Gazeta de Antropología
Gazeta de Antropología, 1987, 5, artículo 09 · http://hdl.handle.net/10481/13775
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Publicado: 1987-06
Aportación al estudio etnográfico del banco de desgranar lino de Atarfe (Granada)
Contribution to the ethnographical study of the flax-threshing bench in Atarfe (Granada)

C. Matilde Bautista Morente
Pedro Valenzuela Ruiz

Asociación Granadina de Antropología. Granada.


RESUMEN
Se hace una descripción etnográfica de la industria tradicional del lino, en un pueblo de la provincia de Granada. Se trata del cultivo de esta planta y del procedimiento para preparar su fibra, el cual utiliza un ingenioso "banco de desgranar", convertido hoy en pieza de museo.

ABSTRACT
An ethnographical description of the flax-linen traditional industry is made, focusing on a town in the province of Granada. It deals with the cultivation of the flax plant and the procedure to prepare its fiber, which uses an ingenious "threshing bench", today converted into a museum piece.

PALABRAS CLAVE | KEYWORDS
industria artesanal del lino | banco de desgranar lino | Atarfe | Granada | técnica tradicional | flax-linen traditional industry | threshing bench | traditional technology


Introducción

La reciente incorporación al fondo etnográfico del Museo Arqueológico de Granada de un banco de desgranar lino, donado por don José Rivas y procedente de la localidad de Atarfe (Granada), ha planteado la posibilidad de realizar un estudio de documentación acerca de los conocimientos y técnicas que implica este objeto en su uso habitual, dentro de la cultura tradicional en la que se inscribe, y que como consecuencia del desarrollo industrial ha quedado en desuso.

Esta donación confirma una vez más el incremento constante que sufren los fondos del museo, que se ven asimismo ampliados mediante la recogida de material in situ, que permite obtener más información sobre los objetos de estudio.

La particularidad de este objeto de ser una pieza aislada dentro de toda una serie de instrumentos que completan el proceso de preparación de una fibra textil, sólo nos permite ocuparnos de dar una idea de su función, desarrollo y tipo, para lo cual, tomamos como eje de la exposición las diferentes operaciones a que se somete el lino; y todo ello dentro de la tradición histórica de este producto. No se pretende, por tanto, hacer un estudio de los métodos, sistemas, herramientas y máquinas empleados en estos trabajos, ya que para eso tendría que completarse toda la colección de los instrumentos relativos a estos usos, organizando reiteradas expediciones de campo.
 

Evolución histórica del lino

El lino es una planta herbácea, dicotiledónea de la familia de las lináceas o eulinas. Actualmente se conocen unas noventa especies diferentes, entre las que cabe hacer una distinción previa: unas son espontáneas y otras cultivadas.

La diferencia fundamental entre los linos salvajes y los cultivados estriba en la facilidad de los primeros para expulsar por sí mismos la semilla, permitiendo así que ésta caiga en la tierra y dé origen en el próximo ciclo a nuevas plantas.

El proceso de la domesticación del lino se produjo en los primeros momentos del neolítico, como un proceso más de esta revolución cultural, pues se han encontrado restos de semillas de lino cultivado (1). Este proceso de domesticación debió obedecer sencillamente al deseo del hombre de disponer de sus fibras y semillas con mayor comodidad, de tal manera que las especies salvajes comenzarían a recolectarse y plantarse sus semillas en tierras abonadas, en las cercanías de los poblados.

Como materia textil, el lino es una fibra vegetal que presenta unas características muy especiales, que han contribuido a que éste haya podido soportar la competencia de las demás fibras animales. En primer lugar, su elasticidad, por medio de la que el tejido puede soportar tensiones y presiones que otros no aguantarían, lo que lo hace idóneo, por ejemplo, para la fabricación de velas. En segundo lugar, su suavidad lo convierte en apto para la elaboración de ropas interiores, y por último su espléndido color blanco, que se incremento cuanto más se lava. Comprendemos por qué constituyó un elemento de tanta aceptación en el mundo antiguo.

