete de la
noche, en una perseverancia que se quiere semanal, se
presentará un nuevo ejemplar de la bibliografía
tachirense, en esta ocasión para adentrarnos en el
último poemario de Pablo Mora, Sangre Zurcida.
Cristina Castello relaciona a Pablo Mora con una
humanidad en siempre alba, calificándolo como uno de los
más grandes poetas de esta "América doliente y
anhelada".
Este nuevo libro se anota a una larga lista en más de
cuarenta años de hacer poético; pero éste no es el único
motivo de su actual regocijo. Nos contó con entusiasmo
que un poema suyo se incluyó en la selección Che Inverse
de la editorial londinense Aflame Books. Además también
se publicó en octavilla su carta al Comandante Fidel
Castro y la respuesta del líder cubano. Vale la pena
transcribir algunos apartes de la réplica a la misiva
del vate tachirense:
"Los fusiles señor Mora, se toman y se cargan y se
disparan cuando ello es necesario, cuando no queda otra
salida, cuando morir o matar es la única alternativa que
resta para reconquistar la dignidad. Pero la Revolución
ha de hacerse, señor Mora, para poder enterrar los
fusiles, de una vez para siempre. La Revolución es Paz,
y por eso cuesta tanto, justamente".(FD)
http://www.lanacion.com.ve/noticias.php?IdArticulo=96829
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Cuba en el corazón
de Manuel Talens
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La Revolución Cubana forma
parte de los episodios más trascendentales del
pasado siglo XX. El año 2004, con la edición en
DVD de la historia documental de todo el
proceso, el Instituto Cubano del Arte e
Industria Cinematográficos (ICAIC) dejó en
herencia a la posteridad el legado ético y
estético de un pueblo que decidió romper las
cadenas y recuperar su dignidad. Este libro
comenta el material fílmico de los siete DVD,
titulados genéricamente Caminos de revolución.
Ventas por internet directamente
en
Alcalá Grupo Editorial
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La plaza
Pablo Mora
Domingo, 27 de julio de 2008
Llegar a estos sauces. Llorar de alegría donde la
vida se fue. No sé bien en qué edad irán mientras
voy con la mía por tercera vez. Congelada la plaza,
conserva la frescura, el donaire. Allí los asientos,
allí sus entradas, allí sus salidas. Ella al verme
levanta su cara. Yo, las horas, las copas, el bar.
El poeta cargado de lluvias, descarga su don. Se
cuelga de nuevo de aquellos sus sauces. El niño de
siempre se pone a jugar. Encendida en sonrisas, en
besos curtidos, ella vuelve en sus ramas a ser el
columpio. Él a escondidas se guinda otra vez. No
importa el peso, el brinco, la arruga, el cansancio.
De un lado a otro, se mece la vida. Orates de
amarrar en su reír. Alcabala de insomnios
misteriosos, la plaza es el espejo de la luna, donde
a veces el hombre se enamora o gime la alegría de
algún niño oyendo a su lamento sollozar.
Llorones los sauces nos ven
trajinar. Allí mis recuerdos, allí mis quejumbres, mis
llegadas, mis locuras a pie. Allí mi candil, mi
silencio, mi grito. Allí mi adiós, mi misterio, mi
alianza. Allí mi mochila, allí mi guarida. Mi modo, mi
surco, mi afán. Mi luto, mi gloria, mi puño. Mi cumbre,
mi canto, mi fuga. Mis formas, mis velas, mis sombras.
Mis noches, mis lluvias, mis fábulas. Mis aceras,
confines, insomnios y olvidos. Acunan las plazas la
vida, los sueños repasan. En la vida los sauces se
reflejan, inclinados, no cesan de acechar.
El tiempo no deja de moler. Después
del olvido que ahora nos espera, nos damos el asombro de
otro encuentro. La lagartija con nosotros duerme, con
nosotros camina la desolladura, la matadura en muerte
padecida, esperando que el tiempo nos abrigue. La
hondura de la plaza en sombra crece en esta tarde en que
me arrulla lenta. En vaivenes la vida, una suma por
restar. Son campanas los sauces de las plazas que llaman
a vivir. Mis jardines, aldea en pomarrosa, mirada de
querencia en cangilones, el latido del tiempo entre mis
pasos, claro olor de existencia en trashumancia, en la
naciente claridad del día, esencia primitiva de un
sauzal, la sencillez espiritual de un nido. La plaza es
una sombra suspendida sobre el rumor triunfal de la
alegría. El sauce es un anciano resabido.
Yo no sé bien qué sueños faltan,
sobran. Me dejan ya los duendes de la aldea, los
arroyos, los Alpes, las creencias. Apenas me distinguen
las gavetas, apenas si recuerdo mis cimientos, apenas si
me oyen las luciérnagas, Tal vez ni Dios siquiera a
ciencia cierta sepa de Pablo y de sus cuerdas sueltas.
Ante toda palabra que aparece, hinca Pablo el quejido de
su pena, cabalga la palabra al descubierto, cuenta con
cartas frías y arrugadas, donde bardo y Dios pactan con
el Diablo desde el Antiguo y Nuevo Testamento.
Grave mi nombre, mi apellido grave.
Grave mi vida, mi esperanza grave. Grave ternura, mi
locura grave. Grave tormento, mi delirio grave. Grave mi
paso en horizonte grave. Grave mi sueño en pesadilla
grave. Grave mi asombro entre el insomnio grave. Grave
mi lumbre entre su sombra grave. Grave, la aldea, el
pomarroso grave. Grave mi duende en la demencia grave.
Grave la luna, la mochila grave. Grave mi plaza, mi
tardanza grave. Grave vallejo, dios enfermo, grave,
grave el asunto, el alma grave, grave.
Pablo Mora
http://cid-1e9c5ca443137170.spaces.live.com/lists/
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Melodioso ajedrez
Pablo Mora
Nacido en Caracas en 1938, fallecido el 6 de junio de
2008, Eugenio Montejo, cofundador de importantes
publicaciones, entre ellas “Poesía”, reivindica para la
lírica latinoamericana la abolición de las fronteras
políticas: pues pertenecemos más a nuestra época que a
nuestro país, hay familias poéticas, identidades
verbales que no siempre coinciden con las demarcaciones
geográficas. Para Guillermo Sucre: “La poesía de Montejo
se ha caracterizado por el espesor y la rica gama
textual, aun por la recreación naturalista y mítica.
Además de la pasión constructiva y el casi perfecto
control del desarrollo del poema, que excluye lo
divagatorio y deshilvanado. Cualquier poema suyo parte
de un punto y vuelve a él, pero para enriquecerlo, para
dejarnos ver la amplitud de su recorrido y las sucesivas
relaciones que va generando. Es, además, de los pocos
poetas hispanoamericanos de hoy que tienen un sentido
tan exigente de las formas verbales, su pasión
constructiva.” Para Francisco Rivera: “Añoranza del sol,
del aire, del caballo, la vuelta a la tierra de Montejo,
poeta de tensiones en busca de equilibrio, poeta de lo
actual que viene de tiempos muy remotos y que a esos
tiempos quiere regresar, está marcada por la conciencia
de lo pasajero.”
La suya es una poesía de la conciencia de lo efímero, de
la desposesión, de la nostalgia de un pasado personal
que lo lleva a la búsqueda de sus primeras fuentes. El
despojo y la errancia; el regreso y la permanencia; la
trashumancia, la terredad, son símbolos constantes que
evocan su primigenio peregrinar cósmico-familiar. Poesía
intimista-universal, exalta los sueños del orbe a partir
de la caótica quejumbre humana. Nos insiste en volver a
los dioses profundos; en deletrear el áspero silencio en
la inmediatez y la trascendencia, en la soledad del
horizonte, en el silencio redondo de la tierra, en el
sonido forestal del mundo, en el rumor de alguna vieja
caracola, en el canto de un gallo muerto en otro siglo,
en el alumbraje, la resilencia o la “nostalgia cósmica”.
