La conciencia desgraciada

La manera que tiene la conciencia infeliz, que para Hegel representa la conciencia cristiana medieval, de entender su desgracia es separando la realidad en dos mundos, el de la conciencia débil, susceptible de enorme sufrimiento y de la conciencia infinita y divina en contraste con la cual se siente desgraciado.

Los medieval son piensan sino que se "entregan" mediante la devoción. La devoción es la subordinación absoluta de la conciencia finita respecto a la conciencia divina e infinita de la que recibe todo como una gracia.

La conciencia devota culmina en el ascetismo por el que considerando su carne una miseria frente a lo infinito del espíritu , la mortifica y la aniquila para identificarse con la conciencia infinita que le sobrepasa y le aliena.

La unión con Dios en la mística medieval (Eckhart, Cusa, Bruno) tiene la virtud de revelar a la conciencia desgraciada su autényica verdad. La verdad de la conciencia finita es que es infinita, que la infelicidad es suma felicidad y que la autoconciencia singular y sufriente queda superada, elevada a la conciencia absoluta de Dios, dejando atras la finitud d ela conciencia desgraciada.

La felicidad mediante esta superación ya no existe en el más allá sino en sí mismo. Lo que en el Cristianismo medieval se representaba como un progreso indefinido o "mal infinito" mediante la identificación de lo finito y lo infinito pasa a ser inmanente a la conciencia misma. Ha llegado a ser "conciencia absoluta".

La interpretación del cristianismo medieval que en realidad es la del Cristianismo en general que da por superada. Reducido el Cristianismo a un fenómeno pasajero, no hay más que decir. La Modernidad impondrá nuevas formas de conciencia en la búsqueda de la verdad total que sólo ha de encontrar en el estado.

El análisis que hace Hegel de la conciencia desgraciada merece análisis más detenido.

El pagano, estoico y escéptico, con la fuerza natural de su filosofía no ha conseguido liberarse de lo que contradice su libertad y su conciencia que es la naturaleza, lo que incluye la muerte, y los otros, las otras conciencias.

El cristiano todo lo que no es él mismo, piensa Hegel que lo reduce a negativo, en el sentido de que se afirma como potencia absoluta frente a la miseria individual. Dios aplasta al hombre y el hombre ve en Dios , que es lo único positivo, su enemigo más negativo.

El único papel que le corresponde es la devoción entendida como un "estar vendido" ala inmensidad de Dios. Trata entonces mediante la ascética y la mística, primero negarse a sí mismo, para firmar a Dios, y por último unirse a su "enemigo", como el esclavo obedece a su señor. Así se "salva".

Aunque la Fenomenología , su brillantez formal se basa en la simplificación de su esquema y de sus idas y venidas, no hace sino reflejar lo que el contexto cultural de Hegel pensaba sobre todas estas cuestiones.

Hay una idea básica que nos interesa subrayar:

Por qué Dios es el enemigo? Por lo mimo que la conciencia singular ve en el otro de sí un enemigo. Esta es la raíz dialéctica del asunto. Toda determinación es negación como recordaba Spinoza y esto significa que la vida es entendida como conflicto y reconciliación. Conocer a Dios es verlo como antítesis de mi, como enemigo, no en realidad por el hecho de ser Dios sino por imperativa de la lógica de fondo: porque cualquier determinación de mi conciencia, me contradice y representa para mí un obstáculo.

La clave para entender y juzgar la fenomenología es la Lógica, no la Ciencia de la Lógica que es un desarrollo posterior, sino las lógica anterior que se refleja en escritos anteriores a 1807, tanto los escritos de juventuid sobre la religión como la Diferencia entre los sistemas de Fichte y Schelling y Fe y saber.

Esa clave remite a lasd antinomias kantianas, tal como las interpretará Fichte.

Lo verdadero es el todo y el todo es la verdad y su contrario, pues lo falso es inmanente a lo verdadero, conforme a la antigua teoría de la doble verdad. Así la verdad es lo finito y lo infinito, lo bueno y lo malo etc., puesto que en la realidad encontramos todas estas contradicciones, no sería "honrado", ni "inteligente" ignorarlas. Si la realidad es lo racional, hay que afrontar lo negativo inteligentemente.