La planta del lino se conoce como una de las primeras y principales fuentes de la industria textil, desde la prehistoria, pero también se utilizó para la alimentación animal y humana. La razón de su utilización como alimento debe buscarse en el hecho de que esta semilla posee un valor vitamínico y calorífico muy grande. Suponemos que la semilla de lino fue usada también para la obtención de aceite, desde tiempos prehistóricos, de linaza, y en la época romana existen testimonios de que este grano poseía poderes medicinales (2).

Todo lo dicho nos asegura que, si bien el lino pudo emplearse para la obtención de aceites o como alimento, fue también cultivado desde ese mismo momento con fines textiles (3).

En Egipto, la industria del lino era una de las principales, siendo objeto de un comercio de exportación importantísimo. Según una antigua tradición, en Egipto había tenido su origen la industria tejedora, y las momias de más lejanos tiempos aparecen envueltas en cintas o vendas de lino. De esta manera, en los elementos principales de la indumentaria egipcia, hasta en sus sacerdotes y en las imágenes de sus dioses, aparece este tejido como básico.

El lino se cultivaba también en la Arabia, de donde se exportaba a Roma; en Palestina, especialmente en las riberas del Jordán y en Galilea, que contaba con famosas fábricas para la exportación en las que trabajaban mujeres.

Después de las conquistas romanas, Roma se surtía de lino, en bruto o manufacturado, de todas las provincias del imperio que lo producían, como se puede observar en los capítulos del edicto de Diocleciano concernientes a esta fibra (4).

De todos los linos del imperio sobrepujaba el lino de España, especialmente el de Tarragona, admirable por su brillo y su blancura, debidos, según se decía, a las aguas, y allí fue donde se comenzó a fabricar la batista.

En la Península, como se ha dicho, las zonas de producción de lino las encontramos en la periferia (5). La parte central no presenta zonas de cultivo, lo que viene a ser corroborado por falta de hallazgos de tejidos o semillas de este material. Esta ubicación periférico coincide plenamente con la natural expansión del cultivo desde el punto de vista del terreno y clima que son mínimamente necesarios para su producción.

Una de las zonas periféricas, Granada y la zona de la Vega en los alrededores de la localidad de Atarfe, lugar donde encontramos el objeto de estudio, forman parte de las zonas reducidas que han sido productoras de lino.

Hasta el último cuarto del siglo XIX, se mantuvo en la Vega una rotación del cultivo que se ha llamado antigua (6), donde, junto a los cereales, cultivo preeminente, jugaban un papel importante el lino y el cáñamo. A finales del XIX, se altera la ya centenaria rotación. La estabilidad de los cultivos herbáceos se había mantenido durante este siglo, a pesar de los problemas que aquejaban al lino y la decadencia general de las hilaturas bastas con los tejidos industriales. Con la introducción de la remolacha se rompe todo el ciclo anterior. Así comenzó todo un ciclo agrícola del que es heredero el policultivo actual.

Podemos afirmar que el lino era un cultivo viejo en la Vega, era la planta más extendida, y en la rotación se le dedicaba como cosecha principal una cuarta parte de las tierras cultivadas.

Esta producción tan elevada se hundió cuando el producto fue duramente gravado por los impuestos, que favorecieron a otras fibras vegetales importadas, con el decreto ley de 23 de julio de 1883 (7).

En la etapa de la posguerra, con la carestía de productos básicos para la alimentación, junto a la patata, los cultivos de lino y cáñamo sufren un alza, al suprimirse las importaciones de yute. Temporalmente el lino se hace cultivo rentable, a medida que los puertos mediterráneos utilizan su fibra para abastecerse de aperos navales (cordeles, lonas, etc.), y también al poder enviar a las fábricas de aceite de linaza.



 

Industria del lino

De las plantas de lino aprovecha la industria principalmente la fibra. De la semilla se extrae aceite y algunas veces la cañamiza o materia leñosa que queda del tallo se utiliza como combustible, y algunas veces se transforma en carbón para la fabricación de pólvora.

La principal aplicación del lino es para la hilatura, no sólo de hilos destinados al tejido, sino también para el cosido, cordelería fina, encajes y trabajos a la aguja en todas sus variedades. El lienzo viejo constituye la mejor primera materia para la fabricación de papel.