“La definición que damos de la poesía —sostuvo— suele
cambiar a lo largo de los años. Hoy tiendo a decir,
quizá privilegiando su rasgo de diálogo con el enigma,
que se trata de un melodioso ajedrez que jugamos con
Dios en solitario. Me doy cuenta ahora, sin embargo, de
que en el juego de ajedrez se procura a toda costa ser
ganador. En este otro ajedrez que menciono nada se desea
ganar ni perder, y tal vez por ello resulte tan
atractivo.”
Dentro de las figuras emblemáticas de Montejo: los
árboles, las lámparas, las cigarras, los pájaros, la
terredad, cobra primacía la del “gallo”, el que a modo
de ritornello musicaliza toda su obra. Así como al amor
lo hilvana permanentemente con el cosmos, el gallo
luminosamente signa la inmediatez, la trascendencia, el
alumbraje. Es como si a cada instante asistiera y
asistiéramos a la primera celeste madrugada cósmica. El
gallo llena, explica a lo largo del mundo y, así, a lo
largo de su obra. Puede estar en otro sitio, ser de otro
siglo. Podemos asistir a un canto sin gallo, canto puro,
cortante, en el alba de la tierra. A él a quién le quedó
un gallo por oír, entre “música de gallo”, en coito con
muerte y espuelas, lo imaginamos, bien plantado,
“recolectando aquí y allá de la intemperie / granos
azules caídos de los astros.”
pablumbre@hotgmail.com
http://cid-1e9c5ca443137170.spaces.live.com/lists/
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Creer en
la vida
Pablo
Mora*
A 16 años del
4 de Febrero, mientras Venezuela se enrumba
hacia un futuro mejor, y con sus ideales de
convocatoria y rebeldía, hace que el mundo
entero marche hoy unido por la paz.
Sumidos
en las tremebundas cárcavas del cósmico pavor,
esclavos de las crujientes angustias de la
humanidad, en convivencia
con parejos avatares, asidos a un común dolor,
hemos de constituirnos a partir de una
vida social acumulada. Antes que fundirnos en
una fe única, una doctrina única, explorar la
posibilidad de un consenso que, partiendo de la
devastación horripilante, conduzca a la
concreción del proyecto en el que la danza de la
vida signe la esperanza, el renacer de una
humanidad nueva, donde conciencia y fraternidad
apuntalen todo progreso, todo porvenir,
altibajo, desafío, logro, rejoneo.
“Convencidos de que al horror hay que
salirle al paso, hay que
desmantelarlo, sajarlo, y que hay que
hacerlo ya, ahora mismo, organizada,
precipitada, impostergablemente, fundando una
sociedad de hermanos, en nuestra casa, en el
trabajo, en la calle, en el país y el
continente, en el planeta que se quiebra…
abrirle pasos a los tiempos de amor que
inundarán el corazón del hombre el día en que
aprenda al fin a mirarse en las pupilas
infinitas de su propio asombro.”
Fraguar
una conciencia colectiva, fincar nuestra
vivencialidad, convivialidad, en las relaciones
inter subjetivas provenientes de nuestras
cocreaciones y sociocreaciones, puesto que
podremos conocernos partiendo del otro y de los
otros, hasta tener que ser otro para ser sí
mismo. La libertad individual, la capacidad o
potencialidad de nuestras “creaciones” solo
llegan a plasmarse a través de nuestras
vivencias mutuas, compartidas, ya que el hombre,
como la “verdad”, se hace y crece en comunión
con los otros seres humanos.
Rescatar la dignidad de la palabravida,
en solidaridad creciente. Lejos de una egocracia
fatua, insustancial, intrascendente, enrumbarnos
hacia una egococreación con miras a alcanzar la
máxima sociocreación que el momento nos demande.
Buscar nuestro amanecer en la obra común.
Decidirnos por el fortalecimiento de una
corporeidad psicosocial tal que sea capaz
de construir el cuerpo real del hormigón
histórico, donde tengan vida por
igual el silencio del bosque, el sueño de la
máquina, el estupor del viento, el ingente
alarido de los pobres, los aullidos de Dios
sobre el planeta.
Acercarnos al dolor del día. Servirle a
la vida, rescatarla, liberarla, ejercer la vida.
Lidiarla al alimón, al quiebro, al cuarteo.
Perseverar en la defensa del pan, la libertad,
la deliberancia, la disidencia o convergencia.
Que entre todos hagamos nuestra casa. Nuestro
fogón. Nuestra alegría. Que no sean solo sombra
nuestros días. Agregarle algo al mundo si
queremos que valga nuestro paso.
La
mayor dimensión por el hombre conocida: la vida.
La orden del día, la consigna entonces: fraguar,
festejar la vida, apuntalar, enarbolar la vida,
debatir la vida, entusiasmar la vida, celebrar
la vida. Oír la vida. Creer en la vida. Al lado
de la vida de por vida. Por cada llanto,
levantar un camino. Por cada acoso, encender una
esperanza. Por cada muerte, una lumbre. Una luz,
por cada oscuridad. pablumbre@hotmail.com
*Poeta, Profesor
Titular, Jubilado, UNET
http://cid-1e9c5ca443137170.spaces.live.com/lists/
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Biodiversidad: el paraíso
perdido
Joel Sangronis Padrón
¿A que cosas
llamas soledad? ¿Por ventura no está la
tierra poblada por diversas
criaturas vivas, lo mismo que el
aire?.... También ellas tienen su
especial Comprensión, no
despreciable.
John Milton - “El
paraíso perdido”
No soy un ecologista fanático; no antepongo
un supuesto “mundo natural” al mundo humano.
Milito en la corriente del pensamiento ecológico
conocida como ecología social o socioecológica,
corriente esta que incluye a los desajustes
socioeconómicos humanos como uno de los
principales problemas ambientales; una corriente
que supera la trampa epistemológica del
reduccionismo biologicista en que caen la
mayoría de las tendencias ecológicas y
ambientales contemporáneas, trampa que arrebata
o desconoce los contenidos políticos y
socioeconómicos inherentes a toda propuesta
ecológica.
Entiendo que la lucha por la defensa del
ambiente está indisolublemente ligada a la lucha
contra la explotación y la depredación
capitalista; entiendo que no puede existir una
sociedad sustentable dentro de la lógica del
capital, y que la lucha por la defensa del
entorno incluye indefectiblemente la lucha por
la defensa del ser humano, tan agredido, tan
alienado, tan cosificado y mercantilizado por la
sociedad capitalista que su propia existencia ha
perdido sentido; sin embargo, cada cierto tiempo
mientras hago caminatas por los bosques del
parque nacional Burro Negro, o por las montañas
de la serranía del Paujil en el centro occidente
de Venezuela, o camino en soledad frente al mar
caribe, me complazco en imaginar como sería hoy
el ecosistema terrestre si por algún azar
evolutivo hace 2 millones de años el género
Homínido no hubiera producido la rama del Homo
Sapiens. Alejado del ruido de los hombres,
envuelto por los sonidos de la naturaleza no
antropizada, sueño despierto con un mundo que
fue, y que ya no es ni volverá a ser.
Liberados mi mente y mi espíritu de las
limitaciones del cuerpo y de la razón vuelo a
través de un mundo maravilloso y ancestral, con
imágenes que me son familiares y extrañas a la
vez: veo una tierra llena de bosques, miles,
millones de kilómetros cuadrados de una cúpula
vegetal que se extiende en cada continente casi
desde la orilla del mar hasta las mas altas
montañas. ¡Una masa boscosa colosal! Como
consecuencia de ella el aire es limpio y de una
pureza indescriptible. En mi recorrido el cielo
está inundado de bandadas de aves de todo tipo y
colorido: sobre los cielos de Norteamérica miles
de millones de palomas migratorias (hoy
extintas) sobrevuelan los bosques de pinos,
robles, abetos, arces y encinas. Acá en
Venezuela, el firmamento de los cielos llaneros
se puebla con decenas de miles de garza, loros,
corocoras y ciento de especies que colorean la
luz solar con tonos caleidoscópicos.
