INTRODUCCION

Las rocas naturales han sido ampliamente utilizadas durante toda la historia de la Humanidad como materiales de construcción y ornamentación. Esto es simplemente el resultado de que las rocas se encuentran en la superficie terrestre de forma mas o menos accesible, son materiales con características variadas, pero en general labrables y bellos, y son en general perdurables en el tiempo, al menos a la escala de la vida de un ser humano y por comparación con otros materiales naturales. Sólo a partir del siglo XIX, cuando la tecnología moderna permitió la fabricación masiva de materiales con características más apropiadas para cierto tipo de construcciones como cementos, aceros, vidrios etc, las rocas naturales fueron abandonadas como materiales de construcción.

Este hecho, ha condicionado un gran interés histórico sobre todo lo concerniente a las características de los distintos tipos de rocas, tanto el punto de vista de explotabilidad, labrado, arquitectónico, estético y comercial, así como estrictamente científico. Consecuentemente, se ha ido acumulando información detallada y objetiva sobre localización de los distintos tipos de rocas, composición, características físicas, metodos de cantería y utilización de las mismas, etc.

Sin embargo, su alteración y deterioro una vez localizadas en las distintas obras en que serán objeto de uso (lo que se ha denominado "mal de la piedra"), así como los métodos de conservación, aún siendo un realidades históricamente reconocidas, son aspectos mal entendidos dada la complejidad de los factores que en ellos influyen. En no pocos casos, la intervención humana ha desembocado en una aceleración, por supuesto no deseada, del proceso de alteración.

Ya desde antiguo, los científicos dedicados al estudio de la Tierra reconocieron la tendencia natural de las rocas a alterarse. Este hecho fue inmediatamente reconocido intuitivamente como la respuesta de las rocas a la acción sobre ellas de agentes degradantes (atmósfera, aguas superficiales y subterráneas, viento, plantas, etc) en ambientes distintos de aquellos en los que se formaron. No se conocían bien las condiciones de formación de algunas rocas, aunque se sabía p.e. que algunas se forman a muy altas temperaturas, como es el caso de las rocas volcánicas, o se depositaban en los lechos de los ríos y lagos, como en el caso de algunas rocas sedimentarias. Con los avances de las Ciencias Físicas y Químicas durante los siglos XVIII y XIX, se sentaron las bases para la interpretación rigurosa de estos fenómenos. Se estableció la ausencia de equilibrio fisico-químico (i.e. termodinámico) entre las asociaciones minerales que constituyen las rocas y el ambiente natural en el que actualmente se encuentran, esto es, en la superficie de la corteza terrestre. Ello conlleva necesariamente a la alteración (denominada genéricamente en geología, meteorización) de la roca, y que groso modo comprende procesos físicos, químicos y biológicos.

Sin embargo, la meteorización de rocas naturales en el medio ambiente donde afloran puede ser sólo una mera indicación de los procesos de alteración que afectan a las mismas rocas al ser extraídas, modeladas, y localizadas en otro ambiente. La velocidad y naturaleza de los mecanismos de alteración pueden cambiar drásticamente. Esto es debido, entre otros factores, a que al formarse una capa superficial en contacto con los agentes degradantes el resto de la roca situada unos metros más abajo queda protegida de la alteración, mientras que en los edificios los tamaños de los bloques utilizados son relativamente pequeños, accediendo facilmente los agentes degradantes y por lo tanto acelerando el proceso de alteración.

Por otra parte, si el material se encuentra en un ambiente urbano o industrial polucionado, la agresividad de los agentes degradantes crece exponencialmente. De hecho, la gran atención que actualmente se presta a la preservación del patrimonio histórico-artístico es el resultado, entre otras razones más altruistas, de la observación del aceleramiento de la degradación de los materiales rocosos de monumentos localizados en zonas urbanas polucionadas.

Por lo tanto, el deterioro de un material que constituye un objeto cualquiera, como una obra de arte, es un proceso natural, progresivo, imparable e irreversible, que debe conducir, con mayor o menor velocidad, a la destrucción total del material. Sin embargo, puede ser relentizado mediante la intervención humana, aplicando las llamadas técnicas de restauración. Pero es imprescindible conocer lo más precisamente posible los mecanismos de alteración antes de abordar cualquiera de las fases que supone la restauración propiamente dicha.

El proceso de deterioro del material rocoso sólo puede ser entendido si todos los factores son abordados, incluyendo:

·      la propia naturaleza de las rocas

·      la interacción con los agentes degradantes a lo largo del tiempo

·      las características climáticas y ambientales del medio

·      las características microclimáticas del edificio

·      los microorganismos desarrollados sobre el material

·      los efectos producidos por restauraciones anteriores.

Por lo tanto, su estudio es claramente interdisciplinar. Comprende:

Ø   Ciencias Geológicas, Biológicas, Físicas y Químicas.

Ø   Arquitectura.

Ø   Historia del Arte.

Ø   Ciencia de la Restauración.

En estas circustancias, es normal que los estudios llevados a cabo en cualquier caso lo sean por equipos multidisciplinares, capaces de establecer las causas y las consecuencias de la alteración. Las fases de estudio pueden subdividirse esquemáticamente en tres grandes grupos:

Ø   Aspectos globales:

·      Documentación histórica (localización de canteras de origen de los materiales rocosos, etapas de construcción y reconstrucción, intervenciones históricas del monumento...).

·      Arquitectura del edificio (problemas estructurales, subsidencia...).

·      Materiales pétreos (tipos, petrografia, composición,...).

·      Estado de alteración de las piedras (tipología detallada de alteraciones, cartografía litológica y alterológica, establecimiento hipotético de las causas de las distintas alteraciones).

·      Otros materiales de construcción (ladrillos, morteros, cementos, maderas...).

·      Entorno general de la zona (condiciones climáticas, contaminación atmosférica, ruidos y vibraciones...).

·      Condiciones específicas del lugar (orientación del edificio, humedad del terreno, freáticos, microclimas...).

Estos estudios permitirán seleccionar tipos rocosos específicos más propensos a la alteración o zonas del edificio que necesiten la más urgente intervención. Una vez seleccionados entra el segundo tipo de estudios.

Ø   Tecnicas de cuantificación de la alteración:

·      Análisis cuantitativo del material no alterado y alterado (e.g. AA, XRF, XRD, SEM, EPMA...).

·      Características físicas del material no alterado y alterado (porosidad, permeabilidad, capilaridad, densidad, resistencia a la compresión, resistencia tensil...).

·      Técnicas no destructivas (ultrasonido y microsísmica, análisis termográficos y fotografía multiespectral...).

·      Análisis de los agentes degradantes (aguas de absorción, de lluvia, freáticas, composición atmosférica...).

En esta fase se logrará un conocimiento preciso del estado y causas del deterioro que permitirá la aplicación de metodologías diversas según los casos, y que constituyen la tercera fase del estudio:

Ø   Técnicas de restauración:

·      Limpieza (costras, pátinas, suciedad...).

·      Pre-consolidación y consolidación de la piedra (impregnación de la piedra con productos consolidantes).

·      Protección superficial (aplicación de productos hidrófobos que impidan o dificulten el paso de la humedad hacia el interior de la piedra...).

·      Sustitución de piezas irreparables por otras de características similares (a ser posible a partir de la cantera original).

·      Mantenimiento (seguimiento contínuo del estado del edificio).


Última modificación: 16 septiembre 2007 19:16