Valeriana para los lectores de Isaac Bashevis
Singer
Decía cierto escritor en un ensayo titulado "La
comunidad judía en la obra de Isaac Bashevis Singer" que el
índice de popularidad del Nobel polaco hoy día es tan bajo
que prácticamente nadie frecuenta su obra. Y lo decía con
todo el alma. Porque el autor del trabajo, impresionado un día por
la portada de una edición antigua de La casa de Jampol,
admira (me consta) profundamente a Bashevis y se siente (me atrevería
a decir) un heredero directo suyo (y con razón).
Por supuesto yo, arrastrada también un día
por la magia abductora de la saga de Calman Jacoby, no solamente estoy de
acuerdo con esta denuncia de maltrato literario y editorial de Singer, uno
de los grandes hombres de mi vida, sino que durante el año de su
centenario he librado una batalla encarnizada y silenciosa contra el olvido
de este gran galán de las Letras. Una cruzada que me ha dejado muchas
noches en vela escribiendo (... algo que todavía no he terminado)
y en la que he invertido parte de mis pequeños ahorros de la lata
de 50 céntimos. Sí, porque varias han sido las cartas —dirigidas
a distintas publicaciones periódicas autodenominadas de divulgación
cultural— que envié como recordatorio, con obituarios o breves
artículos sobre (a mi parecer) tan importante celebración.
Y, reforzando la tajante afirmación del anteriormente citado escritor,
las respuestas a estas misivas han sido de dos clases (cada cual más
decepcionante): la mutilación descarada y descarnada de mi texto
(por motivos de espacio), o la simple y no menos descarnada (o descarada)
ignorancia a mis requerimientos.
Sin embargo, cuando creía que todo había
pasado (me refiero al centenario y su octava) con apenas media de la media
docena de breves, minúsculas columnas de recordatorio del nacimiento
de Bashevis, llegó —como vaticina el más sagrado de
los textos— el bálsamo para la herida. Justo cuando se cumplía
un año de tan señalada fecha encuentro en un "especial
verano" de la revista Qué Leer, 6 páginas más
allá de un portada con una chica rubia con dos coletas y una braguitas
blancas de lunares rojos, la siguiente nota de actualidad (reproduzco lo
más fielmente posible excepto las fotos, una de Resines —izquierda—
y otra de la nueva edición de la novela —derecha):
EL LIBRO RECOMENDADO POR...
Antonio Resines
Acaba de leer "La casa de Jampol"
(Debate 2003), de Isaac Bashevis Singer.
“Es la historia de la evolución de una familia judía
polaca desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XX. Es una
novela de una saga familiar. Me ha resultado muy interesante, porque,
aunque podría parecer un culebrón, el autor tiene un dominio
maravilloso. Me ha entretenido tanto que me he comprado otro libro suyo,
El esclavo, aunque no lo he empezado a leer” (fin de la recomendación).
Ante esto, yo, mujer mordaz y un tanto sarcástica,
empecé a sacarle punta a cada uno de los 14 minirenglones que contenían
las elocuentes palabras del actor. Y, claro está, no pude por menos
que recordar, ante las iteraciones del comienzo del párrafo, una
entrevista al actor que hace algunos años vi. Y como una cosa lleva
a la otra, rememorando y pensando determiné que bien difícil
tenía que haberle sido acabar el libro y sentenciar que se trataba
del relato de la historia de varias generaciones de una familia, sin que
nada tuviera que ver con una telenovela. Otra cosa fue lo del "dominio
maravilloso", que todavía hoy, dos meses después de leer
tan aplastante sentencia, sigo pensando que a esa frase le falta algo (¿lingüístico?;
¿estilístico?; ¿gramatical?).
Pero, posiblemente arrastrada por la modorra del estío
mi conclusión sobre lo leído fue más generosa de lo
que había sido mi lectura: nada es perfecto —quise despachar
el asunto—, y por lo menos su “no lo he empezado a leer”
(aún) sonaba tan sincero como si hubiera añadido “y
no lo haré jamás”. Y, por otra parte, conociendo como
conozco al pelirrojo creo que encontrarse dentro de una publicación
con tan señalada portada le habría arrancado una pícara,
picarísima sonrisa. Y a estas alturas de su vida —o mejor dicho
de su muerte— eso es maravilloso. De modo que, queridos lectores de
Isaac Bashevis Singer, no sé si Resines conseguirá que se
vendan más libros de nuestro venerado escritor, pero podemos dormir
tranquilos: él, seguro, ha vuelto a sonreír.
Alicia Ramos González
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