En las praderas norteamericanas mas de 80
millones de Bisontes hacen retemblar la tierra
al huir de las manadas de lobos y de los
Smylodon (Tigres dientes de sable) que los
persiguen; cerca de ellos, majestuosas manadas
de mamuts pacen en las frías praderas. Los
océanos hierven de vida. Más de 400 mil Ballenas
azules y cientos de miles de otras especies de
Ballenas inundan con sus cantos la inmensidad
del mar.
Las aguas oceánicas del todo el mundo rebosan
pletóricas de vida; incontables y descomunales
cardúmenes de Sardinas, Anchoas, Atunes,
Bacalaos, Salmones y ciento de especies mas,
incluyendo a sus depredadores, hacen que sea
difícil recordar los desiertos en que el hombre
ha convertido hoy a los mares.
En Europa los extensos rebaños de Úros, de
Jabalíes, de Corzos, Renos, de Alces Gigantes,
de Bisontes, de Rinocerontes lanudos, de Mamuts
y muchas otras especies, vagan por entre sus
bosques y llanuras, acechados por Lobos, Tigres
siberianos y por Leones y Osos de las cavernas
al norte y por Tigres caspianos y manadas de
Leones del Atlas al sur.
El norte de África es un vergel que en nada
se asemeja a las desérticas imágenes que hoy nos
resultan comunes. La gran megafauna Africana
(Elefantes, Jirafas, Ñues, Leones, Hipopótamos,
Rinocerontes, etc…) hoy confinadas a pequeños
espacios del África Oriental, llena con su
presencia cada espacio disponible desde el Delta
del Nilo en el Oriente, hasta las riberas del
Atlántico en Occidente. El desierto del Sahara
tiene una décima parte del tamaño que posee hoy,
y cada año que pasa tiende a reducirse frente al
avance inexorable de lo verde.
Las llanuras del creciente fértil, en el
actual Irak, no son el desierto radioactivo en
que los bárbaros y criminales invasores lo han
convertido hoy; son pantanos y marismas de una
gran belleza y amplio despliegue de vida, por
algo las cosmogonías Judeocristianas y
Musulmanas ubicaron allí el jardín del Edén .
La India y las islas del Asia suroriental son
monumentos a la biodiversidad y a la hermosura;
aun hoy, luego de milenios de devastación
humana, la singularidad de sus parajes impacta y
sobrecoge.
Los territorios de lo que hoy es China
exhiben paisaje magnificentes, con grandes
manadas de Elefantes y Rinocerontes, con decenas
de miles de Tigres, Pandas y Osos, con sus Baiji
(Delfines) saltando entre las aguas del Yang
Tse.
La vida estalla en grandeza y biodiversidad
por dondequiera que me lleva mi imaginario
viaje. Me sorprendo al mirar cara a cara aves
gigantes: Moas en Nueva Zelanda, Aves Elefantes
en Madagascar, Alcas gigantes en la costa
canadiense y Dodos en Mauricio.
En Australia la diversidad y complejidad de
los marsupiales es asombrosa: incontables
Canguros Gigantes, Diprodontes, Tilacinos (Lobos
de Tasmania) y Leones Marsupiales.
El clima de la tierra sin haber sufrido
milenios de deforestación e incendios provocados
por el hombre y sin gases producto de la
combustión de hidrocarburos es más frío que el
actual.
Lo que a mis ojos y a mi espíritu se muestra
es el verdadero Jardín del Edén, y según creo,
nosotros los seres humanos no fuimos los
destinatarios de este paraíso, por el contrario,
estoy totalmente convencido de que en realidad
los humanos fuimos y somos la serpiente que
trajo la muerte y el pecado a este Edén llamado
tierra. Ojala que aun haya tiempo para que la
evolución del espíritu humano nos conduzca en un
cercano futuro a asumir la culpa de nuestros
actos como especie y comencemos la búsqueda que
nos regresen al paraíso perdido.
* Joel
Sangronis Padrón es Profesor UNERMB
http://www.rebelion.org/seccion.php?id=3
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Sea la
luz
Pablo
Mora
Sucedió y es cierto que
los valles dormidos despertaron y los ríos
penetraron el corazón del valle y los de las
montañas y hablaron los ríos el océano brotó de
una de las apasionadas conversaciones entre el
río y la montaña y de agua se poblaron las
tierras el caldo prioritario calentó las
calderas del tiempo y grano a grano se desliza
la vida primera candela de conciencia sonidos y
silencios sumidero del espacio por allí escapa
el verbo su invención es casi inmortal y si no
hay viento es necesario crearlo entonces verbo
hace viento sucede que viento no muere y viaja y
se anima y nacen todas las cosas los animales
enjambres de cosas para el verbo carne fuego
sangre agua luz sonidos metal músculo cerebro
sueño creación universo
Sea la luz para la aldea
el alba un día sea inevitable nada fijo todo
flujo repentino reordenamiento interactivo
selección natural nueva entidad irreversibilidad
acontecimiento posibilidad orden a través de la
fluctuación interacción conocimiento tácito en
lo más hondo la verdad cada palabra en las demás
en un hombre todos los hombres formando el
universo desde una misma butaca viviendo la vida
homología fundamental fluir de la energía lo
repentino y nuevo el contacto locura circular a
la intemperie compleja realidad del universo
áreas comprometidas disponibles para un futuro
no programado distorsiones de cualidad trama
encantada al azar al margen de la conciencia
Nadie escoge adivina
termina adivinando ver lo que todos ven y nadie
piensa recuperar recuerdos palabras expresiones
ideas sucesos imágenes cantos galerones melodías
escudriñar activamente los dispositivos abiertos
semiabiertos reconocibles (in)imaginables tocar
el cerebro como se toca el piano expresar las
ideas con palabras y oraciones adecuadas lejos
de todo guirigay sampablera baturrillo
papiamento levantarse temprano a saludar el alba
recuperar el hilván con que zurzamos el espacio
de la caída donde vida sea arte arte vida fija
la mirada en el libreto asomarnos al canto de
los árboles escuchar el aplauso de los pájaros
Acabar con el vértigo la
urgencia acabar con la guerra que nos cruza con
la noche que nos cruza con el hambre que nos
cruza paridora de soles cruce el alba de la
sombra a la pena de la pena al sollozo del
sollozo al sueño del sueño a la nada
de la nada a la vida de la vida a la
muerte de la muerte al misterio en este
barro todavía acabar con la crisis que nos triza
con el caos que nos acosa con el caso del ocaso
con el saco de la cosa con el asco del ocaso que
te acosa con la tisis que nos crispa acosar al
caos al ocaso de las cosas pasto sea de demonios
el asco de los dioses sea la luz para la aldea
el alba un día sea inevitable la fuerza del
grito la sombra del silencio la palabra de pie
como el rocío noche esclarecida de azul mañana
que la fe vislumbra todo ocaso va viene se
repliega caos cosa caso asco saco acaso acoso
Grabar el sueño entre
los árboles desentrañar los secretos al asombro
estar en el centro de la vida de por vida tener
mucha imaginación para ver la realidad asumir
absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar
la gloria del mundo en un grano de maíz mantener
la espada en la trocha que corresponda abrir
compartir la luz al mismo tiempo que la noche
oscura encender lámparas en el túnel de la
infamia enloquecida empuñar las manceras del
arado en el lugar apropiado en el momento
apropiado y en la circunstancia
apropiada
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«Vivir peligrosamente. En la violencia de
la paz»
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«He intentado escribir el
paraíso.
¿Qué es el paraíso?
No os mováis
Dejad hablar al viento
Ese es el paraíso.
Que los seres humanos perdonen
lo que he hecho»
(Ezra
Pound)
Yo tomo las palabras del
poeta. Que quienes lean este latido de vida
perdonen lo que he hecho. Y que los periodistas
actuales o futuros tomen el guante. Para
escribir el paraíso y hacer escuchar la música
del viento.
Cristina
Castello
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«Vivir
peligrosamente. En la violencia de la
paz»
Por Cristina Castello
A la memoria de Anna
Politkovskaïa, asesinada en Moscú el
07/10/06, y de todos los periodistas
desaparecidos con un ramo de semillas en la
boca: La pasión por la
verdad.
