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Una vez alcanzada la edad de jubilación solicitó del Rector un examen psicofísico para seguir desempeñando las funciones de catedrático. Tras el examen, que llevó a cabo el médico forense Dr. Resto, el Rector le concedió la venia para seguir al frente de la cátedra hasta su muerte. Además de Medicina Legal, impartía clases de Higiene. Fue Decano desde 1880 hasta 1897.

En 1867 se encarga de una nueva asignatura: Ampliación de Medicina Legal. Autorizado por el Claustro y con la aprobación del Rector, fundó en la Universidad de Granada una Cátedra libre de Clínica de Medicina Legal. La vida de esta cátedra fue efímera, únicamente duró dos meses, pues hubo de cerrar sus puertas ante la protesta formulada por el Regente de la Audiencia Territorial de Granada, que esgrimió que la atribución para crear esta clínica correspondía a los médicos forenses.

Fue elegido Académico, mediante oposición, el 16 de Noviembre de 1862, fue vicepresidente de esta Corporación, renunciando al sillón el 19 de Octubre de 1897. Tras una dilatada carrera docente, su producción científica fue nula. No hay constancia de ninguna publicación.

A la muerte de Don Eduardo, se encargó interinamente de la cátedra Don Ramón Álvarez de Toledo y Valero hasta 1914 en que ocuparía la cátedra Don Antonio Lecha Marzo. El profesor Lecha-Marzo había nacido en Filipinas, en 1888, y murió en Sevilla a temprana edad (en 1919). Procedía de una familia de médicos y profesores de Valladolid. Su tío era Lecha Martínez, también catedrático de Medicina Legal. En Granada, el profesor Lecha Marzo, estuvo hasta 1917, en que se traslada a la Facultad de Medicina de Sevilla. Él es el primer catedrático de Medicina Legal, que llega a la cátedra con una sólida formación científica. Había viajado por el extranjero y estuvo algún tiempo en Lieja con Corin y Stokis. En su corta vida académica, sentó las bases de una Medicina Legal científica e hizo las primeras publicaciones de relevancia internacional: el signo de Lecha-Marzo, para el diagnóstico de la muerte, un test para el diagnóstico de manchas de esperma y sobre todo, nos dejó un precioso tratado de autopsias y embalsamamientos.

El profesor Lecha fue el primero en reclamar para la Medicina Legal Académica un puesto en la práctica forense y terminar con la estéril dicotomía de Medicina Forense y Medicina Legal. Sus palabras y quejas de entonces siguen, para desgracia de todos, hoy más vigentes que nunca.

Tras la marcha de Don Antonio a Sevilla, retorna a la Cátedra, como profesor encargado, Don Ramón Álvarez de Toledo, que un año más tarde, en 1918, conseguiría la plaza por oposición.

Con Don Ramón se inicia la Escuela de Medicina Legal granadina, que se entroncaría más tarde, en 1959, con la escuela valenciana del profesor Peset, en la persona del profesor Gisbert Calabuig, dando origen a la Escuela neogranadina, que aún pervive y esperemos que por muchos años.


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