La extracción de las fibras se verifica usualmente en forma agrícola, dejando el lino en forma de manojos que venden los mismos agricultores a industriales. El industrial hilador adquiere el lino en la forma anterior para pasar a la clasificación de las madejas en fibras. De aquí se pasa a la máquina de peinar, que paraliza las fibras y las desenreda, separando las más cortas (estopas). Esta operación, que antiguamente se realizada a mano, es la más importante de la hilatura del lino, y separa las fibras en dos clases: la constituida por las fibras más largas, iguales y desenredadas, que se destinará a los hilos más finos y brillantes, y la constituida por las estopas o fibras desiguales, cortas y enredadas entre sí, que se trabajan por medio de cardas y se destinan a hilos más bastos y gruesos. De aquí que la hilatura del lino se subdivida en dos clases: la que trabaja la fibra larga y peinada, y la que trabaja la estopa.

Los manojos o mechones peinados se reúnen para formar una sola cinta gruesa o mecha sin fin, en la máquina de extender, que al mismo tiempo que estira y paraleliza las fibras de las cuatro o seis cintas con que se alimenta, las reúne luego en una sola. Esta mecha, para uniformarse, adelgazarse y quedar con sus fibras paralelas, se pasa tres o cuatro veces por máquinas de estirar o doblar manuares, donde vuelve a estirarse y torcerse ligeramente. En este estado se procede al hilado propiamente dicho, por medio de la máquina de hilar, que estira la mecha hasta darle la finura que el hilo debe tener, y lo tuerce definitivamente.

El hilado de las estopas difiere del de la fibra larga en que aquéllas se pasan por un juego de cardas, casi siempre dos, una abridora y rompedora, y otra repasadora, que como todo cardado separa, para pasar a los manuares, mechera y máquina de hilar, como para la fibra larga.

Los hilos de lino, a causa de la estructura y superficie brillante de la fibra, son más difíciles de blanquear y teñir que los de algodón, empleándose muchas veces su color natural. A causa de su resistencia y brillo, el hilo de lino es usado también para el cosido y trabajos artísticos de bordados, encajes, etc.
 

Cultivo y preparación de la fibra

Entre los linos cultivados y entre los que se agrupan generalmente como linos de invierno, se encuentra el lino común. Esta planta, para su cultivo, requiere tierra de buen fondo, fértil, sustanciosa, ligera y suave, requisitos éstos que cumplen las tierras de Atarfe y otras zonas de la Vega granadina, donde se generalizó su cultivo.

Comenzando con la preparación del terreno, se pretende en un Primer momento que éste quede bien nivelado para que el agua de riego se distribuya con igualdad. La tierra ha de estar desmenuzada y suelta, sin que presente terrones, pues la semilla del lino, calificada de endeble, no podría germinar en otras condiciones. A continuación, se efectúa la siembra, que se suele realizar en primavera, variando la cantidad de semilla según el objeto del cultivo. Así, si es para aprovechamiento de la fibra, se siembra más espesa, pero si es para obtener aceite de linaza de las semillas, se siembra más clara. La siembra se hace a voleo, yendo y viniendo sobre el terreno. Inmediatamente se cubre la semilla con la grada y se procede al tableado, dejando la tierra llana y asentada.

Como es natural, la planta necesita algunos cuidados comunes. Por ejemplo: tantos riegos como fuese necesario, y un escardado cuando ha crecido unos centímetros. Si antes de germinar la semilla, la tierra ha criado costra en su superficie, habrá que efectuar una pasada con la mano de hierro para quitársela.

La planta llega a su estado de madurez acabado su crecimiento. Esto se puede apreciar por tener bien granadas las semillas, poniéndose las plantas amarillas y empezando la hoja a desprenderse del tallo. No hay que dejar que se sequen del todo, sino que apenas se observen indicios se procederá al arrancado.

El lino se arranca con raíz, recogiéndolo en pequeños puñados y sacudiéndole la tierra que trae consigo. Después se deja tendido sobre el mismo terreno, formando manojos puestos en línea a una cabeza, estado éste en que conviene que estén de tres a seis días, y revolviéndolos alguna vez para que se sequen y asoleen con igualdad. Posteriormente se agrupan en montones o haces redondos, que son transportados a la era o a la casa, colocando las cabezas sobre el centro y permaneciendo así el tiempo necesario hasta poder extraer la semilla.