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«Gajes del oficio»
-Cristina, no
intentes más la entrevista con «Carlitos».
-¿Cómo que no? Si estoy tras ella desde hace
dos meses, y para hacerla busqué muchísima
información, y... ¡vos sabés…! -¡Claro que lo
sé...! -¿Entonces? -No quiere recibirte,
pero lo entrevistará Renée (Sallas), no te
preocupes. -Bueno, pero… ¿qué pasó? -Dijo
que nos concede una entrevista exclusiva, a
condición de que no la hagas vos. ¡Pero vamos,
Cris... deberías estar orgullosa! Sos un hito en
el periodismo y él te cierra la puerta. -¿Qué
estás diciendo? No entiendo. -Que el señor
Presidente de la Nación Argentina te tiene miedo
y se niega a que lo entrevistes. No sabe cómo
contestar tus preguntas.
Este fue
mi diálogo telefónico con Jorge de Luján
Gutiérrez, director de la revista «Gente»,
donde yo trabajaba. La fecha: la segunda mitad
de julio de 1989. «Carlitos» no era -no es-
otro que Carlos Menem, quien era presidente de
la Argentina desde el 8 de julio de aquel
año. Quien informó de la decisión
presidencial fue el entonces jefe de la SIDE
(Secretaría de Informaciones del Estado), Juan
Bautista «Tata» Yofre.
|
«… Mostrar la
multitud y cada hombre en detalle/con eso que lo
anima y que lo desespera. /Bajo su vida de
hombre todo lo que él alumbra/Su esperanza y su
sangre/Su historia y su dolor». (Paul Éluard, de
«Poème pour tous»). La poesía siempre
alumbra. Con este fragmento empezaba yo mis
clases de periodismo; y la primera lectura que
entregaba a los alumnos, con la excusa de que
hicieran con ella algún trabajo, era «Cartas a
un joven poeta», de Rainer Maria Rilke. Quería
–quiero- encender hogueras inextinguibles en
cada ser cuyo camino confluya con el
mío.
Se dice que en la profesión soy
implacable. Es cierto. Nunca trabajé por la
fama, ni para ser una «star», ni por cantidades
de dinero que jamás se ganan, salvo si se vende
el alma. No me conformo con «esto» que llaman
«realidad», y rechazo lo que existe por la
certidumbre de lo que poco vi pero cuya
existencia presiento. Tengo hambre y sed de
Verdad. Hacer periodismo es tirar semillas. Y
la siembra requiere fiereza y ternura para
defender la vida como experiencia creadora; la
tarea del hombre es la belleza y ella exige
develar: quitar las máscaras.
Todas.
Empecé a estudiar periodismo
porque quería escribir. Me equivoqué. Había
terminado la escuela secundaria tres meses
después de cumplir quince años, había leído
muchos libros y escrito muchos poemas. Sabía
demasiado y no sabía nada: mi «erudición» no era
sino teoría. Sabía de lecturas y de mi
intensidad para vivir a corazón y a cielo
abiertos. Apasionadamente. Pero ignoraba mi ser,
mi sed y mi destino de poeta. No «me» sabía en
mi raíz y no supe escuchar la voz de mi esencia;
la que vivió en mí desde que anidé en el vientre
del amor, la poesía y la abnegación. En el de
Rosita «Chiquita» Batmalle, mi mamá. Sin
embargo, tenía clara conciencia de la otra
fuerza que nutre y absorbe mi vida: darme a
«mis» demás.
En mi primer año como
estudiante empecé a trabajar en un semanario, y
terminé la carrera con las más altas
calificaciones y diploma de honor. Entonces
llegó el primer abismo. El que nos acontece
frente a una etapa que termina y otra que
comienza, frente a ese preguntarse: «¿Y ahora,
qué?». El abismo duró un instante. Porque
ese sino y signo de darme a «mis» demás se sumó
a mi pluma de poeta, de la cual renegaba, y me
entregué a la profesión con fervor y mística de
sembradora. Me lancé a hostigar imposibles.
A tratar de contribuir a «cambiar la vida»
(Rimbaud). Y persisto. Escribí kilómetros de
palabras en los medios gráficos de más venta y
más conocidos de Argentina, donde nací: hacía
los artículos de la portada; mi voz, mi palabra
e imagen –mi mensaje- se multiplicaron por la
radio y la televisión; y disparé una lluvia de
semillas en el alma y en el conocimiento de mis
discípulos de «La entrevista periodística». «Y
los árboles y la noche no se mueven sino desde
los nidos» (Giuseppe Ungaretti). Enseñar es
nacer nidos. Amé a mis alumnos. Los amé, los
amo. Y recibí mucho de ellos en nuestra historia
hecha de rigor periodístico y de complicidades,
de risas, planteos «metafísicos», dolores y
dichas compartidos: la vida.
Fui
censurada, amordazada, amenazada de muerte y
perseguida. Por haber nacido en Argentina,
durante el período 1976/83 padecí el horror por
tantos seres exterminados; el espanto ante
30.000 «desaparecidos» (masacrados), por los
militares genocidas, declarados después por la
Justicia culpables de «crímenes de lesa
humanidad». Sin militancia en ningún partido
político y ajena a todo «ismo», sin ese abrigo
(y esclavitud) que puede dar el hecho de
«pertenecer», estaba ciertamente a la
intemperie. Mientras tanto, andaba por la vida y
por las cárceles –cuando se podía entrar- en
visita a los pobrecitos seres clausurados,
blandiendo una ética de las ideas que deviniera
en ética de la conducta. Era casi una
adolescente pero vivía sola -amo la libertad- y
pasé noches tendida en el piso de mi
departamento, viendo por debajo de la puerta
pies que se movían con levedad y permanencia:
eran de los represores y me estaban intimidando;
pasé mañanas de interrogatorios policíacos en mi
propia casa; sufrí «requisas» -término de la
jerga policial-militar, en este caso referido a
la inspección humillante del cuerpo, para
descubrir si se ocultaba algo- cuando visitaba
las cárceles, por puro amor a la vida, por
donarme a mi prójimo. Pasé, pasé… pasé
tantas cosas… Yo no podía integrar el staff
de ningún medio como periodista, pues «servicios
de Inteligencia» me habían «prohibido». Sólo me
permitían ser free-lance, esto es perder el
sueño frente al teclado y ganar casi nada de
dinero.
En estos días de fin de 2006
siguen las amenazas… pero más aisladamente. En
realidad, nunca hubo tregua. Tienen mal gusto
los enemigos de la vida. En 1987, el día que
desde la clínica donde había estado internada a
causa de un serio accidente de circulación, me
llevaban provisoriamente a mi casa, para seguir
una convalecencia de dos años, esta «gente» se
hizo escuchar. Los enfermeros acababan de
«depositarme» en mi cama… ¡por fin la mía!,
hasta la siguiente internación, y la otra y la
otra, y las otras operaciones. «Sos
boleta, Nena, sos boleta,
periodista», me amenazaron de muerte. La prensa
argentina pensó que mi accidente había sido un
atentado.
Por gracia, superé por completo
lo de aquel accidente. Mi cuerpo no registra
ninguna señal, y mi ser interior no abriga
resentimientos; habrá alguna huella o miedo
oculto, sí, pero también el agradecimiento por
estar viva y entera… ¿Por qué si a otros les
pasa, no iba a ocurrirme a mí? La dialéctica de
la vida y la muerte está en nosotros, pero soy
muy sensible a la caricia divina. Me salvó mi
material de resistencia espiritual y la
poesía. «Entonces no paré. Entonces anduve,
aún con el dolor de frío. Anduve y vi que allí
estaba volando, que allí volvía -otra vez- la
primavera» (Pablo Neruda). Y mi compromiso en la
profesión se hizo más fuerte aún. Nunca di un
paso al costado. Jamás cometí una incoherencia,
nunca me «vendí», aunque las «ofertas» para
tratar de corromperme no fueron pocas. Pero no
es un mérito, sino un compromiso. Hasta hoy
pago los precios. Los pago, sí. Y duelen, sí. Y
traen problemas, sí. Pero soy ignorante: no sé
claudicar. Y en mi trayectoria hay angustias,
pero –también- alegrías, triunfos,
satisfacciones y, sobre todo, la sensación del
deber cumplido: de la palabra pronunciada a
tiempo.