Lo negativo es sólo negativo de mí, pero en sí mismo es infinitamente positivo. Lo inteligente pues es asumir lo negativo de mí como mío, insertar la conciencia privada en la pública, considerando . bueno, racional, verdadero y real, la conciencia absoluta tal como se manifiesta en el Estado moderno.

Es pue sun concepto antropológico que desconoce la universalidad del alma humana la que está en el fondo de todo el proceso de la Fenomenología del Espíritu.

 

La conciencia absoluta

La autoconciencia absoluta es por su universalidad y absolutez, Razón. Esta razón no tiene nada de formal pues ha asumido todos los contenidos en la unión con la conciencia infinita. Así en la conciencia absoluta es donde la historia alcanza la racionalidad d etodo lo real y la realidad de todo lo racional.

La razón es cierta de ser toda realidad pero debe fundamentarse, debe demostrarse a sí misma que es así.

Así se explica el naturalismo renacentista.

Si mediante la mística me siento unido e identificado con Dios es que soy Dios. Como ya decía Bruno: "un sentimiento de lo infinito es un sentimiento infinito".

El concepto de infinito que maneja Hegel, que denomina "verdadero infinito", es el mismo concepto de la totalidad como única verdad absoluta. Tal concepto no admite otro infinito que el que está inmanente en lo finito. El mal infinito es el de la transcendencia, visto siempre como el "más allá" que es algo exterior, estrato, repetitivo e imaginario.

El infinito inmanente en lo finito, pudiera parecer , y así han intentado verlo algunos teólogos, como la versión dialéctica del entendimiento universal instalado en el entendimiento individual de los Comentarios de Tomás al De Anima de Aristóteles.

Este punto no es marginal sino central.

Es la inmanencia hegeliana equivalente a la participación platónica? La idea central de la koinonía o comunidad platónica de las ideas, que son realidades ideales, presupone la noción de parte espiritual. Lo inferior "participa" de lo superior pero no es lo superior, aunque "en la práctica" es casi como si lofuere. El individuo participa de lo universal pero no es lo universal.

Tal planteamiento derivará en Aristóteles en la doctrina del entendimiento agente universal que es interpretado por Averroes como universal y único, mientras que Tomás de Aquino considera que lo que es universal es el entendimiento individual. El alma humana de cada persona tiene una capacidad universa, tiene capacidad de asimilar la totalidad de lo real. De ahí las nociones de dignidad de la persona individual, libertad y posibilidad de progreso no sólo social sino individual. La responsabilidad individual es netamente irrenunciable.

El entendimiento agente universal es en Aristóteles, "la verdad en acto de todos los inteligibles", lo que significa que el individuo humano tiene dentro de sí la verdad a priori aunque no la tiene como un contenido objetivo y final sino como el motor, el "alma" que le inclina a entender en la simagenes, los conceptos.

Tomás de Aquino defiende que la inteligencia es patrimonio del individuo, Hegel del Estado y el individuo inteligente debe plegarse. Tomás de Aquino va a considerar que el todo no es todo de lo que puedo abarcar como si el hombre fuese un rico comerciante que ambicionase incrementar mercados. Sino que lo verdadero y el todo es Dios transcendente.

El Dios transcendente no esta localizado en el más allá, eso no pasa de ser una representación imaginativa, para funcionar en la vida real de la gente sencilla, sino que la transcendencia va bastante más allá del "más allá".Cómo s epuede ir más allá del "más allá".

La trasncendecia de Dios significa que Dios es de sobras todas las cosas sin ser ninguna de ellas en concreto. Por lo tanto "transcendente" no significa algo separado, el "otro mundo", sino, el alma de éste, mi propio alma que mueve mi destino individual.