Para desgranar el lino y obtener su semilla, en las eras y otros lugares se emplean unos útiles de forma definida. Tenemos noticia, por ejemplo, de que an las zonas pirenaica y castellana se utilizan unas mazas cilíndricas con mango para golpearlo (8). En la zona de Atarfe, esta operación se realiza con el banco de desgranar, colocando el lino atravesado y golpeándolo con firmeza. Las semillas extraídas se aventaban encima de lonas y posteriormente son vendidas a compradores generalmente de fuera de la localidad.

Una vez desgranado el lino, se forman gavillas o haces de tamaño regular, que se llevan a las albercas para meterlos en agua, manteniéndolo durante nueve o diez

días. Algunas albercas eran compartidas por varios agricultores, que separaban su cosecha introduciendo verticalmente unas tablas. Por medio de esta inmersión, que en Castilla se llama generalmente enriar, y en otros lugares empozar, el lino se cuece, es decir, la fibra interior donde se encuentran los filamentos susceptibles de ser transformados en hilo queda enteriza, y la parte exterior, más leñosa, se hace frágil y separable. Luego, los haces se sacan del agua y se llevan a la era donde, extendidos al sol, se orean. Una vez seco, se puede hacinar en las cámaras, cuadras, tinaos, o en otras dependencias.

Secos los tallos del lino, están listos para la operación de majado o maceado. En otras comarcas españolas, ya nombradas, se utilizan para esta operación las mismas mazas que se utilizaban para el desgranado, pero en la Vega granadina se utiliza la agramadera. La técnica del agramado, cuya finalidad es separar casi por completo la parte exterior leñosa o cáscara de la fibra, la realizan cuadrillas de trabajadores venidos a Atarfe desde Dúrcal, la zona de la Costa, y principalmente desde Fuente Vaqueros. Estos trabajadores son especialistas, pues esta técnica requiere cierta destreza. Paulatinamente, en la localidad, se empieza a dominar la técnica y algunos vecinos realizan este trabajo. El maceado, majado o agramado se hace a mano, quebrantando la planta en unos canales a los que se adapta la madera que sirve para golpear. A continuación se sacudía y quedaban así obtenidas las fibras.

La siguiente operación por la que ha de pasar la fibra de lino en su preparación para la hilatura es el espadado. Este consiste también en golpear el lino para quitarle las partículas de cáscara mediante un instrumento que se denomina espadilla o espadera, nombres que nos indican su forma común. Este trabajo suele quedar a cargo de las mujeres. Las fibras resultantes de un primer espadado se consideran las mejores y con ellas se hace el lienzo, las del segundo se destinan a tejidos más bastos y son lo que se llama estopa.

Por último, la operación con que finaliza todo el proceso es el rastrillado, mediante el cuál el lino que forma manojos queda limpio del todo. El instrumento utilizado se llama en castellano rastra, rastro o rastrillo, y se compone de una tabla bastante larga que lleva en la parte central o en un extremo muchas púas de hierro aparejadas como un cepillo, y en el otro puede llevar un orificio de forma variable en el que se pone el pie para sujetarlo al rastrillar.

De esta forma queda descrito el proceso de preparación del lino, no habiendo variado sustancialmente desde la antigüedad.
 

El banco de desgranar lino de Atarfe

Después de la documentación del cultivo y preparación de la fibra del lino, partiendo de las entrevistas realizadas a nuestro informante, don José Rivas, dedicado durante toda su vida a labores agrícolas en la localidad de Atarfe (Granada), conocedor y operario del objeto de estudio, hemos podido elaborar la información relativa a una actividad que fuera muy común en los años cincuenta y sesenta, en la Vega granadina: el desgranado de las semillas de lino.

El origen de esta herramienta se encuentra en el encargo que nuestro informante hizo, hace unos treinta años, al carretero de su localidad, y que pasamos a describir.

El material que se utilizó para su construcción fue una madera resistente, teniendo en cuenta su utilización posterior. Su forma alargada la confieren dos bancadas o tablones rectangulares de 6 cm. de grosor, 94 cm. de longitud y 26 cm. de anchura, que descansan sobre cuatro gruesas patas, reforzadas por unas trabas. Las patas que forman el soporte son desiguales, 60 cm. y 53 cm. de altura respectivamente, confiriéndole una forma inclinada al conjunto. Una de las bancadas es abatible sobre la otra, por medio de un perno de madera, y presenta un asa para su manipulación de 33 cm. de largo por 5 cm. de ancho (véanse las fotografías).