De la universidad me quedó la
huella indeleble de mi maestro, Pablo Ponzano
–poeta, periodista, escritor- de quien aprendí
también la importancia de dejar un surco, de
pasar la antorcha. « ¿Trabajamos como» o «somos»
periodistas? », nos preguntábamos. «Somos»
personas y «trabajamos» -cuando tenemos trabajo-
como periodistas. Pero trabajar como periodista
es Ser Humano. Es -o debería ser- respetar la
sacralidad de la vida. Es estudio e
investigación, responsabilidad y entrega. Es –o
debería ser- amor en acto, para intentar desde
la comunicación que la existencia sea plenitud y
no vacío. El periodismo es -o debería ser-
coraje. Y cuando digo «coraje» no hablo de
ausencia de miedo sino de dignidad frente al
peligro.
El abismo. Aquel abismo. Y en
este instante, otro brota a mis pies. «¿Y ahora,
qué?». ¿Y ahora cómo escribo que el buen
periodismo no existe en el mundo, salvo
excepciones? ¿Cómo franqueo este precipicio? Con
la verdad: para poder burlar la realidad, hay
que conocerla. ¿De qué periodismo hablamos?
En noviembre de 2006 el Congreso de Estados
Unidos votó por legalizar la tortura y otras
atrocidades similares, mientras la discusión en
los medios masivos giraba alrededor de ciertas
alusiones sexuales de un legislador republicano
a algunos jóvenes empleados en el Parlamento. Y
por cierto que esto es importante… si el
objetivo no es distraer la atención sobre
semejante barbarie e ignorar las masacres en el
Líbano, en Palestina, en Irán...y siguen los
nombres. ¿Quién, qué medio de comunicación habla
de los millones de dólares que el mercado de la
droga aporta a su economía, entre otras
«pequeñeces»? Pero esto no ocurre sólo en el
país del Norte sino en todo el mundo, salvo en
algunos medios «alternativos», en Internet y en
honrosas excepciones en ciertos medios masivos.
¿Cómo puede ser que cada año mueran de
hambre 15 millones de niños, a pesar de que se
produce el 10% más de alimentos que toda la
humanidad necesita para vivir? Y sobre todo,
¿cómo es posible que combatir la violencia del
hambre, no sea prioritario para la prensa?
¿Por qué la cultura es la cenicienta en los
medios? Pienso en Kafka y en su certeza de que
ella debería despertarnos como un puño que nos
golpea en el cráneo. La lucidez puede
perturbarnos o darnos paz; plantearnos preguntas
o respondernos. Lo cierto es que no nos deja
iguales, pues la verdadera revolución es la
revolución de la cultura y de la verdad. Pero si
el más elemental manual de periodismo señala
como objetivos: informar, educar y
entretener, y yo agregaría unos cuantos más, es
indispensable que nos preguntemos si esto es
informar. Y educar. No. Los medios son
corporaciones y manipulan la opinión. El
pensamiento único centralizó la libertad de
prensa en empresas y gobiernos, que
–paradójicamente- proclaman la independencia.
Como contrapartida, los pocos periodistas que
defienden la verdad –y a quienes los medios se
lo permiten- pueden ser silenciados. Exiliados
de la profesión. O peor. Según « Reporteros Sin
Fronteras», hasta noviembre de 2006 -fecha de
este texto- 65 periodistas fueron asesinados y
131 encarcelados; y ya en septiembre la
Federación Internacional de Periodistas y otras
organizaciones promovieron una nueva iniciativa
global para alentar los esfuerzos
internacionales, con miras a que el periodismo
sea un trabajo más seguro en todo el mundo.
Me pregunto si hay una contradicción entre
afirmar que el buen periodismo y los buenos
medios casi no existen, y los casos que acabo de
citar. No, pues éstos son las
excepciones.
Salir del abismo del «¿y
ahora, qué?», escribí en líneas anteriores y ya
está hecho, está dicha una parte de la verdad.
Pero intentaré enriquecerla, pues no todo es
terrible: hay momentos luminosos y, aun en los
más oscuros, el alba asoma empecinada.
Trabajé en distintas especialidades dentro
de este oficio, pero cultura, crítica de arte y
política son las que más transité, sobre todo en
Argentina pero también para Europa. Fui
redactora rasa, columnista, editorialista y
redactora jefe, en gráfica; y productora,
guionista y conductora, en radio y televisión; y
docente. En 1982 apareció en Buenos Aires el
glorioso diario «Tiempo Argentino», creación de
quien fue su director en la primera etapa,
nuestro querido Horacio Burzaco. Mi entonces
jefe de redacción en la sección «Cultura», fue
el talentosísimo escritor y miembro de la
Academia Nacional de Periodismo, Ernesto Schoo.
Él me vio dotes de entrevistadora; y desde
entonces me quedó ese rótulo y la casi
dedicación exclusiva a esa especialidad, que es
un género de la literatura, cuando se hace como
se debe. Hice más de tres mil
entrevistas.
Hasta 1986, fecha del cierre
de aquel cotidiano, viví la etapa más feliz,
plena y enriquecedora. Mis compañeros eran
personas cultivadas, alegres, tan noctámbulas
como es Buenos Aires, trabajábamos en lo que
amábamos y nos pagaban bien. Teníamos armonía:
buscábamos la excelencia y sabíamos divertirnos.
Una delicia.
Yo hacía las entrevistas a
las grandes personalidades de la cultura; tenía
para aquellos artículos las dos páginas
centrales del diario y el anuncio en la
portada. Entrevisté a personas ilustres,
artistas, científicos, escritores, filósofos… Me
enriquecí espiritualmente en aquellos diálogos
que podían durar de dos a ocho horas, pero sobre
todo, pude dar a los lectores otra mirada, otros
contenidos, otra visión del mundo más allá de lo
contingente e inmediato: el sentido de la
trascendencia. Ese es el fin a no olvidar en
toda tarea de prensa: el público, y no el
lucimiento personal.
¿Qué es hacer una
entrevista? Pues me reitero: es tirar semillas.
Si la persona que tenemos frente a nosotros
tiene riquezas, se potencian con las buenas
preguntas, para lo cual hay que saber todo del
personaje, antes del encuentro. Pero «todo»
quiere decir «todo», lo cual es un trabajo
obligatorio: por respeto a cada trayectoria,
para evitar los lugares comunes… y para dar
riqueza al lector, televidente o radioescucha,
quien quiere entender el mundo y conocerse,
quien necesita compañía, referencias e
identidades.
Aquéllos eran los «dignos»,
a quienes yo había llegado con la experiencia de
mi trabajo anterior en todos los medios de la
ciudad de Córdoba, particularmente la de los
diarios «Córdoba» y «La voz del Interior».
Los «dignos», pero también estaban «los
otros», los «otros»…. Y vaya este aparente
maniqueísmo, al que apelo para simplificar el
relato. «Los otros»: «raza de los que odian la
vida, raza de los que nunca dicen la verdad,
raza que funde los huesos del pueblo, con la
mentira y el engaño» (William Yeats).
En
«Tiempo Argentino» y después, sobre todo en las
revistas «Gente», «Somos», «La Semana» (en ésta
fui free-lance), «Para Ti», «El Gráfico»,
tuve que vérmelas con mal llamados «políticos»,
aunque también hubo alguna excepción de alguno
bueno; estuve cara a cara con arribistas, con
corruptos, torturadores y asesinos. Y de la
misma manera que había sido implacable para
encontrar lo mejor de los « dignos» fui
implacable con esta «gente». Cargada de
información – sabía «todo», lo que quiere decir
«todo», de cada uno de ellos- sembraba a
voluntad del viento pero sin olvidar que quien
conduce el diálogo es el periodista. Lo cierto
es que, así como con los «dignos» recogía
fragancias, colores y fragmentos de Absoluto, en
estos casos y una vez quitadas las máscaras,
quedaba al desnudo que hay «personas» que
asustan la Naturaleza.