Lo transcenente estan transcendente que está metido hasta los tuetanos del ser finito, haciendo posible que sea finito. La realización temporal de la humanida den forma de realidades históricas e institucionales, la historia universal, el Estado, se quedan cortas ante la grandeza oculta en un solo hombre y en Dios.

En las realidades temporales los individuos tendrán que trabajar pero no como el ideal último que mueve sus vidas ni como la mediación, mediante la cual llegan a Dios, sino el llamado de Dios que se hace presente por nosotros en la sociedad civil y en el Estado. Estos no pasan des ser realidades finitas, pasajeras (no siempre ha habido estado) cuya racionalidad es muy relativa.

El concepto hegeliano de Razón, como valor máximo de la verdad y de la realidad, tiene que ver con el Leviatán de Hobbes, también con la visión que Rousseau tiene de la ley y del papel del ciudadano en el Estado. Es una razón calculadora, generadora de validez, que cifra el Bien supremo en la legalidad.

Una Razón universal absoluta que se cifra exclusivamente en la legislación positiva del estado, no tiene nada de racional.

Si por razón entendemos un instrumento auxiliar de la inteligencia que se apoya en la profunda comprensión de la verdad y que luego secundariamente deduce de ella lo que pueda de deducir, entenderemos que la verdad no puede ser un saco de totalidades sino una infinita intensidad que no precisa espacio y tiempo para ser todo lo que ella es.

La razón calculadora de Hobbes, que Pascal tuvo tan en cuenta, al fabricar la primera calculadora, el primer ordenador mecánico de la Historia, si exceptuamos los ábacos de la escuela de Alejandría y los árebes, no es capaz de ir más allá de acumular datos.

La inteligencia no es acumular datos y el todo no es una base de datos. La inteligencia es la compresión experimentada en la vida real de que Dios está en todas partes, especialmente, allí donde no hay partes que es el alma humana.

 

 

El Renacimiento: Naturalismo y Empirismo

La conciencia sigue buscando la esencia de su cereteza, quiere dar contenido a esa certeza. Entra de lleno a recabar datos en el mundo natural, datos sensibles que debieran ser el contenido verdadero de su certeza.

La conciencia se mueve con ese movimiento reflejo que va de sí misma a lo otro y asumiendo lo otro como propio, vuelve a sí misma. De modo que la conciencia cuando busca la verdad en la Naturaleza se busca en realidad a sí misma. Y la vida de este momento no puede durar, pues cree investigar la razón en los datos y sólo investiga los datos.

En efecto el empirismo, acumula y describe datos y fenómenos pero como algo exterior a la conciencia. Pronto se da cuenta que hasta que no interiorice los datos no los puede racionalizar.

La investigación empírica, indagando las leyes de la naturaleza profundiza en ella y llega a pretender el dominio de la vida orgánica. La profundización en la biología y siguiendo su momento (que Sartre ha llamado "progresivo.regresivo), descubre el mundo de la psicología como su propio mundo.

En principio la psicología es vista en sus aspectos más exteriores como fisiognomía o estudio de los rasgos físicos del rostro humano y de la frenología que presumía de conocer el carácter a través de las formas y sinuosidades del cráneo.

Siempre ocurre que la razón busca lo exterior a ella misma, creyendo que va a encontrarse a sí misma, lo que evidentemente acaba en desengaño. Este ir y venir acaba cuando la razón se encuentra por fin consigo misma en el mundo ético.

La Eticidad

La razón se encuentra verdaderamente a sí misma fuera de sí misma, en las instituciones históricas, jurídicas y políticas del un pueblo, y sobre todo en el Estado.

Ética y Moral son de naturaleza esencialmente diversa: la moral se apoya en la buena intención de un deber ser que nunca alcanza, dando lugar la hipocresía. La ética sin embargo hace del ser de sus propias realizaciones en el Estado, su deber ser. La moralidad de la intención que quiere realizar el ideal pasa a ser cumplimiento de la legalidad.

La Ética como ocurre en todo estos movimientos, no elimina la moral sino que es la moralidad misma objetivada en las instituciones. De modo que en el mundo ético la única manera de ser moral es ser ético, es decir, legal y la conciencia singular y privada se convierte en conciencia pública.