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Fotografías de Miguel A. Blanco de la Rubia

En el manejo de la pieza, el operario se coloca en uno de los laterales de ésta, batiendo la bancada con una mano en el asa y con la otra introduciendo el lino seco en forma atravesada, necesitando varias batidas por manojo para expulsar el grano. Por sus dimensiones y rudeza, este trabajo lo solían realizar hombres.

Esta imagen descrita nos ofrece una de las labores más comunes que se desarrollaban, dentro de las actividades agrícolas, cuando el lino ocupaba un papel importante en los cultivos de la Vega granadina.

Podemos concluir diciendo que el banco de desgranar lino, como pieza integrante de todo el conjunto de instrumentos relacionado con las labores agrícolas tradicionales, ha sufrido un claro proceso de extinción desde la posguerra hasta el momento actual. Esta situación ha sido provocada, en parte, por la expansión industrial, que ha sustituido has herramientas artesanales por las de uso mecanizado.



Vocabulario

Atabladera: Tabla que, arrastrada por caballerías, sirve para allanar la tierra ya sembrada.

Bancada: Banco grande sobre el que se tunde el lino.

Enriar: Meter en agua por algunos días el lino, cáñamo o esparto, para su maceración.

Escardar: Operación que consiste en destruir las malas hierbas que nacen espontáneas entre las plantas cultivadas.

Grada: Instrumento de madera o hierro, de figura casi cuadrada, a manera de unas parrillas grandes, con el cual se allana la tierra después de arada.

Mano de hierro: Rastro de mango largo, para recoger o extender hierbas, piedras, etc.

Perno: Piedra cilíndrica de madera, con cabeza redonda por un extremo y asegurada por el otro con un remache.

Tablear: Igualar la tierra con la atabladera, después de arada o cavada.

Tina(d)o: Cobertizo de ganado.

Tundir: Castigar con golpes, palos o azotes.



Bibliografía

Alfaro Giner, Carmen:
 1984 Tejido y cestería en la Península Ibérica. Madrid, CSIC.

Caro Baroja, Julio:
 1983 Tecnología popular española. Madrid, Editora Nacional, 1983.
 --- «Catálogo de la colección de instrumentos utilizados en la elaboración del lino y fabricación del hilo», Trabajos y materiales del Museo del Pueblo Español. Madrid.

Ocaña Ocaña, Mari Carmen:
 1984 La Vega de Granada. Granada, Instituto de Geografía Aplicada del Patronato «Alonso de Herrera», CSIC, Caja de Ahorros de Granada.

Timón Tiemblo, María Pía:
 1980 «Estudio etnográfico de los telares en la comarca de Sayago», Narria, dic.: 18-22.
 1981 «Aportación al estudio etnográfico de los telares», Narria, set.-dic., nº 23-24: 29-37.


Nuestro agradecimiento a D. José Rivas, con cuya colaboración ha sido posible este artículo.



Notas

(1) Se encuentran referencias bibliográficas sobre este tema en: C. Alfaro Giner, Tejido y cestería en la Península Ibérica. Madrid, CSIC, 1984, cap. II: 51.

(2) C. Alfaro Giner, op. cit. Descripción de Plinio, en su NH XIX, XX: 54.

(3) Ibídem: 54: «Con los yacimientos argáricos y a través de los datos comprobamos la existencia de gran cantidad de pequeños fragmentos de tejido de lino (...) conservados por el hecho de estar adheridos a un objeto metálico, como puede ser un pendiente, un puñal o diadema (...) que con sus sales lo han protegido de la descomposición».

(4) Edicto de Diocleciano, 1, 22, donde se fija el precio del modio de la semilla de lino.

(5) Mari Carmen Ocaña Ocaña, op. cit.: 560.

(6) Ibídem: 333.

(7) Ibídem: 484.

(8) Referencias de estos trabajos se encuentran en el «Catálogo de la colección de instrumentos utilizados en la elaboración del lino y fabricación del hilo», en Trabajos y materiales del Museo del Pueblo Español. Madrid: 3-16.


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