Implacable, fui y
soy en mi trabajo como periodista. Para mostrar
al público la belleza y que ella lo atraiga y lo
acerque a la bondad; y para mostrar el horror y
causar rechazo. Para «… mostrar la multitud y
cada hombre en detalle… ». En la revista
«Gente», donde trabajé durante muchos años y
casi siempre encargada de «los malos», el
director –Jorge de Luján Gutiérrez- creó una
sección para mis entrevistas; se llamaba «A
quemarropa». El nombre actúa como
adjetivo.
Y siguió el camino. Se decía
que yo hacía hablar hasta a las piedras, mis
colegas bromeaban con que yo hacía el «trabajo
insalubre» de la profesión. En «Viva», la
revista del diario «Clarín» -el de más venta en
Argentina- hice grandes entrevistas que ocupaban
diez o doce páginas de aquella edición
dominical, a personas de la cultura y del
espectáculo. La condición era que fueran muy
conocidos. ¿Los medios publican sólo a los
«famosos», o deberían hacer conocer a las
personas por sus valores humanos, ciudadanos,
fraternales, profesionales o artísticos?
Publican a los «famosos».
Siempre digo
que todos tenemos en la vida uno, dos o más
momentos de fractura. Hechos felices o
desdichados, que marcan una brecha, a partir de
la cual hay un antes y un después. Si pienso en
mi vida profesional, hubo varias. Pero la más
bella fue una trampa que la vida hizo al horror.
Curiosamente, se la «debo» a los militares
genocidas de la Argentina. Ellos no sólo
prohibieron que yo formara parte de cualquier
staff y me «castigaron» como
colaboradora, sino también que escribiera
sobre “política” o “sociedad”. En el diario me
«condenaron» a escribir sobre arte. Entonces, al
tiempo que se cerraban muchas puertas bajo aquel
Estado de terror, se abrió –más- una puerta para
mi alma. El arte, eje en mi vida. Escribir
sobre artes plásticas, que son la poesía
dibujada o en colores, enriqueció mi imaginación
y me confirmó, más, como poeta. Volaba el vuelo,
en medio de/y a pesar de la
muerte.
Acostumbrada a «vivir
peligrosamente» en la violencia que significa
amar la paz en un mundo que se volvió loco, el
remanso fue mi programa de televisión, «Sin
Máscara». Una emisión de cultura, atravesada por
la vida, donde yo unía poesía, pintura y música
a mi tarea de periodista. Donde yo era la
«dueña» y me permitía hacer lo que quería, donde
entrevisté a grandes personalidades para
aprovechar lo que de ellas podía enriquecer
cultural y espiritualmente al público. Para
alimentar cultural y espiritualmente al público
–a los seres humanos- entrevisté a personas
luminosas, para sacar de ellas « la
substantifique moelle», (Rabelais): la
quintaesencia. Lo mismo ocurrió en la radio con
mi programa «Convengamos que… con Cristina
Castello» y con mi participación en otros, como
editorialista. La libertad es belleza y la
belleza exige libertad.
El desafío es hoy
cambiar al periodismo, para que sirva al bien
común. Y esa misión es de los periodistas y de
los ciudadanos. No podemos ser ovejas. Debemos
exigir que ellos sirvan para intentar cambiar la
vida.
«He intentado escribir el paraíso.
/ ¿Qué es el paraíso?/No os mováis/Dejad hablar
al viento/Ese es el paraíso. / Que los seres
humanos perdonen lo que he hecho» (Ezra
Pound).
Yo tomo las palabras del poeta.
Que quienes lean este latido de vida perdonen lo
que he hecho. Y que los periodistas actuales o
futuros tomen el guante. Para escribir el
paraíso y hacer escuchar la música del
viento.
Cristina Castello
«Los volcanes arrojan
piedras y las revoluciones, hombres» (Víctor
Hugo) Por volcanes y revoluciones (en el
sentido de transformación: en paz). Y por el
poeta y la poesía que los nombran.
(C.C.)
Este artículo fue escrito por
Cristina Castello, por la gentil demanda de la
periodista y poeta Maggy de Coster, a fin de ser
publicado en su libro « Le journalisme expliqué
aux non-initiés », à paraître.
http://www.cristinacastello.com/
// http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com/
http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com/article-12558828.html
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+y+FREDDY+LIDICE+HOY.jpg) “ La asamblea convocada
el día de ayer para la constitución del capítulo
regional de la RED Nacional de escritores, luego
de un pertinente debate sobre la trayectoria y
el futuro de esta organización, decidió
postergar su conformación formal para dar
oportunidad a una mayor convocatoria. En su
defecto, la asamblea se ha organizado en comité
promotor de la RED, para garantizar la
participación de un mayor número de escritores y
una mayor presencia de otros municipios en esta
importante fundación”. Así lo dio a conocer
Freddy Ñáñez, directivo nacional por el programa
Editorial de la REDVE, añadiendo que “ por
consenso se llegó a la conclusión de que una RED
debe nacer bajo los principios de la inclusión y
la democracia directa. Estamos conscientes de lo
que queremos conformar: un colectivo de
escritores organizados diseñado para sumarse al
gran colectivo nacional y acompañar al pueblo en
sus necesidades. Por eso nuestra génesis debe
ser la consecuencia de la participación
protagónica de los escritores del Táchira, de
los narradores orales y demás cultores de la
palabra, queremos una RED popular y para eso hay
que comenzar bien.” También informó que la misma
asamblea resolvió como próxima fecha de reunión
el día viernes 14 de septiembre a las 5:00 en la
Librería del Sur. Con respecto al modelo
organizativo de la RED Ñáñez explicó durante la
asamblea que “estamos diseñando un modelo
participativo y hotrizontal. Son 7 programas a
nivel nacional: con responsables principales y
suplentes en los ámbitos: Política editorial,
REDES del ALBA, Seguridad Social del Escritor,
Promoción formación y Creación , Sistema
Nacional de Certámenes, Festivales y Bienales,
Promoción de Redes, y Promoción de la
Lectura, que a su vez se replican en la
regiones, los municipios y parroquias. Estos 7
responsables y suplentes se nombran por voto
popular, de igual modo, en los capítulos
estadales y municipales. De esta manera la
participación se garantiza desde los contextos
propios, dando posibilidad al ejercicio directo
de las políticas para cada realidad.
Obedeciendo, desde luego, al espíritu originario
de la RED. La idea es que el poder esté en las
bases y que las base seamos todos. Por eso la
importancia de no conformarnos desde la capital
del estado, con un grupo minúsculo, de allí la
necesidad fundamental de la pluralidad”.
Concluyó.
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El terror de
Dios

El
terror de Dios
Pablo
Mora
¿Cuál
el misterio de los tantos ochos, cuál el terror
funesto de los mayos, cuál Venezuela para el
2008, el porvenir en un febrero cabe, portan el
mismo traje los 28, qué de este junio, de este
viernes 8, cuánto sabrá tu asombro de los gatos,
sabrán los sueños algo de nosotros, saben los
hombres del terror de Dios, sabrá el 28 del
terror de Dios? ¿Acaso ya aprendimos a leer,
nadie sabe leer en el Gobierno, nadie del pueblo
sabe bien leer, América Latina no lo sabe? ¿Qué
de las boinas rojas, las azules, qué casa la que
vence las sombras, cuál la proeza de la
autonomía, hasta cuándo disputa, controversia
para frenar celadas, apetencias, privilegios de
obispos y truhanes? ¿Son semejantes todas las
victorias, las Beatrices tendrán misma cara, la
discusión no cuenta entre nosotros, habrá alguna
semana sempiterna, de cuál poeta la última
palabra, cuál el grito mayor de libertad, cada
estudiante mundo de promesas, tormenta de
alegría, esclavo apenas? ¿Acaso son idénticas
las luchas, qué enigma esconde cada oscuridad,
qué denuedo, coraje, el más glorioso, qué
batalla, eclosión, la más audaz, qué sabe la
derecha de la izquierda, de qué color se viste
la igualdad, de quién la libertad de la miseria,
quién el que dijo libertad primero, quién la
borró de tajo en la pradera? ¿Cuándo somos de
veras lo que somos, contamos con raíces en la
tierra, contaremos con vida para siempre, la
amargura del barrio quién probó, el confesorio
cuánto adentro esconde, cuántos credos la nueva
penitencia? ¿Está tu paz de parte de la guerra?