Mediante la legalidad la razón que se descubre a sí misma en el Estado como realidad racional, no intenta el ideal sino que se limite a cumplir con las leyes del estado. Esto es así porque la Razón no crea nada sino que su esencia consiste en reconocer lo que hay. Cuando se encuentra con una realidad exterior que al mismo tiempo es interior (racional) deja la moralidad por la legalidad. Aquí ya no ha buenos o malos, sino legales o ilegales.

La conciencia antes de alcanzar la perfección ética en el Estado, todavía sufre desengaños. La investigación emírica d ela naturaleza le deja vacío y pasa de la busca de la verdad por la experiencia a la búsqueda del placer.

La ciencia y las leyes, no son todavía para ella razón absoluta y las ve, como figuras que bloquean su Camino hacia la verdad del todo, que se le representa como vida espontánea. Quiere encontrar la verdadera felicidad en el placer, pero el placer va siempre acompañado por un Destino alienante y trágico (Fausto de Goethe)

Para asumir esa fatalidad que en principio le parece venir de fuera, la conciencia interpreta el destino como la ley del corazón, interioriza el Destino.

La ley del corazón y la búsqueda del placer individual se enfrenta con la legalidad universal del Estado. Este aparece frente a sí, como un poder absoluto muy superior y que le vigila y reprime.

La conciencia entonces trata de enfrentarse a la legalidad ética mediante la virtud. La virtud enfrenta el bien considerado como un concepto abstracto y separado de la realidad, de la experiencia de la vida y del mundo, en donde la virtud, no tiene lugar.

La virtud encuentra su fracaso en cuanto se da cuenta que no consigue realizar el bien sino en abstracto y que la racionalidad concreta que le presenta el Estado es más poderosa que ella.

El triunfo de la conciencia ética sobre la virtud moral no es el triunfo sobre ninguna realidad sino sobre la vacía representación del Bien Supremo de la Humanidad. Este no es más que una palabra grandielocuente y vacía que no puede resistir el curso del mundo que siempre hacaba teniendo razón, es decir haciéndose real, frente a las elevadas palabras de la virtud y el sacrificio que en realidad ocultan la soberbia. Toda la moralidad kantiana queda superada por la razón pública del Estado.

La única salida que le queda a la conciencia singular y privada es renunciar a su individualidad.

Para conseguir salir de la mezquindad individual, que al mismo tiempo es arrogancia, se afana en la acción , en producir realidad. Las construcciones del individuo son al fin y al cabo externas a él y se le contraponen . En relación recíproca con las otros individuos, se da cuenta que una gran empresa no es obra de un solo individuo y entonces se conforma con haber querido, aquel objetivo, es decir, se satisface con su honradez, repitiendo la tendencia de la conciencia moralizante.

De nuevo la conciencia individual se ve desprovista de resignada a ser honrada, y cada vez más se percata que la realidad de sí misma sólo la encontrará en el mundo ético.

El deseo inteligente de hacer el bien se confunde con el inteligente obrar del Estado. Frente al bien universal realizado por el estado el intento orgulloso del hombre honrado aparece como despreciable y mezquino.

Las leyes morales "decir la verdad" "hacer el bien", no dicen nada sino concretan el modo justo y preciso, aquí y ahora, de decir la verdad y hacer el bien. Este modo justo y racional no puede lógicamente decirlo el individuo sino la objetivación institucionales de la costumbre de la sociedad y del Estado.

Renunciando a la individualidad , la conciencia singular y privada, se encuentra a sñi misma en la conciencia universal realizada en el Estado y todos los desequilibrios interiores, todas las contradicciones desaparecen dando lugar a la paz y a la felicidad de la conciencia que acompañan a la seguridad y confianza en sí mismo.

Aquí acaba la Fenomenología del espíritu propiamente dicha a la que por necesidades editoriales Hegel añadió los capítulos del Arte, la Religión y el saber absoluto. .