¿Cuándo serán barridos los bribones, cuándo los
traficantes de la guerra, cuándo la enhiesta
sombra de la escoria? ¿Cómo pasarse entera la
palabra? ¿Por fin entenderemos el enlace? ¿Dónde
está tu país, tu país dónde? ¿En el hoy, el aún,
el todavía? ¿En la desolación de la memoria? ¿En
qué pestaña, en qué ceja del odio? ¿En qué
sueño, en qué reto o clarinada? ¿En qué
enramada, en qué tugurio, en qué? ¿En qué
alameda, en qué tardanza, a pie? ¿En qué
rastrojo, cerro, llagadura? ¿En qué infierno, en
qué gloria, altar o cielo? ¿En qué delirio,
insomnio, madrugada? ¿Por encima del tiempo en
diagonal? ¿Cuál el valor del orden económico,
cuál el tenaz silencio pontificio? ¿Podrás
combatir contra el mundo entero, asumirás el
triunfo de la vida, la militancia plena, la
belleza, la justicia de cara al sol del hombre?
¿Dónde, dónde hundiremos las preguntas, en
dónde limpiaremos las respuestas? ¿Qué
hacer con la palabra de la pólvora, qué con el
pueblo mientras mira cielo? ¿Se multiplica y
vive la palabra? ¿Quién dice que perecerá
la idea? ¿Quién carga con más ácido muriático?
¿A qué lugar nos llevará esta lluvia, a qué
crepúsculo esta aciaga tarde? ¿Por qué
estarán los vientos separándonos? ¿Cuándo podrás
salirte de tu sombra? ¿Quién
que sea no es gota en el alambre? ¿En verdad
creerá en nosotros Dios? ¿De qué lado estará la
suerte yendo, de qué lado los bárbaros están?
¿Quién al árbol le quita la mirada, quién con
las amapolas la agarró, para quién el aviso de
los muertos, quién del polvo podrá escapar
riendo, quién hay que no esté en pie de muerte
andando, quién nos cortará el hilo de la muerte,
quién nos dará la mano, su pañuelo, el amigo que
casi nunca vemos, la noche rumorosa de
luceros?
http://www.poiesologia.com/
moraleja@movistar.net.ve
Cuenta
Abierta |
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Terrícolas,
habitantes de la Tierra
Gustavo Duch Guillot
El Correo Vasco
Solo aquí /
diez mil manos siembran / y hacen andar las
fábricas». (Fragmento del último poema de Víctor
Jara, en el Estadio Chile).
En nuestro universo se conoce al
menos un planeta cubierto por una fina capa de
tierra, que con el apoyo de otro cuerpo celeste,
el sol, es capaz de producir vegetales. Los
vegetales comparten el planeta en cuestión con
otros seres vivos, los animales, a los que
llamaré terrícolas, ya que al planeta en
cuestión se le conoce como Tierra. Entre
terrícolas y vegetales, y entre unos terrícolas
y otros, se establecen diferentes relaciones.
Algunos terrícolas se alimentan de los vegetales
que brotan en esa fina capa de tierra
(herbívoros). Otros, exclusivamente de otros
terrícolas (carnívoros). Algunos pueden elegir
alimentarse tanto de vegetales como de paisanos
terrícolas (omnívoros, como los bípedos
humanos). Y nos queda el grupo de terrícolas que
bien teniendo los estómagos aptos para
alimentarse de la dos formas posibles,
difícilmente tienen acceso a ninguna de las dos.
Pasan hambre y sufren la pobreza. Como explica
el director general de la FAO (Organización de
las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación), «lejos de disminuir, la cifra de
personas que pasan hambre en el mundo está
aumentando, a un ritmo de cuatro millones al
año».
Los terrícolas bípedos humanos
también se diferencian del resto de terrícolas
«en tener el telencéfalo altamente desarrollado
y el pulgar oponible», como explica el
documental 'La Isla de las Flores'. Gracias a
esas dos características algunos terrícolas
humanos se dedican a tratar con esa fina capa de
tierra para cultivar los vegetales. Pero los
bajos precios que reciben por su trabajo y el
control de las grandes corporaciones sobre el
sector agrícola y ganadero, llevan a este grupo
de terrícolas humanos, también llamados
campesinos y campesinas, a ser paradójicamente
el mayor colectivo del grupo de los terrícolas,
que teniendo el estómago apto para alimentarse
de las dos formas posibles, no pueden satisfacer
el derecho humano básico de la alimentación.
Recientemente 500 delegados de
organizaciones campesinas de todo el mundo se
han reunido en Mali para diseñar estrategias de
nuevos sistemas alimentarios a nivel global y
local que se apoyen en el pequeño agricultor en
lugar de en las compañías multinacionales. Se
han reunido para romper con las relaciones de
abuso y supremacía entre algunos pocos
terrícolas humanos y muchos otros terrícolas
humanos, habitantes de la Tierra que con sus
manos siembran los alimentos de todos. En una
fina capa de tierra.
Gustavo Duch Guillot Director de
VETERINARIOS SIN FRONTERAS gustavo.duch@veterinariossinfronteras.org www.veterinariossinfronteras.org
http://www.rebelion.org/seccion.php?id=3
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Cuenta
Abierta
Pablo
Mora
Cuenta
Abierta
al través de dos décadas de trabajo, desde el 21
de febrero de 1987, un millar de columnas
periodísticas, a las que se suman las tres mil
seiscientas registradas en la sección de
idéntica denominación de la página web
recomendada por UNESCO: Poesia.org; un
canal cultural por donde transcurren las
vicisitudes de la experiencia vital del autor
trasuntada en el acontecer humano, poético y
político, proveniente del acopio de vivencias y
lecturas fundidas en el pensamiento y el
magisterio, el sentimiento, la razón y la
creación en aras del sueño del futuro
inmerso en nuestro devenir
histórico y aquello que regresa de los
años.
Cuenta
Abierta,
en sintonía con el aquí y ahora, con el espacio
y el tiempo de nuestra existencia. Conciencia
del oficio. Ubicación e identificación. Llamado,
misión. Creencia en la hospitalidad de la
neblina, en el hosco muñón de la tristeza, en la
hondonada gris de los cimientos,
en las pisadas nocturnas del labriego, en
los dedos —los cordiales camaradas—, en el metal
de azuladas resonancias proletarias con timbre
de sudor y de combate, en el color rojo de la
rosa con que la Tierra toda vestirá, en la
esperanza de los partos solares por venir, en la
patria que nos falta hacer, en los hijos de la
Tierra capaces de fraguar la nueva
aurora.
Cuenta
Abierta,
la casa vieja del limón dormido, el sueño
antiguo al borde de la sombra en estampida.
Almácigo. Franja fecunda. De la noche
insomne. Cuenta Abierta. Asombro al descubierto.
A coro en el asombro. Parte de asombro. Insomnio
Terminal. Cuarenta mil millardos de millas de
hombres luz. Palabra insomne. Poiesología.
Sombra Antigua. Buena porción de la cosecha,
del libro en cierne o en camino. El asombro del
encuentro, un poco de sueño ascendiendo como la
niebla para humedecer el día. Esfuerzo.
Denuncia. Protesta. Insurgencia. Línea de vida,
en el recuerdo. Agenda para empuñar la acción.
Penumbra del insomnio. Sombra apercibida,
acuartelada, desvestida. Tamaño de un sueño en
pie de guerra, en luz, en paz, al norte de los
tiempos, saludando al sufrimiento
armado.
Cuenta
Abierta,
atravesando tempestades, lidiando vendavales,
desafiando auroras, desgastándonos, haciéndonos,
deshaciéndonos. Floreciendo en abismos, en
jaurías, cruzando un aire leve de apagados
soplos. Viviendo lo infinito. Celebrando sus
deslumbres. Vivos bajo el granado trigal de la
noche insomne, rumorosa de viento
alto y de luceros. Del lado
acá del canto, del lado acá del vuelo, del lado
acá del tiempo. Los años a zancadas. En
despiadada espera detenidos. Defendiendo los
fueros de la vida, amenazada: la
nochepoesía, la más larga y gozosa de las
noches. A la hora en nuestra cena, aunque las
migas sean amargas.
Cuenta
Abierta,
entretejiendo la canción inseparable de telas y
palabras. Con la madre, pendiente de la colcha
de la vida. Al otro lado de la sombra del sueño.
Pregunta que pregunta por el hombre, sus gestos,
tempestades, sus asombros. Pregunta que pregunta
por el hambre, sus sueños, sus vigilias y
alaridos. Pulsándole la
cuerda a la esperanza, velando a pensamientos
desatados, al borde de una piedra, azotados
de fechas con espinas.
(En ocasión de los 20 años de
Cuenta Abierta, columna
periodística del Diario La Nación , San
Cristóbal, Táchira, Venezuela)
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| Creo que el artista y los creadores en
general, tienen el deber de servir a la vida,
porque el hombre con su arte debe servir a la
vida del hombre, y esto significa sobre todo
cuidar la gran casa donde todos vivimos, nuestra
morada, que se llama Tierra. Yo vengo de la
patria del agua, de la Amazonia. Yo creo
ardientemente en la utopia, mas que en la
esperanza, la confianza, la fe, yo creo que la
ciencia, la tecnolog�que nos ha permitido
fotografiar la luna fosilizada de los primeros
destellos del Big Bang, sera capaz de despertar
en el corazon del hombre el limpido sentimiento
de la solidaridad.
Del enorme poeta Thiago
de Mello, extracto de un articulo
periodistico Realizado en frances por Mireya
Castanieda, de Granma
International Traduccion del frances:
Cristina Castello Que la gramatica me excuse
por la ausencia de acentos, enies y
signos. Los caprichos de Internet no me los
permiten por el momento (C.C.) Hoy se renueva
todos los dias.
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Hagamos el
azul
![]()
Juego mi
vida, cambio mi vida.
León de
Greiff
Así nazcamos para conocerla,
nombrarla, repartirla. Así vivamos por la
alegría, para la alegría. Así por la alegría
muramos. Así deseemos que nunca la tristeza sea
unida a nuestro nombre. Así a punta de alegría
construyamos nuestros más altos porvenires y
aunque en el instante supremo de la muerte
queramos sonreír. Lejos de desgastes,
agotamientos, llagaduras, destrucciones… ¡Todo
está alegre, menos mi alegría y todo, largo,
menos mi candor, mi incertidumbre! … mi triste
tristumbre se compone de cólera y tristeza y, a
su borde arenoso e indoloro, la sensación me
arruga, me arrincona… Execrable sistema, clima
en nombre del cielo, del bronquio y la quebrada,
la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser
pobre.
La tristeza se cuela en el mediodía, se
empoza a veces en el corazón, con un sabor a
nostalgia. La alegría, ese rumor de los cauces
de agua de la infancia, para hacer crecer
almácigos de encantamientos y contenturas, hasta
ir construyendo en la sonrisa de las estrellas
la dulzura de los días vividos y los por vivir.
Hagamos el azul o la alegría. A bretel caído, al
compás del sueño; a tiempo, a destiempo, a
bocajarro, al ex abrupto; al derecho, al revés,
al escondido; de todos modos,
contra uno o contra todos; contra el cero o
contra el infinito; en la
alcoba, en el ágora, en un garito, en una
barricada, en un motín, en una encrucijada; en
la periferia, en el medio, en el fondo, en el
sub-fondo; por un soneto, un trébol, un té o un
anillo de hojalata; por una muñeca que llore
como cualquier poeta o cualquiera de nosotros;
por un par de lámparas viejas, por dos
bombillos, por un plato de lentejas, por dos
piernas fructosas, por unos pechos luz o unos
senos flor… hagamos el azul o la
alegría.
Por dos ojos vagabundos, nocturnos,
callejeros; desde el principio hasta el fin; a
todo lo ancho y todo lo largo; por todos los
costados; a todo lo angosto y todo lo hondo; por
una sonrisa o cuatro besos; por los dados de la
túnica jugada; por los colgajos que se guinda en
las orejas la mulata, la terracota, la pálida,
la morena, la amarilla, la catira o hiperbórea
rubia de los sueños… hagamos el azul o la
alegría. Por un fiado y tres ginebras, tres
arreboles o luciérnagas; por unas blancas
colinas o unos muslos blancos cuando vayan de
silencio… hagamos el azul o la alegría. Por una
baraja incompleta; por este mientras, este con
todo o a pesar; por este nunca y este cuando;
por este punto suspensivo, este punto y aparte;
por el punto inicial de este enero o por el
punto final que nos aguarda. Definitivamente,
hagamos el azul o la alegría. A paso lento o
redoblado;
en casa o fuera de ella; en la azotea, en
el desván, en la acera, en el jardín, en el
altillo o la escalera; en las buenas y en las
malas; por quien se llame jesús, juan, julio,
pedro o pablo; por la alta noche de las
vírgenes; por la humana materia; por el fuego
sacro; por la gracia bíblica, el dios
desconocido o los dolores colectivos; por quien
no almuerza, toma, ni se ríe; por quien no tiene
su vestido azul; por el que nació o no ha
nacido; por el que solamente ha nacido; por el
gato triste, por el piojo ciego, por estas
fiestas, estas dudas, estas horas, este rato,
este sol, este trato, este
viernes, sin más ni más… hagamos
el azul o la alegría.
Pablo Mora
http://www.poiesologia.com/minuto.php?codigo=1694
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azul
en azul
la noche
entera nos besó
los mares del
universo se agitaron en azul
la
hojarasca mecida por el
viento inundó la blanca barba de
un
azul azul azul tan azul como el
azul.
Fernando Bellido
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Los toros son ángeles
que llevan cuernos

Los toros
son ángeles que llevan cuernos
Pablo Picasso
Jugándole al destino dados
tiernos, se desboca la furia por la herida, se
encabrita la sangre en la embestida frente a las
luces de los claros ternos. En lidia plenamente
sempiternos, réplica batallante de esta vida,
huracanes de sangre en la corrida, ellos son
ángeles que llevan cuernos. Ángel ante la vida,
al sol se aferra, hasta que llega un día que lo
nombra pasatiempo del hombre que lo encierra. Y
nada de la noche los asombra, ángeles en el
cielo y en la tierra, hermanos de los hombres y
su sombra.
Jugándole el destino al dado
eterno, voy como el toro hacia la muerte a
ciegas, la barca en la que tú también navegas,
removiendo las ascuas de este averno. Por culpa
del pecado sempiterno, vas entre llamas donde
siempre llegas al borde del abismo en que
despliegas las luces con que afrontas tanto
invierno. Vamos los dos de frente hacia la
tumba, gemelos en la vida que retumba, cuando el
látigo llama en la mañana. Vamos derecho hacia
el final a tientas a pesar de la vida en que
revientas, de manos de la muerte soberana.
Como el toro me crezco en el
castigo, con la pena escondida en el costado, el
grito en el capote iluminado y la alegría
abierta en el postigo. Como el toro en la vida
sólo sigo la esperanza del hombre enamorado, la
furia del amor desgaritado y esta ilusión en
llanto que persigo. Como el toro me voy a la
corrida, jugándole a la muerte mi montera,
huyéndole a los monstruos de esta vida. Como el
toro en la tarde pasajera espero el huracán de
la caída, como el toro me voy a otra
ribera.
Pablo
Mora
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Cuenta
Abierta
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